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Internet,
Empecemos por el
periodismo. Internet, nos guste o no, lo ha cambiado casi todo:
las empresas, los periodistas, el público, la publicidad, la
comercialización y hasta la propia materia bruta de esta
industria, que es la noticia. El periodismo tradicional se ha
visto desafiado por nuevas realidades: el acceso a las fuentes se
ha generalizado y también el acceso al público lector. Se ha
erosionando el papel del periodista como mediador, a la vez que se
ha acortado la distancia entre el periodista y su público. ¿Significa eso que
la profesión de periodista esté muerta o en vías de extinción?
No lo creyeron así los ilustres panelistas en Milán, y no lo
creemos nosotros. Nuestras sociedades necesitarán siempre de
agentes que seleccionen, expliquen y contextualicen el acontecer
de realidades cada vez más complejas. Pero eso significa que para
sobrevivir el periodismo deberá adaptarse a nuevas formas de
lucha por la atención del público donde lo importante no será
tanto "la noticia" ahora al alcance de todos, sino el
valor añadido que sólo un buen periodista puede imprimirle
gracias a su formación, información, inteligencia, habilidad y
cultura. Lejos de desvanecerse, el periodista está llamado a
transformarse en guía y compañero de abrumados y desorientados
lectores. Otro tanto podría
decirse de los periódicos. Tanto de Bortoli como Bassets se
declararon convencidos de que no desaparecerá la demanda por las
marcas de calidad, para los periódicos de referencia como los que
ellos representan o como Le Monde o The New York Times.
Pero nadie niega las amenazas que pesan sobre los medios menos
consolidados ni los peligros que representa un nuevo periodismo
electrónico sin claros criterios profesionales o éticos, que
irrumpe en el mercado con información bruta, a menudo no
verificada ni contextualizada. ¿Y que decir de la
literatura? Contrariamente a lo que se pronosticó hace pocos años,
el libro electrónico no ha despegado. ¿Es concebible un lector
de Guerra y paz o En busca del tiempo perdido pegado
a una computadora? Por supuesto que no. Pero aunque la lectura
basada en papel no esté por desaparecer, eso no significa que
Internet no esté afectando los modos de la creación literaria.
En Internet se puede escribir más largo (aunque las frases y los
párrafos "en línea" parecen cada vez más cortos),
pero por culpa de la computadora estamos perdiendo las huellas de
la creación literaria. Bassets recordó la importancia y el
placer de seguir el proceso de creación de un texto por medio de
agregados, tachaduras, correcciones, marchas y contra marchas. Lo
que descubrimos antes en los cuadernos de Proust o Paul Valery, ¿donde
lo guardan ahora García Márquez o Vargas Llosa? Es posible que en
estos días la gente esté leyendo más que nunca en la historia y
que los libros jamás hayan sido tan accesibles (gracias a
Amazon.com y vendedores virtuales de libros usados.) Pero nos
atreveríamos a aventurar una hipótesis: en Internet se lee más
y más rápido, pero más corto, y sobre todo se relee menos. Esto
último no deja de ser preocupante y hasta entristecedor, porque
la relectura no sólo es pedagógicamente formativa, sino también
una fuente de placer infinito a ganancia pura y costo nulo. Escuchando el
animado intercambio de Bassets, de Bortoli y Fuentes Berain no
pude dejar de evocar ese dicho francés, plus ça change, plus
c'est la même chose (cuanto más cambia todo, más es la
misma cosa). Es cierto que todo ha cambiado en el mundo del
periodismo y de la creación literaria. Pero la necesidad que
tenemos los seres humanos de saber, de comprender y de imaginar,
de contar y de que nos cuenten, estaba ahí antes y después de la
imprenta, el teléfono, la radio, la televisión y ciertamente de
Internet. Teóricamente es concebible un mundo sin periódicos ni
libros, pero por suerte no estamos todavía en la antesala de
semejante infierno. A quienes creen que
el periodismo, la literatura y la vida en sociedad hoy son
radicalmente diferentes de las de ayer, un consejo: lean dos
autores del siglo XIX, uno francés (Honoré de Balzac) y otro
español (Mariano José de Larra) y comprobarán que las tecnologías
cambiaron, pero las ambiciones y frustraciones de periodistas,
escritores y lectores siguen siendo las mismas. *Santiago
Real de Azúa jefe de prensa del BID LA ONDA® DIGITAL |
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