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¿Tabaré
puede?
No parece ser el tema en que se ha especializado la producción de subjetividad de la izquierda. Sin embargo, en estos casi veinte años, la derecha, que sí parecía estar especializada, no pudo resolverlo. Sí pudo Lula en Brasil, está pudiendo, aún contra los resabios de subjetividad producida en su propio partido, por él mismo, hace más de quince años. Es que desde hace quince años, Lula cambió de máquina y la nueva producción le está alcanzando para llegar al punto exacto de resolución de los problemas de su país. Para empezar se convenció y convenció a su partido de que nadie es elegido Presidente de un país para hacer la Revolución, con mayúsculas y nunca suficientes erres, sino para darle de comer a la gente. Mejorar la calidad de vida, empezando por el pan nuestro de cada día. Para seguir, demostró que la propia síntesis de las tan diversas vertientes que originaron su partido, la trotskista, la sindicalista, la teología de la liberación, entre otras y la mismísima práctica para derribar una dictadura, habían marcado la metodología de producción subjetiva: hacer política y crear para resolver. La banda sonora la pusieron el movimiento Música Popular Brasileña y el eslogan nítido "Lulinha, paz y amor". No era imposible. Pero acaso el extremado ejemplo de que la política es el arte de lo posible, nos lo haya dado la derecha del Estado español. Y vale la pena (literalmente la pena) recordarlo, para sacar en conclusión que quedar por el camino es lo peor que le puede pasar a quien intenta compatibilizar su producción de subjetividad con un punto de resolución política aparentemente ajeno a la misma. LA LEY DE HERRERO Existe en toda coyuntura política un punto de resolución, que quien acierte a encontrarlo y activarlo, sea quien sea histórica, ideológica y subjetivamente, avanzará en el poder democrático. En el Estado español, ese punto es el de la convivencia de las distintas nacionalidades como proyecto de un Estado próspero compatible con sus diversas y en casos enconadas subjetividades. En el postfranquismo, Adolfo Suárez pretendió activar esa convivencia a través del proyecto de su constitucionalista Herrero de Mignon, que quiso denominarlo "los fragmentos de Estado" (una especie de "federalismo" asimétrico, más categórico que el que hoy propone el líder socialista catalán Maragall, aunque Mignon diga que si es asimétrico no es federalismo, sino fragmentos de Estado). Suárez y Herrero no pudieron terminar de activarlo en el momento oportuno, porque a Suárez no lo dejaron concretar su plan de avance, que era similar al plan batllista (remover una interna partidaria oficialista secular, dictatorial, oligárquica, arrebatándole el aparato con mucha sabiduría palaciega maquiavélica, para consolidar posiciones renovadoras en la medida que la consecución y activación del punto de resolución de la política de Estado los armaban de triunfos inconmovibles. Para eso el viejo Batlle y el Suárez español empezaron por crear una izquierda en sus partidos de derecha y pautar así un centro de avance. Batlle tenía sobrados argumentos históricos, el antecedente del Partido Nacional (de unidad democrática contra los caudillos y por encima de las divisas), los llamados "Conservadores" (la fracción de su padre, el presidente Lorenzo Batlle, que ya era una fracción antiflorista y antiriverista, propiamente de izquierda -se refería a "conservadores de las leyes, de la democracia"-) y el propio pasado dictatorial de su partido para pasar facturas desde una posición intermedia, es decir, a media agua entre la fracción izquierdista que él mismo (Batlle) creó (Arena, Brum, Rodó, Florencio) y la reacción de su partido (los Manini, Viera, los riveristas). Pero ese navegar por el centro necesitaba y obtuvo otro contrapeso de izquierda, desde fuera del partido. Lo encontró en el propio Partido Nacional. No hay que olvidar que fue Acevedo quien lo ungió Presidente de la República en 1903 con su voto decisivo, contra los riveristas; y (sobre todo en la acción social, en la movilización) anarquistas, socialistas (un poco menos) y luego comunistas con Pintos a la cabeza. La izquierda hizo contrapeso para que Batlle y Ordóñez avanzara por el centro. Adolfo Suárez quiso aplicar la misma estrategia de avance con una variante irigoyenista (creó un partido aparte, la UCD -como el Peludo Irigoyen la UCR-). Fue otro acierto, dado que el franquismo no resistía dentro ni el más leve gatopardismo. Pero a Suárez lo mató la derechización extremista de la izquierda española y muy particularmente la total renuncia de ésta a la subjetividad republicana en el punto central de resolución de la política del Estado español, el tema de las nacionalidades (recién con Anguita recuperó el planteo republicano "federalista por libre adhesión -casi la asimetría de Herrero-" que hoy esgrime Izquierda Unida). El golpe de gracia que demolió a Suárez fue el pacto de la derecha de la UCD con el PCE y el PSOE, para el referéndum de la autonomía gallega, en el 80, luego de resueltas las autonomías vasca y catalana. El PCG (Partido Comunista Gallego) fue el primero en mocionar que el estatuto fuese pasado a la comisión consticucional en Madrid y allí pactaron PSOE y la derecha de UCD contra la estrategia de Herrero. Suárez amenazó renunciar si la izquierda, que él había "inventado" en su partido, y la derecha del mismo -que se le había colado con varios convidados de piedra- no se ponían de acuerdo, con lo cual estaba presionando claramente a la derecha (aunque un día declaraba a favor de unos y otro lo contrario, para matizar con aparente lógica conciliadora). Pero la presión no le salió tan bien como le sale siempre a Tabaré Vázquez (que cada vez que amenaza con renunciar, le compran una moto nueva). A Suárez lo dejaron de a pie y al poco tiempo debió renunciar realmente. En aquel conflicto, a la izquierda de la UCD la apuntalaba la UCD gallega, que lógicamente (se veía perjudicada electoralmente en los inminentes comicios) quería que el estatuto se resolviera en Galicia y no en Madrid. Fraga abrió la carpeta y fue entonces el más separatistas de los gallegos de la historia (Castelao, a su lado, pasó a ser un timorato teórico de la Falange), si Euskadi se independizaba del Planeta Tierra, Fraga decía que Galicia tenía tanto derecho como Euskadi a independizarse de la Vía Láctea. Su tema era anclar el soberanismo de Euskadi. En cambio el futuro sintetizador Bloque Nacionalista Gallego, por la positiva, creció entonces como fuerza de alternativa en Galicia, cobrándole caro a la izquierda centralista su maniobra, hasta incluso después que rectificaran y aceptacen resolver el estatuto en Galicia. Ahora bien, el principal objetivo de todo aquello fue un tiro por elevación de Carrillo y Felipe González a Suárez para impedirle, en los hechos, las asimetrías futuras de las resoluciones autonomistas y comenzar así la llamada "involución autonómica". Es decir, el punto de resolución de la política que habían visualizado Suárez y Herrero (en brillante compatibilidad de subjetividad realista, sobre todo por parte de Herrero, quien retrotajo la producción de subjetividad española al interés del Imperio que pactaba con los fueros vascongados) con el nombre "fragmentos de Estado", quedó entonces por el camino. No otra cosa que el viejo pacto para la libre adhesión es hoy, en su esencia, el plan actual del Lehendakari (presidente vasco) Ibarretxe, que por eso apoya el propio Herrero, aunque éste sigue siendo un hombre del PP, del riñón franquista y monárquico medular, pero que sabe de política y siempre supo que ese era el punto al que había que llegar, porque está en consonancia con, por lo menos, cinco mil años de historia, respeta el pacto "Dios y Ley vieja", respeta los mitos vascos y salvaguarda los suyos a España. Mi teoría es que la derecha pudo haber resuelto el problema si hubiese aceptado ese punto de compatibilidad en su producción de subjetividad (no la falangista de "la unidad de destino en lo universal", sino la realista del catolicismo a cambio de pleno respeto a los fueros -que hoy se traduciría en "Constitución a cambio de soberanía plena, sin cortapisas"-. Hay que tener presente que a la actual Constitución, negociada con la pistola de Franco sobre la mesa, los vascos votaron NO). Aznar, en su primera presidencia, estuvo a casi nada de alcanzar ese punto, cuando acabó con los Gal (los grupos paramilitares del PSOE), combatió la corrupción socialista en Madrid y Eta proclamó la tregua (tales habían sido los argumentos con que le ganó Aznar las elecciones a Felipe, "no a la guerra sucia de Felipe en Euskadi, no a la corrupción psoísta"). Eso le dio la mayoría absoluta en el Estado durante la tregua. Pero claro, Euskal Herría nunca fue España (más allá de pactos u ocupaciones militares) y la producción de subjetividad falangista no podía ser eternamente patrimonio exclusivo del PSOE, el grupo PRISA y sus monaguillos carrillistas. Después de todo, Josemari es el nieto de Aznar, la Fundación Weinsental le ha cobrado carísimo el apellido en el transporte del oro nazi. Euskal Herría muchas veces pactó, pero siempre por libre adhesión y en Euskadi la principal y maayoritaria fuerza propia fue y es abertzale. A menos que Madrid renunciase nuevamente a la política y mandase otra vez a Mola (si pudiera; puesto que Garzón, por mucho que se empeñe, no lo consigue a cabalidad en las actuales condiciones europeas -sus autos contra el voto universal terminarán en Estrasburgo-). El PP no podía tener entonces peor idea que quererlo todo y dar lo que Vázquez Montalbán definió como "il sorpasso en Euskadi". La respuesta fue un 13 de mayo de 2001, donde el PNV le facturó hasta la falta de pedido de disculpas por el bombardeo a Gernika y, sobre todo, le facturó el inmovilismo que pautó la ruptura de la tregua (aunque el inmovilismo tuvo por exponente más descarado a Felipe González: "no nos van a poner el tema vasco en la agenda política y mediática", ni en paz ni en guerra). Mi teoría es que si en lugar de querer dar "il sorpasso", Aznar hubiera seguido el plan original de Herrero, la derecha hubiese mantenido la mayoría absoluta en España (sin Euskadi, naturalmente) y hasta la serenidad para actuar ante las crisis posteriores (en su Estado fragamentado y en el mundo, que ya sabemos cómo lo está). Pero se quedó por el camino y aquí tenemos los resultados de las elecciones de este domingo. "No quiero libre adhesión con derecho a secesión" dijo Aznar. Pero no se trata de lo que él quiere, sino de lo que quieren los pueblos. LA META DE TABARÉ Hoy Tabaré necesita buscar entre las máquinas de producción subjetiva de la izquierda uruguaya, aquellas que le permitan llegar al punto de resolución de nuestro problema de mercado. Las hay: Para empezar, la bandera de Otorgués es bandera de Patria Grande y pese a la renuencia inicial del MLN (afortunadamente para el Encuentro, después empezó a pitar Mujica) el Frente apoyó el MERCOSUR desde sus inicios, con fuerte convicción, especialmente de Danilo Astori, su mayor autoridad en Economía. El MERCOSUR es, sin duda, y más aún con el liderazgo de Lula y la ubicuidad de Kichner, la única posibilidad de un crecimiento económico regional que nos involucre, que mejore nuestras posibilidades de negociación con otros mercados, como plataforma común para buscar más mercado y mejores condiciones y como intercambio regional privilegiado a los productos subsidiados de los países del Norte. Y desde el MERCOSUR, tratar el ALCA y otras propuestas. Pero eso no alcanza. Hay que reactivar el mercado interno y ya para su exitosa campaña del 89, la 1001 produjo la consigna "Uruguay cinco millones". Eso requiere no quedar por el camino, concretar el tan meneado abatimiento del déficit fiscal, aliviar el peso del Estado sobre la sociedad civil, sin complejos, con nuevas máquinas de producción subjetiva de izquierda. Llegar al punto al que la derecha, por incapacidad operacional, no logró llegar (para explicar esto habría que hablar de los cambios de poderes en la sociedad civil y los sistemas mediáticos; sería todo un capítulo). Porque en los primeros quince años de retorno a la democracia, si algo bueno tuvieron nuestros gobiernos, fue la política internacional de Estado, Enrique Iglesias primero, Sergio Abreu después, Héctor Gross Spiell con el agregado de su estatura teórica y Didier Opertti en el período próximo anterior al actual, fueron mercosuristas (los blancos más que Opertti) y en los grandes temas hicieron honor a la rica tradición de la diplomacia uruguaya. Hasta que llegó Jorge Batlle, el ladero de Jorge Bush y tuvimos que verlo llorar en la Casa Rosada, pronosticar al garete la tercera presidencia de Menem, apoyar el bloqueo a Cuba y sufrir la dignidad de Lula ante el peor gobierno norteamericano que se haya conocido. Opertti fue su canciller. A todo el Partido Colorado le están abochornando las encuestas. Sin embargo, sería una gilada por parte del Encuentro creer que las elecciones del año próximo ya están ganadas porque las encuestan le dan bastante más del 50 % de la intención de voto. Tabaré ha dado en los últimos tres años, algunas preocupantes señales de (por decirlo de algún modo) falta de concentración en la meta. Si el lunes siguiente a las internas del 99, hubiese nombrado a Astori su ministro de Economía, no hubiese habido balotaje (hubiese equivalido a la señal que dio Batlle al nombrar ese lunes a Hierro como su vice. Aunque también es cierto que el balotaje se implementó con los sofismas de un Astori sobre una supuesta "gobernabilidad", argumento (en la mejor de las interpretaciones, muy boludo) que todo lo que hizo fue darle el gobierno a Batlle para sufrir cinco años más. Porque de todo modos la izquierda tendrá que hacer alianza para gobernar (por mayor mayoría que logre) y ¿qué distinto sería el panorama si Opertti hubiese sido ministro de Vázquez y no de Batlle, si en la escapada de Faingold-De Brum con Vázquez-Nin a rueda para negociar con el Fondo, les hubiese tocado "tirar" a éstos, por ejemplos). Tabaré nombró su equipo económico tarde y en medio de una definición que se reservó para sí y con los medios del oligopolio, con quienes creyó arreglar, desarmando a cambio imprudentemente al invicto "Canal Uno". Como diciendo "el penal lo pateo yo". Lo erró. El segundo error no fue responsabilidad directa de él, sino del partido que más con él se identifica. Las maniobras del PS en las municipales, relegando a Rúben Obispo en Paysandú, a Marcos Carámbula en Canelones, a varios en Colonia y todavía me estoy preguntando ¿por qué Darío Pérez, el héroe encuentrista de aquella jornada desapareció de toda notoriedad? Las municipales del 2000, los últimos comicios que hubo hasta el presente en el país, fueron las primeras elecciones que la izquierda uruguaya perdió en 38 años. En las elecciones como en las huelgas, se gana si se sale fortalecido, si se crece, si se avanza; se pierde si se sale debilitado, si se decrece, si se retrocede. Desde 1962 la izquierda había ganado todas las elecciones nacionales uruguayas, había crecido siempre. Esta vez su performance marca un antecedente inmediato preocupante. Sin embargo, blancos y colorados están convencidos de que el año que viene gana el Encuentro y el Encuentro también. Por eso aquellos tiraron el pago de la deuda para el 2005 y éste los acusa de haber declarado el default avant la letre. Pero reitero: ¿ganará tan fácil el Encuentro si le resulta tan difícil adaptar su discurso a las circunstancias? Porque si alguien no tenía que salir a hablar de default era Tabaré Vázquez, quien se supone será el Presidente desde marzo del 05. No porque no sea cierto que Uruguay está como está. Sino porque en octubre del 04 le estarán recordando lo que dijo. Eso podía decirlo públicamente Mujica, que oficia de conciencia crítica y funge en camiseta con agujeros, pero no quien tendrá que gestionar de saco y corbata. Porque también es cierto, por ejemplo, que clandestinizar drogas y abortos es medrarlos, mafiosizar, maximizar sus daños y Vázquez se cuida de decirlo, incluso evita referirse a los derechos de las minorías sexuales y a cualquier tema que se considere inconveniente. Sugerir que no va a pagar la deuda es como decirle a la gente "voten a los que les prometen negociar seriamente". Pero éstos, en lugar de limitarse a responder seriamente que están dispuestos a prometer lo que no van a cumplir (porque o se vende lo que queda o se sigue negociando elegantemente la fuerza, como está haciendo Argentina), se dedicaron a sacarse el sayo. "A nosotros no, a nosotros no nos miren si quieren gobierno para el 2005" parecieron decir Hierro López y Luis Alberto Heber. Porque hablar de "patriotismo" acerca de las cartas intención y los servicios de deuda es hacer un chiste cuando les tocaba ponerse serios. Perdonaron la infelicidad de las declaraciones de Vázquez, perpetrando declaraciones aún más infelices. Sin embargo esta semana, el Encuentro retomó el camino de la subjetividad compatible con soluciones de gobierno. Tabaré respondió a los pronósticos de Fidel, con un uruguayísimo al pelo: "los de afuera son de palo" ("ya que no estás ayudando, al menos no vengas a joder") a la vez que Astori hacía inventario de "las lecciones políticas del maestro Lula". Por ahí van bien. Para ser gráficos, como decía el negro Olmedo cuando se ponía la peluca o el tapado de visón que Portales había comprado para Silvia Pérez: "Si vamo' a hacerlo, vamo' a hacerlo bien". La izquierda puede perfectamente producir sus propias pelucas y los más vistosos tapados. Tabaré ha sabido, en sus mejores galas, lucir sus vestiduras con ese modo casual y desenvuelto de los modelos Arman. Una vez le contestó a Néber Araujo con la más brillante de sus réplicas: "sí, soy ecléctico". LA ONDA® DIGITAL |
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