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La
turbonada de Vázquez y El doctor Tabaré Vázquez pateó el tablero, pintó algunas aristas dramáticas de la realidad económica del país, e hizo algunas recomendaciones. En pocas palabras Vázquez dijo: el país está en default, hay que ir a una quita de la deuda con los acreedores y a una rebaja de los intereses de esa duda, para darle oxígeno a las finanzas del país. No alcanza con posponer en el tiempo el pago de los intereses y el vencimiento de la deuda pública, expresada fundamentalmente en bonos del tesoro, agregó. De inmediato el poder tradicional del país, los dos partidos tradicionales y algunos sectores afines al poder como la Bolsa de Valores, reaccionaron con firmeza, responsabilizando a Vázquez de aproximar la hora del default - para el gobierno el país no vive la hora de la cesación de pagos-, y de desprestigiar la imagen externa del país. La reacción tampoco se hizo esperar desde filas internas de la izquierda, al grado que Asamblea Uruguay y su líder, el senador Danilo Astori, rechazó con énfasis el nuevo discurso de Vázquez, empleando argumentos similares a los del gobierno, pero sin utilizar calificativos agresivos. El domingo pasado por la noche Canal 12 adelantó que la postura que los asambleístas le reclamarían a Vázquez sería de "retomar el silencio y la prudencia". A nivel de la sociedad, aunque no existen encuestas actualizadas, la impresión que se recoge es que hay una importante mayoría de ciudadanos que aceptó los anuncios de Vázquez. Por un lado porque la gente está cansada de que no se le diga toda la verdad sobre la aguda crisis que vive el país y por otro lado porque quienes salieron a rodear al gobierno, no gozan de buen crédito en la población. Como es el caso del ex ministro de Economía, doctor Ignacio de Posadas, quien es visualizado por la población como el responsable del atraso cambiario y de otros males que llevó a la actual crisis que viven los uruguayos. Si bien Vázquez pudo haber ganado "por paliza" en las primeras 48 horas en tanto dijo lo que la gente ya decía, distintos observadores políticos coinciden en señalar que "se quedó sin segundo tiempo" o que no evaluó con claridad el poder que aún tiene el gobierno para lanzarle sobre su espalda la responsabilidad de todo lo que ocurra en materia de negociaciones con los tenedores de bonos del tesoro y con los grandes acreedores internacionales de la deuda externa. Aunque Vázquez dijo en radio El Espectador que no proponía un trato igualitario a los tenedores de bonos del tesoro, paquete en el que están desde los que fundieron al Banco Comercial a simples ciudadanos que cuidaron sus ahorros, este matiz no fue utilizado con énfasis por la izquierda y a la vez fue barrido por la campaña del poder tradicional. Esa falta de "segundo tiempo" que mostró Vázquez no es nuevo, ni parece ser el único responsable. Es cierto que el presidente del Encuentro Progresista es proclive a los shock políticos porque sabe que para más de la mitad del país es un político confiable (el 52% lo votaría hoy), pero también es verdad que la izquierda uruguaya, con una larga tradición de políticas unitarias y de capacidad de movilizar a amplios sectores de la sociedad, en los últimos años se le han ido limando estas dos características. Los problemas con Asamblea Uruguay, sector moderado de la izquierda, se han vuelto permanentes, aunque en los sustancial no se han agravado. Mientras que la capacidad de movilización del Encuentro Progresista no es la misma que la de la salida de la dictadura. Este segundo aspecto, el de la pérdida de la capacidad de movilización, también ha mostrado la falta de coordinación o de entendimiento, en el momento de definir objetivos de lucha, con sectores sociales afines. Por todo esto, en el momento de definir propuestas y convocatorias a la ciudadanía, el bloque antineoliberal del país no se muestra unido, o por lo menos convergente. Muchos explican esta situación porque la izquierda se ha mimetizado con el sistema político en la medida que se acerca a la posibilidad de ser gobierno, pero otros lo adjudican a que la gravedad de la crisis es de tal magnitud que se hace imposible o por lo menos muy dificultosos, encontrar zonas de confluencia entre los distintos actores económicos perjudicados, como recientemente ocurrió entre los trabajadores y los ahorristas del Banco de Crédito. Lo cierto es que Vázquez con estas declaraciones puede abrir una nueva etapa política donde la participación ciudadana, organizada y pacífica, comience a pesar más en el país. Si no lo logra el poder tradicional le cobrará caro, con razón o sin ella, cualquier dificultad que surja en el horizonte de un país donde antes del próximo año pueden quedar desocupados más de 1500 trabajadores bancarios, junto con miles de uruguayos perdiendo sus ahorros y otros tantos miles de deudores en dólares vendiendo sus propiedades. Vázquez tendrá que ponerse al frente de multitudes desatando una fuerte política educativa, de persuasión y de propuestas para avanzar en la salida de la crisis, porque de lo contrario cualquier encontronazo de nuestro país con el FMI y el Banco Mundial, será de su sola responsabilidad. Por lo menos para las elites dirigentes. Así están las cosas. Habrá que esperar desde qué punto va a soplar el viento. LA ONDA® DIGITAL |
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