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No solo de guerra vive USA,
en marzo están los Oscars

por Oribe Irigoyen

Transcurre el mes de marzo y no hay otro remedio que escribir sobre los Oscars de Hollywood. Es que el próximo domingo 23, en el Teatro Kodak de Los Angeles, tendrá lugar la 75 entrega de las estatuillas de la Academia, que premian a la mejor película, director, actores, artistas y técnicos de lo producido en el año 2002.

Año a año, en cine el tema de marzo son los Oscars. Así lo han impuesto los hechos y una opinión pública mundial que los avala y hace de esa entrega de premios el mayor acontecimiento cinematográfico del orbe.

Las aguas de los medios se agitan con el tema ya en enero. Febrero eleva la fiebre de todos, se votan las nominaciones para los Oscars - cinco candidaturas por rubro, cinco películas, cinco actrices, cinco actores, etc -. Marzo mete al mundo entero en pronósticos, adivinanzas y apuestas a ganador sobre los candidatos. Culmina con la propia ceremonia de entrega vista por muchos millones de televidentes, al nivel de los mayores ratings de Olimpiadas o mundiales de fútbol. Se disipan las dudas, queda el cuádruplo de desilusiones por ganador. Llega el después: los que ganan el Oscar ven aumentadas en forma apreciable las cifras de taquilla de sus películas. Se cierra el ciclo anual de uno de los m s fulgurantes hechos de publicidad, negocio productivo y espectacularidad.

RELAMPAGO HISTORICO DE UNA ESTATUILLA - En 1927, la Academia de Hollywood resolvió premiar a los mejores trabajos de la producción anual - película, dirección, actuación, etc -, para reconocer a quienes más contribuían al avance de la industria de Hollywood, la industria del entretenimiento. Creó las estatuillas para los ganadores, cuyo diseño, más adelante, provocó el comentario de una secretaria quien dijo que se parecían a su tío Oscar y las bautizó para siempre.

El mecanismo de votación de entonces, con muchas variantes no esenciales hasta hoy, establece que son los miembros de la Academia quienes eligen. Primero, cada rubro vota las 5 nominaciones - los directores deciden los 5 directores candidatos, los fotógrafos votan los 5 fotógrafos, etc.- Luego, todos los miembros, alrededor de 5.400 en los tiempos actuales, deciden los Oscars por votación secreta, muy bien guardada hasta la ceremonia de entrega.

Es justo reconocer que las votaciones para el Oscar son muy democráticas, aunque no se sabe si la democracia tiene mucho que ver con la justicia en arte. Más bien no. También es cierto que a lo largo de 74 años, la Academia ha optado por premiar el éxito previo, la simpatía del galardonado, antes que los m‚ritos, y que el Oscar ha coqueteado demasiado con el convencionalismo, la espectacularidad cara y la bambolla cinematográsfica.

Es verdad que ha reconocido la calidad de Qué‚ verde era mi valle ( 1941 ), Lo mejor de nuestra vida ( 1946 ), Hamlet ( 1948 ) o La malvada ( 1950 ), como ejemplo de una sola década. Pero Viñas de ira ( 1940 ), El ciudadano ( 1941 ), considerada en forma reiterada, en largas décadas y hasta hoy, el mejor film de todos los tiempos, La conversación (1984 ), Mississippi en llamas ( 1988 ), por ejemplo, cedieron votos frente a películas de menor enjundia o triviales, pese a estar nominadas. Y que The Truman Show ( 1998 ), de gran excelencia temática y de forma, ni siquiera corrió la final. En cierto modo, una demostración histórica, de que Hollywood no es proclive a fuertes empeños temáticos, críticas sociales o genialidades cinematográficas.

Más reprobable aún resulta que, dentro de las reglas de juego del propio Hollywood, a la hora de los Oscars se haya olvidado de Alfred Hitchcock, maestro de la dirección y la buena taquilla o de intérpretes de talento y carisma como Greta Garbo, Claude Rains, Barbara Stanwyck, Judy Garland, Cary Grant, Edward G. Robinson, Jeff Bridges o Peter OïToole. Por no hablar de Charles Chaplin y Orson Welles, monstruos de la creación y el arte de actuar, sin medio Oscar en ambos rubros. Acaso Carlitos alcanzó un tardío premio consuelo a la trayectoria. Hollywood sabe odiar.

Esos equívocos, problemas y polémicas, que se multiplican y motivan miles de anécdotas, para el espectador corriente giran en torno a un solo dilema: si merecen todos los que ganan o ganan todos los que merecen. Cosa de locos, no de Hollywood.

EN EL 2003, COMO SIEMPRE - Una visión relámpago a las nominaciones de este año muestra misterios y desconciertos de siempre, acerca de las razones de Hollywood para elegir lo que nominó. No es cosa fácil. No se trata de adivinar ni de usar la lógica, porque la distribución de premios no suele ser previsible, no funcionan las matemáticas ni la estadística. También porque a su vez Hollywood ofrece sus misterios. El caso más flagrante son las candidaturas a mejor actriz, en relación la película Las horas, en ella Nicole Kidman, Julianne Moore y Meryl Streep alcanzan un similar protagonismo en el filme y a la vez un mismo elevadísimo nivel de interpretación. Podría suponerse que las tres eran lícitas candidatas al Oscar, sin embargo, sólo fue nominada, con toda justicia, Nicole Kidman. Julianne Moore es candidata a mejor actriz secundaria por ese filme y Meryl Streep fue ignorada en esas nominaciones. Para mayor confusión aún, la misma Julianne Moore compite como mejor actriz por otra película - Far from Heaven o Lejos del paraíso - y a su vez, Meryl Streep aspira al Oscar de mejor interpretación secundaria por su labor en Adaptation - El ladrón de orquídeas. En el rubro mejor película, la candidata favorita es Chicago, avasallante revitalización del género musical dirigida por Rob Marshall, con 13 nominaciones al Oscar. Tiene como rivales, en primer término a El pianista, drama sobre el holocausto judío a manos de los nazis, del polaco Roman Polanski con 7 nominaciones y numerosos premios internacionales ganados - gran premio en Cannes, entre otros - y Pandillas de Nueva York, reconstrucción histórica del crimen en esa ciudad en el siglo XIX, rodada por Martin Scorsese, con 10 nominaciones.

A Chicago puede ocurrirle lo que a El color púrpura de Steven Spielberg con sus 11 nominaciones y ningún Oscar en 1985 o como el caso de El último emperador de Bernardo Bertolucci con sus 9 nominaciones y 9 Oscars en 1987. O quedarse a mitad de camino en la cosecha. Nunca se sabe. Con Hollywood, mucho menos. LA ONDA® DIGITAL


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