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El
"Nautilus": el arma secreta de Bush
El primer ejemplar
del “Nautilus”, proyecto estadounidense-israelí comenzó
a estudiarse mucho antes del 11 de setiembre. Fue ensayado en diciembre de 2002 en un desierto del Estado de
Nuevo México, quedando demostrado en la prueba,
que el arma es capaz de interceptar un obús de cañón
lanzado a una velocidad supersónica. Los “katoiucha”
de los militantes del Hezbollah libanés y los “scuds”
que posee el ejército iraquí son menos rápidos
que este super rayo láser. En su fabricación
intervinieron la sociedad estadounidenses TRW y la israelí
IAI. El radar encargado de percibir los misiles enemigos ha
sido construido por “Elta Electronics Industries” y por
“Mabat”, una sociedad controlada por la IAI. La “Weepon
System and Space Tecnology Unit” construyó los
censores el sistema de fuego, en tanto la sociedad “Tadiran”
tuvo a su cargo lo relacionado a instrumentos de control y
monitoreo. El “Nautilus”,
que también responde al proyecto “Arrow” o “Mobile Tacticval High
Energy Laser” (MTHEL) es actualmente el primero y único sistema casi infalible para
interceptar tanto un misil aislado como una salva de misiles
lanzadas simultáneamente. OBJETIVO
IRAK El acto terrorista
que tuvo como escenario las ciudades de Nueva York y Washington
hace año y medio, dio lugar a que los medios no dejaran de
trasmitir, recontar y reconstruir gráficamente
las escenas sucedidas, en un lenguaje que poseían
un tono de hondo lamento, como si procurara vender a la
opinión pública que sólo lee
titulares, que el Mundo ya no se integra
con países del Primer Mundo y del Tercero; que ya no
existen países ricos y países pobres; que
el Mundo hoy está dividido en países no terroristas y en
países terroristas. El lenguaje que se
sigue usando para referirse a los terribles atentados del 11 de
setiembre, posee un tono de lamento y de ira con grandes dosis de
venganza. Esta simplificación de los conflictos
-buenos y malos países-
en mi criterio tiene la finalidad de tejer una inmensa red
emotiva, sentimental y moral con tal que se afiance la solidaridad
no sólo con las víctimas inocentes, sino también con el
gobierno estadounidense en su particular
guerra contra el terrorismo.
Más que destruir físicamente
a sus fuerzas enemigas en el campo de batalla, al gobierno actual
de Washington le interesa primero que todo, llevar a cabo una
guerra de desprestigio para ganarse el apoyo de la comunidad
internacional.
Con presiones económicas
y políticas, los Estados Unidos trata de persuadir
-y en muchos casos lo logra-
a los Jefes de Estado y a los sectores influyentes y, con
los chantajes sicológicos, gana terreno en la gente común
mediante el miedo y la amenaza que representa y materializa la
existencia del otro demonizado. Se utiliza la
fórmula: “Si esto nos pasó a nosotros que somos una Nación
poderosa, imagínense que le podría pasar a cualquier otra Nación”.
La expresión
oficial de Washington y que los medios han divulgado hasta la
saciedad es: “Este ha sido un
ataque no sólo contra Estados Unidos, sino contra todo el mundo
libre y sus más preciados valores”.
Para Estados
Unidos, desaparecido el comunismo ruso, el enemigo ahora no le es
un problema simple y definido en todas sus acciones. Lo hace
aparecer como algo complejo y vinculado a muchas redes, ubicuo,
omnipresente: puede estar en cualquier parte, sobre todo en aquéllas
en las que históricamente se ha tenido al imperialismo
estadounidense como el principal enemigo.
La ecuación más común recurre siempre a emparentar un
mal con otro para que el resultado y el efecto sean más
contundentes en las mentes y en el
sentimiento de las personas que, tan sólo creen saber
opinar luego de leer titulares.
El fin último
de estas estrategias es lograr la adhesión a un nuevo modelo de
mercado global; utilizar los
“valores”(¿) que los envuelven y promocionar una nueva y única
sociedad al estilo inconfundible del actual imperio rector. Al
contar éste con un poderoso aparato militar, bien estructurado y
adiestrado para enseñar a creer que donde ponen la bomba y la
bala siembran automáticamente desarrollo y el bienestar para
todos. Señala muy
acertadamente el
costarricense Jorge Ramírez Caro: “Con
esta prerrogativa, este ejército cree que libera y salva pueblos,
cada vez que edifica sus campamentos y sus grandes emporios
comerciales encima de los cadáveres de los adversarios”. BOMBAS,
PAN Y “LA AYUDA
HUMANITARIA”
Comprarle armas a las industrias armamentistas de los países
desarrollado es similar a comprar autos usados. Un país POTENCIA
nunca venderá los últimos modelos de sus equipos bélicos, sino
tan solo aquellos de ha dejado de considerar fundamentales en una
lucha armada.
El
terrorismo de Estado
se disfraza de generosidad y ahora
-como todo cambia- se
le califica como ayuda humanitaria.
Desde Kosovo, pasando por Afganistán como
en otros países centroamericanos y africanos,
la ayuda humanitaria consiste en dejar caer pan ahí
mismo donde fueron arrojadas bombas primero. En
su primer discurso (08/10/01), el Presidente Bush refiriéndose al
ataque a Afganistán. Luego de referirse a la efectividad de los
primeros cincuenta misiles sobre puntos neurálgicos de los
talibanes, aclaró que, “Junto con el ataque a objetivos
militares, también arrojaremos alimentos, medicinas y suministros
a los hambrientos y sufridos hombres, mujeres y niños de Afganistán”.
Por
supuesto, que no se refirió a que cifra había llegado el
genocidio, pues aún las bombas no distinguen entre seres
inocentes y culpables; entre verdaderos seguidores del Islam y fanáticos
y rebeldes terroristas.
El
Nautilus”
tendrá su primer
ensayo efectivo en la eventual guerra contra Irak LA ONDA® DIGITAL |
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