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Una
vez más Washington inventó las
"Enviar estadounidenses a la batalla es la decisión más difícil que puede tomar un presidente... si se nos obliga a ir a la guerra, lucharemos por una causa justa y a través de medios justos, salvando a los inocentes hasta donde se pueda. Y prevaleceremos. Y si se nos obliga a ir a la guerra, lucharemos con todo el poder y la fuerza de la milicia de los Estados Unidos, y prevaleceremos." Presidente George W. Bush, Informe a la Nación, enero de 2003. "Se han sobrepasado los límites de la tolerancia. Después de repetidas amenazas, México ha cruzado la frontera de los Estados Unidos, invadido nuestro territorio y derramado sangre estadounidense sobre tierra estadounidense". --Presidente James Folk, Declaración de Guerra contra México, 11 de mayo de 1846. La decepción y la traición no son nada nuevas en la política. La confrontación de los hechos en torno a las verdaderas causas de la guerra con Irak me recuerda los ataques de Abraham Lincoln hacia el presidente Polk y su partido por el origen de la guerra con México. Específicamente, el joven congresista de Illinois exigió, entre otras cosas, "que se le pidiera con todo respeto al presidente de los Estados Unidos que informara a esta Cámara si la zona en donde se había derramado la sangre de nuestros ciudadanos estaba o no dentro del territorio que España entregó a México según el tratado de 1819 ". Años después, Stephen A. Douglas -candidato que disputó la presidencia a Lincoln, volvió a recordarlo en su campaña para el senado en 1858, al decir que Lincoln se había caracterizado por "ponerse del lado del enemigo común contra su propio país". Las maniobras de la administración Polk para fabricar un casus belli contra sus vecinos del sur eran numerosas e ingeniosas, aún cuando todavía no se había creado la CIA u otras agencias de "inteligencia". En 1846, muchas voces de innegable moralidad se hicieron escuchar en oposición a estas tácticas. El expresidente John Quincy Adams hizo una denuncia contra la política ejercida desde hacia tiempo contra México y se atrevió a votar en contra de la guerra mexicana. Semanas antes de su muerte, el Sr. Adams votó a favor de una resolución que promovía la retirada de las tropas de territorio mexicano y la renuncia a todas las declaraciones del costo de la guerra. Por esto, los representantes de la prensa y los funcionarios del gobierno lo acusaron de "traición" y de "ofrecerle asistencia y consuelo al enemigo". En este caso, podemos comparar los casos de algunas personalidades de nuestra época como Martín Sheen, Susan Sarandon, Michael Moore y Las Dixie Chicks, que OSARON expresar su oposición a las agresivas políticas del Sr. Bush. Por este motivo, se les ha hostigado e incluso amenazado de perder su sustento. Al igual que Adams, muchos otros pensaban que Estados Unidos había puesto a México en una postura defensiva de lo que le pertenecía por derecho. Ulysses S. Grant, el victorioso general de la Guerra Civil y dos veces presidente de Estados Unidos, fue teniente segundo en el "ejército de observación" de Zachar y Taylor. Grant pensaba que la avanzada armada en territorio mexicano era "profana". En sus "Memorias Personales", afirma: "hasta la fecha, considero que la guerra mexicana fue una de las más injustas que haya emprendido una nación fuerte contra otra más débil. Es el caso de una república que sigue el mal ejemplo de las monarquías europeas, al no tomar en cuenta la justicia en su deseo por adquirir territorio adicional". Grant también lamenta "no haber tenido el suficiente valor moral para renunciar". Me pregunto si el Secretario Colin Powell alguna vez ha leído las memorias de Grant. Henry Thoreau hizo su propia protesta contra la guerra rehusándose a pagar un impuesto especial para esa guerra. Pasó una breve temporada en la cárcel y después de que su tía pagó el impuesto, escribió una de las piezas más conocidas de la literatura estadounidense en su cabaña del lago Walden: "Ensayo en Desobediencia Civil", una obra que ha servido como modelo a pacifistas como Gandhi y Martin Luther King. En enero de 2003, el presidente Bush declaró solemnemente en su informe a la nación: "Buscamos la paz. Ansiamos la paz. Y a veces, la paz debe defenderse. Un futuro que se vive a merced de terribles amenazas no es paz. Si se nos obliga a ir a la guerra, lucharemos por una causa justa y a través de medios justos, salvando a los inocentes hasta donde se pueda". El presidente Polk hizo una declaración similar asegurándole al pueblo de México que no tenía nada que temer de las fuerzas invasoras estadounidenses, pues éstas estaban ahí para "protegerlo y ayudarlo a deshacerse de su mal gobierno". Desde luego, nunca mencionó su enorme codicia por adquirir territorio mexicano. En 1847, las fuerzas estadounidenses comandadas por el general Winfield Scott bombardearon y destruyeron el puerto de Veracruz. Durante esta batalla, un joven capitán, Robert E. Lee, otra personalidad de la Guerra Civil, escribió en una de sus cartas: "El fuego era increíble y los disparos de nuestra batería eran constantes y regulares, tan hermosos en su vuelo y tan destructivos en su caída. Fue horrible. Mi corazón sangraba por los habitantes. Los soldados no me preocupaban mucho, pero era terrible pensar en las mujeres y en los niños". (Biografía de Robert Lee por el general Fitzhugh Lee). Vaya "protección y ayuda" del presidente Polk. En 1848, el gran abolicionista William Jay escribió uno de los libros más críticos relativos a este injusto conflicto. En "Review of the Mexican War" (Repaso de la Guerra Mexicana), Jay asevera: "Se nos ha enseñado a repicar las campanas y a iluminar nuestras ventanas y a encender fuegos artificiales para manifestar nuestra alegría, cuando hemos escuchado que nuestras tropas han causado gran ruina, destrucción, miseria y muerte sobre un pueblo que jamás nos hizo daño, que jamás disparó un tiro en nuestra tierra y que era completamente incapaz de planear una ofensiva en nuestra contra". La guerra con México ha resultado la más beneficiosa para Estados Unidos. Se aseguró la incorporación de Texas y "adquirió" lo que ahora es Nuevo México, Arizona, California, Utah, Nevada, Colorado y parte de Wyoming. Esta zona se convirtió en el "Dorado Oeste." Durante la celebración del Día del Veterano, no se hace ninguna mención de esta productiva guerra, ignorando a los miles de estadounidenses que murieron siguiendo la doctrina del Destino Manifiesto. Tal vez porque fue una simple guerra de conquista. La guerra con Irak todavía no termina. Soldados estadounidenses siguen muriendo casi cada semana en la nación árabe ocupada. Han muerto miles de hombres, mujeres y niños iraquíes inocentes. Muy efectiva la protección de vidas inocentes del presidente Bush. El negocio del petróleo y el otorgamiento de lucrativos contratos para la reconstrucción de Irak al círculo interno de compañías relacionadas con los altos funcionarios de esta administración impregnan el ambiente con un aroma de sospecha. La posibilidad de que el Senado lleve a cabo una investigación para determinar si el pueblo estadounidense y el mundo entero fueron engañados en lo que George Bush arrogantemente ha llamado "la primera guerra del siglo XXI" podría llevar a un enjuiciamiento político y a una completa deshonra. Y al final, de 1846 a 2003, nada ha cambiado mucho. Ruben Arvizu es Director para América Latina de la Nuclear Age Peace Foundation. LA ONDA® DIGITAL |
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