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Los Oscars 2002
Hollywood: un amplificado vocero de la
conciencia lúcida de Estados Unidos

por Oribe Irigoyen

El Oscar de la Academia de Hollywood cumplió 75 años. Su aniversario de diamantes estuvo condicionado por el tema de Irak y la guerra tan ansiada por el presidente Bush contra ese país. Por eso, la ceremonia de entrega de estatuillas - el conocido Tío Oscar - en el Teatro Kodak de Los Angeles tuvo rasgos distintivos de bajo perfil en relación con el pasado. La rodearon mucho mayores y lógicas medidas de seguridad, fue muy parca de pompa y espectáculo, hasta cierta insulsez, en su desarrollo, careció de alfombra roja y desfile de modas de las estrellas previo a la ceremonia, la sobriedad oscura del vestuario de los asistentes fue casi unánime.

LA JUSTICIA DEL TIO OSCAR - La premiación mostró rasgos de equidad general, con pocos reparos y algunas sorpresas, recompensando a lo mejor de la producción del año 2002. En ese sentido, fue acaso la entrega de Oscars más justa y cabal de sus 75 años, con una gran triunfadora: la comedia musical de Rob Marshall, Chicago, que obtuvo 6 estatuillas, entre ellas la de mejor película. Causó no poca sorpresa El pianista, historia real acerca del genocidio judeo-polaco por parte de los nazi, ganadora de 3 Oscars, entre ellos al mejor actor, Adrien Brody, y mejor director, Roman Polanski, ausente en la entrega por tener causa abierta con la justicia norteamericana, un viejo delito de violación de una menor. Ambas premiaciones, y más aun el premio a mejor guión adaptado, derrotaron a grandes favoritos previos. Mayor extrañeza aún ocurrió con el caso del filme Pandillas de Nueva York de Martín Scorsese, que tenía 10 nominaciones y no ganó ninguna. Es que Hollywood no quiere demasiado a Martín Scorsese y sus temas tan comprometedores y a contrapelo de lo que gusta a la Meca del Cine. Y la historia de poca de Pandillas de Nueva York, con el racismo, corrupción política y ultra-violencia como origen de la ciudad de Nueva York, símbolo del nacimiento de una nación, no es evidentemente para paladares delicados.

Esta nota podría completarse con un análisis más detallado de la ceremonia en el plano cinematográfico, pero su objetivo es otro. La síntesis apretada de arriba dice lo sustancial a ese respecto. Con un mayor interés distintivo, apareció entre Oscar y Oscar el rasgo político, presente en esta oportunidad como nunca.

LA POLITICA MARCO PRESENCIA - En el pasado, el Oscar conoció la militancia política en las ceremonias de entrega de los premios, pero fueron considerados exabruptos de algunos de los premiados. Por ejemplo Marlon Brando enviando a una joven india a recibir el suyo, con una arenga contra la discriminación racial, o Vanessa Redgrave defendiendo con énfasis la causa palestina con la estatuilla en la mano. Por citar casos resonantes.

En este 2003, pese a que la Academia tomó sus recaudos, aconsejando a no hacer declaraciones políticas, e incluso descartó entre los presentadores a aquellos astros y estrellas más problemáticos en ese sentido, la política adquirió un rango muy generalizado en la ceremonia. Con la mayoría de los presentes luciendo en la solapa la paloma de la paz dibujada por Picasso o algunos cuidando las palabras ( Susan Sarandon, presentadora ), pero haciendo el viejo signo de la victoria con el dedo índice y el mayor, ahora identificado con la paz.

Hubo pronunciamientos comedidos en favor de la solución pacífica en el conflicto con Irak, a cargo de estrellas presentadoras y ganadores del Oscar: los actores Chris Cooper, mejor actor secundario por El ladrón de orquídeas, Adrien Brody, Oscar al mejor actor (el pianista), el ascendente astro mexicano Gael García Bernal (protagonista de El crimen del Padre Amaro, presentador) y el director español Pedro Almodóvar (justísimo ganador del Oscar al mejor guión original por Hable con ella). La nota de mayor exaltación política estuvo a cargo del polémico periodista televisivo Michael Moore, famoso por su radicalismo y ningún pelo en la lengua, quien al retirar su Oscar al mejor documental, pronunció una breve, jugosa diatriba contra el presidente Bush, que superó la interrupción de la música de la orquesta, presente entre otras labores para cortar agradecimientos demasiado extensos, y provocó más o menos patrioteras, a lo sumo enseguida de las opiniones pacifistas aparecía un directivo de la Academia tranquilizando las aguas, en romance futbolero, tirando la pelota al out-ball.

Pero el síntoma político más significativo ocurrió por ausencia, notoria, en el momento más emotivo de la ceremonia. Con la presentación de una gloria del pasado, la actriz Olivia de Havillan, Hollywood homenajeó a una sesenta de actores y actrices ganadoras del Oscar en los 75 años, todavía vivos. Sentados en una platea del escenario, fueron registrados por la cámara de televisión, uno a uno, deteniéndose en ellos y mostrando imágenes de los filmes motivo de su premiación. Ancianas estrellas - O. de Havilland, Luisa Rainer, Teresa Wright, Karl Malden, Kirk Douglas, Mickey Rooney, Jennifer Jones, etc - y nuevos astros elevaron la emotividad y nostalgia de ese momento.

Al mismo tiempo, en ese desfile se notaron muchas ausencias de ganadores del Oscar que no concurrieron o no adhirieron a la convocatoria. Algunas por evidente imposibilidad física - Katherine Hepburn o Joan Fontaine -, otras por múltiples razones, acaso incluso políticas. Lo cierto es que no aparecieron Marlon Brando, Paul Newman, Joanne Woodward, Jane Fonda, Vanessa Redgrave, Jessica Lange, Anthony Hopkins, Ellen Burstyn, Al Pacino, Jeremy Irons, Maggie Smith, Gwyneth Paltrow, Judi Dench, Sofia Loren, etc.

De igual modo que no se presentó nadie a retirar el premio a la mejor película en idioma extranjero, el filme alemán Nirgendwo in Afrika ("Ningún lugar en Africa") de la realizadora Caroline Link, historia verdadera de una familia judía alemana que en 1938 emigra a Kenia huyendo de los nazis.

Así el Oscar premió con ecuanimidad y mostró que la mayoría de artistas y técnicos de Hollywood constituye, en estos tiempos de rispidez y tormenta, un baluarte de la paz y un amplificado vocero de la conciencia lúcida de Estados Unidos, expandida hacia muchos millones de televidentes del mundo. LA ONDA® DIGITAL


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