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Detallado análisis del embajador de Brasil en USA
¿De qué se habló en la
reunión de Lula y Bush?

Entrevista al embajador Rubens Barbosa

El Embajador brasileño Rubens Barbosa en Washington, considerado uno de los mayores especialistas en Comercio Exterior de Itamarat concedió esta entrevista a los periodistas Sônia Filgueiras y Eduardo Holanda. En ella analiza detalladamente la trascendente reunión Lula - Bush y sus consecuencias , entre otros temas el del ALCA. Para Barbosa lo mas importante de este tema es el contenido y no plazos.

- Aceptando el plazo de enero de 2005 para concluir la negociación del ALCA, el Brasil, que ya hablaba de rozar el acuerdo a ritmo moderado, ¿retrocedió?
-No hay retroceso alguno.  El ALCA apareció en la reunión de traspaso de mando, con la mención a la copresidencia del ALCA por Brasil y Estados Unidos y la importancia del libre comercio en la región.  El presidente Lula dijo que está contra el proteccionismo, pero no se discutieron, repito, plazos del ALCA.  El comunicado conjunto cita el año de 2005, pero resalta la necesidad de la conclusión “exitosa” de las negociaciones en torno del ALCA.  Esa palabra es importante.  Exitosa es una negociación equilibrada, balanceada, en la que estén incluídos nuestros intereses.  La fecha está definida hace ocho años.  No sé de donde sacaron eso de que hubo un cambio, un retroceso.  Nosotros reafirmamos nuestra posición sobre el rumbo de las negociaciones, incluyendo en el documento la palabra exitosa.
 

- Si llegamos a enero de 2005 sin esa conclusión exitosa......
-
La gente no firma.  Lo que importa es el contenido. No es un tema de plazo.  El plazo es apenas una meta indicativa.
 

-Temas del ALCA ya fueron remitidos para la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC).  Y es cierto que allí las negociaciones se van a atrasar.  Como queda el ALCA en ese contexto?
- No es fácil, pero aún tenemos esperanzas.  Si las negociaciones de Doha se retrasaran, eso va a afectar todos los cronogramas, inclusive el de la negociación del ALCA.  El principio, aquí, es el de single undertaking, o sea: nada está finalmente negociado sin que todos los acuerdos se hayan negociado.
 

- O sea, no cierra el ALCA mientras no cierre Doha?
- No cierra mientras no esté señalizada toda la negociación.  Un resultado equilibrado, en el que se cree una situación en la cual todos ganen.  Mientras eso no ocurra, no se dará una situación exitosa.  Lo que quede pendiente en Doha, no puede resolverse aquí.  Quien creó el problema fueron los EE.UU.  Ellos llevaron a la OMC cuestiones como la legislación antidumping y subsidios.  Y nosotros entonces mandamos a la OMC la discusión sobre la propiedad intelectual e inversiones.
 

- ¿Cómo fue el encuentro de los presidentes?
- Fue una reunión de cúpula, no sólo un encuentro presidencial.  Desde diciembre estaba decidido que habría una participación de ministros de ambos lados.  Fue la primera reunión de cúpula en 170 años de relaciones entre Brasil y Estados Unidos.  Ellos sólo hacían este tipo de reunión de cúpula con Canadá, México y la Unión Europea.  Profundizamos las relaciones bilaterales y discutimos temas de interés de los dos países, definiendo áreas prioritarias – energía, ciencia y tecnología, protección al medio ambiente, educación, salud y comercio, todo dentro de una agenda positiva.
 

- ¿En cual área se dieron los mayores avances?
- Energía, que salió del cero.  Firmamos un acuerdo de cooperación para una amplia sociedad en las cuestiones del hidrógeno, del secuestro de carbono, de la modernización del sector, fuentes renovables de energía y tecnologías en el área de energía y seguridad en la explotación de petróleo offshore (en el mar).
 

- Esos acuerdos se traducirán en inversiones?
- Eso abre posibilidades enormes.  El biodiesel, por ejemplo.  En los EE.UU., el biodiesel es producido a partir de la soja.  Aquí en Brasil se usa la semilla del ricino. El Brasil es uno de los grandes productores mundiales de soja y es natural que empresas internacionales imaginen usar la soja brasileña en el biodiesel.  Ya existe una empresa americana atrás de un socio brasileño para eso.  Este nuevo uso de la soja puede representar un aumento en los precios internacionales, beneficiando al Brasil.
 

- ¿Lula tendrá más dificultades para lidiar con Bush, un conservador?
- En el primer encuentro entre los dos en diciembre, Bush abrió la reunión diciendo lo siguiente: “Presidente, aquí en esta ciudad (Washington) hay gente que cree que alguien como yo no puede llevarse bien con alguien como Ud.  Nosotros estamos aquí para probar que ellos están equivocados”.  Los dos reconocen que existen diferencias de pensamiento, divergencias en el relacionamiento, pero eso está sobreentendido y explicitado de manera muy amistosa.  Saben de la posición de cada uno, pero también que es importante para el relacionamiento de los dos países superar eso.  El presidente Lula fue a Washington a defender el interés nacional brasileño, dentro de un espíritu de respeto mutuo.  Fue eso lo que ocurrió.
 

- ¿Las divergencias en relación al ALCA entonces no fueron el centro del debate?
- Al contrario de lo que se especuló aquí, la idea antes y durante la reunión fue enfocar los puntos de convergencia para definir justamente una agenda positiva.  No se estaba pensando en debatir divergencias.  Por eso, el ALCA, el acero, el jugo de naranja, quedaron fuera de discusión.  Antes del encuentro, fui consultado sobre nuestra posición con respecto al jugo de naranja y del acero.  La respuesta fue la misma, no serán discutidos.  Son puntos de otra agenda, la de las diferencias.
 

- ¿Brasil y Estados Unidos tienen fricciones?
- Al contrario, tenemos una relación excelente con los EE.UU.  No recuerdo otro período tan positivo, tan favorable.  Tenemos consultas regulares sobre todas las áreas en un contexto de franqueza y fluidez que nunca hubo.  Sólo hay conflicto con los EE.UU. en las cuestiones comerciales.  Y en esa área los dos presidentes decidieron entrar.  Existen canales propios para eso.
 

- ¿Esa posición no sería derivada del hecho de que los EE.UU. aún no se pronunciaron sobre la posición brasileña en relación al ALCA? O sea, ¿no tenían qué decir y por eso prefirieron no tocar el asunto?
- De ninguna manera.  Nadie pensó en eso.  Ya era una decisión tomada.  No se trató ningún detalle.  Es difícil que Uds. lo crean, pero es la verdad.
 

- Con el tratamiento Vip, ¿los EE.UU. no intentaron suavizar el lado brasileños para futuras negociaciones en la pauta comercial, donde hay conflicto?
- No. Creo que esto está más relacionado a intereses geopolíticos, al proyecto de re-elección del presidente Bush, a la importancia de Brasil y del presidente Lula, al interés de los EE.UU. en los programas sociales brasileños.
 

- ¿Qué se acordó sobre el plan Hambre Cero?
- Desde el primer encuentro el presidente Bush elogió mucho la visión del presidente Lula de producir hechos concretos en el área social.  Ahora reafirmó esto, diciendo que apoyaría el programa Hambre Cero.  Concretamente, el gobierno americano propuso apoyar el programa brasileño, no con recursos – el presidente Lula no pidió eso ni ellos lo ofrecieron -, sino con informaciones sobre la experiencia americana.  El programa alimentario americano comenzó hace 70 años con el presidente Roosevelt, que creó los food stamps (cupones para compra de comida) enseguida que asumió el gobierno, al final de la Depresión.  Esta posición del presidente Bush fue uno de los puntos altos del encuentro.
 

- Ya surgen críticas según las cuales el presidente Lula anda viajando demasiado.  ¿Ud. que opina?
- En el caso de Brasil, que adoptó una política agresiva de comercio exterior, la diplomacia presidencial es importantísima.  La presencia del presidente Lula es muy importante para nosotros, proyectando al Brasil y defendiendo los intereses nacionales.  Cuando es está en el Exterior, está defendiendo el empleo, la exportación, la mejora en el nivel de vida.  Está trabajando para la mejoría de la economía.  El presidente tiene una presencia importante, las personas respetan al presidente.  Esto facilita mucho nuestro trabajo.
 

- Dada  la confrontación comercial histórica existente entre Brasil y los Estados Unidos, ¿es posible progresar?
- Hay un margen enorme de avance.  El comercio bilateral es de U$S 30 billones.  Las exportaciones brasileñas a los EE.UU. están en torno de los U$S 15 billones.  En 1985, 17 años atrás, el Brasil exportaba para los EE.UU. U$S 7 billones.  China exportaba los mismos U$S 7 billones.  En 2002, Brasil exportó U$S 14 billones a los EE.UU., y China exportó U$S 142 billones.  Hay espacio para crecer.  Fíjese bien, 67% del comercio de Brasil con los EE.UU., en términos de valor, ingresa allá con arancel cero o prácticamente cero.  El restante 33% de las exportaciones es afectado por barreras arancelarias.  El problema está en los productos agrícolas – son 57 items con tarifa por encima del 50%.  Allí entra el tabaco, el azúcar, la leche, el jugo de naranja.  No se exporta más por causa del elevado arancel.  Los diez primeros productos brasileños más exportados a los EE.UU., con arancel bajo, son industrializados.  Lo que precisamos es diversificar la pauta de productos industrializados.
 

- ¿El camino es crecer en una franja del 67%?
- Sí.  Furlan (Luiz Fernando, ministro de Desarrollo, Industria y Comercio) y yo lanzamos un programa de promoción de exportaciones de Brasil en los EE.UU.  El empresario precisa moverse.  El mercado americano es el mayor del mundo.  Ellos importan U$S 1,4 trillones.  Si China consiguió pasar de U$S 7 billones a U$S 140 billones, tenemos un camino enorme para descomprimir en áreas no conflictivas.
 

- ¿Quiere decir que se pueden ampliar las exportaciones sin el ALCA?
- Sí.  El comercio Brasil-Estados Unidos en diez años se va a duplicar o triplicar, con o sin ALCA.
 

- La brutal diferencia en el crecimiento de las exportaciones entre China y Brasil ¿significa que el país se demoró en tomar providencia en defensa de sus propios intereses en los últimos 17 años?
- Pasamos por una serie de problemas: varios planes económicos, moratoria, percances con el cambio, costo-Brasil.  Un conjunto de factores que justifica.  Las empresas, aquí, están habituadas a esperar el comprador, en vez de ir a buscarlo.  Se basan más en el mercado doméstico que en el mercado externo.  Todo eso junto explica esa baja performance brasileña en el comercio con los EE.UU.  Hace 15 o 20 años, teníamos más del 1% del mercado americano.  Hoy, con U$S 15 billones, tenemos el 0,9%.  Nuestra idea es ampliar la cooperación en áreas que no son restrictivas y en las que somos competitivos.
 

- Donde hay más espacio para ampliar el comercio: ¿Estados Unidos o Unión Europea?
- Es más fácil ampliar las exportaciones en el mercado americano, donde el 67% de lo que vendemos son productos industrializados.  Estoy hablando de aviones, celulares, automóviles, productos químicos, con valor agregado, importantes.  En el caso de la Unión Europea, hace muchos años, cerca del 65% de nuestras exportaciones son de productos primarios.  Para la Unión Europea no se tiene flujo, tradición de exportación de industrializados como existe en el caso de los Estados Unidos.  Será preciso un gran esfuerzo para crear canales que, en los Estados Unidos, ya existen.
 

- ¿No hay riesgo de que un aumento en las exportaciones provoque reacciones americanas?
- Este es un asunto importante.  Hay estudios en los EE.UU. que muestran una tendencia de ellos a utilizar los mecanismos de defensa comercial, que son legales, previstos en la OMC, como medidas proteccionistas.  Hicieron esto en el caso del acero, en el que la legislación fue usada para proteger grandes empresas siderúrgicas en Estados que votaron con los republicanos.  Tenemos que evitar que esto suceda.  Brasil está atento.

Publicado inicialmente por la Revista ISTOÉ
Sônia Filgueiras, Eduardo Holanda* periodistas brasileños

*
Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte

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