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Globalización
y ultra-imperialismo
Banqueros
y mercaderes alemanes también participaron de esos
emprendimientos. Simon
Seitz, Antonio Welser y Conrad Vöhlin, en 1503, recibieron
permiso de Don Manuel, rey de Portugal, para establecer sus casas
comerciales en Lisboa y promover sus negocios bajo las condiciones2
más liberales. Los
recursos financieros de la casa comercial de la familia Fugger, de
Augsburg (Alemania), que se tornara acreedora de los reyes de
Portugal y España, contribuyeron a las expediciones de Cristóbal
de Haro al Río de la Plata, en 1514, y de Fray García Jofre de
Loaisa a Maluco (Molucas), en 15253.
Y la clase mercantil en Portugal, cuyo núcleo era
fundamentalmente de extracción judaica, ganaba entonces enormes
fortunas y adquiría superioridad en los negocios, debido a la
rapidez con que hacía circular los fondos obtenidos con las
letras de cambio y la capacidad de transferir con presteza,
aprovechando la instalación, en el siglo XVI, de las ligaciones
postales ordinarias, grandes créditos de Lisboa a Sevilla,
Madrid, Antwerp, Flandres, Lyon, Génova y Burgos.
De este modo, desde el mercantilismo, la evolución del
capitalismo constituyó un processus,
en el cual, paralelamente a la conformación de Estados
nacionales, la economía continuamente se globalizó, promoviendo
la división internacional del trabajo y creando el mercado
mundial, con la implantación del sistema colonial en las Américas,
África y Asia. A
mediados del siglo XIX, el propio Karl Marx, luego de destacar, en
el Manifest der Kommunistischen Partei, de 1848, que la burguesía
desempeñara el “más alto papel revolucionario”4,
en la historia, y creara “maravillas completamente diversas
desde las Pirámides de Egipto, de los acueductos romanos y de las
catedrales góticas”, observó que ella, a través de la
explotación del mercado mundial, daba un “carácter cosmopolita
a la producción y al consumo de todos los países” y, “con
gran pesar para los reaccionarios”, retiraba de la industria su
base nacional5. Ya
en aquellos tiempos, según agregó, las antiguas industrias eran
o serían inclusive diariamente destruidas, suplantadas por
nuevas, cuya introducción se convertía “en cuestión vital
para todas las naciones civilizadas” y que no
empleaban más materias primas domésticas, no obstante
oriundas de las más distantes regiones y cuyos productos se
consumían no sólo en el propio país, si no en todas partes del
mundo6. Al arruinar las economías naturales y pre-capitalistas, el
capitalismo vinculó todos los pueblos en un sistema de vasos
comunicantes, tornando las sociedades interdependientes, a pesar
y/o en consecuencia de la diversidad de sus grados de progreso y
civilización. Y, desde el mercantilismo, su evolución constituyó un processus
de continua globalización de la economía, con la implantación
del sistema colonial en las Américas, África y Asia, la división
internacional del trabajo y la creación del mercado mundial,
paralelamente a la conformación de Estados nacionales.
No fue por otra razón que Marx lanzó el llamado: “Proletarier
aller Länder, vereinigt euch!”7. La
esperanza de Marx y Engels, cuando lanzaron ese llamado, en el Manifest der Kommunistischen Partei de 1848, consistía en que la
transformación social ocurriera en los países industrializados
de Europa, especialmente en Alemania, ya en las vísperas de una
revolución burguesa, que, al realizarse según percibían, bajo
las condiciones de mayor progreso de la civilización, en aquel
continente, y con un proletariado mucho más desarrollado que el
de Inglaterra, en el siglo XVII, o de Francia en el siglo XVIII,
no podría ser sino el preludio de la revolución proletaria.
Esa perspectiva, que Marx vislumbrara, no se efectivizó,
sobretodo porque – como él mismo concluiría y enunciaría, en
el prefacio de Zur Kritik
del Politschen Ökonomie - una formación social nunca se
desmorona sin que las fuerzas productivas dentro de ella estén
suficientemente desarrolladas y las nuevas relaciones de producción
superiores jamás aparecen, antes que las condiciones materiales
de su existencia sean incubadas en las entrañas de la propia
sociedad antigua8.
Y no era esa la situación del capitalismo en Alemania,
donde la revolución de 1848 no consiguió siquiera unificar y
forjar el Estado nacional, a pesar de que el Zollverein
(mercado común), instituido en 1827, impulsara su
industrialización, al extinguir las aduanas internas que la dividían
en cerca de tres decenas de pequeños reinos.
Le correspondió a Otto von Bismarck, príncipe regente de
Prusia, hacerlo en 1870/71, dividiendo la propia nacionalidad, con
la exclusión de Austria del Reich alemán9, por medio
de una frontera estatal. En
efecto, en 1848, el capitalismo no agotaría sus posibilidades de
desarrollo, ni en Alemania ni en los demás países
industrializados de Europa, mucho menos en los EE.UU., pues
constituía el primer sistema económico con capacidad de
expandirse, mundialmente, y mantener la continuidad del proceso de
acumulación, eliminando, progresivamente, todos los demás modos
de producción, las formaciones pre-capitalistas, economías
naturales y economías simples de mercado, de las cuales podía
disponer como mercado para la colocación de su excedente económico,
como fuente de medio de producción y reserva de fuerza de
trabajo. Y el
progreso de la industria pesada, el descubrimiento de la energía
eléctrica, la transmisión a distancia, el navío a vapor y las
carreteras de hierro impulsaron aún más la internacionalización
o globalización de la economía, en la segunda mitad del siglo
XIX. Esas conquistas
tecnológicas no solamente redujeron el tiempo de circulación de
las mercaderías como también modificaron las formas y los métodos
de guerra, favoreciendo la monopolización de la fuerza armada por
los Estados nacionales, cuyo robustecimiento político y militar
exigía la expansión internacional del capitalismo.
Y, a partir de la crisis económica de 1873, que duró más
de 20 años, el proceso de concentración y centralización de
capitales se intensificó, sobre todo en la industria pesada, y
los bancos pasaron a desempeñar un papel decisivo en el fomento
de la producción, en la medida en que suministraban a las
industrias los recursos financieros de los que ellas carecían.
Nuevas formas de organización empresarial – trusts,
carteles, sindicatos de empresas y consorcios de bancos – se
constituirían, entonces, y trataron de establecer el monopolio o
la reserva de mercado, a fin de sustentar internamente los precios
de los productos, al mismo tiempo en que se lanzaban en el
comercio de exportación. La
monopolización de los mercados domésticos impelió a los grandes
conglomerados (Konzern)
a buscar la monopolización de los mercados en el exterior,
reactivando la expansión colonial, adormecida al tiempo en que el
laissez-faire, o sea, el liberalismo de Manchester, predominó en
la economía. El
capitalismo, que antes se oponía al Estado, pasó a utilizarlo,
para su expansión, demandando la superación de las formas débiles
de Estado, generadas en la época de la economía natural y de la
economía simple de mercado, i.e., la reorganización de las
superestructuras políticas, mediante el robustecimiento de un
poder central, con la formación de un Estado unitario, que
sirviese como palanca de expansión de los mercados y asegurase la
continuidad del proceso de acumulación.
La industria pesada – no ya la textil – adquirió una
importancia cada vez mayor en la economía, en la medida en que la
carrera armamentista se intensificó, en la lucha por los mercados
y fuentes de materias primas.
De esta forma, al mismo tiempo en que asumía el carácter
financiero y generaba modelos monopolísticos de organización
empresarial, el capitalismo necesitó de estados poderosos, para
garantizar el mercado nacional, mediante protección, y servir
para la apertura de los mercados exteriores, así como transformar
todas las regiones del mundo en zonas de inversión.
El poder político y militar de los Estados se volvió un
elemento decisivo en la competencia económica, que ya no sólo se
limitó al mercado para la colocación de manufacturas, en los
cuales apenas se decidía el precio.
Se extendió al mercado de capitales, con la oferta de préstamos,
condicionados a la posterior absorción de productos industriales,
no ya solamente de tejidos y/o bienes no durables de consumo, sino
de equipamiento ferroviario, cañones y otros pertrechos bélicos,
necesarios a la formación de un moderno aparato de Estado.
Esas exportaciones de bienes de capital contribuyeron al
surgimiento de la industria de bienes de consumo, en los países más
atrasados. Y los
ferrocarriles y los armamentos, facilitados por los préstamos
externos, tanto constituían las bases en las que los
Estados-naciones sedimentaron su unidad, como,
contradictoriamente, marcaron una nueva etapa en la
internacionalización de la economía.
El militarismo se tornó un medio de primordial importancia
para la realización del excedente económico (Mehrwerts).
Y posibilitó el advenimiento del imperialismo, que Rosa
Luxemburg lo definió como la expresión política de ese proceso
de acumulación de capital10, en su lucha para
conquistar las regiones no capitalistas, aún no dominadas e
integradas en el sistema capitalista mundial11.
La teoría de Marx sobre el colapso del capitalismo falló,
fue “irrtümlich” (errónea), según Rosa Luxemburg demostró, en Die
Akkumulation des Kapitals, obra publicada en 1913, porque él
había hecho su análisis “en una época en la cual el
imperialismo aún no había aparecido en el escenario mundial”12.
Y lo que impulsó el imperialismo, a partir de la segunda
mitad del siglo XIX, fue el rápido desarrollo de la industria, en
todos los países civilizados (Kulturländern),
sobre todo en América del Norte y en Alemania, que estimuló la
competencia en el mercado mundial, según Friedrich Engels señaló
en notas insertas en el tercer tomo de Das
Kapital13. América
del Norte, o sea, los EE.UU., considerada por Marx “el país más
avanzado” (das
vorgeschrittenste Land)14, sin el cual, si fuese
tachado del mapa, “habría una anarquía, una completa
decadencia del comercio y de la moderna civilización”15,
saltó del quinto lugar, que ocupaba en 1840 en el ranking de las
potencias industriales, para el cuarto, en 1860, para el segundo
en 1870 y para el primero en 189516, cuando ya estaba
produciendo más acero y carbón que Gran Bretaña y Alemania
juntas17. La
fabricación en serie, al reducir costos de producción, permitió
que, en algunos decenios, los EE.UU. se convirtiesen en una
potencia económica, antes incluso de constituirse en una potencia
política y militar, y conquistasen la supremacía del mercado
mundial, además de disponer de un enorme espacio económico,
suficiente, inclusive para la era del imperialismo, cuyo campo de
expansión ya estaba, además, geográficamente determinado, con
el movimiento panamericano18, que se iniciaba bajo la
cobertura de la Doctrina Monroe19.
Esa doctrina fue la expresión de una política unilateral
de los EE.UU., que el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909)
rejuveneció con un Corolario, autorizando la intervención en
otros Estados latinoamericanos, ejecutada con agresiva determinación
en América Central y en el Caribe, de modo de proteger la
seguridad del canal de Panamá y consolidar en el continente el imperium informal de los EE.UU. La
convicción expresada por él y otros líderes norteamericanos era
que la seguridad de los EE.UU. estaba dependiendo de una hegemonía
efectiva sobre su propio hemisferio20.
Mientras tanto, en el inicio del siglo XX, la hegemonía de
los EE.UU. no se limitaba sólo al hemisferio, donde eran, prácticamente
“soberanos” y su fiat
tenía fuerza de ley21, de acuerdo a lo que proclamara
el secretario de Estado, Richard Olney en 1895.
Se extendía de las Indias Occidentales, en el Caribe,
hasta Tutuila en el archipiélago de Samoa y Guam, al sur del Pacífico,
quince millas al este de las Filipinas, colonias que conquistara
España en 1898, al derrotarla en la “esplendid little war” por la independencia de Cuba22.
Con la segunda mayor fuerza naval del mundo, antes
inclusive de concluida la apertura del Canal de Panamá (1914),
dominando los dos océanos – el Atlántico y el Pacífico –
los EE.UU., bajo la presidencia de Theodor Roosevelt, consolidaron
su posición como potencia mundial y el social darwinismo
constituyó la rationale
de su política de expansión imperial, interpretada como el
avance de la civilización y contra el salvajismo23. Por
su parte, Alemania, desde su unificación en 1871, entraría
igualmente en una etapa superior de industrialización, impulsada
por la conquista de la Alsacia y Lorena, con sus ricos yacimientos
de minas de hierro y los cinco billones de francos-oro, que
Francia, luego de la derrota en la batalla de Sedan (1870), pagó
como indemnización de guerra.
En 1874, su red ferroviaria (más de 20.000 km) estaba prácticamente
concluida, el volumen de su comercio en el mercado mundial, era
apenas inferior al de Gran Bretaña.
Cerca de 25 años después, en 1900, Alemania, cuya población
saltó de 41,6 millones de personas en 1873 a 52 millones en 1895
y 67 millones en 191324, se convertiría en la segunda
potencia industrial del mundo, superada apenas por los EE.UU.
Entre 1907 y 1913, en apenas seis años, su producción de
carbón aumentó de 1/3, subiendo de 143 para 191 millones de
toneladas, y la producción de acero creció cerca de 50%, al
saltar de 13 para 19,3 millones de toneladas25.
También las industrias de material eléctrico,
representadas por la Siemens y AEG, así como las industrias de
productos químicos (BASF, Bayer y Hoechst) y de motores
alcanzaron, en el mismo período, extraordinarias tasas de
crecimiento. Y el
volumen de comercio exterior de Alemania se elevó de 15,6
billones de marcos en 1907, a 20,9 billones en 191326.
La situación en Europa, mientras tanto, era diferente a la
existente en América. Las
diversas condiciones naturales, que dentro del amplio espacio económico
de los EE.UU. les favorecieran un rápido desarrollo, estaban en
Europa repartidas de manera casual e irracional entre una gran
cantidad de pequeños países y este factor forzó a las potencias
industriales, como Gran Bretaña y Francia, a la ampliación de
sus imperios coloniales, con la conquista de territorios en Asia y
en Africa. También
estados menores, a ejemplo de Bélgica y Holanda, poseían
considerables posesiones en otros continentes.
Sin embargo, en contraste con sus principales competidores,
Gran Bretaña y, sobre todo, los EE.UU., para los cuales todo el
continente americano tenía el carácter de colonia, Alemania no
tenía ningún dominio importante, un nuevo territorio, con
grandes área de economía no capitalista, al cual pudiese
extender el círculo de consumo para el capital, posibilitando el
incremento de la reproducción, i.e., la continuidad de la
acumulación. A fin
de evitar conflicto con Gran Bretaña y Francia, Bismarck se
opusiera a la idea de un Imperio Central Africano (Mittelafrika),
propuesta en 1882 por Carl Peters, dirigente de la Gessellschaft für
deutsche Kolonisation27, y rechazara enérgicamente la
sugestión de estimular la formación de un estado alemán
independiente, en el sur de Brasil, cuando la república fue
proclamada en 1889, por no querer un enfrentamiento con los EE.UU.28.
Apenas se apoderó en 1884, de Togo y Camarones, en la
costa occidental de Africa, y de Tanganica, al lado del Océano índico
en 189529. De esta manera, la contradicción entre la relativa estrechez
de su espacio económico y la extraordinaria expansión del
capitalismo debía impulsar a Alemania, en medio de tensiones
sociales y políticas domésticas, a una solución violenta, como
Rudolf Hilferding previó30. Kautsky y la teoría del ultra imperialismo De
hecho, Alemania, donde la Krupp poseía un extraordinario
excedente de material bélico y maniobraba para provocar el
conflicto31, trató de ampliar por la fuerza su espacio
económico. Victoriosa
en las guerras de 1870, creía en la superioridad de su pueblo y
en la invencibilidad de sus soldados.
Y el conflicto armado irrumpió el 28 de julio, cuando
Austria declaró la guerra a Serbia.
Alemania, inmediatamente, declaró la guerra a Rusia (el 1º
de agosto) y a Francia (3 de agosto), así como invadió a Bélgica
(4 de agosto). Gran
Bretaña, que estableciera con Francia y Rusia una Entente Cordiale, no tardó en declarar la guerra a Alemania (4 de
agosto) y, así, la conflagración se explayó por toda Europa,
involucrando virtualmente cerca de 57 estados, en los cuatro
continentes. Un mes
después, en Die Neue Zeit del 11 de setiembre de 1914, Karl Kautsky, el más
importante teórico de la II Internacional o Internacional
Socialista, discípulo directo de Marx y Engels, publicó un artículo
titulado “Der Imperialismus”, en el cual destacó que se podía
aplicar al imperialismo lo mismo que Karl Marx dijera sobre el
capitalismo, i.e., que el monopolio generaba la competencia y la
competencia generaba el monopolio32, ponderando que, de
la misma forma que la furiosa competencia de las firmas gigantes,
de los bancos gigantes y multimillonarios que absorbían a los
menores, llevaron a los grupos financieros a concebir la idea del
cartel, la guerra mundial podría obligar a las potencias
imperialistas a formar una unión y por fin la competencia en la
producción de armamentos33.
Según su opinión, no era imposible, del punto de vista
puramente económico, que el capitalismo entrase en una nueva fase
marcada por la transferencia de los métodos de los carteles, para
la política internacional, la fase de ultra imperialismo, que
también debía ser, enérgicamente, combatido y cuyo peligro yacía
en otra dirección y no en la carrera armamentista y en la amenaza
a la paz34. La
libre competencia, en la economía capitalista, equivalía a la
ley de la selva, i.e., el principio de la selección de las
especies a través de la ley del más fuerte.
La guerra de la competencia era conducida por medio de la
reducción de los precios, lo que dependía de la productividad
del trabajo, y este
de la escala de la producción, de modo que vencía la empresa que
poseyese más recursos tecnológicos, más capital, y/o otras
ventajas35. “Die
größeren Kapitale schlagen daher die kleineren (los grandes
capitales derrotan a los pequeños) – dijo Marx, explicando que
la competencia se exacerbó en relación directa con el número y
en relación inversa a la grandeza de los capitales, que se
rivalizaban, y terminaba siempre con la derrota de los pequeños
capitalistas, cuyas empresas o iban a pique o pasaban a manos de
los vencedores36. El
mercado, en el cual los capitalistas hacían la conversión
monetaria del excedente económico, era el campo de batalla, la
selva, donde solamente los más aptos, los más fuertes, podían
sobrevivir. Por esa
razón, en 1862, Marx escribió a Engels que se deleitaba con el
hecho de que Charles Darwin reconoció, entre las plantas y los
animales, la propia sociedad inglesa, con su división del
trabajo, competencia, apertura de nuevos mercados, invenciones y
la “lucha por la existencia”, de acuerdo a la teoría de
Thomas Robert Malthus37 sobre el crecimiento
poblacional. Era el bellum
ominium contra omnes38, de Thomas Hobbes, que le
hacía acordar a Phänomenologie39,
de Hegel, en la cual la sociedad burguesa se presentaba como el “geistiges
Tierreich” (espíritu del reino animal), mientras en la teoría
de Darwin el reino animal figuraba como la sociedad burguesa40.
Con todo, de la misma forma que la competencia entre las
firmas, posibilitando la concentración y la centralización del
capital, había generado, a partir de 1870, los monopolios y
nuevas formas de organización empresarial, como los trusts y
sindicatos, ya se avizoraban tendencias para la cooperación en
las potencias imperiales, con la formación de estructuras
cartelizadas y el potencial control de las crisis internas, tal
como Rudolf Hilferding observara41, al demostrar que el
progreso del capitalismo tornaba cada vez más intensa la
interdependencia internacional de los procesos económicos, razón
por la cual los fenómenos de un país, con todas sus
particularidades de su estado de desarrollo temporal, técnico y
organizativo, influenciaban también la crisis de otros países42.
Esa percepción llevó a Kautsky a aventar la posibilidad
de que las grandes potencias también extendieran y profundizaran
su cooperación, en parte como respuesta a la amenaza de revolución
o de los movimientos de liberación nacional, en los países
coloniales. Y en un
artículo publicado en Neue
Zeit, el 30 de abril de 1915, bajo el título Zwei
Schirften zum Umlernen43, explicó: “El
movimiento para revocar la protección aduanera en Gran Bretaña, Kautsky
especuló con probables consecuencias que la guerra mundial, en
curso, produciría, sobre la evolución del capitalismo y admitió,
inclusive, la posibilidad de que el imperialismo evolucionase para
una fase a la que él denominó de ultra-imperialismo, a pesar de
que reconociese la ausencia de premisas suficientes para afirmar
que ésta se realizaría. Y su evaluación era consistente con el análisis del proceso
de concentración y centralización capital, hecha por Marx, pues
la guerra mundial, deflagrada en 1914, desdoblaba por medios
militares la competencia económica y comercial entre las
potencias industriales de Europa. Vladimir I. Lenin, en su famosa obra El Imperialismo, fase superior del capitalismo45, rechazó,
sin embargo, la hipótesis de que el imperialismo evolucionase
para el ultra-imperialismo, diciendo que las “abstracciones
muertas” y las “divagaciones inconsistentes” de Kautsky
estimulaban, entre otras cosas, la “idea profundamente errónea”
y que llevaba agua para el molino de los apologistas del
imperialismo, “según la cual la dominación del capital
financiero atenúa la
desigualdad y las contradicciones de la economía mundial, cuando,
en realidad, lo que hace es acentuarlas”46.
Su percepción era la de que el imperialismo configuraba el
capitalismo en “descomposición”, el “capitalismo de
transición o, mas propiamente, agonizante”47, que
conducía a la plena socialización de la producción, en sus más
variados aspectos, y arrastraba a los capitalistas, a pesar de su
voluntad y conciencia, a un cierto nuevo régimen social, de
transición entre la plena libertad de competencia y la
socialización completa48. “El imperialismo es preludio de la revolución social del
proletariado” – pontificó Lenin, aduciendo que su pensamiento
era confirmado, a escala mundial, desde 191749, al
contrario de Kautsky, que no consideró al imperialismo como la
fase final del capitalismo, de la cual la revolución socialista
resultaría, en un plazo histórico relativamente corto, y admitió
otras hipótesis sobre su desarrollo. La
actitud de Lenin, acusando a Kautsky de romper
“irremediablemente y decididamente con el marxismo”50
etc, no fue resultado de una reflexión teórica, con base científica,
sino de una pasión política.
El objetivo de las diatribas, con las que él contribuyó
para dogmatizar el marxismo, no consistió en convencer, sino en
vencer, en estigmatizar a los que pensaban diferente, pues todo su
esfuerzo apuntaba, antes y más que nada, a promover la revolución
en Rusia y en el resto de Europa.
El propio Kautsky reconoció que Lenin había sido uno de
los hombres más persistentes, inquebrantable, con una voluntad
desafiante y lo comparó a Bismarck51, inclusive por
comprender muy bien el significado de la fuerza armada, en la política,
y aplicarla, implacablemente, en el momento decisivo.
Consideró, sin embargo, que, al contrario de Bismarck, que
estudiaba cuidadosamente los Estados con los cuales tenía que
vincular su poder y las relaciones de clase en ellos existentes,
Lenin nunca consiguió entender completamente las peculiaridades
sociales y políticas de Europa Occidental, a pesar de que hubiese
vivido allí, como emigrante, varias décadas.
Su política, adaptada completamente a las peculiaridades
de Rusia, fue, con respecto a los países extranjeros, basada en
la expectativa de la revolución mundial, la cual, desde el
comienzo, les debería haber parecido una ilusión a todo aquel país
que conociera Europa Occidental, adujo Kautsky52.
En efecto, la política de Lenin, su concepción de partido
y su comportamiento político, marcado por el voluntarismo,
reflejaron las idiosincrasias culturales de Rusia, donde el 8 de
marzo de 1917 (23 de febrero por el calendario gregoriano53)
finalmente irrumpió la revolución, posibilitando el
resurgimiento del Soviet de Diputados Operarios y Soldados y
obligando al Zar Nicolás II a abdicar del trono. La
revolución socialista no se extendió a toda Europa.
Y la historia, que se desdobló con la Segunda Guerra
Mundial y, por fin, el desmoronamiento de la URSS demostró que la
hipótesis de Kautsky era más correcta y estaba más próxima a
la realidad que la expectativa de Lenin.
Las grandes potencias formaron un gran cartel, el GY (el
grupo de las siete naciones más industrializadas), para ajustar
los problemas económicos, y tiene en la OTAN su instrumento bélico.
Y el ultra-imperialismo se configuró con la supremacía de
los EE.UU., desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero, sobre
todo, luego del colapso del Bloque Soviético, que abrió nuevos
mercados, compitiendo para impulsar el proceso de
internacionalización o globalización de la economía
capitalista. Las
contradicciones de intereses entre las potencias industriales, por
cierto, no desaparecieron completamente, aunque nada autoriza a
suponer que ellas, entre sí, puedan llegar a un conflicto armado.
Las guerras pasaron a ser con los países que se encuentran
en la periferia del sistema. *Luiz
Alberto Moniz Bandeira
é cientista político, professor titular (aposentado) da
Universidade de Brasília e autor de várias obras, entre as quais
A Reunificação da
Alemanha: do ideal socialista ao socialismo global, De
Marti a Fidel: a Revolução Cubana e a América Latina e Conflito
e integração na América do Sul – Brasil, Argentina e Estados
Unidos (Da Tríplice Aliança ao Mercosul). 1
Mathew, K. S, 1997, p. 6. 2
Id., ibid., p. 7-8 3
“Die Bourgeoisie hat in der Geschichte eine höchst revolutionäre
Rolle gespielt”. .Marx, Karl - Engels, Friedrich - “Manifest
der Kommunistischen Partei”, in Marx & Engels, 1980, Band 4, p. 464. 4
“Die uralten nationalen Industrien sind vernichtet worden und
werden noch täglich vernichtet. Sie werden verdrängt durch neue
Industrien, deren Einführung eine Lebensfrage für alle
zivilisierten Nationen wird, durch Industrien, die nicht mehr
einheimische Rohstoffe, sonder den entlegensten Zonen angehörige
Rohstoffe verarbeiten und deren Fabrikate
nur im Lande selbst, sondern in allen Weltteilen zugleich
verbraucht werden”. Id.,
ibid., p. 466. 5
“Proletários de todo o mundo, uni-vos”.
Id.
ibid., p. 493. 7
“Eine Gesellschaftsformation geht nie unter, bevor alle
Produktivkräfte entwickelt sind, Für die sie, weit genug ist,
und neue höhere Produktionsverhältnisse treten an die Stelle,
bevor die materiellen Existenzbedingungen derselben im Schoß der
alten Gesellschaft selbst ausgebrütet worden sind.”
Marx, Karl, Zur
Kritik der Politischen Ökonomie ‑ Vorwort, in Marx
& Engels, 1980, Band 13, pp. 8-9. [1]
Luxemburg, 1979, p. 66. 8
“Der Imperialismus ist der politische Ausdruck des Prozesses der
Kapitalakkumulation in
ihrem Konkurrenzkampf um die Reste des noch nicht mit Beschlag
belegten nichtkapitalistischen Weltmilieu”. Luxemburg, Rosa. Die Akkumulation des Kapitals, in Luxemburg, 1990, Band 5, pp. 391 9
Id., ibid., p. 391. 10
Id. Ibid., p. 518. 11
Marx, Karl. Das Kapital.
Kritik del politischen Ökonomie, Dritter Band, in Marx &
Engels, Band 25,
1981,pp. 130, 453-454. Marx
não chegou a concluir o terceiro tomo de Das
Kapital, cujos últimos apontamentos escreveu
em 1865 . 12
Marx an Pawel Wassiljewitsch Annenkow, Brüssel, 28.12. [1846], in
Marx & Elgels, Band 27, 1976, p. 458. 13 Ribeiro, 1970, p. 487. 14 A 1° Conferência Pan-Americana, instalada em Washington, em
novembro de 1889,
deflagrou o movimento pan-americanista. Ela foi convocada
por James G.
Blaine, secretário
de Estado no governo do presidente Benjamin Harrison, com o
objetivo de criar com os Estados latino-americanos uma comunidade
comercial, reunindo-os, sob sua égide, em uma espécie de federação
informal, de modo a alijar do continente a competição da Grã-Bretanha
e de outras potências industriais da Europa. A Doutrina Monroe,
sintetizada no lema “a América para os americanos”, funcionou
então como justificativa ideológica e o fato de que os EUA se
tornavam a primeira potência industrial do mundo deu-lhe maior
densidade econômica e a mais ampla dimensão política. A
proposta da união aduaneira, entretanto, não foi aceita e
o resultado mais concreto da 1° Conferência Pan-Americana
foi a instituição do Bureau Internacional das Repúblicas
Americanas. 15
Hilferding, 1968,
Band II, pp. 445 e 446. A
Doutrina Monroe, enunciada na mensagem ao Congresso de 2 de
dezembro de 1823, fora inspirada
pelo isolacionismo de George Washington, segundo o qual
“a Europa tinha um conjunto de interesses elementares sem relação
com os nossos ou senão muito remotamente”, e desenvolvia o
pensamento de Thomas Jefferson - “a América tem um Hemisfério
para si mesma” - que tanto poderia significar o continente como
o seu próprio país. Discurso de discurso de despedida do
Presidente George Washington, em 17.09.1796, , apud
Morris, 1964, p. 98. Conell-Smith, 1966, pp. 2 e 3.A Doutrina
Monroe representava séria
advertência não só à Santa Aliança como também à própria
Grã-Bretanha, embora seu efeito imediato, quanto à defesa dos
novos Estados americanos, fosse puramente moral, dado que os
interesses econômicos e a capacidade política e militar dos EUA
não ultrapassavam a região do Caribe. De qualquer forma a
Doutrina Monroe ajudou a Grã-Bretanha a frustrar os planos de
recolonização da América e permitiu que os EUA continuassem a
dilatar suas fronteiras na direção do Oeste, dizimando as tribos
indígenas que lá habitavam. 16 Zimmermann, 2002, p. 496. 17
Nota à Grã-Bretanha, 20.06.1895, apud Hill, 1943, p. 602. Novins
& Commager, 1986, p. 396. 18 Através do
Tratado de Paris, de 10 de dezembro de 1898, a Espanha, além de
renunciar, definitivamente, à soberania sobre Cuba, cedeu aos EUA,
na condição de colônias, Porto Rico e outras pequenas ilhas, no
Caribe, bem como Guam e o arquipélago das Filipinas, no Oceano
Pacífico, onde o presidente William McKinley, naquele mesmo ano
adquirira também o Hawai. 19
Zimmermann, 2002, p. 458. 20
Wehler, 1993, p. 35-40. 21
Id., ibid., p. 43. 22
Id., ibid., 175. Westphal, 1991, pp. 61-65, 242-247. 23 Brunn, 1971, pp. 16-18. 24
Por volta de 1900, a competição entre a França, Grã-Bretanha e
Alemanha, bem como entre outras potencias menores, Japão e Rússia
teve como objetivo a conquista
de mercados para seu excedente de capital e manufaturas, bem como
o domínio de fontes de matérias-primas. Essas potências,
estabeleceram colônias, semi-colônias, protetorados e esferas de
influência e negociaram tratados, mediante os quais obtiveram
direitos monopolísticos, tal
como fizeram com a China, em 1897-98, antes da rebelião dos Boxer. Os
EUA, então sob a presidência de William McKinley, protestou
contra esses privilégios especiais
para investimentos e reserva de Mercado, alegando que
violavam as provisões dos tratados
que firmara com a China e desde então começou a opor-se
à política de mercados fechados, desenvolvida pelos impérios,
como a Grã-Bretanha, França e Alemanha. 25
Hilferding, 1968, Band II, p. 452. 26 A Krupp, para a qual Maxilian von Brandt conseguira
subtrair inúmeros documentos do Ministério da Defesa, financiou
na imprensa francesa ataques à Alemanha, com o objetivo de
fomentar o patriotismo em Berlim e instigar o espírito de guerra.
Manchester,
1968, pp. 264-268. Liebknecht, 1973, pp. XIII, XXI e 38. 27
Marx, K.. Das Kapital. Kritik del politischen Ökonomie, Dritter Band, in Marx
& Engels, Band 25, 1981, pp. 130, 235, 453-454. 28
Kautsky, Karl. “Der Imperialismus”. In Die
Neue Zeit, 11.09.1914, II, p. 921 - o.O.u.J.. Friedrich-Ebert-Stiftung
Bibliothek - Signatur(en): A 26315; FA 26315 29 “Von rein ökonomischen Standpunkt ist es also nicht
ausgesloschen, daß der Kapitalismus noch eine neue Phase erlebte,
die Übertragung der Kartellpolitik, eine Phase des
Ultraimperialismus, den wir natürlich ebenso energisch bekämpfen
müßten wie den Imperialismus, dessen Gefahren aber in anderer
Richtung lägen, nicht in der Wettrüstens und der gefährbung des
Weltfriedens”. Kautsky,
Karl. “Der Imperialismus”. In Die
Neue Zeit, 11.09.1914, II, p. 921- o.O.u.J.. Friedrich-Ebert-Stiftung
Bibliothek - Signatur(en): A 26315; FA 26315. 30
Marx, K.. Das Kapital, Erster Band, in Marx & Engels, Band 24,
1982, pp. 654-655. 31
Id., ibid., p. 655, 32
Marx an Engels, London, 18.06.1862, in Marx & Engels, 1974,
Band 30, p. 249. 33
Guerra de todos contra todos. 34
Alusão à obra de G. W. F. Hegel,
Phänomenologie des Geistes. Vide
“Das geistiges Tierreich und der betrug oder die Sache
selbst”, in Hegel, 1986, pp. 294-323 35
Marx an Engels, London, 18.06.1862, in Marx & Engels, 1974,
Band 30, p. 249. 36
Hilferding, 1974, Band II, pp. 389-404. 37“...
Als mit dem Fortschreiten des Kapitalismus die internationale
Verflechtung der Wirtschaftsvorgänge immer inniger wird, und
daher auch bei den Krisen di Erscheinungen des einen Landes mit
all seinen Besonderheiten des zeitlichen, technischen und
organisatorischen Entwicklungsstadium”. Id.,
ibid., Band II, p. 389. 38 O artigo é dividido partes, publicadas em quatro edições
de Die Neue Zeit.
Kautsky,
Karl. “Zwei Schriften zum Umlernen“ –. Die
Neue Zeit, 09.04.1915; 16.04.1915; 23.04.1915; 30.04.1915.
o.O.u.J.. Friedrich-Ebert-Stiftung
Bibliothek - Signatur(en): A 26315; FA 26315. 39 Id., ibid., p. 144. 40
Essa obra foi escrita Zürich, entre janeiro e julho de 1916, e
publicada, pela primeira vez, em abril de 1917, em Petogrado, com
o título: N. Lênin (V. Ilin), O imperialismo, novíssima etapa do capitalismo. 41
Lenin, V. I..El
imperialismo, fase superior del capitalismo, in Lenin, 1948,
Tomo I, p. 1033-1035. 42
Id., ibid., pp. 1040-1043 e 1066-1065
43 Id., ibid., p. 956. 44
Id., ibid., p. 1035, 1051-1053. 45
Após o falecimento de Lenin,
em 21 de Janeiro de 1924, Panski-Solski, correspondente do
Izvestia,
em
Berlim, enviou a Karl Kautsky, em Viena, uma carta
convidando-o a contribuir, com um artigo para as homenagens, que
lhe seriam prestadas. O
texto de Kautsky, sob a forma de carta a Panski-Solski datada de
28 de janeiro de 1924, saiu no Izvestia e
posteriormente foi reproduzido na publicação teórica dos autro-marxistas
Der Kampf (Vol.17,
No.5, May 1924,
pp.176-9).
Transcription/Markup:
Revolutionary
History-Brian/Basen- Online
Version:
Kautsky Internet Archive (marxists.org) 2000. 46 Ibid. 47
O governo bolchevique, posteriormente, substituiu o calendário
gregoriano, adotado na Rússia ao tempo da monarquia, pelo calendário
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