Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

Augusto Monterroso, la
magia de la brevedad

por Julia Galemire

"La de Monterroso, extraña literatura que se lee rápido"
diario La Jornada de México, 6 de julio de 1996

Augusto Monterroso –cuya desaparición se produjo el último viernes 7 a la edad de 81 años- ejerció el difícil magisterio de la magia en la literatura de la cual fue un auténtico renovador. Su obra, inscripta en los cauces de la posmodernidad, se expresó con un lenguaje sencillo, cotidiano pero que encierra un universo por demás inquietante. 

Autodidacta, como el mismo lo confesó en reiteradas oportunidades, fue un lector incansable de los grandes clásicos de los que –según sus palabras- aprendió el tono parco y la brevedad expresiva: creador del cuento breve dijo: “Me aficioné a esa forma de decir lo que hay que decir, sin añadir cosas cuando algo ya está dicho”, expreso en algún reportaje periodístico. 

La trayectoria
Había nacido en Tegucigalpa, aunque siempre se le consideró guatemalteco, porqué había residido desde niño en el país de la eterna primavera”, al que se sintió ligado por muchas razones y desde el cual partió al exilio por militar en la oposición al dictador general Jorge Ubico Castañeda, radicándose desde 1944 en México, donde escribió la mayor parte de su extensa obra literaria. 

Fue a partir de 1959, cuando tenía 38 años, que comenzó a publicar los textos que lo harían famoso. En ese año aparecería “Obras completas (y otros cuentos)”, diez años más tarde, “La oveja negra y demás fábulas”, en 1972 “Movimiento perpetuo”, en 1983 “La palabra mágica”, considerada como texto sobre dictadores, además de otras obras, de las que puede destacarse “Los buscadores de oro” unas memorias editadas en 1993 por Alfaguara. 

Pero no sólo fue cuentista y novelista pródigo, sino que también incursionó por los dominios del ensayo, género del que han quedado “La vaca” en el 2000 y “Pájaros de Hispanoamérica” en el año pasado. En el primero, Monterroso, en un clima de singular simplicidad,  acierta en definir los rasgos esenciales de un grupo de escritores de gran relevancia. 

Le sirven a los efectos, Maiakovsky y su vaca, Pablo Neruda, Juan Rulfo, Erasmo, Luis Cardozo y Aragón, Tolstoy,  la ya legendaria Virginia Woolf, nuestro Juan Carlos Onetti y otros,  que desfilan en una escritura que por momentos parece demasiado leve, pero que en definitiva, muestra una estructura y una intención literaria por demás sólidas. 

En el segundo, “Pájaros de Hispanoamérica”, aparecen en el texto otros escritores de nuestro continente –Monterroso fue siempre un escritor atento a lo que sucedía en una América que él sentía como propia e intransferible, cuyas obras son tratadas con un agudo sentido del humor y de cierto laconismo que puede desconcertar al lector desprevenido, aunque, en la realidad, esos escritores mencionados son afines al propio autor. 

En un ensayo, y lo citamos a manera de ejemplo, publicado en una revista en octubre de 1996 titulado “Imaginación y realidad”, firmado por Tito Monterroso   refiriéndose a los desencuentros, entre los pobladores de los pueblos indígenas de Centroamérica y los conquistadores españoles y reivindicando “ la ciencia y el saber de los antiguos mayas” afirmaba que:”Quinientos años de dialéctica entre España, Europa y América, una dialéctica de espadas, de letras, de oraciones y de balas, desde que fray Bartolomé Arrazola, un ser imaginario, fue vencido en la hoja en blanco, en la que todo se puede: es decir, en la imaginación , no siempre parecida a la realidad”. 

LA MAGIA DE LA BREVEDAD
Precisamente este Fray, supuesto habitante de Guatemala, es el protagonista de uno de los cuentos más bellos y significativos de la narrativa de Monterroso, que no resistimos la tentación de transcribir fielmente y que integra “De obras completas (y otros cuentos)” aparecido en 1959, titulado: 

El eclipse
“ Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había opresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo de su labor redentora. 

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin de sus temores, de su destino, de si mismo. Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. 

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. 

Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida. 

´Si me matais –les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura´. 

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vió que ser produjo en pequeño consejo y esperó confiado, no sin cierto desdén. 

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles”. 

*** Finalmente, podriamos decir muchas más cosas de este Augusto Monterroso, cuya muerte implica una desaparición muy importante para las letras de nuestra América. Preferimos en cambio, reproducir tres cuentos muy breves que son testimonio de su capacidad de sintetizar  las historias más variadas y en los que campea asimismo, un fuerte sentido de ironía. 

La oveja negra
“En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada. 

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. 

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura. 

El espejo que no podía dormir
Había una vez un espejo de mano que cuando se quedaba sólo y nadie se veía en él se

sentía de lo peor, como que no existía, y quizá tenía razón; pero los otros espejos se burlaban de él, y cuando por las noches los guardaban en el mismo cajón del tocador dormían a pierna suelta satisfechos ajenos a la preocupación del neurótico. 

El paraíso imperfecto
--Es cierto—dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno;  en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros: lo único malo de irse al cielo es que allí el cielo no se ve.

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Inicio

Un portal para y por uruguayos
URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital