Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

Ante un discurso del Dr. J. M. Sanguinetti
Desafíos y propuestas

por Héctor Valle*

A cien años de la primera presidencia de José Batlle y Ordóñez, el doctor Julio María Sanguinetti profirió un discurso alusivo, al tiempo que se invitaba a debatir en torno a las propuestas que se estimen del caso, para el Uruguay del futuro.

Lo hizo en un momento en donde el Uruguay aparece jaqueado tanto interna como externamente, en lo económico, en lo político y, naturalmente, en lo social.

Veamos, inicialmente, cómo era nuestro país hace aproximadamente un siglo. 

Hace unos cien años
El Uruguay, independiente desde 1828, no pudo crear un poder central efectivo hasta 1876. Recién ahí se consolidó bajo el militarismo (1876/1886), afianzándose con Batlle y Ordóñez en 1904. 

En ese entonces, mientras que el antiguo modelo daba paso al nuevo, las fuentes de ocupación no aumentaban, lo que trajo aparejado una crisis importante dado que la población crecía  más, y más rápido, que las fuerzas tanto económicas como políticas lo requerían; consecuencia: desocupación e emigración, en el período comprendido entre 1890 y 1905. 

Si bien a partir de 1905, la incipiente industrialización y, especialmente, la acusada baja de la natalidad, fueron “paliando” el problema, no por ello el momento dejaba de ser crítico. Citemos, a vía de ejemplo, lo que editorializara el diario El Día, allá por junio de 1905:

Dentro de nuestros medios actuales no poseemos fuentes de trabajo para dar ocupación útil ni a los 25 o 30.000 habitantes que importan el crecimiento anual. En campaña las tierras están casi enteramente absorbidas por la ganadería que aunque adelante incesantemente, no demanda una cifra sensiblemente mayor de brazos, no hay tierras para la agricultura, que es la industria esencialmente pobladora; la concentración de la propiedad rural en grandes predios que quedan en manos de los ricos hacendados por una parte, y por otra su elevado precio hace que los agricultores abandonen el país. (…) La industria fabril tiene una producción limitada a las necesidades poco crecientes del consumo interno, y exige en consecuencia muy pocos brazos (…) De ahí que la lucha desesperada por los puestos públicos… (…) Esa falta de trabajo, esa desproporción entre el crecimiento de la población y el desarrollo de las industrias, es la causa que desvía del país las corrientes inmigratorias y que hasta llega a conmover el mismo aumento vegetativo… 

A poco de iniciado el año 1906 y hasta 1910, se puede hablar de un período de franca expansión de la clase trabajadora con un grado de bienestar destacable. 

Veamos algunos datos etarios del Uruguay del novecientos: En 1908, cuatro de cada diez habitantes eran menores de 15 años y, 7 de cada 10, tenían menos de 30 años de edad. Era el momento de los cambios, con una población marcadamente joven. En este clima, el batllismo opera con una base cada vez más amplia de apoyo hacia conquistas antes insospechadas como, por ejemplo, el rol de la mujer, la defensa en las condiciones del trabajo, etcétera. 

Integrado por jóvenes dirigentes descendientes de italianos, españoles y franceses y liderados por un hombre como Batlle, que venía de una familia de fuerte raigambre local, el batllismo se nutrió de la problemática social, al tiempo que pensaba críticamente a la nación y al Estado, a partir de la reflexión profundamente comprometida con lo social, reiteramos, sin descuidar el interés por lo económico, bien como por lo político y por lo cultural. 

 Vale aclarar, por ser no sólo importante sino premonitorio, que el batllismo tomó para sí tanto la concepción liberal-racional como al principismo espiritualista de Prudencio Vázquez y Vega, hombre cabal y ciudadano ejemplar que tuviera en Batlle a un amigo y hermano, hasta el último suspiro. 

La llamada generación del Quebracho, pues, también marcó al batllismo, superando con ello, banderías y diferencias por la mejor y más abierta defensa de aquellos hechos e ideas que en lo político les identificaron. 

El Batllismo, pues, trasciende lo partidario, sin renegar de sus raíces y toma para sí el combate por las ideas desde una posición ético-cultural y política en defensa del Otro, por el bien de una sociedad en crecimiento y desarrollo. 

Así y todo, culminamos esta apretada síntesis, con las palabras con que Batlle defendiera, desde la tribuna del diario El Día, allá por el año de 1913, la aprobación de la ley de las 8 horas para el trabajador. 

Al defender la condición de ciudadano del trabajador, Batlle remarcaba que el obrero era un ciudadano que debía: 

…estar en condiciones de ejercer sus derechos. Debe tener tiempo, pues, para ilustrarse, para estudiar los problemas sociales en que tiene tanto interés como un intelectual, para ejercer ampliamente su misión de hombre en una democracia de verdad. 

Intelectuales, obreros y burgueses se unían para trabajar en la fragua de un país modelo, el otrora llamado la Suiza de América. 

Sanguinetti y un desafío
El discurso y la propuesta a debatir ideas, lanzados por Julio María Sanguinetti, parten de una circunstancia en la cual el Uruguay aparece jaqueado, tanto interna como externamente, sea en lo económico, como en lo político y, especialmente, en lo social. 

Resulta, entonces, natural repasar primero las palabras de este hombre de leyes que aparece en la historia del Uruguay, accionando societariamente desde lo político –su condición de estadista lo signa con un protagonismo que deberá ser estudiado cuando la distancia del tiempo y de los hechos permita mirar sin cerrar ningún ojo- pero que permanece en lo cultural, como escritor y, marcadamente, en la arena pública, como periodista desde su adolescencia. 

Al citar Sanguinetti a Benjamín Franklin, en el mismo comienzo de su discurso, parangona aquella época difícil del constructor de la nación norteamericana, con este nuestro momento, doloroso pero también, aunque sea dificultoso aun así percibirlo, inaugural. 

Parte desde lo local a lo regional y mundial, citando y recreando tanto la globalización como el avance tecnológico, sin dejar de mirar hacia las décadas pasadas para buscar una perspectiva desde la cual volver al presente con una mejor visión de conjunto. 

Propugna una educación que debe ser debatida en sus grandes líneas y orientaciones pero que, a su criterio, debe dar especial énfasis a lo tecnológico por sobre lo llamado humanístico. 

Seguidamente, al hablar del Estado y su rol, se muestra partidario de uno más reducido y eficaz, en donde la solidaridad, dice, no nos lleve a la parálisis económica invirtiendo en lo que va a morir de todos modos. 

Vuelve a desarrollar su idea y sus propuestas sobre educación, de la mano de lo social, y de la batalla que, necesariamente y a su entender, debe darse a la marginalidad. 

Una y otra vez, enfatiza y desarrolla su pensamiento con claridad, en el marco de un recorrido histórico, y en aras de propiciar un debate, abierto a toda la ciudadanía, en el terreno de las ideas, para la construcción del Uruguay que, invariablemente, habrá de emerger en los próximos años, y a posteriori de esta crisis tan brutal como fermental, que nos toca en suerte vivir. 

Derechos Humanos; seguridad social; salud y política externa; son otros de los tantos temas en los que incursiona y propone cursos de acción. 

En seguridad social, se manifiesta a favor de preservar el sistema, buscando perfeccionarlo pero, subraya, dándole tiempo a que opere.

Capítulo especial es el relativo a la calidad del gasto social, en donde, resalta, debe mejorarse sustancialmente la gestión de la enorme inversión social que el Estado uruguayo lleva adelante. 

La producción, tanto para el mercado interno como para el externo, no es ajena a su comentario, como tampoco lo es el rubro servicios, especialmente el turismo. 

Termina sus palabras, citando una frase que Shakespeare hace decir al rey Enrique V: … todo está pronto si nuestros corazones también lo están, mientras los luctuosos hechos de estos tiempos, en nuestro mundo, nos hacen recordar, con estremecimiento, a Coriolano. 

El momento actual
Hace unos cien años, Krause, Ahrens y Tiberghien, y otros pensadores, ocupaban las mentes y el debate al interior del batllismo. Hoy, en este Uruguay, Freud, Fromm y Lacan debieran ser visitados, tanto en sus obras como en la experiencia clínica por ellos recogida, para analizar profundamente la práctica de la administración primera de la cosa pública, en el Uruguay. 

Recordamos al recientemente fallecido Pierre Bordieu cuando al cuestionarse sobre qué posibilidades hay de producir discursos alternativos al modelo imperante, afirmaba que el poder no paga por estudiar el poder, sino para mejorar los efectos de la dominación. En vez de estudiar problemas impuestos, habría que crear un conocimiento autónomo. 

Crear un conocimiento autónomo; tener voz propia, desarrollar la reflexión, llamar al debate: he aquí condiciones tan propias como propiciadoras de la ciudadanía efectiva. En esto, y de regreso a lo que aquí nos ocupa, Julio María Sanguinetti, cumple con su primera condición pública: ser ciudadano y coadyuvar para que, en la esfera pública, se de el ágora, se encuentren, en un plano de igualdad, con apertura, opiniones contrapuestas que tengan como precondición la mejora del bienestar de los nuestros que es decir de todos, en especial de los desposeídos. 

Vayamos, seguidamente, a una breve enumeración de aspectos para nosotros esenciales, que darán marco a una toma de posición sobre lo aquí expuesto. 

¿Estado versus individuo?
Tenemos en la actualidad, a nuestro entender, dos proyectos políticos en pugna. Por una parte se plantea la desactivación del Estado en su totalidad, limitando sus funciones económicas a la mínima expresión y también la política económica, mediante normativas, o delegándola en órganos cerrados al proceso político. Por otra parte, hay quienes defienden la permanencia del Estado del Bienestar en su versión primera, o sea en todos los órdenes del acontecer económico de la sociedad. 

Debemos reformar nuestra economía, o más bien recrearla, mejorando nuestra democracia, al garantizar que la ciudadanía pueda exigir responsabilidades al gobierno por sus actividades económicas, de manera efectiva al tiempo que la ética de la responsabilidad pasa a ser determinante de las acciones de los ciudadanos. Responsabilidad que hoy, convengamos, no asumimos, sino que las más de las veces delegamos en otros y así nos va, por nuestra propia voluntad. En todo caso, parafraseando a Etienne de La Boétie, es hora de terminar con la servidumbre voluntaria, tomando para nosotros la responsabilidad de nuestras acciones en un marco de actuación tan solidaria en lo económico, como liberal, en lo político. 

La democracia no genera de forma automática las condiciones sociales y económicas necesarias para un ejercicio de los derechos que garantiza. Una participación generalizada, así como una mejor distribución de bienes para facilitar el ejercicio de la ciudadanía, es necesario para que funcionen los mecanismos de responsabilidad. 

Aunque no alcanza con participar. A no ser que los actores puedan controlar, reiteramos, de manera efectiva los cuerpos que supervisan, su participación será meramente simbólica. 

La intervención del Estado, transfiere recursos de una persona a otra, lo que disminuye los incentivos y puede generar información deficiente sobre las diferentes oportunidades; por lo cual el Estado no sólo no puede aumentar la eficiencia del mercado sino que la reduce. 

El rédito personal y el bien público
Por cierto, podemos argumentar –y no desprovistos de razón- que la eficiencia no es, ni debe ser, un valor absoluto. Digamos también que el mercado es tan incompleto como su información, imperfecta, al no poder  acceder, las más de las veces y por los más variados motivos –uno de ellos, el peso específico en el mismo- al mismo, ni abarcar todo acerca de aquellos con quienes habremos de negociar. 

La eficiencia del sistema económico, pensamos, depende de la configuración de las relaciones entre el Estado y los agentes privados, así como entre los ciudadanos y el Estado. 

La concreción de las metas personales y colectivas, hace a aquello que nos ingeniamos por conseguir y la libertad refiere, a la oportunidad real que tenemos para alcanzar lo que nos motiva a la acción. 

Por su parte, la sacralización de lo privado por sobre lo público es, tan falaz como perversa. Y lo es, por falsa y por eludir el núcleo de la cuestión, la verdadera situación a afrontar y confrontar: el ejercicio limpio y nutriente de un hacer tanto personal como colectivo que vaya en beneficio de quienes lo emprenden que es, a la postre, una mejora para la sociedad, al estimular acciones dinamizadoras tanto de la producción como de la acción económica exitosa. 

En nuestro país, desde hace decenios, se ha instalado el negocio del perder. Perder, en uruguayo, implica lucrar, beneficiarse individual como corporativamente, en perjuicio de la sociedad toda. Ejemplos tenemos en todas las áreas del supuesto quehacer productivo del país. 

Vale más, o valía más, queremos creer, deber que tener. El riesgo era de tontos y la osadía de poquísimos seres tan utópicos como estoicos. 

A eso es a lo que nos enfrentamos y enfrentaremos: a la perversión de los mezquinos que reptan y medran a conciencia, y en perjuicio de la sociedad. Nunca lograremos erradicarlos del todo aunque sí podemos acotarlos al terreno de lo poco y de lo irrelevante. 

Por tanto, y para nosotros, privatizar, estatizar, son totalidades sacramentadas de las que descreemos si antes no se confrontan en proyectos claros y demarcados en sus medios y en sus fines; sustentados, a su vez, por gente idónea y dispuesta, dispuesta al bien común que no es negar, en absoluto, el beneficio personal. 

Somos de la idea de fomentar, en la educación temprana, en especial –y en esto hay que reconocerle al doctor Sanguinetti su mérito en la ampliación hacia los más pequeños del acceso a la educación, que en los más de los casos también lleva consigo el cuidado primario en alimentación- el desarrollo de las potencialidades primarias del hombre, por sobre las secundarias. 

El apego a la vida, tanto propia como la de los otros, o del Otro, recordando tanto a M. Buber como a E. Fromm y a E. Levinas, en detrimento de lo secundario, de la necrofilia que es más, bastante más que la pulsión de muerte de la que nos hablara Sigmund Freud. 

En este sentido, entonces, destacamos las tres condiciones esenciales para que tales potencialidades se desarrollen: seguridad, justicia y libertad. 

Seguridad, en cuanto a cuidar que las condiciones materiales para una vida digna no estén bajo amenaza alguna; justicia, en el entendido que nadie puede ser un fin para los propósitos del otro; y, libertad, en el sentido de que toda persona tiene la posibilidad de ser un miembro activo y responsable de la sociedad. 

¿Trabajo o empleo?
Nuestra civilización se ha estructurado en torno al concepto de trabajo. Factor que, en la actualidad, es sistemáticamente eliminado del proceso económico. Más aun, en las próximas décadas es probable que el empleo, en las modalidades hoy conocidas, desaparezca paulatinamente. 

Somos protagonistas de la primera fase de un cambio a largo plazo que dejará por el camino a la mano de obra masiva para dar paso a la mano de obra de elite, con la consiguiente automatización de la producción de bienes y la distribución de servicios.

Es dable aguardar un incremento ininterrumpido del desempleo, un aumento ostensible de la precariedad de las ocupaciones laborales, en tanto se transita a través de la  Era de la Información. Asistimos, a no dudarlo, a un cambio de civilización, estamos inmersos en su proceso. Tiempo es, que nos preparemos para afrontar un mundo en el que el empleo masivo tiende, progresivamente, a desaparecer. 

Por su parte, el rol del Estado como generador de empleo, disminuye. Ya no le es posible abocarse a incrementar el gasto público así como tampoco a incursionar, por ejemplo, en programas de obras públicas que no se ajusten a lo que efectivamente pueda afrontar, sin incurrir en endeudamientos crecientes con el correlativo aumento del déficit presupuestario. 

Las alternativas están a estudio, lo sabemos: Economía social, voluntariado, mayor rol a las comunidades en donde los acuerdos contractuales dan lugar a vínculos comunitarios, etcétera. Ahora bien, hay que reestudiar a Keynnes; hoy está más vivo que nunca su pensamiento, y debemos adaptarlo a nuestra realidad como otros en otras partes lo han hecho y hacen, con suceso y proyección. 

Derechos y obligaciones; nada nuevo pero mucho de lo cual ha sido olvidado. Hay que visitarlo nuevamente para aprehener de mejor forma la realidad del cotidiano existir. 

En conclusión, valoramos el concurso del ciudadano Sanguinetti a la cosa pública, a su debate, a la presentación franca y abierta de propuestas y proyectos. 

Más allá de diferencias que en nuestro pensamiento mantengamos con el estadista y escritor, saludamos su osadía. La osadía de proponer acciones públicas en una sociedad que está, lamentablemente, enferma de partidizaciones. Enfrentamientos que se piensan deben ser vistos, con algún matiz paranoico y/o esquizoide, como prolegómenos a una apuesta electoral de unos u otros, dando por resultado el consabido: no te metas, deja que pase, calladito que de vivos ya estamos cansados. 

Pero los cansados somos nosotros ante la inacción flagrante de muchos, pero también de nosotros mismos. No nos queda otra opción que la de ser auténticos, la de jugar nuestra partida de cara al viento y en aras de un mañana que se dibuje desde el hoy de nuestras acciones, pequeñas y cotidianas, personales y colectivas. 

Así, pues, las diferencias con el ciudadano Sanguinetti más que alejar, nos aproximan, porque ya es tiempo de aproximaciones y no de acciones vectoriales, inconducentes y pueriles. 

Quienes tenemos hijos y nos tenemos a nosotros mismos, aceptamos el desafío y buscamos  confrontar ideas y acciones que a la postre serán, la agenda del mañana. 

En suma, y como dijera Karl Jaspers, no someterse a lo pasado ni a lo futuro. Se trata de ser enteramente presente. Intentémoslo, que lo importante es estar en camino.-
Hectorvalle@easymail.com.uy

Tema Vinculante
http://www.uruguay.com/laonda/LaOnda/127/B2.htm

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Inicio

Un portal para y por uruguayos
URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital