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Ética
del cotidiano El Uruguay comenzó
el siglo XXI con un cuarenta por ciento de sus niños por debajo
de la línea de pobreza[i]. Impera también en nuestra sociedad,
un brutal desbalance generacional con una muy mala estructura de
oportunidades[ii], seguido de un importante flujo migratorio,
fundamentalmente de jóvenes, conformándose un marco que pone en
serio entredicho la viabilidad de nuestro país en un futuro
demasiado cercano. Un estudio
reciente, publicado por la CEPAL[iii], recuerda que el crecimiento
económico promueve el desarrollo humano a medida que la base de
recursos se amplía, en tanto que un mayor desarrollo humano
genera más crecimiento a medida que una población más sana y
educada contribuye a mejorar el desempeño económico. Surge,
también, que el comportamiento de los países confirmaría la
necesidad de dar prioridad al desarrollo humano, para alcanzar un
ciclo llamado virtuoso (esto es, un buen desarrollo refuerza el
crecimiento, el que a su vez promueve el desarrollo humano, y así
sucesivamente) de crecimiento y mayor desarrollo humano, al que se
define como la ampliación de las oportunidades que tienen las
personas de poder acceder a una vida más larga, más saludable y
más plena. Se comprobó la
existencia de un firme respaldo empírico a la idea de que a
medida que las personas se tornan más sanas, mejor alimentadas y
más instruidas, contribuyen más al crecimiento económico. El
Uruguay estaba en este informe aun comprendido –en el período
de obtención de datos- en un tal ciclo virtuoso. Otra prueba de
la violencia con que ha ido cayendo, en calidad de vida,
primordialmente, de sus habitantes menos pudientes. ¿Democracia? La democracia,
arguye el laureado indio, se trata de una pluralidad de virtudes
que comprenden, en primer lugar, la importancia intrínseca que
tienen la participación y la libertad políticas para la vida
humana; en segundo lugar, la importancia instrumental de los
incentivos políticos para garantizar la responsabilidad de los
gobiernos; y en tercer lugar, el papel constructivo de la
democracia en la formación de valores y en la asunción de
necesidades, derechos y deberes. Distorsiones del
mercado La mera existencia
de tal violencia es un claro indicador que los Derechos Humanos no
están vigentes en una sociedad que, directa o indirectamente, la
consiente. Los que sólo
atienden, desde su proclamada practicidad, lecturas tangenciales
de las realidades que los circundan, designan como “distorsiones
del mercado” a los excluidos, a los marginados y a los
desamparados. Deifican al mercado al dotar a tal libertad, que
supuestamente le comprende, del poder de nivelar los flujos de
comercio. Falacia sin sentido de especie alguna, que cae por su
propio peso. Un niño, una niña,
no es, no son, una “distorsión”. Es, y son, potencia de vida,
ejemplos de amor. Ahora bien, con
igual énfasis, destacamos, en general, la carencia de
responsabilidad, tanto colectiva como individual, en la
no-implementación de acciones conducentes –y contundentes en lo
organizativo, en lo prospectivo y en lo cotidiano- en enfrentar
tales inequidades. En la esfera de lo
cotidiano, hay algo más y mejor que podemos hacer y no lo
hacemos. Hay, sin duda, acciones solidarias a concretar que yo
tampoco emprendo con el vigor que debiera hacerlo. Conocimiento,
comprensión y espacio público Arendt establece
que el proceso de afirmación, de sustanciación, de los derechos
humanos –en tanto invención para la convivencia colectiva-
exige un espacio público. Vemos cómo ella, kantianamente, da
curso a una dimensión trascendental que inaugura y asienta los
pilares, al tiempo que traza los límites, de la interacción política. Ahora bien, ¿quiénes
son los que pueden acceder a ese espacio? Su maestro y amigo,
Karl Jaspers –paradigma, a mi criterio, de la razón sensible-
nos enseña que: “Si nuestra vida no ha de perderse en la
disipación, tiene que entrar en algún orden. Tiene que estar
sustentada a diario por algo circunvalante, que cobrar
coherencia en la estructura integrada por el trabajo, la riqueza
de contenidos y los altos momentos; tiene que ahondarse en la
reiteración.”[vi] Su alumna, que en
la tercera parte de “Los orígenes del totalitarismo”
(Totalitarismo), se valiera de la frase de David Rousset, como epígrafe:
“Los hombres normales no saben que todo es posible”, buscó
transmitirnos, según creo entender, que para impedir un nuevo
estado totalitario, se necesita una voluntad capaz de moverse en
un mundo en el cual el precio de la libertad, es la contingencia
con una forma positiva de ser. El cotidiano
existir El humanismo no se
aprende, se contagia. Creemos que ha llegado el momento de avanzar
en la concepción humanística. Una concepción, y un hacer, a
partir de la misma, que respete el pasado, estudie el presente y
renueve el futuro. Dar vida en la acción a aquella frase de
Goethe que dice que la fraternidad es un acto de fe. ¿Acaso no somos
todos corresponsables de la realidad imperante? ¿Podemos,
siquiera, imaginarnos fuera de la misma? ¿O, estamos fuera, quizá,
sólo al momento de la toma de responsabilidad? Recordando a los clásicos,
manifestamos que somos solitarios-solidarios en busca de nosotros
mismos, y para encontrarnos debemos reconocernos en el Otro, al
comprender su circunstancia, al atenderla, al compartir (siguiendo
el ejemplo en obra y vida tanto de Martin Buber, como de Emmanuel
Levínas e, inclusive, del inefable Jacques Derrida) Y esto
debemos hacerlo en un mundo que sufre un dramático déficit de
racionalidad. Hay leyes morales
que tienen consecuencias ineludibles para el hombre. Todo hombre,
lleva en sí mismo a toda la humanidad. De ahí, la importancia de
experimentar la vida como un problema, como una “cuestión”
que requiere una respuesta, al valorar, en una dimensión elevada,
el desarrollo de sus propias capacidades de amor, de razón,
de compasión y de valores. El hoy, Sísifo
y la libertad Apelaremos, para
una mejor comprensión, al mito de Sísifo que, si bien trágico,
nos plantea que lo que debiera constituir su tormento es, al mismo
tiempo, su victoria. El mito nos recuerda que todo no ha sido
agotado. El destino es un
asunto humano que debe ser arreglado entre humanos. La silenciosa
alegría de Sísifo, es porque su destino le pertenece. Lo
importante es el esfuerzo por llegar. Lo importante es la lucha.
En esa lucha, Sísifo vence a los dioses. El problema de todo
grupo humano es cómo convivir con lo que no se tolera del otro.
Para amar hay que renunciar a ese yo de la omnipotencia narcisista
infantil, que se basta a sí mismo. y reconocer que somos
parte de los otros. Digámoslo: solemos tener miedo a nuestra
propia libertad porque implica, entre otras cosas, equivocarnos al
ejercerla. El proceso de
individuación y la consiguiente libertad que trae consigo,
implican, necesariamente, soledad y angustia por el encuentro con
uno mismo y con los otros; pero el camino, el halajá, el sendero,
la vía, suponen un tal sufrimiento. En tal estadio es que
podremos reconocernos, sabernos en la senda, con esperanza activa,
como afirmara Erich Fromm, en el hacer cotidiano. De la
servidumbre voluntaria y la noche de los tiempos Para el amigo de
Montaigne, la relación de dominación-servidumbre no se realiza
únicamente en la sociedad constituida, sino y particularmente en
la intimidad de la conciencia. Activemos, pues, nuestra conciencia
moral, a fin de que la dignidad, el respeto y el ejercicio
irrestricto de los derechos humanos sea como el respirar para los
niños; los nuestros y los de aquellos: todos, al recordar que la
moral comienza en el hombre y en la mujer singular. Bioética,
propuestas y un concepto a considerar Avanzar hacia una bioética de intervención, como una perspectiva periférica a las teorías éticas tradicionalmente utilizadas por la bioética de fundamentación del Norte, proponiendo, en tal sentido, una alianza verdaderamente democrática y concreta con el lado históricamente más frágil de la sociedad, incluyendo el análisis, a la luz de las realidades imperantes, de diferentes dilemas, entre los cuales se destacan:
Tal el desafío
propuesto. Así, pues,
mientras permitimos que en la interioridad de nuestra conciencia,
el diálogo se dé cita, al cuestionarnos y cuestionar, vemos que
para una tal empresa será menester contar con el combustible
adecuado: el valor. No el de la fácil y estéril pelea sino el
otro, aquel que nos permita, en la esfera de lo público, cobrar
vida digna. El valor, advierte Hannah Arendt, es una de las
virtudes políticas cardinales. Se necesita valor incluso para
abandonar la seguridad protectora de nuestras cuatro paredes y
entrar en el campo público, no por los peligros particulares que
puedan estar esperándonos, sino porque hemos llegado a un campo
en el que la preocupación por la vida ha perdido su validez. El
valor es indispensable porque en política lo que se juega no es
la vida, sino el mundo. Tal es la actitud que nosotros adjetivamos
de arendtiana. Tengamos, pues, una
actitud arendtiana, aquella que dice sí a la sinfonía humana, sí
al compromiso, con comprensión y asunción de responsabilidades,
colectivas y personales. ¿O acaso nuestros niños, no merecen tal esfuerzo? [1] Diario El País, suplemento Economía y Mercados, 21.01.2003 [2] Radio El Espectador, programa En Perspectiva, 22.01.2003 [3] Ranis, Gustav-Stewart, Francis, “Crecimiento económico y desarrollo humano en América Latina, Revista de la Cepal Nº 78, diciembre 2002. [4] Sen, Amartya, “La democracia como valor universal”, Discurso pronunciado en el Congreso por la Democracia en Nueva Delhi (febrero de 1999), tomado del Journal of Democracy, julio de 1999,vol.10 número 3, pp.3-17, The John Hopkins University Press and National Endowment for Democracy. [5] Arendt, Hannah, “¿Qué es la Política?”, Paidós [6] Jaspers, Karl, “La filosofía, desde el punto de vista de la existencia”, Alianza [7] La Boétie, Étienne,
"Discours de la servitude volontaire", Imprimerie
Nationale 1992 [8] Garrafa, Professor Volnei, “Por uma ética periférica”, Folha de São Paulo, 26.10.2002 LA ONDA® DIGITAL |
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