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El
conflicto armado del Congo A pesar del acuerdo de paz, la guerra sigue abierta en la República Democrática del Congo y las matanzas se suceden. Civiles desarmados son asesinados, las mujeres son violadas y los niños son reclutados. En medio, la fuerza de interposición de la ONU: más de 8.000 soldados en su mayoría uruguayos y sin medios para defenderse. De hecho, dos de sus miembros han sido asesinados en los últimos días. La Unión Europea estudia el despliegue de una fuerza de intervención rápida de 5.000 hombres. Sólo una fuerza de interposición eficaz puede evitar que continúe la masacre, pero por ahora todo ha quedado en simples declaraciones.
"A pesar de la firma de los acuerdos de paz y de un acuerdo de transición política, el conflicto continúa asolando numerosos lugares de la República Democrática del Congo (RDC). Civiles desarmados son asesinados o torturados, las mujeres son violadas y los niños siguen siendo reclutados en las regiones en las que combaten los grupos armados y las milicias". La desoladora situación descrita por Amnistía Internacional en su informe "Al borde del precipicio: empeoramiento de la situación de los derechos en Ituri" es tan sólo un pequeño fragmento de una guerra fraticida. Las matanzas étnicas en Bunia, capital de Ituri, han conseguido atraer la atención de parte de la comunidad internacional. Sin embargo el conflicto queda lejos de ser reciente. Según Naciones Unidas, desde su inicio en 1999 el enfrentamiento entre las etnias Lendu y Hema (minoritaria pero tradicionalmente dominante) ha provocado más de 50.000 muertos y dos millones de desplazados. Ituri, al noreste del país, es una de las regiones más ricas del continente africano. Los distintos grupos armados, congoleños y extranjeros, que luchan por el control de la zona han exacerbado e instrumentalizado las tensiones étnicas. La Armada Patriótica de Ruanda y las Fuerzas Populares de Defensa de Uganda han pactado con diversos grupos rebeldes del Congo para asegurarse el control de los recursos. Mientras, los combates continúan a pesar de los acuerdos de paz y del proceso de transición iniciado por el gobierno de Joseph Kabila y las distintas facciones rebeldes. A medida que avanza el conflicto la situación empeora: cientos de personas han muerto en las últimas semanas y el 80 por ciento de los habitantes de Bunia han huido. Esta ciudad del este del antiguo Zaire es, en definitiva, el paradigma de una guerra desatada en 1998, el penúltimo capítulo de un enfrentamiento que ha provocado cerca de cuatro millones de víctimas civiles, más de dos millones de desplazados y 500.000 refugiados. Hasta el momento el proceso de paz ha fracasado. Los acuerdos firmados en julio de 1999 en Lusaka, Zambia, no han sido respetados y existen grupos guerrilleros como los Mai-Mai y las temibles milicias Interhaware (herederas directas de quienes cometieron el genocidio en Ruanda en 1994) que se niegan a dejar las armas. No son los únicos. Ruanda y Uganda se encuentran implicados en el conflicto desde mediados de los noventa. Su apoyo a Laurent Kabila, que depuso a Mobutu en 1997, y su posterior coalición con los rebeldes que en agosto de 1998 se levantaron en armas contra su antiguo aliado, les ha reportado ingentes beneficios. Según un grupo de expertos de la ONU, existe en esta región una infraestructura compuesta por altos cargos de los ejércitos ugandés y ruandés y jefes de los distintos grupos políticos y paramilitares de la RDC. Esta pequeña red controla en régimen de monopolio los recursos de las regiones del este del país: diamantes, madera, oro y coltan. En virtud de los acuerdos firmados con el gobierno de la RDC, la mayor parte de las tropas de Uganda se han retirado del territorio. Sin embargo, la presencia de tropas extranjeras es constante: unidades de elite de la armada ugandesa permanecen en Bunia para asegurarse el control de Ituri y tropas ruandesas continúan integradas dentro del grupo rebelde Unidad Congolesa por la Democracia-Gomma (RDC en francés). Por su parte el gobierno de Joseph Kabila, hijo del mandatario asesinado en 2001 y presidente del país desde entonces, solicitó ayuda a Zimbawe y Angola a cambio de la concesión ilegal de explotaciones mineras. A partir de los acuerdos alcanzados en 1999 se inició un proceso de diálogo inter-congoleño ahora en peligro. Los compromisos parciales a los que llegaron las distintas partes en Sun City (Sudáfrica) en abril de 2002, se concretaron el pasado 2 de abril en la ciudad sudafricana de Pretoria. En ellos se establecen plazos para la formación de un gobierno de transición integrado por todos los bandos en conflicto. La retirada de la Unidad Congolesa por la Democracia-Gomma de la comisión encargada de llevar a cabo la transición es tan sólo el último golpe a un proceso que nace enfermo. Después de cinco años de guerra y más de cuatro millones de muertos todos los responsables disfrutan de la misma impunidad con la que actuaron. Es más, personajes como Jean Pierre Bemba, señor de la guerra regional, líder rebelde del Movimiento por la Liberación del Congo (MLP) y acusado de crímenes de guerra ocupan cargos centrales en el nuevo gobierno. Mientras, la guerra continúa. En medio, la fuerza de interposición de la ONU: más de 8.000 soldados en su mayoría uruguayos y sin medios ni siquiera para defenderse. De hecho, dos de sus miembros han sido asesinados en los últimos días. La Unión Europea estudia el despliegue de una fuerza de intervención rápida de 5.000 hombres y Francia ha desplazado ya algunos observadores militares y se encuentra a la espera de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Sólo una fuerza de interposición eficaz puede evitar que continúe la masacre, pero por ahora todo ha quedado en simples declaraciones. La situación de la República Democrática del Congo es caótica. El gobierno central carece de autoridad y voluntad para imponer el acuerdo de paz y frenar las matanzas en el este del país. Mientras tanto los señores de la guerra generan la inestabilidad que tan ingentes beneficios les proporciona. Detrás, la impunidad, la indiferencia internacional y unos mercados ansiosos de esas materias primas que subvencionan una interminable guerra. Agencia de
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