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Fútbol
uruguayo
Hacer goles es quebrar la ley del outside, lo que diferencia al fútbol de los otros deportes de conversión, y lo hace el más espectacular, porque en consecuencia de la misma, la representación de la cópula en el fútbol es permanente y en toda la cancha. Esa clarísima conciencia de transgredir las defensas amparadas en la ley del orsay, como la gran cuestión del fútbol, es la comprensión que extrema la inteligencia, la habilidad y la belleza del fútbol y ubica a Carrasco como un muy peculiar y personalísimo epígono del profesor José Ricardo De León, que pensó su revolución partiendo de esa premisa y con una neta intención ofensiva; no defensiva. Es por la dificultad del flirteo y la penetración, que el orgasmo (la conversión) tiene en el fútbol el valor sublime que más se parece al de la vida, de entre todos los juegos deportivos. Por eso lo acertado del termino futbolero "dejar de macho" al delantero cuando se le mete un pase de gol (una "habilitación" también se le llama -porque la que inhabilita es la ley del orsai y el pase a espaldas de la de la defensa la vulnera- que lo deja cara a cara con el arquero, para definir, "tomá, hacelo", y provocar la explosión orgásmica colectiva de la tribuna. Claro que la técnica para la contundencia en la definición es importante, pero el momento sublimante, el éxtasis, es la gran creación artística colectiva o individual (por otra parte lo que mejor se paga en el espectáculo fútbol y lo más escaso también, porque es lo más difícil y tiene el mayor valor agregado de belleza) y también es cierto que, en general, quien genera más chances de gol tiene más posibilidades de ganar los partidos y los campeonatos. Pero sobre todo de ganar plata. Porque como siempre ha dicho Carrasco "a esto se juega por plata". Ciertamente, la concepción de Carrasco de hacer hacer goles pasa por su placer personal,.ya que siempre hubo reconocido como jugador que disfrutaba más metiendo un pase de gol que haciéndolo, al punto que el gol en sí mismo no lo festeja, no grita especialmente los goles, no los gritaba como jugador ni lo hace como técnico, sino que disfrutaba y disfruta con tanta intensidad del juego, del buen y bello juego que los provoca, agregándole valor y placer a la concreción. También es cierto que en su carrera no sólo se especializó en los pases de gol sino también en los pases de club a club, "jugando por plata". En tal sentido nunca fue tan lírico como para olvidar que se debía al espectáculo y que era el espectáculo, de los pases, la pegada, la acción individual, el tiro libre preciso y potente, jugar y hacer jugar, hacer y hacer hacer goles, lo que le pagaban. Como técnico está en la misma, es su convicción y su personalidad. Pero ahora, funcionando de entrenador de la selección de la selección uruguaya, ha entrado en el mundo del fútbol ecuménico, donde como en aquella película de Schlesinger "Maratón de la muerte", "más que ganar o no perder lo importante es estar en el juego". A Uruguay le ha costado mucho volver a estar en el juego y cada vez le costará más, por eso Carrasco, que nunca fue lírico, hoy es menos lírico que nunca. Y promete lo que el público demanda, "ir al estadio a gozar y no a sufrir". Sin embargo el público lo promovió y lo siente como una gran aventura del fútbol uruguayo, con todos los matices ilusionantes, riesgosos e irresponsables que la palabra aventura puede connotar. El domingo, contra Corea, Carrasco demostró que es posible dar un paso más en el cambio de imagen del fútbol uruguayo, que comenzara hace 14 años el maestro Tabárez. Pegando mucho menos que el rival, ganó siendo generoso con el espectáculo. Mientras el técnico brasileño de Corea, moría de angustia los noventa minutos, Carrasco, con las manos en los bolsillos de un elegante traje, sonreía satisfecho de ver plasmadas sus imposiciones al equipo. Ninguno de sus jugadores fue egoísta, hubo jugadas elaboradas, mucha variedad y pretensión ofensiva permanente. Cada cual cumplió su rol y no resignó ningún rol ofensivo. Hacía tres más de tres décadas que no se podía nombrar una delantera uruguaya de a cinco, como en los viejos tiempos: Hornos, Ligüera, Abreu, Recoba y Forlán. Su planteo es el más identitario y arraigado con la tradición celeste del 30 y el 50. Tanto que sorprende en todo el mundo, como sorprendió Picasso cuando volvió a la esencia naif en sus dibujos. Fuera locura, pero lo hizo. Línea de cuatro, el Pato Sosa de 5 y cinco para atacar. Claro que todos atacan y todos defienden, pero lo que prefiere Carrasco es hacer marcar a los que saben atacar, antes que hacer atacar a los que saben marcar. ¿Por lirismo? No, por practicidad, porque es más fácil. Entonces no era locura. Es la forma de estar en el juego. Carrasco nunca fue lírico. Un lírico jamás comprendería hasta qué punto los medios son el poder ni sabría como manejarse en ellos. Carrasco lo supo al punto que su actuación en la más prosaica de las canchas -más acá de su propuesta futbolística- fue lo que en definitiva lo ungió técnico de la selección. Con él al frente de la selección, el fútbol uruguayo es una gran aventura. La vida siempre lo fue. LA ONDA® DIGITAL |
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