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Galeano, un poster y una guajira
por Luis González Olascuaga*

No sé a dónde vamos, pero sí a dónde no debemos volver. Lo único que sé de nuestras naves es cuáles hay que quemar. Entiendo la desesperanza de Eduardo Galeano al decir "Cuba duele", porque a mí me duele todavía la España de la Transición (aunque este abril me alivió con cientos de banderas republicanas por las calles de Madrid. En cambio Cuba ya no me duele hoy como tampoco me dolió ayer la URSS, aunque conocí en aquel entonces el dolor de compañeros desesperanzados por el fracaso de la URSS.

En el 89, con dos camaradas de mi edad del PCU festejamos la caída del muro de Berlín tomando grapa ante un póster de Natasha Kinski. Pero cuando se lo explicamos a un veterano amigo hasta que no le quedaron argumentos, cuando por fin estuvo totalmente de acuerdo, nos dijo: "Ustedes está bien; pero si yo quemo las naves ¿de qué sirvió todo lo que hice?" ¿Sabes lo que le contestamos? ¿Sabes cuál fue la respuesta? Ninguna. Nos dejó sin respuesta.

Cuando se me ocurrió una, ya era tarde. ¿viste cuando te quedás pensando "le pude haber dicho esto o aquello, pero ya no sirve; era en el momento que tenía que decirlo"? Le tuve que haber dicho: "gracias por el fuego".

Estos días he leído cantidad de puteadas a Galeano. Heinz Dieterich Steffan lo acusa de crear "castillos en el aire". Dieterich es tan pragmático como Rumsfeld y la "razón pragmática" es la única sinrazón a la que no puede apelar la dialéctica. "Razón pragmática" es el término que acuñó Felipe González, ese afortunado del pragmatismo de Carrillo, el González autoungido "hombre pragmático", Presidente español socialista que terminó creando los Gal y bombardeando Bagdad y Belgrado cuando había ganado las elecciones por sus promesas pacifistas, antiotanistas y de respeto a la voluntad que el pueblo vasco expresase en las urnas; hoy, inclusive, ilegaliza al pueblo vasco, impidiéndole el ejercicio del voto universal). Se han convertido estos materialistas, a lo largo de la historia de la humanidad, en las criaturas más peligrosas de la topografía política, o para decirlo parafraseando al viejo Onetti:

Un hombre con fe en la razón pragmática es el más peligroso de los fanáticos y de los animales que existen. Todos quienes han criticado a Galeano lo han hecho desde la razón pragmática. Todos aclaran que no están de acuerdo con la pena de muerte. Pero por pragmatismo había que matar, o no matar pero tampoco decir, o matar y decir pero sin decir que no hay que matar.

EL QUITAMANCHAS DE BUSH
Dice Dieterich que fue una señal de Fidel Castro. Claro que sí. Fue una señal al mundo, a todos nosotros. La de siempre: "Voté a Reagan, voté a Bush, voto también al hijo" (que le devuelven los votos con el bloqueo). A Galeano le duele Cuba porque en realidad no es "una espina en la garganta del Imperio" como él cree o creía. Castro es un problema del mundo que quiere liberarse del Imperio. Como antes fue un gran problema el subimperio ruso. Cuando Gorvatchev lo resolvió, terminó con el mundo unipolar norte-norte y al Imperio se le empezó a complicar el mundo bipolar Sur-norte, con diversos polos progresistas en el Sur y una Europa desatada. Porque Govatchev planteó desarme y atención al medio ambiente, es decir: protestó el reciclaje económico del Imperio por el aparato industrial armamentista y abrió la cuenta a cobrar por la contaminación. La primera factura es el Protocolo de Kioto para reducción de gases contaminantes (EEUU produce el 64% de esos gases) y el 1% del PBI para soluciones medioambientales que propone la UE (EEUU tiene el 50% del PBI mundial). La protesta es hoy, como nunca antes, multitudinaria de la sociedad civil mundial contra la doctrina del espacio económico vital angloamericano y su escudo antimisiles para aplicar su nazi solución final, la "guerra de las galaxias". En este contexto, Fidel es a Bush lo que la Eta es a Aznar y a Zapatero: un quitamanchas. Castro ha jugado en parte ese papel para Washington desde que Rodney Arismendi (aquel que en extremaunción a sus razones pragmáticas les llamó "servilismo ideológico") se quedó sentado sin aplaudir que la OLAS metiera el foco en democracias.

Gracias a que la izquierda venezolana no le dio tanta bola a Fidel, hoy en Caracas hay un militar patriota y demócrata en el gobierno (aunque no esté su predictor Vivián Trías para verlo). ¡Y Hugo Chávez sí que ha salido como el mejor estratega político! Gane o pierda las elecciones de agosto, ya ha roto un bipartidismo secular para plantarse secularmente como polo popular con la potencia de un Perón. Tuve que fumarme por Internet el asesoramiento de un experto cubano para transformar Canal 8 en un canal "revolucionario". ¡Por favor! Los colegas de Canal 8 están haciendo el mejor trabajo periodístico que se recuerde en muchos años, compitiendo fuerte con "los cuatro jinetes del apocalipsis" mientras aquel experto aconsejaba una especie de tedioso canal evangelista sin financiación. Dieterich dice que lo que propone Galeano para Cuba ya lo hizo Nicaragua y así le fue. Yo digo que mejor le hubiese ido si Fidel no hubiese votado contra Carter, si hubiese aprovechado la era Carter para apoyarlo con una inteligente conversión (las mejores armas de los revolucionarios son las conversiones y su mayor violencia los párpados). Pero aún así: ¡A Nicaragua le fue bárbaro! Los sandinistas tienen el cuarenta por ciento del poder y todo el respeto de su pueblo por haberlo respetado. Al Farabundo Martí en El Salvador también le está yendo bien, gobierna electo la capital tras una paz contundente, incluso la URNG avanza en Guatemala y el México de Marcos (y hasta con Fox) planta cara al Imperio por el peso de la opinión pública. A Fidel ¿qué le está quedando, cuando García Márquez se apresuró a cubrirse diciendo que ayudó a huir a disidentes? El poder militar convencional, menos del 0 % del poder. Una hipoteca sin recursos. Morirá en la cama y su dictadura acabará sin mucha chance para las opciones ajenas a Miami.

Una columnista de Página 12 acusa a Galeano de sacarse pelusas del ombligo, como si estuviera mal preocuparse de la higiene del ombligo. El problema es que Fidel no tiene ombligo porque es una sirena ("es una sirena que nos llevará a todos al fondo del mar", dijo una vez Arismendi cerrando los ojos, en broma). Otro cubano publicado en Rebelión reprocha a Saramago y a Galeano estar en las dunas de Lanzarote y en las costas uruguayas, como si él estuviera en Siberia y no en el Caribe, otro cataloga a Galeano de burgués oportunistas que se hospedaba en hoteles de lujo cuando viajaba a La Habana y otro le advierte "estás en mi trinchera o en la del enemigo (sí, sí, la guerra es así de maniquea)". No, no, no es tan fácil. La guerra no es así. La guerra es dialéctica. Para que haya guerra se precisa que ambos bandos la quieran y nosotros, la sociedad civil mundial, incluido el pueblo cubano, ya somos uno de los dos bandos y no la queremos. Ya les aguamos la fiesta a Bush y a Sharon en el Golfo; habrá más poder chiíta, más libre Kurdistán, otras posibilidades para que la soberanía palestina sea tan respetada como la judía. En España e Inglaterra, a Josemari y a Tony les estábamos ganando la paz (la política, el deseo), cuando Castro llega en ayuda de los cuatro. No era con usted, Comandante. Pero era contra ellos y si usted los saca del apuro también es contra usted. No les vamos a permitir que sigan huyendo juntos hacia la ilógica maniquea del todo o nada. Pronto ni siquiera el juego contra Cuba del bloqueo y la represión les vamos a dejar seguir jugando. Mucho menos la guerra en Cuba. En las dunas de Lanzarote y en las costas uruguayas tenemos otro plan. "¡A muerte contra la pena de muerte!" dice Mujica, contra todas las condenas a muerte y con todo el espectro político que suscriba. No hay razón pragmática que valga. "Pegamos tres tiros porque se viene el malón" argumentó Castro.

Todas sus argumentaciones las escuché durante doce años repetidas hasta la saturación. "Testimonio de una nación agredida" titulaban los fundamentalistas militaristas de acá (mentira, la dictadura cubana está más firme con la administración de los halcones en Washington y en su fundamentalismo militarista aprovechó el baño de sangre irakí para las detenciones pero cometió el error (según su concepción -sin eufemismos, el terror-) de los balazos. La solidaridad de quienes estamos contra el bloqueo y protestamos todo intento de invasión, es también con los terroristas fusilados y los periodistas a sueldo del Imperio amordazados. Hasta Mujica aprendió y ya no le hace caso a Castro, "si se viene el malón para mí es la última bala" dice. Pronto también repetirá "¡avanzar la democracia!".

Dieterich, más que pragmático, le recuerda a Galeano que por ser así de constructora de castillos en el aire "a Rosa la mataron a culatazos los soldados alemanes". ¿Y a Lenin? Lo secuestraron y lo paralizaron los golpistas rusos.

Apenas gobernó cinco años. ¿Pero con eso qué? A Joselito lo mató un toro y será el mejor cultor del arte de birlibirloque (afirma Bergamín), así vivan cien años los que vinieron después. Negar las razones de Rosa por la tragedia de su muerte es el más esperpéntico ejemplo de la mediocridad pragmática (remenber Medellín). Si lo que cuenta es que no te maten, uno sólo de todo el Comité Central del 17 murió en la cama como Franco, Stalin, el que fusiló a los demás, menos a Lenin, a quien embalsamó en vida y a Trotsky, a quien envió un sicario.

Urbano Rodríguez le dice a Galeano que lo que menos le perdona es que haya citado a Rosa ("la libertad es siempre la libertad del otro") y recuerda que Lenin la llamaba El águila de Varsovia. Ella le llamaba Gallito de Riña. Códigos ornitológicos que se tenían en el trato. Pero se adoraban. Rosa y Antonio Gransci fueron los únicos que le hicieron caso de crear partidos comunistas contra los socialimperialistas del socialismo europeo. Pero Lenin también hizo caso. Antonio fue su hombre en la III Internacional y ya en Turín se produjo la táctica jochiminista de aislar al imperialismo paso a paso. A Rosa le hizo caso en la NEP, vindicando las formas de la democracia "burguesa" y una economía competitiva sin monopolios, de mercado realmente libre. La vida le alcanzó al águila para construir con su gallito la teoría y práctica más resonante del antiimperialismo. La suya ya era una revolución democrática antizarista de fracciones públicamente enconadas. Trotskistas, leninistas, bujarinistas, luxenburguistas, más parecían en eso al peronismo actual que al Partido cubano.

Estoy escribiendo todo esto con mi conciencia llena de moscas. Galeano niega tener una mosca en la suya porque condenó la invasión a Checoslovaquia. Yo tenía ocho años. Pero ¿te acordás Eduardo que escribiste "si Fidel es Stalin ¿dónde están sus muertos?". Ahí yo tenía más de treinta. Fue después que por haber cumplido órdenes de Castro, fuera fusilado en La Habana el general Ochoa, que murió gritando con un puño cerrado a la altura de la sien "¡viva el Partido Comunista!"

Por supuesto que Cuba no es el imperio de Stalin. La cubana es una revolución genuina y popular en sus orígenes. Pero midiéndola con la regla que proponía Jean Jaques Rousseau, ya son cuarenta y tantos años de retroceso no lineal de la democracia, cuando hasta la iraní (tan popular o más que la revolución cubana) ha ido con avances considerables de la democracia. Y creo, con Guattari, que la mayor esperanza está acá, en esta región, en Brasil y en el PT.

CHAU, COMANDANTE
Bajo el consejo editorial de Galeano, de política sólo he publicado dos artículos, uno sobre el Jefe del Prolekult del partido de Rosa, Wilhem Reich (que a los fascistas rojos les llamaba "fascistas rojos"), hace más de diez años y otro en el 2000 sobre Felix Guattari, a diez años de su muerte. Allí citaba: "la experimentación de una nueva forma de organización en Brasil con el Partido de los Trabajadores, no es algo perfecto, pero marca una voluntad de repensar las relaciones entre la acción política global y los problemas locales; las relaciones entre religión y laicidad, entre hombre y mujer, blanco y negro...

Demasiado a menudo los modelos ideológicos y de organización provinieron del "norte". Quizá ahora deba invertirse la dirección. (...) es aquí donde se debe tratar de pensar y experimentar". "Hay cosas visibles que están en la expresión pública y otros movimientos de larga duración, que conciernen más bien a la condición de la mujer o a la educación de los niños, a la utilización de drogas o a la evolución de la sexualidad. Son modificaciones que no se alcanzan a ver ni a apresar completamente, pero que son fundamentales. Es a ese nivel de transformaciones profundas, de revolución molecular, que deberíamos lograr reconstruir la sociedad. Nunca he creído mucho en los grandes discursos maniqueístas del capitalismo o del socialismo. Para mí no son más que grandes narraciones, como diría Lyotard, y no tienen ningún asidero en la realidad". "...En 1917, había un gran potencial de cambio y emancipación para las masas populares (también en 1968), pero el deseo se esfumó rápidamente del movimiento obrero organizado, siendo acaparado por el capitalismo". La gran potencia del imperialismo es que se apropió de la potencia del deseo modelando su subjetividad, opinaba Guattari. Y afirmaba hace trece años: "hoy se detecta en América Latina una gran capacidad de resistencia al laminado capitalístico de las subjetividades, de inteligencia colectiva, por tradición de lucha, por sobrevivencia étnica y por factores ecológicos, demográficos y urbanísticos" y advertía fenómenos colectivos y moleculares que tendían a "reconstituir una polaridad progresista" desde las cartografías del deseo de nuestro Sur. Lulinha paz y amor (y disuasión nuclear, tecnológica e informática -estamos en la era de Fucks y de Internet-, con los fines estrictamente defensivos y de acatamiento a la sociedad civil y a todos los derechos humanos individuales y colectivos, como toda democracia plena debe observar). Idealismo dialéctico. Platonismo filosófico. Dejamos a Menem las obras completas escritas por Sócrates y aceptamos con Kichner la versión de Platón (esos son los matices realmente abismáticos). Pero por sobre todo, idealismo histórico: Jefe indígena norteamericano Sealth: en estos años de disuasión nuclear, tecnológica e informática, la época más riesgosa pero menos violenta de todas las "civilizadas" (los números lo demuestran irrefutablemente), cada día y cada noche que la tierra sobrevive, tal como auguraste, tu pueblo muerto es más poderoso.

Con moscas o sin moscas (mirá que después de todo son necesarias; cuando Mao las exterminó al final tuvo que importarlas), gracias, Eduardo, por el fuego. Hasta aquí llegamos entre estados policiales y socialdemócratas fallutos. Habrá que de una vez quemar las naves, deshacer los atavismos.

Algún día, chechenos, tayikos, uzbecos, armenios, afganos, húngaros, sabrán qué hubiese dicho Lenin de las deportaciones masivas, qué pensaba de la liberación nacional y de las invasiones. Antes, sin duda, valorará el pueblo cubano qué tan distinta patria le habían ensoñado Guevara, Camilo, Bayo y qué encantador era Fidel, una sirena que se hunde sola mientras cantamos la guajira "y sin Fidel te decimos".

Cuando Castro fusila y amordaza, antes que por Bush en las próximas, está votando el 25 de mayo por su amigo Fraga, su huésped asiduo y tiene su coherencia: el legado de ambos es la dinastía. Le escuché a Fidel anunciar que le sucederá Raúl y pensé en la boutade de Sabina a propósito del Borbón, "no será un Castelar... Ni lo tiene que ser". No tendría que ser. En mi sensibilidad es lo que más aleja de sí misma a la revolución cubana (seguro que en la del "comunista ontológico" Saramago también).

No le digo hasta siempre, Comandante. Se lo dije a Guevara. Con usted se lo dije porque mandaba crear el hombre nuevo, que sería hermano de una familia más amplia que la propia y legítima suya de usted.

* Luis González Olascuaga* : Escritor autor entre otros de la novela: "Las luces del Estadio"

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