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Ciudadano común, especialistas...
¿Encuestas para quién?

por Carlos Zapiola

Telefónicas, coincidentales, en hogares, en poblaciones mayores de 2000, habitantes, país urbano, ciudades de más de 10.000, 100 % país, panel, muestras cambiantes.

Uno lee fichas técnicas de las diversas encuestadoras que se han publicado últimamente, y por conocer del tema, es capaz de separar la paja del trigo.

Mas el ciudadano común no ve más que algo que "la Encuesta dice...", y no sabe quien respalda esos datos. Y no es su problema. Es problema de quienes quieren trabajar y lo hacen, con calidad y responsabilidad.

Cualquier metodología elegida puede tener sus pro y sus contra. No todas son iguales y algunas son peores, decía alguien refiriéndose a las suegras, y este aserto parece aplicable en este caso.

Si uno confía en los datos de determinada empresa puede, con todo derecho, hacer una lectura determinada sobre el panorama político.

Si al día siguiente, otra consultora con los suyos, hace insostenible los razonamientos derivados de la primer lectura, el analista no debe suicidarse ni dedicarse a comentarista de fútbol.

En todo caso sería preferible que invitase a las partes a explicar las razones que los llevan a sostener y defender valores muy diferentes.

Probablemente el gran público no tenga acceso al debate o le interese muy poco, y hasta es posible que el analista quede dudando sobre el sitio en que se encuentra la verdad.

Porque uno habla de diferencias grandes en la interna del EP-FA, entre dos empresas, y quizás las mayores y más importantes estén en voto nacional, y aquí ya no hay dos datos distintos sino varios más.

"¿Qué es una encuesta?. Una foto de un momento determinado y no tiene más valor que ese". Pregunta y respuesta que no sirve para hacer desaparecer dudas y diferencias, que se escucha reiteradamente y que ni siquiera es una verdad completa.

Porque varias fotos tomadas en momentos diferentes, pueden ayudar a ver tendencias, cambios o mostrar continuidades. Si uno se toma una foto, el mismo día y a la misma hora, con la misma máquina y rollo similar, cada año, notará cambios. Y si no los nota, también es un dato relevante.

Puede que otra persona mire las mismas fotos y priorice unos datos sobre otros. Que le parezca que la calvicie es más importante que las arrugas en los párpados. Pero si hay calvicie creciente, todos deberían verla, y las razones por las que algunos sacan fotos y en ella no aparece y otros la marcan claramente, harían más creíble al fotógrafo que tomó las que lo hacen.

Esto en encuestas no es transportable tan sintética ni fácilmente. No hay calvicies. Hay datos recogidos. Y estos son contrastables con las elecciones. Antes de ellas, todos son válidos, luego no lo serán.

Nos queda la maldita pregunta del estribo. ¿Y si todos van modificando sus datos hasta llegar a las elecciones con valores similares?. Para el gran público, todos tendrán razón.

Para los que compran encuestas lo válido serán los caminos que le irán marcando, las modificaciones a las estrategias electorales, los temas a los que referirse, las personas con las que asesorarse o los grupos con los cuáles unirse.

Esos datos son el centro de las investigaciones, no se publican y un subproducto llamado voto, nacional o sectoriales nada más que eso, un subproducto que lleva a tomar posición a favor o en contra.

Es que fútbol, religión y política son los temas en los que siempre tendremos diferencias.

Por algo y no en vano, somos uruguayos.

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