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Brasil
Vulnerabilidad Ideológica y
hegemónica cultural

por Samuel Pinheiro Guimarães (*)

En este excautivo análisis de la cultura de su país el embajador. Pinheiro quien fue nombrado por el gobierno de Lula como secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil (Itamaraty. Afirma que: La vulnerabilidad ideológica es de tal magnitud que la opinión de un sociólogo francés o de un economista americano o los aplausos extranjeros a un dirigente brasileño o la opinión de una agencia de análisis de riesgo, o de un organismo internacional, tiene un enorme impacto positivo o negativo

1. La sociedad brasileña se caracteriza por una vulnerabiliad externa crónica con facetas económica (la más discutida), política, tecnológica, militar e ideológica. La más importante, pues influencia todas las políticas y actitudes del Estado y de la sociedad brasileña (empresas, asociaciones, partidos, ONGs, iglesias, individuos, etc.) que agravan esas otras facetas de la vulnerabilidad, es la de naturaleza ideológica. Es ella que, a través de diversos mecanismos, mantiene y profundiza la "conciencia colonizada" de las elites dirigentes y hasta de segmentos de las oposiciones políticas, intelectuales, económicas, burocráticas. La conciencia colonizada se expresa por medio de una actitud mental timorata y obsecuente, que alimenta sentimientos de impotencia en la población, al atribuir los males brasileños a la "escasez de poder" del Brasil, a la "incompetencia" brasileña, a nuestro "caipirismo", al "arcaísmo" social, a la "xenofobia", en fin, a nuestra inferioridad como sociedad. La vulnerabilidad ideológica está estrechamente relacionada con la creciente hegemonía cultural americana en la sociedad brasileña, que se ejerce en especial a través del producto audiovisual, vehiculizado por la televisión y por el cine, articulado con la prensa, el disco y la radio.

2. La vulnerabilidad ideológica es de tal magnitud que la opinión de un sociólogo francés o de un economista americano o los aplausos extranjeros a un dirigente brasileño o la opinión de una agencia de análisis de riesgo, o de un organismo internacional, tiene un enorme impacto positivo o negativo sobre la visión de las elites sobre la situación y las perspectivas del Brasil, generando manifestaciones auto-congratulatorias o protestas de repulsa y lamentos de decepción. La sociedad brasileña es vulnerable ideológicamente porque una parte mayoritaria de sus elites, al revés de procurar gobernar para el pueblo, prefieren gobernar para los intereses internacionales de todo tipo. Desean esas elites ser "aceptadas" como representantes de un "país normal", de una "sociedad joven, pero civilizada", que no "confronta" los intereses de las Grandes Potencias y que "colabora" con ellas. Las opiniones sobre el Brasil de intelectuales, políticos o empresarios extranjeros son recibidas con más respeto, admiración y concordancia que aquellas emitidas por brasileños (a no ser cuando éstas reflejan la opinión extranjera), por sectores importantes de los medios de comunicación, sobre los cuales repercuten tales juicios, y por las elites nativas de mentalidad colonial.

3. La vulnerabilidad ideológica hace que las elites intelectuales y dirigentes procuren ver siempre en modelos extranjeros las soluciones para el subdesarrollo económico, para el "atraso" cultural, para el "autoritarismo" político, para el "arcaísmo" institucional brasileño. Ellas van a buscar modelos institucionales al exterior (por ejemplo, agencias reguladoras, Banco Central autónomo, etc.), estrategias económicas (por ejemplo, cambio "fijo" y sobrevaluado y ahora las metas de inflación, etc.), teorías militares (por ejemplo, seguridad cooperativa, etc.), modelos educacionales (por ejemplo, el currículum escolar, el sistema de créditos en la universidad, etc.). Se olvidan que esos modelos y teorías fueron desarrollados en base a la experiencia histórica de sociedades que tuvieron evolución y características distintas de la brasileña. Así, esos modelos y teorías "trasplantados" para el Brasil definían o adulteraban, para la desesperación de sus propugnadores colonizados. Hay hoy juristas e intelectuales que defienden, por ejemplo, la adopción por parte de Brasil de los principios de la "common law" y de las prácticas de arbitraje, inclusive internacional, anglo-americana para organizar y reformar el sistema jurídico brasileño, que sería, según ellos, arcaico y moroso, por estar basado en el derecho romano y germánico. Y, de ahí en más, los ejemplos de esa mentalidad y actitud mimética son innumerables.

4. La cuestión de la vulnerabilidad ideológica es fundamental, pues ella se refiere directamente a la cohesión o desintegración social, a la construcción o fragmentación nacional, a la autoestima o auto-rechazo y a la propia posibilidad de éxito de una política de desarrollo económico (no apenas de crecimiento desigual), democrático (no oligárquico y no plutocrático) y social (cultural y espiritual) de la sociedad brasileña.

5. La vulnerabilidad ideológica afecta la identidad cultural brasileña. Esta identidad es fundamental cuando se admite que la sociedad brasileña se desarrolló en un territorio geográfico específico, con una composición étnica y religiosa distinta, con una experiencia histórica, política y económica única. La conciencia de esto es esencial para que la sociedad pueda encontrar soluciones propias para sus propios desafíos. La vulnerabilidad ideológica y la hegemonía cultural extranjera impiden, dificultan y confunden los distintos segmentos de la sociedad brasileña y tienden a eliminar la conciencia de sus características específicas y de la propia evolución de esas características, que es su historia.

6. La conciencia que la sociedad adquiere de sí misma, esto es, la conciencia de cada ciudadano y de los grupos sociales sobre las características de la sociedad en que viven, depende de una representación ideológica, que depende, a su vez, de las manifestaciones culturales más diversas que interpretan y crean el imaginario nacional de su pasado, de su presente y de su futuro.

7. Esa creación del imaginario, de esa visión del pasado, del presente y del futuro, es, casi en su totalidad, ajena a la experiencia directa de los individuos. En cuanto al pasado y al futuro, porque no lo "vivieron" ni lo "vivirán". En cuanto al presente, porque no pueden participar de él, tener la experiencia directa de todas las situaciones sociales por la imposibilidad de la ubicuidad. De esta forma, la abrumadora mayoría de los hechos y de las interpretaciones que conocemos sobre el pasado del propio Brasil y del mundo depende de la elaboración intelectual y cultural de historiadores y artistas, en especial los creadores de obras audiovisuales y literarias, por más que sean consideradas como obras de ficción. Mucho de aquello que un brasileño imagina respecto a situaciones y valores individuales y sociales es una construcción cultural/literaria/audiovisual/noticiosa, muchas veces repleta de preconceptos y estereotipos. Todo lo que sabemos sobre la historia de la sociedad brasileña no fue vivido "por nosotros", sino "elaborado" por terceros.

8. La vulnerabilidad ideológica se acentúa con la creciente hegemonía cultural norteamericana en el Brasil. En la medida en que la elaboración, producción y difusión cultural brasileña, audiovisual o no, está sujeta a la hegemonía cultural extranjera, la formación del imaginario nacional se acaba realizando de forma fragmentada y vacilante. Las "interpretaciones" de la realidad mundial elaborada por las manifestaciones culturales hegemónicas norte-americanas pasan a predominar, reflejando los preconceptos y los estereotipos de aquella cultura y los intereses de aquella sociedad. De ahí las distorsiones subsiguientes de la hegemonía cultural extranjera, en el caso del Brasil, americana, la vulnerabilidad ideológica y sus consecuencias negativas para el Brasil.

9. La construcción de la identidad cultural proviene de la producción de manifestaciones culturales que abarcan desde las actividades de la prensa a la elaboración científica y artística, pero, en especial, debido a su extraordinario alcance, a las manifestaciones audiovisuales (documentales, filmes de ficción, series y noticieros de todo tipo). La construcción de esta identidad no se contrapone a la necesidad de diversidad cultural y mucho menos al diálogo con la cultura extranjera. Se contrapone, eso sí, a la hegemonía de las manifestaciones culturales extranjeras sobre la cultura brasileña en el propio territorio brasileño. El estímulo y el acceso a la diversidad de las manifestaciones culturales permitiría a la sociedad brasileña tener acceso a distintas y, muchas veces, contradictorias visiones del mundo, de las relaciones interpersonales, de las cuestiones existenciales. La cuestión estratégica es, pues, imaginar mecanismos que amplíen el acceso de todos, sean artistas, intelectuales, políticos o simples brasileños, a la miríada de manifestaciones culturales brasileñas y de todas las sociedades que constituyen la diversidad cultural planetaria y fortalezcan y enriquezcan nuestra propia identidad, combatiendo la hegemonía cultural de cualquier origen en el Brasil. Se trata de definir una política cultural, de comunicación y de educación, no asistencialista, integrada y dirigida al proyecto de construcción de la sociedad brasileña. Y para esto es indispensable discutir la cuestión cultural también en sus aspectos económicos, políticos y sociales.

Cultura, comunicación y educación: comprensión

10. La cultura puede ser definida en sentido estricto como un conjunto de actividades humanas, de naturaleza no utilitaria, que expresan y reproducen la experiencia individual o colectiva, la diseminan en el presente y la trasmiten en el tiempo, de generación en generación.

11. Siendo la experiencia humana variable en el espacio, debido a circunstancias geográficas, étnicas, políticas y económicas distintas, hay naturalmente culturas nacionales específicas que, aún no siendo estancas, se influencias unas a las otras. No hay culturas nacionales superiores, así como no hay razas superiores, pero puede haber un mayor grado de elaboración de las manifestaciones culturales en en transcurso de circunstancias históricas, del grado de acumulación de riqueza y de conocimiento técnico/artístico en determinadas sociedades y puede haber, por razones económicas y políticas, mayor capacidad de difusión y penetración social global de ciertas culturas.

12. La cultura corresponde a un conjunto de manifestaciones de las diversas artes tradicionales, tales como la música, la escultura, la pintura, la literatura, la arquitectura, la danza, el teatro, el cine, y de otras formas, como el grabado y la fotografía. Las artes y las manifestaciones artísticas no se identifican con su soporte físico ni con su vehículo de difusión, aunque vehículos y soportes específicos afecten la obra de arte y de cierta forma alteren su contenido y su impacto social, económico y político, y pasen así a ser de gran relevancia para la definición y ejecución de una política cultural eficaz.

13. La cultura popular se expresa igualmente a través de manifestaciones de las mismas artes, sin embargo de forma intuitiva, artesanal, sin el mismo dominio de conocimiento técnico y sin la aplicación estricta de "reglas" eurocéntricas que corresponden tradicionalmente a cada arte. No se trata de discutir o decidir si la cultura erudita es superior a la cultura popular, pues ellas se influencian y tienen funciones sociales semejantes. Un artista popular puede ser capaz de reflejar de forma extraordinaria la experiencia humana, de un cierto momento y medio social, mientras que un artista erudito puede fallar en ese propósito, a pesar de su mayor dominio, digamos, de las técnicas tradicionales eurocéntricas. Las características de la obra de arte, de la manifestación cultural y su impacto dependen del nivel técnico con que se realizan, pero también de la creatividad individual del artista y del alcance del vehículo de difusión.

14. Siendo las manifestaciones culturales el modo como la experiencia humana, que se verifica en una cierta dimensión geográfica, se trasmite en el tiempo, la cuestión de la cultura, de la producción y de la difusión cultural, está estrechamente vinculada a la formación y a la permanencia de la nación como conjunto de individuos, que en general habitan un mismo territorio, que comparten una experiencia histórica común y que tienen la aspiración de construir un futuro común, aunque las visiones sobre este futuro puedan ser distintas.

15. La nación, la sociedad, se organiza como Estado, que puede ser definido como un conjunto de instituciones que elaboran normas, las ejecutan y las sancionan, con el objetivo de disciplinar las relaciones de todo tipo entre sus integrantes, para que sean pacíficas y consensuales, y de defender y promover sus intereses y derechos en sus relaciones con las demás sociedades y Estados. El debilitamiento de la producción cultural de una nación lleva al debilitamiento de los lazos que vinculan a sus integrantes, de su memoria del pasado, de la experiencia común y de su aspiración de construcción de un futuro compartido. Naturalmente que el debilitamiento de la cultura nacional frente de la hegemonía de otras manifestaciones culturales de otras sociedades, que son necesariamente distintas y que no corresponden a las experiencias de aquella nación en su trayectoria histórica, corroe su autoestima y debilita la capacidad del Estado de promover y defender los intereses nacionales.

16. La mayor parte de las imágenes que los individuos forman sobre las experiencias humanas individuales y colectivas y que constituyen la base para sus acciones no proviene de su experiencia directa, pero si son el resultado de informaciones que se trasmiten por la prensa escrita y audiovisual y que utilizan recursos artísticos, culturales. La mayor parte de los valores sociales es construida, elaborada, transformada y destruida a través de la influencia de un flujo continuo de manifestaciones culturales trasmitidas por los medios de comunicación y difundidas socialmente.

17. Así ocurre con la obra literaria, que incluye el periodismo, con la música, con las manifestaciones audiovisuales en sus distintas formas, tales como el teatro y el cine, transmitidas por los instrumentos de la prensa que constituyen una industria que recoge, produce, distribuye y divulga las manifestaciones culturales. Sus diferentes sectores son constituidos por las editoras, las empresas periodísticas, las radios, las compañías de teatro, las productoras y distribuidoras de filmes para cine y TV, las redes de televisión abierta y cable, etc. La obra del escritor, del músico, del director de cine no tienen impacto y función social (ni siquiera cultural) si ella no llega al público, a la sociedad. Para que esto ocurra, es necesario que se transforme en un producto, el más importante de la actividad humana, pues alimenta el proceso continuo de reconstrucción del pasado, de tiempos que los individuos que forman la sociedad actual no vivieron; de interpretación del vastísimo presente del cual los individuos conocen directamente apenas una ínfima parcela; y de formación de visiones del futuro, cuya forma concreta que asuma, dependerá desde ya de lo que se piensa que será o podrá ser.

18. Así, la manifestación cultural tiene que ser transformada en producto económico, esto es, en resultado de procesos específicos de producción y de distribución física lato sensu, para que tenga impacto social y político.

Política Cultural: reflexiones

19. La mayor parte de los productos de consumo, tales como heladeras, zapatos y automóviles, tienen efecto político y social diminuto sobre el consumidor y su valor social corresponde al de su soporte físico, que resulta de su proceso productivo, que empleó factores de producción y generó renta. El soporte físico del producto cultural, por el contrario, tiene un valor infinitamente inferior a su valor cultural y a su valor económico. Basta comparar el valor del papel en que está impresa una obra literaria o el valor de la película donde está registrado un filme para constatar esta divergencia. El valor social del producto cultural no se agota con su consumo individual, sino que se reproduce en el tiempo, mientras el valor social de un producto común se agota con su consumo.

20. La manifestación cultural transformada en producto cultural tiene un costo de producción y, por lo tanto, genera empleo y renta, y tiene un mercado donde se confrontan las empresas que lo comercializan y donde se encuentra con su público. Los mercados para los diversos productos culturales tienen características muy distintas y pueden llegar a ser, con mayor o menor intensidad, oligopolizados y a sufrir distorsiones surgidas de prácticas de competencia desleal, y, así, permitir márgenes de lucro extremas. Sin la comprensión del producto cultural como un fenómeno cultural/económico/político complejo, no es posible la definición de una política cultural que tenga en consideración el extraordinario potencial de generación de empleo, de lucro y de divisas de la producción y de la distribución cultural, pero también su papel político fundamental de formación del imaginario social, de la vitalidad de nación y del poder del Estado.

21. La producción cultural tiene importancia fundamental en la política internacional. Ni siquiera los principales dirigentes e intelectuales de la nación más poderosa del mundo tienen conocimiento directo de más de una ínfima porción de la miríada de eventos que ocurren cada día en cada sociedad. Todas las decisiones de esos dirigentes que afectan profundamente la realidad son tomadas a partir de informaciones y de elaboraciones culturales que interpretan eventos y que los trasmiten a través de manifestaciones culturales bajo la forma de libros, filmes, noticias, relatos, fotografías y que van a formar su imaginario en comparación con su experiencia personal limitada y su capacidad teórica de procesar informaciones y de encajarlas en una "visión de mundo".

22. Así, las imágenes de los países, inclusive del propio, de las sociedades, de los Estados y de su poder son formadas a través de un vasto y continuo proceso multifacético de elaboración cultural que genera en los diferentes sectores sociales esas imágenes. La ausencia de imagen propia, o la existencia de imagen distorsionada, fragmentada o incompleta, afecta no solamente a las decisiones de dirigentes de terceros Estados en sus relaciones con el Estado cuya imagen es débil, sino también a la propia sociedad de ese Estado, con efectos sobre su autoestima, su capacidad de apoyar a sus dirigentes y la capacidad de esos dirigentes de actuar para enfrentar sus desafíos internos y externos.

23. De ahí la importancia que las grandes potencias, y en especial los Estados Unidos, confieren a su industria cultural lato sensu y la prioridad que atribuyen al objetivo de garantir el libre acceso de sus productos culturales a los mercados culturales de todos los países, esto es, el acceso a todas las estructuras y medios de producción y de difusión de productos culturales y de formación del imaginario de las sociedades de terceros países, con objetivos de naturaleza cultural, económica y también política.

24. En los mercados culturales, la estructura de los mercados y sus características específicas de producción y distribución hacen que las dimensiones de las empresas tengan, como en mercados de productos "normales", una enorme importancia. Así como en los mercados de productos de consumo, cabe al Estado impedir la monopolización, la oligopolización, la formación de carteles y la práctica de competencia desleal, en el interés de proteger al consumidor individual de precios abusivos y a la sociedad de la generación de lucros excesivos. Con mayor razón, cabe la acción del Estado en los mercados culturales donde los productos, mas allá de su importancia económica, tienen una importancia política fundamental.

25. Cabe al Estado garantizar la libre competencia en cada mercado cultural con mucho más rigor que en los mercados de productos "comunes" de consumo, teniendo presente los efectos sociales y políticos de los productos culturales sobre la sociedad, con los objetivos de evitar la hegemonía cultural de otras sociedades; de estimular el más amplio y diversificado intercambio de informaciones culturales con el exterior; de promover la producción cultural doméstica, única capaz de fortalecer y articular el conocimiento de la sociedad de sí misma, el cual es indispensable para la formulación de un proyecto de futuro y para definir la estrategia y los medios físicos y políticos para implementarlo, en especial en grandes Estados de periferia, como el Brasil.

26. La sociedad brasileña se encuentra hoy bajo la hegemonía cultural extranjera, en especial de la producción cultural norteamericana, que proviene de las estructuras de mercado que se crearon a lo largo del tiempo, debido a la incomprensión, miopía y omisión de los gobiernos en relación a la política cultural, de comunicación y de educación. Esta omisión de política cultural, o mejor, esta miopía de la función política de la cultura y de las interrelaciones entre producción cultural, estructuras económicas de producción y de comercialización cultural hicieron que, en nombre de la libertad de expresión y de la manifestación cultural, se condenase la acción correctora del Estado y se permitiese la formación y la acción de estructuras oligopólicas. Al mismo tiempo, se mantenía viva, aunque en estado de asfixia, la producción cultural brasileña, sin crear los instrumentos que permitiesen su competencia con la producción cultural extranjera que, al realizarse y difundirse a través de mega empresas multinacionales, oligopoliza el mercado consumidor por el ejercicio de control e influencia sobre las estructuras de difusión cultural, tales como editoras, grabadoras, exhibidoras y redes de televisión.

27. El Estado brasileño tiene limitada su acción a un modesto apoyo asistencialista, colonizado y avergonzado a la producción cultural de elite o de pequeño impacto social, a través de exenciones fiscales, sin preocuparse en promover y garantizar la libre competencia en los mercados culturales de masa, donde se forma el imaginario social, esencia de la propia existencia de la Nación brasileña y de la posibilidad de ésta de organizarse para enfrentar sus extraordinarios desafíos y desarrollar todo su potencial.

28. La cuestión del imaginario social y, por lo tanto, de la política cultural y de comunicación, está profundamente vinculada a la cuestión del sistema educacional. Este sistema ha sido articulado por el gobierno como un proceso de formación de individuos como productores de mayor o menor calificación técnica, y no como un proceso de formación de ciudadanos. Los valores trasmitidos por el sistema educacional son los valores de la producción material y de la maximización del consumo individual, del ser humano como unidad de trabajo, y no como ciudadano político solidario, digno de una vida espiritual superior, que vaya más allá de los programas degradantes e idiotizantes de la televisión, actividad que consume en promedio, más de cuatro horas diarias del ciudadano brasileño. Si deducimos el tiempo medio de trabajo, de transporte, de alimentación y de reposo, esas cuatro horas significan más del 70% de su tiempo diario, digamos, libre. Este es el tiempo de que puede disponer para su perfeccionamiento como ciudadano, como trabajador y como ser humano. Ese tiempo fue "capturado" por la televisión, que los Estados y los gobiernos han tratado como una actividad económica "normal", y no como un vehículo con influencia extraordinaria sobre la sociedad y su imaginario. La situación se agravó con la enmienda constitucional que permitió la participación del capital extranjero en la propiedad de los vehículos de comunicación y con la ausencia de reglamentación del artículo 221 de la Constitución federal que se refiere a la programación de las emisoras de radio y televisión.

29. Por otro lado, cualesquiera que sean los métodos, la calidad de los esfuerzos utilizados para perfeccionar el sistema educacional formal, son frustrados, pues los niños y los jóvenes utilizan gran parte de su tiempo fuera de las aulas frente a la TV de programación más o menos comercial, pero donde hay un permanente, aunque difuso, proceso de trasmisión de un imaginario extranjero, más allá de los estímulos al consumo conspicuo, al individualismo, a la violencia, a la banalidad, al culto al cuerpo.

30. Por lo tanto, la escuela debe ser reconstruida como el vehículo de trasmisión de valores culturales brasileños, mientras que la televisión y los medios de comunicación en general pueden y deben ser estimulados a diversificar su programación de modo de ampliar la gama de influencias culturales brasileñas y extranjeras a que debe tener acceso la sociedad brasileña, y así ampliar su imagen de elección y de reflexión sobre los valores sociales. Los recursos de la colectividad, que son recaudados a través de impuestos, deben estar al servicio de una política cultural que amplíe la competencia entre productos culturales de diferentes orígenes, estimule la producción cultural brasileña y diversifique las influencias culturales. Aquellas empresas de producción y difusión cultural que no deseen diversificar el origen de los productos culturales con los que trabajan y que deseen privilegiar la producción cultural extranjera pueden, y tienen el derecho de hacerlo, pero con sus propios recursos y no con los recursos de la colectividad.

31. Es necesario distinguir, en la elaboración de una política cultural, los aspectos de preservación del patrimonio material e inmaterial, de apoyo y estímulo a la producción cultural de los artistas, de la acción junto a las empresas de producción y difusión cultural de masa para estimular la diversidad cultural e impedir la hegemonía de manifestaciones culturales de un origen específico sobre la manifestación cultural brasileña en cada sector. Los estímulos a la preservación del patrimonio y a la producción cultural individual no tendrán impactos sociales, políticos y económicos a no ser que se conjuguen con la posibilidad de su difusión a través de los vehículos económicos. La actual legislación de concesión de exenciones fiscales a empresas para inversiones en actividades culturales (las leyes Sarney, Rouanet, la legislación audiovisual) posibilitan modestos recursos sociales a la producción cultural, pero no garantizan su difusión y, por lo tanto, el cumplimiento de su función social.

32. La distinción entre manifestaciones culturales de público limitado y las manifestaciones culturales de masa no puede ser hecha de forma absoluta, pues no solamente las manifestaciones culturales se influencian unas a otras de forma muy importante, como a veces se combinan o sirven unas de materia prima para otras. Así, la manifestación cultural de público restringido, como por ejemplo, una obra literaria, puede servir de materia prima para manifestaciones culturales de masa, como una película y la novela de televisión.

33. Una política cultural eficaz debe estar articulada con las políticas de comunicación y educación y debe tener como objetivo estratégico permanente la reducción de la hegemonía cultural de cualquier manifestación extranjera de cara a la producción cultural brasileña y la ampliación de la diversidad de oferta cultural a disposición de la sociedad brasileña. Además de las diversas medidas y de la legislación hoy existente, que deben ser perfeccionadas, pueden imaginarse diversas acciones en el área de la difusión cultural.

34. La legislación puede y debe establecer un tratamiento fiscal diferenciado y más favorable a las empresas productoras y a las empresas difusoras de productos culturales que en sus actividades y programación ampliasen la participación de las manifestaciones culturales brasileñas.

35. El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), uno de los mayores bancos de inversiones del mundo, puede y debe establecer líneas de crédito especiales para financiar inversiones y la operación de empresas que asuman el compromiso de diversificar su actividad de producción y difusión cultural y de garantizar la igualdad de participación del producto cultural brasileño frente al producto cultural de cualquier otro origen.

36. La legislación puede y debe establecer el límite máximo de ocupación del mercado para productos audiovisuales cuando hay situaciones de oligopolio e integración vertical con riesgo no sólo de hegemonía cultural sino de exclusión del producto cultural brasileño. El límite del número de copias por lanzamiento de un filme es un ejemplo de ese tipo de medida.

37. En el área de la educación, la legislación debe ampliar gradualmente el número de horas de permanencia de los estudiantes en la escuela, para reducir su exposición a la TV, así como incluir entre las actividades escolares obligatorias la programación cultural brasileña y suministrar los medios a cada escuela pública y privada para tener acceso a videotecas, a discotecas y a bibliotecas básicas. La institución de concursos públicos, en los diversos niveles de enseñanza, sobre temas culturales brasileños, con premios para profesores y alumnos, y la difusión por medios de comunicación de masa de sus resultados estimularían el uso de ese material. El acto de prestigiar de forma sistemática a los productores y difusores culturales brasileños con la presencia de las más altas autoridades brasileñas a eventos culturales significativos, así como hoy se prestigian atletas, tendría gran importancia simbólica.

38. En la esfera internacional, la organización de concursos internacionales de música y literatura, con premios significativos, sobre temas, autores y compositores brasileños, tendría un importante impacto para el conocimiento de la cultura brasileña, dentro y fuera del Brasil, con consecuencias relevantes para la formación de la imagen del Brasil.

39. Finalmente, toda la atención debe centrarse en evitar la participación de Brasil en acuerdos internacionales, regionales o multilaterales, de carácter aparentemente apenas económico, cuya consecuencia sea limitar o eliminar la posibilidad de que el Estado tenga instrumentos de política para promover la diversidad cultural a que debe tener acceso la sociedad brasileña y estimular las manifestaciones culturales brasileñas y, por lo tanto, la formación del imaginario social y la autoestima brasileña, indispensables para un proyecto de desarrollo económico, político y social más justo y más duradero.

(*) Embajador. Actual Secretario General de Relaciones Exteriores (Itamaraty). Ex director (1995-2001) Instituto de Pesquisa de Relações Internacionais, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil

Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte

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