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La historia de José Dirceu
por Joseph Contreras
De joven "Buenas ideas y bueno en la cama",
Se cambió la cara para luchar contra la dictadura
Hoy, mano derecha del presidente Lula da Silva

Era la noticia que Carlos Henrique Gouveia de Melo había estado esperando durante cinco largos años. En 1979 el régimen militar de Brasil le otorgó una amnistía general a todos los presos políticos de ese momento y del pasado y Gouveia de Melo, negociante judío y propietario de una tienda de ropa para caballero en la ciudad sureña de Cruzeiro do Oeste, se regocijó en privado. ¿Por qué? Porque Gouveia de Melo no era ni negociante judío, ni vendedor de ropa. En realidad era José Dirceu, el izquierdista y mujeriego líder estudiantil de Sao Paulo que fue encarcelado por los generales en 1968 y exilado a Cuba un año más tarde a cambio de la liberación de un embajador norteamericano que había sido secuestrado por los camaradas armados de Dirceu.

Durante su prolongada estadía en Cuba, Dirceu recibió entrenamiento de guerrillero y se hizo cirugía plástica, y en 1974 regresó a Brasil armado con un nuevo rostro, un nombre falso y una historia de cobertura. Se radicó en el estado de Paraná, se casó con una joven de allá y tuvo un hijo. Nunca conversó nada de política hasta el día en que llegaron las noticias de Brasilia acerca del decreto de amnistía. Dirceu le informó a su atónita esposa la verdad sin adornos, voló a Cuba para que le restauraran su antigua nariz y su perfil y regresó a Sao Paulo para empezar de nuevo. Sin familia.

La metamorfosis de José Dirceu en Carlos Gouveia de Melo y el regreso a su anterior identidad, resultó ser tan sólo su primera gran transformación -y la menos importante si se mira en retrospectiva. La segunda llegó años más tarde, mucho después de que Dirceu se hubiese asociado con el sindicalista Luiz Inácio Lula da Silva para fundar el Partido de los Trabajadores de Brasil (PT) a comienzos de los años 80. A medida que ascendió en las filas del PT, este antiguo miembro del Partido Comunista Brasileño evolucionó hasta convertirse en una voz moderada. Y al ser elegido a la pesidencia del partido en 1995 se dedicó a modificar sus concepciones para reflejar las cambiantes realidades del mundo posterior a la Guerra Fría y persistentemente fue desplazando al izquierdista PT hacia el centro político de la nación.

Hacia mediados de 2001, con elecciones generales a tan sólo doce meses de distancia, el canoso político de más de cincuenta años comprendió con claridad que la mejor oportunidad de Lula para acceder a la presidencia de la nación se acercaba. "Mi generación y yo nos hemos preparado durante todas nuestras vidas para tomar el poder", les dijo Dirceu en septiembre de aquel año a los editores del diario financiero Valor, de Sao Paulo, durante un almuerzo en el cual tuvo a Lula sentado a su lado. "No vamos a malograr esta oportunidad".

El resto, como dicen, es historia. Dirceu supervisó una tercera transformación, la de Lula en candidato de consenso que viste traje de calle, se arregla su otrora desordenada barba y predica un evangelio moderado de pragmatismo económico y justicia social capaz de atraer a decenas de millones de votantes indecisos que habían rechazado al líder del sindicato de la industria metalúrgica en tres oportunidades anteriores. La victoria abrumadora de Lula en la segunda vuelta de octubre pasado sobre el candidato personalmente seleccionado por el Presidente saliente Fernando Henrique Cardoso, convalidó las premoniciones surgidas del instinto político de Dirceu, quien, de acuerdo con la mayoría de los testimonios, claramente se ubica como primero entre pares entre los principales asesores del recién posesionado jefe de estado brasileño. "Es la persona más poderosa en el gobierno (de Lula)", dice el editor asociado de Valor, Carlos Eduardo Lins da Silva. "Es muy brillante y muy refinado en política y Lula confía mucho en él".

Durante el interludio de dos meses que transcurrió entre la histórica victoria de Lula en las urnas y su espectacular ceremonia de posesión el día de Año Nuevo, Dirceu pareció encarnar la versión brasileña de Dick Cheney. En el contexto del equipo de transición de Lula, él jugó el mismo tipo de papel de director de orquesta que le fue asignado, en los últimos días de 2000 y dentro del círculo más allegado al Presidente electo George W. Bush, a quien habría de ser vicepresidente de Estados Unidos. Al igual que Dick Cheney, quien fue criado en Wyoming, Dirceu procede del interior del país, de una pequeña ciudad en el encerrado estado central de Minas Gerais. La pequeña ciudad se llama Passa Quatro (los numerosos años de residencia de Dirceu en Sao Paulo no lograron borrar su inconfundible acento campesino). Ambos hombres son calvos, de edad madura, usan anteojos, son blancos y trabajaron una docena de años en la Cámara Baja de sus respectivos Congresos nacionales. Al igual que Cheney y su jefe, Dirceu es ampliamente considerado como una persona más inclinada hacia lo intelectual y mejor equipada que Lula, cuya educación formal se limitó a una parte de la primaria.

Aquí terminan, no obstante, las similitudes entre estos dos hombres. Dirceu viró hacia la política cuando era estudiante de derecho de la Universidad Católica de Sao Paulo a mediados de los sesenta. Inicialmente se convirtió en miembro registrado del Partido Comunista y luego se unió a una fracción denominada 'Dissidencia' en la época álgida del movimiento estudiantil brasileño en 1967. No le tomó mucho tiempo al bien parecido y aplomado líder estudiantil dejar su impronta en sus companheiros y entre las compañeras también. La reputación de Dirceu en el campus de ese entonces fue resumida en una elocuente frase: "Buenas ideas y bueno en la cama".

Sus líos con el régimen militar del país comenzaron con su arresto en una redada de policía durante una reunión estudiantil ilegal en el estado de Sao Paulo. Languideció en la cárcel durante once meses, hasta que guerrilleros izquierdistas secuestraron al embajador norteamericano Charles Elbrick en 1969 y exigieron, a modo de rescate, la liberación de docenas de presos políticos. Uno de ellos fue Dirceu; pero además estuvo entre los 14 afortunados que efectivamente fueron liberados y subidos a un avión con destino México. Dirceu recibió ulteriormente asilo político en Cuba y pasó un total de cuatro años viviendo en la isla caribeña como invitado de Fidel Castro. Regresó clandestinamente al Brasil en dos ocasiones durante su etapa cubana y tomó cursos en la escuela militar para revolucionarios extranjeros fundada por el difunto Ernesto "Che" Guevara. Con el tiempo, Dirceu descubrió que la lucha armada no era en realidad su pasión; y ni siquiera le gusta hablar del tema. "Eso pertenece al pasado", me dijo Dirceu en octubre pasado mientras almorzábamos en Brasilia. "No quiero hablar de ese período".

Tres décadas más tarde José Dirceu se encuentra en la cúspide de su carrera política. En el intenso ajetreo que siguió a la victoria de Lula el año pasado, algunos observadores avezados de Brasilia pensaron que el presidente saliente del PT podría recibir un ministerio clave o el cargo formal de líder de la Cámara Baja del Congreso. Finalmente Dirceu fue nombrado jefe de la casa civil, un título más o menos equivalente al de jefe de personal de la Casa Blanca. En la práctica, Dirceu es a la vez un agente de poder que maneja el acceso al Presidente y que servirá de principal contacto entre Lula y el parlamento brasileño, que sufre de fraccionamiento crónico.

En dicho contexto, su principal tarea será la de forjar una coalición mayoritaria en el Congreso: aunque Lula personalmente capturó el 46 por ciento de los votos en la primera vuelta de las presidenciales, el PT no logró resultados semejantes en las elecciones legislativas, obteniendo tan sólo 14 de los 81 escaños del Senado y 91 de los 513 escaños de la Cámara Baja. Eso hace que el supuesto partido de gobierno sólo sea el cuarto en tamaño del Senado, corporación que vota los nombramientos más importantes como el de Gobernador del Banco Central. En este papel tan importante, Dirceu ya ha recibido un bofetón bastante contundente. Pensó que había logrado un acuerdo para compartir el poder con el centrista Movimiento Democrático Brasileño, menos de dos semanas antes de la posesión de Lula, cuando el acuerdo fue vetado por el propio Presidente electo y el nuevo gobierno asumió el poder sin tener en sus manos nada que se pareciera al control del Congreso.

Dicho lo anterior, Dirceu -con sus 56 años- sigue siendo una fuerza principalísima en el nuevo y frágil gobierno. Él puede reivindicar para sí, con argumentos impecables, gran parte del crédito por haber llevado a Lula al poder y al PT al siglo XXI. Al mismo tiempo, ha logrado mantener en cintura a las fracciones más radicales del partido y ha protegido a Lula de las críticas más fuertes que han emanado de aquella ala del PT.

Dirceu habla español con toda fluidez, se ejercita tres veces por semana en el gimnasio para mantener en buen nivel el colesterol y es un trabajador infatigable, aunque algo vano y con un toque autoritario que se evidencia cuando es preciso mantener la unidad del partido. Fue contundente con un prominente senador de la región del nordeste de donde es nativo Lula, cuando dicho senador se mostró fastidiado por el nombramiento de un ex presidente del Banco de Boston como futuro jefe del Banco Central. "La disciplina de partido, la posición del partido y la de sus miembros debe prevalecer", zanjó Dirceu firmemente en esa ocasión. El senador captó el mensaje y no asistió a las audiencias de confirmación del nombramiento del Gobernador del Banco Central. "Se le conoce como el Tractor", dice Amaury de Souza, de la firma consultora MCM con sede en Sao Paulo. "Aplanará cualquier cosa que se atraviese en su camino".

Queda por ver si Dirceu puede mantener en el largo plazo su estatus privilegiado dentro del entorno más próximo a Lula. Algunos asociados dicen que él tiene sus propias ambiciones presidenciales y que probablemente se postule a la gobernación de Sao Paulo como peldaño hacia la Presidencia, si todo va bien durante los próximos cuatro años en su calidad de brazo derecho de Lula. Otros advierten que el recién nombrado Ministro de Finanzas, Antonio Palocci, ha ganado rápidamente mucho terreno durante los 100 días transcurridos desde la elección de Lula y que ahora ejerce un poder comparable con el de Dirceu dentro del Palacio de Planalto en Brasilia.

Estos analistas se preguntan si Dirceu podría seguir eventualmente un camino similar al de Dick Cheney y desvanecerse gradualmente del centro del escenario, dándoles paso a otros ayudantes igualmente poderosos que también cuentan con la atención del Presidente. Por ahora, sin embargo, el hombre que llaman El Tractor se concentrará en construir puentes hacia los líderes de otros partidos políticos que pueden ayudarle a Lula a gobernar Brasil hasta el final de su período en 2007. "Solía haber en el PT mucha resistencia a las alianzas", dijo Dirceu el día de la segunda vuelta presidencial en octubre. "Pero hemos cambiado y aquello es historia ahora". Luiz Inácio Lula da Silva estaría enfáticamente de acuerdo con esto.

Publicado inicialmente en la Revista Poder - 2002. www.revistapoder.com

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