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La democracia y el
zapping participativo

por Ana Muñoz

"La democracia está en crisis", "yo, de la política paso"... ¿quién no hay oído alguna de estas frases? Sin embargo, la participación es una categoría intrínseca a la persona. Y lo público es, por definición, de interés general. Una ciudadanía comprometida con lo público es la condición necesaria para llegar a la democracia. Una dimensión que significa acción ya que la democracia es democracia en acción.

Si atendemos a los índices de participación electoral de cualquier país desarrollado, los datos ponen de manifiesto la falta de interés de la ciudadanía por las convocatorias electorales. Así, la participación cívica en su sentido más tradicional: el voto y la afiliación, se encuentra en un claro retroceso. Los ciudadanos están decepcionados con 'sus' políticos y Administraciones. La actividad política es percibida como algo lejano y ajeno al día a día de las personas. Los ciudadanos, antes comprometidos con partidos o sindicatos, han dejado de creer en la posibilidad de cambiar situaciones injustas a través de ellos.

Al desencanto por la política y lo cívico hay que añadir una cuestión importante: el cambio generacional como causa de la falta de compromiso con la participación en los asuntos públicos. Autores, como Putnam, aseguran que los jóvenes son los que están abandonando las estructuras de participación que sus padres lucharon por conseguir, impulsar y sostener.

Sin embargo, ¿no son los jóvenes los que se manifiestan de manera multitudinaria contra las guerras, la mejora del medio ambiente o contra la globalización neoliberal? Las nuevas generaciones sienten rechazo por el antiguo modelo de participación, individual e impositivo. Son jóvenes que han nacido en libertad bajo el amparo de la democracia. Así, las viejas estructuras de participación ciudadana no les sirven. Ya no se trata de luchar por conseguir libertades sino por intentar solucionar los problemas que la libertad y el actual modelo de sociedad conllevan.

Esta generación se esfuerza en encontrar el equilibrio entre los intereses individuales y las acciones colectivas. Se preguntan cómo ocuparse de los otros y, a la vez, de sí mismos, cómo satisfacer sus propias necesidades y, al mismo tiempo, satisfacer las de los demás.

Esta nueva generación ciudadana encuentra sus espacios de participación a través de ONG, movimientos sociales o el voluntariado social. Los jóvenes buscan y tratan de crear nuevas modalidades de participación dentro de las organizaciones. Quizás, el problema no esté tanto en el interés de las personas como en las propias bases de las organizaciones que han quedado obsoletas. Sus dirigentes se quejan del desinterés de los jóvenes por el bienestar general y les tachan de ser individualistas. Sin embargo, ellos son los que se movilizan y gritan que "otro mundo es posible". Y es cierto que las nuevas generaciones no participan en las mismas organizaciones ni lo hacen de la misma manera que lo hicieron sus padres, pero también es real que tienen intereses y que los defienden.

Habría que abrir un periodo de reflexión y autocrítica. Sociólogos de prestigio explican que las instituciones y las estructuras de participación no han sabido adaptarse a las nuevas situaciones que se presentan. Los ciudadanos han sido más rápidos y han entendido con naturalidad que la realidad es otra. La participación no acaba en los procedimientos de la democracia representativa. La reactivación de la participación civil pasa por volver a hacer cercana la 'cosa pública'. La ciudadanía tiene que recuperar el interés y para ello hay que conectar la acción política con sus necesidades y preocupaciones.

Muchos tienen la sensación de que en los parlamentos nacionales se discuten temas y proyectos que tan sólo interesan a los partidos.

Hoy existe una "subpolítica", como lo denomina Ulrich Beck, al margen del sistema político formalizado. Los grandes temas que configuran la agenda política, como la igualdad, el mestizaje o la paz, no surgen de los gobiernos y parlamentos, sino que llegan a las instituciones desde la calle. De ahí, la percepción de lejanía.

Otra cuestión interesante en esta reflexión sería la cuestión del compromiso. Un nuevo sistema de participación cívica llevaría consigo fórmulas más flexibles, más temporales y menos absorbentes. La realidad es que hoy sólo un 22% de las personas que colaboran con una organización, lo hacen siempre en la misma. La gente cambia y también cambia el lugar en el que participa. Se puede decir que vivimos una situación de zapping participativo. Por ello, el sistema de afiliación no sirve. Las organizaciones tienen que buscar fórmulas menos rígidas de participación donde se acepte la pertenencia a varios grupos y se asuman identidades diferentes.

Cambian las formas de participación y los temas que la motivan. Cambian las estructuras y las actitudes. Las sociedades se desarrollan y surgen nuevas necesidades. La persona, por definición, se implica y participa. Constantemente busca nuevos "nosotros" en los que reconocerse. De ahí, la necesidad de construir una nueva forma de participación.

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