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La guerra de Irak reabrió el conflicto en
torno de la redefinición estratégica
del mundo

por Rubens Ricupero*

Placeres de la historia
"El placer, el placer de la Historia, en suma, que es tan grande!" Para el falso Henrique 4º de Pirandello, refugiado en la historia de 1070 por no querer enfrentar su vida en 1920, el placer era eliminar la angustia de lo desconocido, el miedo de un futuro incierto. Incluso la humillación final de Canosa, el emperador arrodillado en la nieve para implorar el perdón del papa Gregorio 7º, se tornase soportable al adquirir la inmutabilidad de los hechos pasados, la certeza de un destino fijo para siempre.

Para nosotros, la fascinación proviene de la causa opuesta, de lo inesperado, de las sorpresas e imprevistos de la historia de los últimos días y semanas, que se divierte en ridiculizar la ingenuidad de los anunciantes de su prematura muerte con el fin del comunismo. De las muchas estupideces bien intencionadas que se afirmaron en la ocasión, la más ingenua era imaginar que la combinación de democracia con economía de mercado bastaría para hacer aceptar en definitiva el predominio unipolar de los Estados Unidos. En ese sentido, es fascinante ver como la división ocasionada por la guerra de Irak reabrió el conflicto en torno de la redefinición estratégica del mundo.

El punto de partida es el desmoronamiento de la estructura creada en 1945. El nostálgico embajador Araújo Castro, mentor de toda una generación de diplomáticos, acostumbraba enseñar que, en aquel momento, en San Francisco, comenzaría el proceso de "congelamiento del poder mundial", a fin de perpetuar la configuración emergente del término de la Segunda Guerra. La expresión institucional de ese arreglo fue la constitución del grupo de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad con derecho a veto, reservado a las potencias victoriosas, EE.UU., URSS, Reino Unido, Francia y China, la última más una potencialidad cuya inclusión fue deseada por Roosevelt, que tenía en mente a China Nacionalista. La etapa siguiente había sido, en 1968, la firma del Tratado de No-Proliferación Nuclear (TNP), que extendía el congelamiento al poder tecnológico-militar, intentando flechar de modo irrevocable las puertas del club nuclear.

A pesar de la apariencia engañadora dada por la pluralidad de cinco "grandes", el sistema nunca dejó de ser bipolar en esencia, con dos bloques hostiles liderados por los EE.UU. y por la URSS. Las tentativas de de Gaulle (y de la China en el interior del bloque soviético) de evolucionar para el multipolarismo no podían alterar la sustancia del problema: cada bloque dependía, para su seguridad, de la protección de una superpotencia situada totalmente o en gran parte más allá de las fronteras de la región, los EE.UU. , del otro lado del Atlántico, la URSS, para allá de los Urales.

Esa "estabilidad bi-hegemónica" sólo será finalmente destruída por la disgregación de la URSS y la disolución de su bloque, fin no de la Historia con mayúscula, sino de una historia entre otras, la del orden internacional que data de 1945. Desde entonces, como diría Gramsci, el viejo no acaba de morir y el joven no consigue nacer, apareciendo toda suerte de síntomas mórbidos en el intervalo. El ataque contra Irak fue el disparador. Probó que los americanos están prontos para pasar a la acción para preservar la superioridad y la iniciativa estratégicas. Dicen sin rodeos lo que antes se percibía en las entrelíneas: que están dispuestos a pagar el precio para continuar siendo la Roma de la "monarquía universal", el polo exclusivo del universo polar.

Frente a ese desafío, imposible de ignorar, pues no es de palabras sino de hechos, como la bofetada de los antiguos duelos, la reacción de los cuatro "grandes" es diversa y reveladora. En el extremo minimalista, China, que, a comienzos del gobierno de Bush, antes de los atentados terroristas, era identificada como "enemigo estratégico", habla poco y bajo. Espera que le llegue la hora propicia y no quiere llamar la atención para su dependencia del mercado americano. Los rusos, a medida que aparentan salir de su crisis, se afirman gradualmente y dificultan el levantamiento de las sanciones a Irak en el Consejo. Putin declara que Rusia no aceptará un mundo unipolar en el cual un país apenas toma las decisiones y reclama, en lugar de eso, una "sociedad estratégica".

Lo más significativo, con todo, es como el conflicto partió al medio a Europa, profundizando la falla geológica heredada del pasado remoto que amenaza empujar para un lado a Inglaterra, para el otro a Francia. Los ingleses lideran las "islas", no en el sentido físico sino geopolítico, la franja exterior, la periferia mediterránea, escandinava, del este europeo, atlántica. Ellas rodean el núcleo territorial duro de la vieja Europa, Francia y Alemania, su extensión, Bélgica y Luxemburgo, en el corazón de las tierras occidentales, los mismos actores, en sustancia, que en el 800 se llamaban Neustria y Austrasia, fundiéndose para formar el imperio de Carlomagno, vocación para amalgamar el continente que está en la base de la unificación europea en los años 1950 y que de nuevo se contrapone ahora a los atlantistas. Con una franqueza chocante, Blair admite, en una entrevista, la existencia de una diferencia de visión: "Algunos quieren un llamado mundo multipolar, con diversos centros de poder, los cuales, creo, luego se tornarán centros rivales de poder; otros creen, y esa es mi posición, que precisamos de un poder unipolar que englobe una sociedad estratégica entre Europa y los EE.UU.", en términos prácticos, un condominio del mundo (Finantial Times, 28/04/03).

La entrevista salió en la víspera del encuentro en Bruselas (para el cual Inglaterra no fue invitada), en el que los europeístas y multipolares decidieron crear un cuartel general central de la defensa europea, "que podría, en última instancia, rivalizar con la OTAN y llevar a un choque con los EE.UU." (FT, 30/04/03). Aunque los protagonistas se esfuercen para no exacerbar las tensiones con los EE.UU. e Inglaterra, no se puede ignorar que es el primer paso importante para dar una consecuencia estratégica a la grieta provocada por Irak. Es temprano aún para decir si, en esta oportunidad, se estará en condiciones de llevar adelante el proyecto gaullista de un poder militar independiente para una Europa unificada. Desapareció un inhibidor, la amenaza soviética, pero existirán condiciones objetivas de dinamismo económico para financiar el esfuerzo tecnológico y armamentista comparable al americano? Sea como sea, es cada vez más difícil justificar la alianza transatlántica. Los intereses estratégicos de los EE.UU. se desvían para Asia, próxima o distante, donde, de acuerdo a lo que se vio en Irak, los gobiernos y la opinión pública europea no comparten la misma visión. Los intereses económicos y comerciales divergen, de la misma forma que se diferencian las culturas y actitudes frente a la vida, las preferencias en materia de modelos de capitalismo, los valores y las aspiraciones sociales, aunque unos pocos como los ingleses, se sitúen a media distancia de los extremos. Es por esas razones que algunos cultores de los placeres de la Historia no dudan en anunciar el inocultable ocaso de la OTAN y la retirada de las tropas americanas de Europa. Recuerdan que existe un precedente altamente sugestivo de divorcio amigable, sin violencia, en el interior de nuestro propio espacio civilizado.

Coherente a idéntico proceso de creciente divergencia de intereses estratégicos y económicos, de valores, actitudes y culturas, fue lo que llevó, luego de la muerte de Constantino, al alejamiento entre romanos y griegos, occidentales y asiáticos, a la división del Imperio Romano entre el Impero de Occidente, con sede en Roma, y el de Oriente, con Constantinopla, más tarde Bizancio, como capital. Como se sabe, Roma y Bizancio nunca más se reconciliaron. Traducción de Cristina Iriarte para La ONDA digital

* Rubens Ricúpero fue nombrado quinto Secretario General de la UNCTAD en septiembre de 1995 y, por recomendación del Secretario General de las Naciones Unidas, volvió a ser nombrado para el mismo puesto por la Asamblea General por otros cuatro años en 1999. Anteriormente, durante una prolongada carrera en el Gobierno del Brasil, fue Ministro del Medio Ambiente y Asuntos Amazónicos, antes de pasar a ser en 1994 Ministro de Finanzas, cargo desde el que supervisó la puesta en marcha del programa de estabilización económica del Brasil

Nota: "Si alguien quisiera emprender un viaje (...) inteligente por la obra de Pirandello, nada mejor (...) que acompañar este "Roteiro para uma Leitura", con el que Aurora Fornoni Bernardini precede su traducción de Henrique 4º", palabras de Gianni Ratto, que hago mías, en el prefacio a "Henrique 4º y Pirandello", de Aurora F. Bernardini, Edusp.

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