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Sanguinetti dice lo que Batlle no dijo,
se coloca en el campo de la paz, pero
elogia al gobierno por su sobriedad

En apenas 48 horas el Foro Batllista se expidió dos veces. El pasado viernes 21 de marzo, desde su página digital, ese sector del Partido Colorado se colocó del lado de las Naciones Unidas, pero hizo fuertes referencias, casi justificativas de la guerra, al atentado terrorista del 11 de setiembre de 2001. Por su parte el ex presidente de la República, doctor Julio María Sanguinetti, líder del Foro Batllista, no incluyó el pasado domingo,en su argumentación, el tema de los atentados a las Torres Gemelas. A continuación publicamos la entrevista al doctor Sanguinetti y a la nota publicada en la página digital de ese sector.

SANGUINETTI: “ES LÓGICO Y JUSTO

QUE SE RECLAME LA PAZ”

—¿Cómo se ubica frente al conflicto?

—Estoy por la paz, contra la guerra, y contra Saddam Hussein y su tiranía. La idea es que Irak y su despótico régimen pudieron ser desarmados e inmovilizados sin necesidad de guerra. Por eso cuestiono haber recurrido a la acción militar. Lamento profundamente que el Consejo de Seguridad no haya podido encontrar un consenso y terminara desconocido por esta coalición que encabezan Inglaterra, EE.UU. y España.

 

—¿Usted cree realmente que Irak era un peligro para EE.UU. y el mundo?

—Para sus vecinos y toda su región era un peligro cierto y comprobado: invasión a Irán, con 8 años de guerra y abundante uso de armas químicas contra la población civil; invasión a Kuwait y Guerra del Golfo; expulsión de los inspectores de Naciones Unidas y genocidio kurdo. Naturalmente no posee una fuerza militar como para atacar a EE.UU., pero al desestabilizar todo oriente medio plantea un desafío mundial. Además es notorio que comparte los puntos de vista de muchos grupos terroristas.

 

—¿EE.UU. no aparece en una actitud imperial?

—No hay duda de que está hoy en una posición hegemónica desde el punto de vista militar, lo que también señala una responsabilidad de Europa: pudiendo haber desarrollado una fuerza militar compensatoria no lo hizo, por razones que son bien atendibles. Cuando Yugoslavia, Bosnia, Kosovo, Europa no pudo hacer nada y llamó a los EE.UU., resignó su papel de potencia y esto dejó solo a los EE.UU., con el peligro consiguiente, pues nunca es bueno el poder omnímodo. Naturalmente que es un imperio muy particular, pues no aspira a una expansión territorial y su naturaleza democrática hace que sus decisiones se cuestionen internamente. En estos días el mayor diario estadounidense, el New York Times, por ejemplo, se manifiesta en contra de la guerra.

 

—¿No cree que con Clinton hubiera sido distinto?

—En el estilo sí, porque es un político con mayor flexibilidad y comunicación, pero en el fondo no creo. Vea Ud. que los demócratas han apoyado todo en el Congreso y que el propio Clinton también ha dado su aprobación.

 

—Ya que usted critica la guerra, ¿cómo ve la posición uruguaya?

—Fue sobria y adecuada; se defendió en todo momento la primacía del Consejo de Seguridad como órgano capaz de administrar el uso de la fuerza y no se dio apoyo a la decisión bélica de la coalición.

 

—Sin embargo, hay quienes dicen que se es blando con relación a EE.UU.

—Si se compara la declaración uruguaya con la brasileña y la chilena, se verá que hasta se usan las mismas palabras: "Lamentar" el inicio de acciones y expresar la "decepción" porque el Consejo de Seguridad no haya podido resolver la situación. nadie habla de "condenar" a los actores, porque todos los países del Mercosur han coincidido en el objetivo: desarmar Irak, detener la amenaza a los vecinos, obligarle a cumplir resoluciones de Naciones Unidas. La diferencia está en el cómo, y no en el que es lo que hay que hacer.

 

—Con todo, Brasil reclama el cese de hostilidades...

—Y Uruguay pide el retorno del tema del Consejo de Seguridad, que es un concepto análogo y aún más amplio.

 

—¿Cómo evalúa las protestas que en todo el mundo provoca la guerra?

—Es lógico y justo que se reclame la paz. Y es lógico también que se cuestione la guerra llevada a cabo por encima de los organismos internacionales. Lo que no es lógico ni justo es el exceso: decirle fascista a Tony Blair, líder del laborismo inglés, es una tontería; pedir la renuncia de Aznar porque las manifestaciones son multitudinarias es sí caer en el fascismo, porque se pretende sustituir el orden democrático y su sistema electoral por el mandato de la "cacerola"; caer en un antiyanquismo simplista es no entender un mundo en que la democracia norteamericana, con sus luces y sus sombras, ha logrado una posición única, no sólo en lo militar sino en lo económico y, muy especialmente, cultural. Renunciar a un diálogo con los EE.UU. es como vivir en el siglo primero de nuestra era e ignorar a Roma.

 

—¿Qué puede hacer entonces un país como Uruguay?

—Lo que ha hecho: defender insistentemente la organización internacional y no apoyar esta acción militar. De allí a asumir una actitud de insulto o intransigencia con España, Inglaterra y sobre todo con Estados unidos, es un error, porque son democracias y son países amigos. Hay que señalarles su error no apoyándolos en él, pero también hay que saber que hay que convivir con ellos y trabajar con ellos. Vea usted que la propia Francia, abanderada de la oposición, anteayer autorizó el sobrevuelo de los bombardeos ingleses que atacaron Bagdad. O sea que hay límites aún en la confrontación política. Por otra parte, debe asumirse que las relaciones entre los estados no se manejan con retórica de asamblea.

Ayer dijo Fernando Henrique Cardoso: "Si tenemos que estar en contra de Estados Unidos, en alguna cuestión, digámoslo, pero cultivar la imagen de un país antiamericano es una idiotez". Y añadió: "No debemos abusar de palabras cuando no podemos luego llevarlas a la práctica, pues se paga el precio y no se obtiene la ventaja de su posición. Los Estados no pueden ser marionetas de los impulsos retóricos de los gobernantes".

 

—El apoyo que Estados Unidos le dio a Uruguay, ¿no está condicionando hoy su posición?

—A la inversa, un país que recibió ese apoyo y que necesita aún muchas cosas de Estados Unidos, actúa con una independencia de criterio tal que no apoya esta acción, hoy sólo compartida en América Latina por Colombia, Guatemala y Salvador.

—¿Qué espera ahora?

—Que la guerra termine rápido y con el menor daño para la población civil. Desgraciadamente, se ven otras nubes en el horizonte, como el empeño de Turquía —paralelo al de Saddam Hussein—, de destrozar al Kurdistan y su sufrido pueblo, víctima incluso de una guerra bacteriológica.

* Publicado inicialmente en El País de Uruguay, 23 de marzo de 2003.
El título es de La ONDA digital.

POR LA PAZ Y LA DEMOCRACIA, CONTRA LA DICTADURA Y EL TERRORISMO LA OPINIÓN DEL FORO BATLLISTA

El mundo está nuevamente enfrentado a los horrores de la guerra. Ante esa realidad, los militantes del Foro Batllista proclamamos nuestra decidida posición pacifista y nuestro fervorosa esperanza que, contra todos los pronósticos, surja una solución capaz de detener lo que seguramente será un enfrentamiento devastador y la fuente de nuevos odios, en un mundo en que demasiados aborrecimientos ya llenan de fantasmas la construcción del futuro de los pueblos.

Al proclamar nuestro fervor pacifista, también decimos que no es la nuestra una posición hemipléjica: siempre hemos estado del lado de la paz y siempre hemos condenado la violencia. Lo hacemos en esta ocasión, pero también cuando mata la Eta, cuando matan las Farc, cuando los cubanos intervienen en Angola o se aplasta una manifestación estudiantil en la plaza de Tienanmien. Vale la pena decirlo en un momento en que se disfrazan de pacifistas muchos personajes que nunca fueron tales y que lo único que buscan hoy es dar rienda suelta a un sentimiento antiyanqui que les envenena el alma desde hace decenios, y que en los años más recientes -desde el derrumbe del "socialismo real"- no han tenido demasiadas ocasiones de exteriorizar.

En los últimos días hemos tenido a la vista en Uruguay muchas manifestaciones de ese odio a Estados Unidos que se disfraza de posición pacifista e intenta demonizar a un país que, en el principio de la cadena de circunstancias que hoy llevan la guerra a las puertas de Bagdad, fue la víctima del mayor atentado terrorista de toda la historia reciente.

Creemos que la opción bélica es errónea. Que las circunstancias internacionales hasta hubieran hecho posible el establecimiento de estrechos controles sobre las eventuales acciones agresivas de Irak, sin necesidad de llegar a los extremos de la guerra. Creemos también que solamente las Naciones Unidas pueden dar plena legitimidad a una acción de esta naturaleza, y que imponer el cumplimiento de una resolución del consejo de seguridad no es tarea que un estado pueda asumir por sí y ante sí.

No obstante, también tenemos claras las muchas cosas que nos unen con Estados Unidos, país amigo y democrático, con el que compartimos, entre tantas otras cosas, las esencias de nuestra cultura occidental. País que fue injusta y salvajemente agredido el 11 de setiembre de 2001. Tenemos también claro que a Estados Unidos, y al pueblo norteamericano que respalda esta acción, no lo mueve más que el propósito de dejar bien claro ante la opinión mundial que ningún país podrá ya dar albergue a terroristas, suministrarles medios de destrucción o facilidades de entrenamiento bélico. Una lección que algunos, como el libio Khaddafi, sólo aprendieron después de que un misil le estallara a muy corta distancia, provocando incluso bajas en su familia.

Así como señalamos las incuestionables realidades que nos acercan a estados unidos, también debemos decir que Irak es una dictadura sangrienta, donde la policía política opera a manos libres en el asesinato y la sumisión de opositores. Que es un régimen probadamente agresor y violador de todas las normas de convivencia internacional, que ha intentado el genocidio de su minoría kurda y que en su guerra con irán provocó millones de muertes, utilizando las armas químicas y bacteriológicas que luego ocultó de los inspectores de la ONU.

Por todo ello nuestra opción es clara. Estamos, como siempre, a favor de la paz. Pero también a favor de la democracia, contra las dictaduras y los dictadores y contra toda forma de terrorismo o de respaldo o albergue al terrorismo. Y sin que nos confunda la vocinglería de falsos profetas que hoy claman por la paz mientras nunca vacilaron en apoyar las peores formas de la violencia.

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