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Emilio Frugoni
"Luchador y creador"
por Julia Galemire *

Es indudable que su rica trayectoria por la vida política de nuestro país, relegó a un segundo plano su labor de poeta y de ensayista del doctor Emilio Frugoni. En esta nota vamos a referirnos en la medida del espacio del que disponemos, a la labor poética de quien fuera llamado por un analista político argentino, Emilio J.Corbiere, como el “pensador del nuevo Uruguay”. 

“Bajo tu ventana”, publicado en 1900, su primer libro, lo muestra como afiliado a una línea de intimidad y de romanticismo, que compartirá a poco –debido tal vez a su militancia ideológica- con una poesía de tono social. Le seguiría, “De lo más hondo”, que llevaría prólogo de  José Enrique Rodó, en el que el autor de “Ariel” señalaría : “Tengo... ante mí... un libro de poesía...dulcemente egoísta...Libro de intimidad; poesía de recogimiento y confidencia”. 

Y en un tono altamente profético, Rodó agregaría, marcándole un camino  que Frugoni no tardaría en transitar, al decir...”No se si habrá quien...aconseje al autor que atienda a lo que pasa en torno suyo; que confunda su personalidad de poeta con la personalidad colectiva de su pueblo o con la de una comunidad ideal a la que muevan hondos intereses humanos”. 

Vendrían luego “El eterno cantar”, “Los himnos”, en cuyos poemas se afirmaría un fuerte sentido de lo social; “Poemas montevideanos”,  “Bichitos de luz”, “La epopeya de la ciudad” “La elegía unánime”,  “El libro de “María Rosa”, “Poemas civiles”, “Sonetos míos” y culminando su labor poética  con “Los caballos”, de 1960, coincidiendo con el 80 aniversario de su nacimiento. 

Zum Felde, señala  en su “Proceso intelectual del Uruguay, que la creación poética de Frugoni  “entronca su criterio con el de aquel arte humano y social que quería Guyau, y que sigue siendo –a través de los años- el concepto estético del socialismo. En realidad, en algunos de sus poemas, que muestran una progresiva madurez de su escritura lírica, surgen como elementos básicos de su estructura, su profunda e irrenunciable solidaridad con aquellos que sufren la miseria. 

Ese horizonte, teñido de dolor, de angustias, la injusticia predominando el escenario, está entonces presente en mucho de sus cantos. Una muestra de ello lo encontramos en este fragmento: 

“Busco hermanos
para juntos crear nueva tierra, nuevo mundo, nuevo sol
de unánime fulgor; 
y desterrar para siempre,
la injusta miseria y el injusto dolor.
Su ideal e ideales similares,
alzan banderas redentoras,
por Libertad, Justicia... y Paz.
Y encorvados atónitos, en marcha,
miran con avidez,
como las caldeadas manos de la aurora
están forjando el porvenir.  

Eduardo Jaurena, su discípulo y compañero fraternal de luchas políticas, incursiona en el libro con un estudio sobre el “luchador y creador”, en el que aborda el tema de la poesía de Frugoni, señalando: 

“Octavio Paz ha dicho que toda gran poesía debe enfrentarse con la muerte y ser una respuesta a la muerte.”, y agrega Jaurena:  “Por los recónditos caminos de la poesía también Frugoni había abordado la muerte, no como un miedo ni como un misterio, sino como una realidad que hace más dramática la existencia humana. Pero toda su obra fue un mensaje a la inmensidad de la vida, al contrario de quienes sostienen que ´la filosofía es toda la inmensidad de la muerte”. 

Más adelante señalaba la unidad de la vida y la poesía que se daba en el autor de “El libro de María Rosa”, afirmando que...

”Amaba la vida y aspiraba ardientemente a prolongarla, no como un simple fenómeno vital, sino para apagar su sed devoradora, su insaciable sed de justicia; para transformar en torrente creador el fuego de su espíritu, hasta convertirlo en luz para cruzar la noche que sentía próxima”. Y refiriéndose a renglón seguido a las últimas poesías, decía que estas “fueron su refugio final y las únicas que dedicó a libertarse a sí mismo”. 

En otras consideraciones sobre esa poética. Jaurena puntualiza que en realidad primero fue el poeta y luego el militante y que su creación no fue en lo exclusivo lo social, sino que “el poeta y el socialista se complementarán y se enriquecerán, recíprocamente, en este trasgresor consciente de fronteras literarias”. 

Encuentra también que...”con su lucha política y social, su poesía crece en altura y profundidad: echa raíz. En el arte, lo mismo que en la vida, aparecerán fundidos y hermanados los dos extremos a que se refiere Zweig, en una de sus biografías: las realidades más crueles con los sueños más nobles”. 

¿Le sirve a Frugoni la definición dada por Rilke en el sentido de que “las obras de arte son de una infinita soledad”.  En verdad, no. Como tampoco lo es la tesis de quienes sostienen  que el primer compromiso del creador es consigo mismo. Porque “Frugoni, poeta –dice Jaurena- es la contrafigura de tales concepciones. No se aisla; vive en multitud”. 

“Léanse –prosigue- los miles de páginas que abarca su potente obra creadora:”, y en ellas “nadie, por inexperto que sea, corre el riesgo de perderse en ellos”.  Sea en lo poético o en los temas sociales que preocuparon su inteligencia y su espíritu. Concluye Jaurena su valioso análisis...”allí se encontrará todo lo que hay de universalmente humano, de hondamente fraternal: el mundo de pura humanidad de Frugoni”.  

-- Emilio Frugoni, cultivó el verso libre y el soneto con igual solvencia estructural. De lo primero es este fragmento de “Salmos de la ira”, escrito al iniciarse el siglo XX y que figura en la edición de 1905 de “Antología de poetas uruguayos” de Raúl Montero Bustamante y en el que se percibe una fuerte inquietud social: 

Piensa en los que juntando en un inmenso
montón las energías proletarias
las hicieron arder, como rastrojos,
de fetiches absurdos ante el ara,
incendio por el cual sus ambiciones
quedaron satisfechas, o aumentadas, 
al tiempo que los ímpetus de abajo
hechos cenizas en montón quedaran,
para que encima del montón pudiesen
dormir sus digestiones los que mandan...” 

De los sonetos y de la misma antología, transcribimos el que precisamente tituló  SONETO y que se inscribe en una línea del más auténtico romanticismo:

       Cuando el postrero desencanto llegue
       a  extinguir de este afán las vibraciones,
       y al astro inspirador de mis canciones
       de una sombra infinita oculte el pliegue;
       cuando la noche victoriosa anegue
       al alma, como un mar, y sus crespones,
       ahuyentando alegrías e ilusiones,
       como banderas del dolor despliegue,
       me alejaré por siempre de tu lado,
       y mientras por la sombra esclavizado,
       prosigo de otro amor la ruta incierta...
       abandonada quedará mi lira,
       cual un ave infeliz que por ti expira,
       sollozando un adiós, junto  a tu puerta. 

Uno de los sonetos más significativos, transcripto en el libro “Emilio Frugoni: Presencia vital de su poesía”, es el titulado SARA DE IBÁÑEZ y que está dedicado a la ilustre poetisa y que figura en el libro “Sonetos míos”, del año 1957.

En lágrimas se afina el cristal de tu acento,
Y en tu canto disuelve sal y sol la ola ruda.
En tu flauta se vuelve perfume de aire el viento .
Un alma brota de ella como una flor desnuda. 

Es divina la gracia con que tu ardor se escuda.
El ángel de tus manos al impulso violento
Pone bridas de seda y lo torna lamento
O musical suspiro que el corazón anuda. 

Todo el mar de la vida se hizo espuma en tu verso
Y perla en el lirismo de tu emoción humana.
En tu mundo de símbolos se exprimió el universo.
Cuando cantas el cielo se deslíe en jazmines,
Y nos penetra mística la vibración lejana
De una angustia en el trémolo de celestes violines. 

Personalmente, me permito pensar que una de las tareas ineludibles de los críticos de nuestro tiempo, es iniciar una revisión y  revalorización -entre otros valores de la poesía uruguaya- de la obra de Emilio Frugoni.

Julia Galemire: Escritora, poetiza, autora de los libros "La Mujer y el Ángel" y "Fabular de la niebla".

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