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Solucionar la crisis del
desempleo juvenil, exige intervenciones
dinámicas y enfoques creativos

por David Bell*

Si bien actualmente se habla mucho sobre cómo promover mejor la seguridad mundial, creo que a menudo definimos ese desafío -y sus soluciones- de una forma demasiado estrecha. Como hombre de negocios y director de una compañía mundial, sé por experiencia que las democracias incipientes y las economías de mercado -elementos cruciales de un mundo más seguro- fracasarán si los jóvenes no están comprometidos y no se convierten en socios contribuyentes.

La creciente crisis de desempleo juvenil es un ejemplo de lo dicho.

"No poder encontrar empleo me hace sentir excluida, inútil e inmadura", dice Valeria Senson, una adolescente de 18 años que vive en Buenos Aires, Argentina. Evidentemente, el tener trabajo es crucial tanto para el sentido de valía personal y para las esperanzas futuras de cualquier joven, como para su supervivencia económica. Sin embargo, según la Organización Internacional del Trabajo, en la mayoría de países los jóvenes tienen el doble de probabilidades de estar desempleados comparados con adultos, y tendrán que crearse más de 100 millones de nuevos trabajos antes de 2015 para resolver las necesidades de empleo de jóvenes que ingresan al mercado de trabajo en países en desarrollo.

Si bien abordar las necesidades y aspiraciones de la juventud -incluyendo una adecuada capacitación laboral y oportunidades de empleo- puede ayudar a crear sociedades más estables y seguras, el no hacerlo, ciertamente, tiene consecuencias muy claras.

El alto desempleo aumenta el sentido de enajenación, desesperación y frustración de los jóvenes, todo lo cual puede conducir a la violencia. Nosotros simplemente no podemos permitirnos el tener tanta gente joven en los márgenes de la sociedad.

¿Es que hay alguna buena noticia? Pienso que sí, en particular cuando vemos a los jóvenes como un activo crucial para el desarrollo y el progreso de sus comunidades y no como "un problema por resolver". En ciertos países de América Latina y el Caribe, por ejemplo, hasta dos tercios de la población de entre 15 y 24 años de edad están fuera de la escuela, desempleados y en busca de trabajo. En contraste, también existe en la región una creciente demanda por trabajadores expertos en el área de tecnología de información y comunicación.

En respuesta, el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), miembro del grupo del Banco Interamericano de Desarrollo que financia proyectos del sector privado de América Latina y el Caribe, ha sumado esfuerzos con la Fundación Internacional para la Juventud (FIJ) para crear Entra 21, una iniciativa dirigida a ayudar a capacitar hasta 12.000 jóvenes de la región y a ayudarles a encontrar trabajo. El programa de 25 millones de dólares cofinancia proyectos de empleo juvenil en el área de tecnología de información, por medio de donaciones que apoyan la capacitación y la ubicación laboral. Lucent Technologies y Microsoft se cuentan entre los socios corporativos que apoyan el programa y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) se ha comprometido recientemente a invertir 3 millones de dólares en Entra 21 durante los próximos tres años.

A diferencia de muchos programas similares, éste está enraizado en las comunidades con programas de capacitación juvenil vinculados a las necesidades de empleo de compañías locales. Por ejemplo, en Bolivia se capacitará a 600 jóvenes para ayudar a entidades sin fines de lucro en comunidades rurales y urbanas a conectarse con un nuevo sistema de red de telecomunicaciones de nivel nacional.

En Colombia, 500 jóvenes adquirirán las aptitudes técnicas que están en demanda por los empleadores locales. Y en la República Dominicana, Entra 21 ayudará a 360 jóvenes desaventajados a adquirir las aptitudes técnicas y personales que necesitan para acceder a los empleos que se están creando en Santiago, una ciudad de rápido crecimiento.

Otra clave del éxito de esta iniciativa es el trabajo en conjunto de corporaciones mundiales, ONG y gobiernos, que aportando sus recursos, activos, lecciones y pericia a una misión común, maximizan su impacto en la vida de los jóvenes.

No puedo enfatizar suficientemente la participación del sector privado en ayudar a asegurar que la juventud actual esté equipada con las habilidades, conocimiento y valores que necesitan para prosperar en una sociedad global. No estamos sólo preparando a trabajadores y consumidores del futuro.

Particularmente en un momento en que la violencia y la inestabilidad amenazan a las comunidades en todo el mundo, debemos ayudar a consolidar un espíritu de ciudadanía, de liderazgo, de compromiso positivo y de democracia en esta joven generación. Podemos construir un mundo más seguro pero solamente cuando todos nosotros, como miembros de la comunidad global, nos comprometamos a aumentar dramáticamente las oportunidades de éxito entre la juventud actual.

*David Bell es presidente del Financial Times Group y de la Fundación Internacional para la Juventud

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