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Kirchner entre dos argentinas
Prof. Bernardo Quagliotti de Bellis

Cuando Eduardo Mallea escribió su "Historia de una pasión argentina", hace más de medio siglo, ya hablaba de la dicotomía idealista entre una Argentina visible y otra invisible, en contexto muy diferente al actual, pero con algunos rasgos similares.

La Argentina de superficie
Hace 20 años  -1983-  el director del Buenos Aires Herald, James Neilson se refirió en un   extenso y relevante artículo respecto a una
Argentina real y otra secreta y a sus íntimas relaciones sin las cuales resulta imposible una comprensión aproximada de lo que pasaba en ese país en aquella época.[1]  La metáfora del iceberg que oculta una mole varias veces mayor que el hielo visible, es también aplicable.
 

La Argentina real es bien conocida. Una economía en ruinas, desindustrialización,  brotes de hiperinflación a partir de varias décadas; paraíso para especuladores financieros domésticos y extranjeros; elevadísimas tasas de interés que en otros países serían usurarias; una abultada y creciente deuda externa. 

El panorama social, junto con los estallidos populares (ahorristas estafados, piqueteros, robos, estafas, etc.) ofrece índices desoladores sobre desnutrición infantil, deserción escolar y déficit habitacional, a lo que debe agregarse las terribles inundaciones sufridas recientemente en el Litoral (Santa Fe). 

El humor negro local explica las aguas crecidas: “No es que las aguas suban, es que el país se hunde”.[2]

Los intentos de una concertación orquestada desde el poder sobre los temas candentes  -la catástrofe económica, los ilícitos cometidos por los gobernantes castrenses de ayer los civiles y sus asesores de hoy; las violaciones a los derechos que marca la Constitución y las leyes-  mantienen en vilo a la sociedad argentina desde Jujuay a Tierra del Fuego. 

Como si no fuera poco, a los efectos de una economía que por momentos parece salirse del cauce; al deterioro de los servicios sociales; a los enfrentamientos partidarios ocurridos antes del reciente acto electoral; debe agregarse una política exterior que oscila entre la torpeza y la impericia. 

Históricamente con Inglaterra, luego su enfrentamiento bélico por las Malvinas; “la relación carnal con Estados Unidos; relaciones muy difíciles con Chile y, para poner un cierto final a este capítulo las relaciones argentinas con el denominado Tercer Mundo, a pesar que durante la faz del conflicto, el mundo entero vió vía satélite un extraño abrazo en La Habana: Costa Méndez y Fidel Castro en el marco de una reunión de naciones no-alineadas.  Fue en 1982  -bajo la presidencia del Gral. Reinaldo Bignone que los argentinos descubren el Tercer Mundo. 

La otra Argentina
El flamante presidente argentino Néstor Kirchner, al subir de su lejana Patagonia, debe resolver los muchísimos problemas de vida diaria que se mueven aún, como reflejo de  la “anterior” Argentina, temas  -muchos de ellos-  no   fácil de resolver. 

Se trata de una quiebra de valores pautas de comportamiento, infraestructura de organización en la sociedad civil, a partir de la adulteración del lenguaje y “el empobrecimiento ético del pueblo argentino” [2]

Todo ocurre como si una espiral dialéctica marchara hacia el abismo (el punto de partida, muchos analistas lo fijan en 1930); o como la sociedad global fuera descendiendo pisos o niveles y en el proceso sufriera una Adaptación traumática. 

Otros comentaristas prefieren insistir en la latinoamericación  de la Argentina. Un ahecho similar al que se viene sucediendo en Uruguay. Ya no se mira orgullosamente a Europa como antes de ayer, ni a Estados Unidos como ayer, con una autoestima, lindera a la egolatría. 

El Presidente Kirchner tiene que razonablemente hacer comprender a su pueblo que se desvanecieron para siempre los tiempos del “Dios es argentino”. Hay que reconstruir con seriedad, confianza, honradez el pasado que “otra Argentina”, antes de 1930 gozo en el mundo. 

Kirchner debe servir de guía para que el pueblo argentino rescate las nociones tradicionales sobre familia, trabajo, relaciones interpersonales, estilos de vida que lo distinguieron en sus campos económicos, productivos, intelectuales, culturales, de política interna y exterior. 

Se acabaron los tiempos en que ahorristas y grandes inversores (nacionales y extranjeros “golondrinas” jugaban al plazo fijo que multiplicaba los pesos, Los precios internos se deslizaban en ascenso inexorable, en tanto el poder adquisitivo del salario obrero comenzó a bajar a niveles insospechados y mientras la desocupación crecía, también en  otros escenario: los bancos extracontinentales, capitales no tan misteriosamente adquiridos,  crecían con cifras multimillonarias en moneda fuerte. 

La Argentina de Kirchner debe rehacerse, aunque su lucha contra la Argentina Secreta, sin lugar a dudas será dura, sostenida por la constancia, la firmeza moral y respaldada por un pueblo que quiere  VIVIR, así en mayúscula.

*Bernardo Quagliotti de Bellis :Secretario General Asociación Sudamericana de Geopolítica Presidente Academia Uruguaya de Geopolítica y Estrategia

[1] "El país secreto versus el país real"; en La Semana. Buenos Aires, año VI, Nº 340, 16 junio 1983
[2]Edward Schumacher. en "The New York Yimes Magazine" 
[3]Jorge L. Borges, reportaje en "Excelsior", México, 13 marzo 1985

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