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Selección
uruguaya
He sido simpatizante de Nacional cada vez que ha desarrollado ideas futbolísticas que consideré inteligentes y en toda ocasión que ha representado a Uruguay, como lo he sido de cualquiera de nuestros clubes. Pero en el caso de Nacional, históricamente, en la centenaria historia del fútbol uruguayo, "en toda ocasión" ha sido siempre. Porque Nacional siempre fue fiel representante de nuestro país, cuando se midió internacionalmente como club y sobre todo lo fue como bastión infaltable en el apoyo irrestricto a la selección uruguaya, incluso poniéndosela al hombro en la gesta fundacional de sus hazañas mundialistas. Por eso nos sorprendió a todos el dirigente tricolor Carlos Rodríguez Batlle, cuando este viernes en Gol a Gol anunció que Nacional concurrirá a la gira por lejano Oriente con todos sus jugadores y desestimó las objeciones de Goñi sobre qué pasaría con los futbolistas tricolores que Carrasco citase en esas fechas. La de Rodríguez Batlle fue una declaración nada nacionalófila. LA RELACIÓN CON
LOS DIRIGENTES Cuando decimos que la consideración de la selección como prioritaria en el fútbol uruguayo en el los últimos tiempos fue un gran logro del actual Ejecutivo y de la empresa asociada Tenfield, superando las tradicionales dificultades que ofrecía lograr el auténtico apoyo de las instituciones al combinado, solo podemos aludir a Nacional en algún momento de la gestión Tabárez y algún otro de Passarella. Pero la historia más gloriosa de nuestro fútbol dice que fue el presidente tricolor Atilio Narancio, con el equipo albo por base, quien posibilitó la hazaña de Colombes en 1924 y desde entonces, nunca faltaron los futbolistas tricolores al requerimiento del seleccionado. Ni siquiera cuando el club se jugaba los más trascendentales cotejos internacionales. El Nacional del 69-71, del que tienen imborrable memoria el economista Ache, porque su padre Nazin Ache estuvo entre los artífices de aquella directiva, jugó finales de libertadores y se consagró campeón de América y del Mundo, luego de haber aportado una buena base para un trabajo de la celeste que demandó meses de entrenamiento constante e incluso adaptación a la altura, cuando Uruguay alcanzó por última vez las semifinales de la Copa del Mundo. Parece obligatorio descartar entonces que Nacional pueda negarle jugadores a Carrasco, teniendo en cuenta, además, que Juan Ramón es en la sede de Ocho de Octubre un hombre de la casa y ostenta la calidad de ídolo más allá de todas las polémicas, por todo el fútbol que como jugador le aportó al hincha tricolor y por haber sido el hombre que le evitó a la institución el deshonor de rehuir un clásico. Las relaciones de un técnico de la selección con los dirigentes nunca son fáciles. Pero hay que reconocer que la personalidad de Carrasco dista mucho de los accesos de histeria que Figueredo señalaba en algunas actitudes de Passarella. Carrasco lleva las cosas con la misma tranquilidad con que presencia los partidos de sus equipos y ha restado trascendencia a los inconvenientes que han surgido o puedan aparecer en la planificación del trabajo celeste. Pero que en el fútbol uruguayo de hoy la selección es ya una prioridad irreductible no puede ser cuestionado ahora por el tetra o el penta que se jueguen los grandes. La afición pasará por encima de los intereses clubistas para defender al representativo de todos. LA RELACIÓN CON
LOS JUGADORES No es dramático y el técnico no dramatizó. Dramático y trágico sería que lo planeado no saliese en las eliminatorias. Estas prácticas previas están precisamente para probar y errar, sobre todo éstas de entrecasa. Las internacionales tienen otra exigencia. Y justamente, lo más grave que le está ocurriendo a la selección parece ser que no consigue prácticas internacionales de exigencia antes del encuentro con Bolivia (tan solo están confirmados los dos partidos con Perú). Pero puesto a contestar sobre sus preocupaciones, Carrasco relegó las aparentemente más graves para lamentar, seriamente contrariado, que en la práctica se notaron los festejos de algunos jugadores por conquistas del fin de semana inmediato anterior. Eso es lo que lo contrarió. ¿No parece lógico? César Luis Menotti, decía que a cierta altura lo más importante para un técnico es la relación con el jugador. Pero dejemos a Menotti. Vayamos a los ancestros futbolísticos de Carrasco. El profe De León cuenta como centrales sus tan peculiares relaciones (cada una da para una nota aparte y las prometo para siguientes números de La Onda) con Miguel Rosifredo Caillava y con el propio Carrasco. Ildo Enrique Maneiro, cuando retornó de Medellín donde cerró con derrota en semifinales de la Libertadores la mayor hazaña de un equipo chico uruguayo en el exterior, no estaba tan afligido por haber perdido como por haberse enterado que la noche siguiente al partido, Ruben Pereira había ido a bailar. "No sintió la derrota" lamentaba Ildo y eso era lo que más le afligía, porque él seguía siendo el técnico de Danubio y había fracasado en hacerle sentir al jugador la responsabilidad, en compenetrarlo con los objetivos, los sueños y las desilusiones del grupo. Carrasco debió sacar a Lembo al finalizar el primer tiempo, por cansancio muscular y puso de titular desde el vamos al Chinito Peralta, lo puso en el puesto que contra Corea fue nada menos que de Forlán, cuando el propio Peralta supo responder muy bien al sustituir al del Mancheter en el segundo tiempo; pero esta vez Peralta no anduvo, en la cancha se notaron los festejos por el campeonato que acababa de ganar con Nacional. Carrasco no supo o no pudo convencerlos de la importancia que tendría entresemana la comparecencia nada menos que con el combinado. Por eso estaba contrariado. Pero dejémosla por acá. Se puede decir que cada cual en lo suyo. Tanto técnico como jugadores recién empiezan y que mirados por el espejo retrovisor tienen algunas semejanzas. Si habrá tiempo y azogue para relacionarse... LA ONDA® DIGITAL |
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