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Chiflet
y la propaganda armada
Como si la cosa hubiese sido entre dos demonios, cuando en realidad fue entre un bloque de poder al servicio del Imperio y un país donde los tupamaros ya no corrían y nunca habían tenido posibilidades creíbles de victoria, un país que sí tuvo durante sesenta años una política de Estado democrática y antiimperialista y estaba reconstruyendo un bloque opositor con chance de volver a confrontar con el Imperio y avanzar la democracia, un país que confrontó al golpe con una huelga general y masivas manifestaciones pacíficas y así derrumbó al régimen, ocho o diez años después. En esa confrontación no había equidistancia posible. Pero en vez de obviar olímpicamente los andariveles que le marcaba Araujo, Chiflet tematizó la propaganda armada. Debió usar en cambio las armas de la propaganda para reiterar en cada frase lo que los otros venían a ocultar, cómo se hizo pagar a "justos" por "pecadores" porque iban a por los "justos", que ya los "pecadores" habían cumplido su misión de entrar al juego de las provocaciones (actuando sobre todo para la TV, sin vocación y sin que les pagaran como Handler a sus actores no vocacionales) y en 1973 estaban vencidos por donde se los mirara. Pocas semanas antes, Mujica debatió con Millor ante Sotelo y ninguno de los contrincantes contestó pregunta alguna. Cada cual dijo lo que fue a decir, como corresponde a dos profesionales. Pero Chiflet temblaba de emoción con la Unión Popular y el periódico Época y la historia del imperialismo acorralando a los nacionalismos en América del Sur. Es comprensible: el tema apasiona. PERÓN, PERÓN Hubo matices, pero en la izquierda uruguaya, quien más quien menos se creyó en la comuna de París y había pasado desde entonces un siglo a ritmo de milenio. Entre las inflexiones de Chiflet para los avisados, estuvo especialmente desfasada la sugerencia de que quienes más preocupaban a la CIA no eran los comunistas sino los nacionalistas. Es una verdad enorme. El tipo al que más temían, el enemigo número uno de los servicios norteamericanos nunca fue Castro. Era y sigue siendo Perón. Ni a un socialista como Chiflet ni a un comunista, le ha de hacer gracia reconocerlo, pero fue la Argentina peronista el gran rival potencial que veían los Estados Unidos de Norteamérica y a aislarla tendió principalmente el Plan Cóndor. Incluso antes, el golpe brasileño del 64, el más aparentemente gratuito de la historia, tenía su motivo geoestratégico mirando al sur. Chiflet recordó la denuncia de Haedo desde el Debate, en aquel 64 y también los planes de golpe para que no asumiera el gobierno blanco en el 58. En la visión geopolítica del Pentágono, todo era posible apoyo logístico a un desarrollismo nacionalista argentino. En la década de los setenta muchos golpes tuvieron por objetivo principal aislar a la Argentina, y cuando la tuvieron encerrada, en 1976, minada por dentro, con las mismas provocaciones y tácticas de ocasión, descabezaron el fantasma que hoy les resucita: un bloque de poder soberano en el Sur del continente con capacidad de crecer y competir con el Norte. Pero volviendo al tema de la propaganda, el ejemplo que puso Chiflet: "Vivian Trías escribió un exhaustivo libro sobre la financiera Monti y lo ningunearon; los tupamaros la coparon y la financiera entró en la agenda mediática", se ha reiterado en la historia más reciente, con asiduidad directamente proporcional al crecimiento del poder de los multimedias, por su capacidad para decretar de facto, qué existe y qué no. CHÁVEZ, ETA Y
LOS INDIOS DE ECUADOR Que la democratización de la comunicación es el mejor antídoto contra el terrorismo, lo demostró Felipe González en los tiempos de tregua que aprovechó para el inmovilismo y decir que no le pondrían el tema vasco en la agenda. Con democracia informativa no hubiese ocurrido el sacrificio de Ocosingo para que el mundo conociera a Marcos, ni el pronunciamiento de Chávez para su ascenso electoral ni el lobby de falsimedia, Cisneros, Polanco, CNN, El País de Madrid hubiesen podido poner al gobierno bolivariano en la mira de una nueva serie de golpes fascistas. Cuando los indígenas ecuatorianos tomaron Quito, rodearon la casa de Gobierno pero no entraron. ¿Para qué fue? Para volver a existir en su propio país. Entraron con violencia a las encuestas por haber obligado a los medios a constatarlos. El mismo programa que un día antes contaba con un 15% de adhesión, pasó a ser conocido por la población y alcanzó un 60 %, determinando luego, incluso, la victoria electoral de Gutiérrez. El terrorismo es negocio en el sistema del silencio como hasta las drogas más destructivas y menos placenteras son negocio en la clandestinidad. LA ONDA® DIGITAL |
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