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Ecología,
economía y tecnología Una vez más nuestro columnista permanente Rubén Arvizu nos alerta sobre los riesgos irreparables a la naturaleza que los seres humanos o algunos de ellos siguen haciendo al planeta. Arvizu con la autoridad que le dan sus amplios conocimientos sobre el tema y el haber trabajado durante mucho tiempo junto a personalidades como Jacques Cousteau y como Director para América Latina de la Nuclear Age Peace Foundation nos subraya el alcance del llamado desarrollo sostenido y que la contaminación y la destrucción ecológica no conoce ni respeta las artificiales fronteras políticas creadas y modificadas por el hombre. Nuestro mundo ha visto, en la segunda mitad del siglo XX el mayor crecimiento industrial y económico en la historia de la humanidad. Pero el hombre, en su desenfrenada carrera hacia el progreso ha olvidado muchas veces que existe un delicado balance en la naturaleza. El desarrollo sostenido, un término técnico económico de reciente acuñación, aún no ha sido aplicado en forma global. Tomamos los dones de la naturaleza, de la cual formamos parte integral, sin pensar en pagar o devolver algo de lo mucho que ella nos ofrece. Los grandes desarrollos industriales, urbanos y mega proyectos turísticos sin adecuados estudios de impacto ambiental y la sobreexplotación de los recursos naturales son algunos ejemplos de cómo hemos afectado negativamente los ecosistemas. Esto conduce a que la delicada red de la vida esté desapareciendo en muchos lugares, con sus lógicas y desastrosas consecuencias económicas y sociales. Por otra parte, se dice que exigir un previo estudio de evaluación de impacto ambiental , antes de intervenir de cualquier manera sobre el ambiente para probar que su intervención no acarreará daños, provocaría una parálisis en la economía. Sin embargo es precisamente aquí donde se juega el futuro de una verdadera economía al servicio de las personas de hoy y del mañana ya que el planeta Tierra pertenece a todas las generaciones. Una forma de ataque directo es decir que los ecologistas -y me refiero al verdadero ecólogo no al "politiecólogo", son fatalistas y retrógradas que quieren ver a la humanidad regresar a la era del carro tirado por mulas y la iluminación por medio de velas. Nada más lejano a la verdad. El ecólogo ama a la vida y también aprecia en todo su valor a la tecnología más avanzada y a la mejor aplicación de patrones económicos para mejorar la calidad de vida de la presente y futuras generaciones. La ecología jamás ha estado en conflicto con la economía o la tecnología. Lo que pasa es que no habíamos enfocado la afinidad que existe entres estas tres disciplinas. Ahora comenzamos a comprender que tienen una íntima relación y que ninguna de ellas puede operar con verdadero éxito sin la participación de las otras. A esta conjunción la llamamos ECOTECNIA y a través de ella podremos encontrar soluciones a los problemas inherentes al desarrollo y el progreso. Por medio de la ecotecnia encontraremos las formas racionales que nos ayuden a saber cómo lanzar nuevos productos al mercado teniendo muy presente su impacto al medio ambiental. Además, enfocará con mayor responsabilidad el papel que nos corresponde a todos en el cambio absoluto de mentalidad. Tratamos de reconstruir el equilibrio que se ha echado a perder por una así llamada civilización industrializada, orientada a sacar provecho y expandirse. Ese cambio de mentalidad, hoy más que nunca necesario, trata de prevenir la destrucción de la humanidad y garantizar la salud del planeta y la convivencia armónica de todas las formas de vida existentes. Aquí quisiera pedir al amable lector que haga la siguiente reflexión. Sólo 80 años separan a la publicación de "El Origen de las Especies" de Charles Darwin al estallido de la bomba atómica. En tan sólo ocho décadas pasamos de la búsqueda de dónde venimos a la capacidad de aniquilarnos como especie. Ahora quisiera invitarle a una "conversación ecológica". Esto significa la dimensión del sentido de culpa, la inversión de tendencias y el paso a una mejor perspectiva de crecimiento unida al compromiso de reparar los daños ocasionados por el progreso. Es nuestro deber preocuparnos para que la humanidad no siga desarrollándose sobre el planeta como un cáncer, sino como un sistema nervioso que percibe todas las diversas reacciones registradas en las zonas donde se siente el mal y tiene la valentía de correr e ir en su ayuda buscando el remedio. La investigación y las inversiones en el campo de la energía renovable y con bajo impacto ambiental son prioridades respecto a medidas relativas a otras fuentes energéticas no renovables. Existen muchos ejemplos de ecocidios regionales e internacionales, llámese Chernobyl, Rusia, Valdez, Alaska, y tantas otras tragedias similares que son ya casi difíciles de enumerar. Se han tomado y continúan tomándose, decisiones equivocadas motivadas por políticas y ganancias económicas multinacionales para construir presas, desviar ríos, secar lagos, devastar las zonas pesqueras, explotar minas de carbón, acero, oro, diamantes, mantos petrolíferos y desarrollos industriales sin tomar en consideración las enormes consecuencias ecológicas y sociales. El resultado es una economía inestable que está conduciendo al caos y a una mayor devastación de los recursos naturales. En vista de esto es urgente implementar un plan de acción tendiente a detener o reducir esta tragedia. Básicamente el plan podría resumirse en tres puntos: 1.- La industria debe pagar por los recursos naturales que usa y abusa. Hasta el momento casi todo el uso de los recursos naturales son gratuitos. 2.- La industria y los desarrollos urbanos y turísticos deben pagar por la contaminación que ocasionen. 3.- La industria debe pagar por los daños a la propiedad y a la salud humana que sean causados por las actividades contaminantes de las fábricas. Si continuamos pensando que lo que ocurre a miles de kilómetros de nuestras fronteras no nos afecta, es mejor que lo reconsideremos. Todo en este planeta azul está interrelacionado. La contaminación y la destrucción ecológica no conoce ni respeta las artificiales fronteras políticas creadas y modificadas por el hombre. Ni el aire ni el agua requieren tampoco de pasaportes o visas para alcanzar todos los rincones del planeta. No sigamos sacrificando en aras de un "progreso inmediato" o ganancias a corto plazo el futuro de los hijos de nuestros hijos. Seamos realmente merecedores de ser llamados homo sapiens. En uno de mis últimos viajes en 1993 como emisario del Capitán Jacques Cousteau, hice una visita a la ciudad de Punta Arenas, Chile la hermosa región patagónica aquejada por el llamado " agujero del ozono." Víctimas de las emanaciones industriales y contaminantes de las grandes naciones industrializadas y las de en vía de desarrollo, los habitantes de Punta Arenas sufren estoicamente graves consecuencias en su medio ambiente y en la salud de sus habitantes. La incidencia del cáncer cutáneo en esas fechas era ya alarmante, así como la desaparición en sus fértiles aguas del fitoplancton - la cadena primigenia de la vida, Mi presencia ahí era para recibir más de 15 mil firmas que la municipalidad había reunido para la campaña Los Derechos de las Generaciones Futuras concebida por el Capitán Cousteau. Durante la emotiva ceremonia en un estadio abarrotado sobre todo por jóvenes y niños, una joven de 13 años, víctima de cáncer en los huesos leyó un pequeño poema cuyas ultimas estrofas decían " Qué derecho has tenido adulto humano para decirme que antes hubo, y ya no hay. Que antes hubo aves, peces, flores, bosques, lagos que ya no conoceré yo ni mis hermanos. Qué derecho has tenido en tu afán de enriquecerte Para no ofrecerme vida, ¡ sino muerte!" Y a esa pregunta, que en ese momento no pude contestar a esa joven, sigo sin tenerle respuesta. *Rubén Arvizu es Director para América Latina de la Nuclear Age Peace Foundation y puede ser contactado en rarvizu@napf.org LA ONDA® DIGITAL |
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