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A
muerte contra
Coincidiendo con
este corte ideológico, en nuestro país la derecha comenzó a
parecerse cada vez más a la derecha de los años 60. Fue así que
todo vino bien para generar un clima ideológico enrarecido, poco
sano, distante de cualquier racionalidad. Como la ETA no existe en
nuestro territorio, un mail amenazando a Borrelli la puso en
escena y le dio visa de entrada. Nada mejor, entonces, que
homenajear a Jorge Pacheco Areco (el que votó la reforma
constitucional de los militares), para recordarle a los uruguayos
que siempre hay gente dispuesta a ponerle el pecho a los
terroristas o a cualquier uruguayo que proteste, aunque sea con
una simple huelga. Para suerte de los nostálgicos de los 60, toda
esta situación se presentó en los días previos al 14 de abril,
donde los soldados de la dictadura y algunos otros confundidos
recuerdan a sus caídos con los puños y los dientes apretados. En este marco
apareció, ya sabían que iba a aparecer, el informe final de la
Comisión para la paz, que por encima de carencias y de que no va
más allá de la verdad posible, es el mayor golpe ideológico a
los golpistas y responsables del genocidio de aquella época,
porque desde el 10 de abril pasado la historia oficial dice, por
primera vez, que no hubo un solo desaparecido que haya caído
durante una guerra interna. Esos 26 compatriotas que fueron
secuestrados y asesinados dos veces, primero quitándoles la vida
y después quemando sus restos, no participaron en ningún
enfrentamiento armado, sino que se les quitó la vida por el solo
hecho de resistir políticamente a la dictadura cívico-militar. Junto con las
apariciones de esta verdad, surgió en los días previos otra: la
confirmación de que el ex canciller Juan Carlos Blanco seguiría
en prisión por ser corresponsable del secuestro de la maestra
Elena Quinteros. Todo este nuevo
cuadro político desesperó a la derecha y con razón. No sólo
quedaba en evidencia que el golpe de Estado había sido fruto de
un vil asesinato a las instituciones democráticas, sino que además
los responsables no sólo habían sido los militares, sino también
los civiles. Y lo más terrible para nuestra derecha, que en
tiempos de bonanza se parece a Felipe González pero que en
momentos de crisis se asemeja a José María Aznar heredero de
Franco, fue que quedó al descubierto que los civiles tenían
identificaciones político partidarias. La derecha uruguaya
estaba en esas horas en cueros, sin zapatos y bajo la lluvia, en
una noche fría y con un viento que les hacía volar las ideas
liberales que muchos de sus mujeres y hombres sustentan
convencidos. En ese momento
Fidel Castro desató la represión contra disidentes, lo que
terminó en el fusilamiento de tres secuestradores de una lancha.
Como era de esperar, la derecha uruguaya se subió a ese
salvavidas para recuperar el espacio perdido, obligando a los
uruguayos a optar entre la pena de muerte de Fidel y nuestra
democracia. "Si estás con Fidel, que aplica la pena de
muerte, no eres un demócrata", fue la genialidad que
inventaron los derechistas criollos. La izquierda, salvo
algunas excepciones, ante tamaña ofensiva apagó los celulares y
adelantó las vacaciones santas, las de turismo. Pasó a la
defensiva, como cualquier equipo de fútbol uruguayo que va a
jugar en el exterior pensando en el empate, donde en la mayoría
de los casos termina perdiendo. Como el tema es
complejo, como lo son en general los grandes temas, vale la pena
detenerse un ratito. La derecha quiere poco y nada a Cuba y no
porque exista la pena de muerte, en tanto que con un mínimo de
coherencia tendría que odiar a Estados Unidos, que es el campeón
de la silla eléctrica. A Cuba no la quieren porque un día
enfrentó a los gringos, hizo la reforma agraria eliminando el
latifundio, abrió las puertas de las escuelas y de la universidad
a todos sus hijos y ahora hasta produce vacunas, justo cuando
tendrían que haberse caído con el muro de Berlín. Pero
fundamentalmente lo que ocurre es que la derecha utiliza este
clima ideológico, para que la izquierda uruguaya retroceda y
retome sus perfiles de los 60, cuando detrás de la lucha contra
el imperialismo, absolutamente válida ayer y hoy, se apoyaba a
cualquier tipo de régimen. Y como la derecha es a veces
inteligente, logra que en nuestro país haya gente que se golpee
el pecho en el lado izquierdo y diga "Apoyamos todas las
medidas del gobierno de Fidel Castro", cuando eso de apoyar
todo no se hace ni con las conductas de los padres. Acá no se trata de
que la izquierda uruguaya abandone su rechazo a que Estados Unidos
se transforme en el juez y gendarme del mundo, pero tampoco se
trata de que por defender esa lucha y esos principios se tiren por
la ventana los grandes valores de la democracia y de la libertad. Si la izquierda
cree en la gente, tiene que tener la valentía de explicarle la
compleja situación. Debe explicar hasta el cansancio que el mundo
se derechiza, que se derechiza por el afán hegemónico de Estados
Unidos, que Cuba es agredida desde que Fidel y sus barbudos
pegaron el grito de libertad en La Habana en enero de 1959 y que
el gobierno y la sociedad cubana tienen todo su derecho a defender
su régimen. Pero también tiene que decir que esa agresión
permanente de Estados Unidos profundiza los aspectos más
negativos y más regresivos de Cuba, particularmente en este
momento en que Siria, Venezuela, Colombia, la Triple Frontera y
hasta el Chuy están bajo la sospecha del Pentágono. Si siente que debe
decir que tiene un profundo afecto por Cuba y sus dirigentes debe
hacerlo, pero si ese afecto es real debe contener capacidad de crítica.
Para la izquierda de nuestro país, que nunca dio un golpe de
Estado, que sostiene a la enseñanza pública y laica, que le puso
la sangre de Líber Arce y de otros a la defensa de la autonomía
universitaria, que defendió al parlamento y la Constitución, que
rechazó la idea de una democracia tutelada, que se juega todos
los días por la separación de los poderes del Estado, que
rechaza con énfasis la pena de muerte en nuestro país, no puede
saltearse la condena a la pena de muerte en Cuba. Si lo hace,
estará alejando no solo la posibilidad de ganar las elecciones en
2004, sino que estará abandonando todo intento de ayudar a Cuba a
que se integre a la comunidad internacional. Como dijo José
Mujica hace pocos días: "Estoy a muerte contra la pena de
muerte". + Esta nota se terminó de escribir el 18 de abril de 2003.Posteriormente distintos dirigentes de la izquierda se expidieron contra la pena de muerte, pero no lo hizo así, durante la semana de Turismo, ningún sector de la izquierda ni el Encuentro Progresista- Frente Amplio. LA ONDA® DIGITAL |
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