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poemas de Fernando Rama

Los
poemas que a continuación se pueden leer son del Dr. Fernando
Rama. Los tres primeros poemas fueron seleccionados por la revista
LEA para su publicación. Esta revista argentina, que ha dejado de
editarse, le otorgó el tercer premio a todo el libro - que se
llama "El astrolabio" - en un concurso internacional de
poesía. Los cinco poemas fueron posteriormente publicados por la
editorial Cauce de Montevideo en 2002
Rama
es un destacado profesional de la medicina, periodista en temas de
las ciencias sociales y científicas, poeta y pertenece al grupo
de columnistas de La ONDA digital desde sus inicios.
Landscape.
"Crecido
el mar debajo de la cama
arrastra los zapatos con mis pasos
finales. Sacan los árboles vivos
un esqueleto mío del espejo".
Amanda Berenguer
Verdes
colinas,
arenales, manchas.
Rugosos almacenes de granito
líneas que serpean
anaranjadas.
Lloviznas
suaves, como olvidadas
ríos con algún bote despreocupado
y playas con niñas perdidas.
Por
el norte viene una máquina azul
una afonía de chapas y ruedas lentas
y el centelleo de la energía muerta
en los engranajes del barrizal.
Dibujo
en el sur una fractura mínima
una proa ondulando por el riodelaplata.
Ofuscada, aterida, victoriosa, rítmica
un resplandor rosado entre oscuras nubes.
Puedo
poner toros de piedra en el desierto
después de los milenios que pasarán
sobre la pradera y el rodeo
mugiendo una remota melancolía.
En
los estacionamientos del shopping
los gatos buscan el calor de los motores.
Pienso en la conjetura de Poincaré
y en la rueda gigante del parquerodó.
Hay
un viento encajonado que perdura
hay avenidas con focos que encandilan
y canciones que se ovillan en cada ojo
y vidas ofuscadas que vibran en la escarcha.
Las
frazadas cuelgan de cincuenta balcones
como lágrimas de hastío, purpúreas babas
y aquel niño ágil que cruzaba la calle
con la libreta de almacén en las manos.
Autorretrato
"Un
hombre nace y de su dolor toma nombre
y luego su alegría, también de su dolor toma nombre"
Líber Falco
Duermo
cansado y ejemplar
en un aparte del ritmo escandido
de mis cosas personales.
Despierto ante un tapiz de silencios azulados.
Pensativo, observo a los que pasan.
Escucho una música y creo en sus vibraciones
trenzadas en el tiempo del jazz.
Esgrimo
mi tiza de lento profesor,
voy al cine, desempaño vidrios.
Resbala mi humildad y estornuda mi orgullo.
Mi nostalgia metabólica
asimila cortinas estampadas y mares nocturnos
con luciérnagas.
Cada
día es la sombra de un palacio recorrido
con ojos impares, añejados
en los fraseos de una bárbara alegría.
Y cuando queda allí - violoncelo amurado -
parece un tornasol de tangos olvidados.
Muchas
veces he atravesado la tormenta
sintiendo fuerte la ola de mar embravecido
sacudiendo mi corazón intelectual.
Y luego su dolor
también del deseo toma nombre.
He
revisado informes con mis retinas purpúreas
mientras miles de caracoles patinaban en la humedad.
Un
vino que pasa por un embudo interminable
una ocasión helicoidal desprovista de importancia.
Así se me antoja la vida a veces y otras no.
Mis
hombros tienen un dolor de mimbre forzado
porque he estado en el plasma de ideas y pasiones
donde se prepara mi destino y eso cansa.
Soy
lo que murmura y lo que crepita y lo que gira
en los otros.
Soy lo que los otros son
en una combinación particular de aquellos gritos.
Soy
una corbata mordida y un protocolo hermétic
y la roca que sustenta y rescata y se torna arena
y toda la locura decantada en la serenidad de unas
palabras.
Tengo
por aliado un silencio multiforme
que con su occipital de búho y sus ojos de doncella
sanciona todos los pactos de mi amor.
Del
mar enfermo
"Y
como el corazón salobre y vagabundo
ya tiene el rumor vago de la concha marina".
Vicente Basso Maglio
Oruga
de luz que amanece.
El
amanecer, austral y
fragancioso,
va comiendo la hoja verde de la mañana.
La
vida hoy es una viscosa y notarial paciencia.
Camina
el poeta bordeando el mar.
Llega al confín de todas las transparencias
y vuelve espectral y cejijunto
a la fe de erratas de su intimidad
para recomponer sus frases rotas.
Ha
visto un mar enfermo, cóncavo y quieto,
repleto de balizas apagadas, de mejillones
desprendidos de su plano rocoso.
Ha
visto vuelos de gaviotas moribundas
y barquitos pesqueros abandonados.
Y ha oído, no el rumor vago de la concha
sino el grito desesperado de un lobo malevo.
Categorías
y viarazas del barrio
"Todo
está bien, Job en su piedra,
Job en su yugo, Job en su cadena".
Saúl Pérez Gadea
En
aquellos barrios del atropello
entre aquellas paredes de ladrillo viejo
el menú es chocolate de fiebre negra
en tazas azules y manteles pordioseros.
Allí la mujer anda de vestido floreado
raspado por mil romances contra un muro
como una mosca huérfana de jarabe
que da un paseo vecinal por el hule triste.
Allí el muchacho frecuenta los basurales
y se peina a la gomina con jopo trunco,
acaricia un falsificado pasaje a miami
entre las tapas de revistas pornográficas.
A veces un chubasco otoñal se traga
miles de afiches sindicales y caprichos
que en alpargatas lustraron el asfalto.
Otras veces son los lagrimones rebeldes
que cayendo sobre cuadernos escolares
borronean de mala suerte toda la esperanza.
En ese barrio vuelan gallinas enfermas
hacia los techos de un azafrán subido.
Y las casuchas se abisman en el barranco
y los tullidos van con sus espasmos
colina abajo, vértigo de la vida, junto
a una heladera oxidada, a los tumbos.
Charcos, ladridos, otros callejones,
otros celos del candombe, goterones
que son golpes de amor y abducen
todos los sueños por una alcantarilla.
Cuerdas de angustia en la torneada trenza
de una venusta mujer
que acaricia
el sombrero que predice la dicha.
Ventanas,
los viejos
"Morir
no sería entonces
nada más que el último esfuerzo de la atención,
el abandono de los otros pensamientos".
Roberto Juarroz
Franelas
amarillas
Quejidos, llantos sordos
Niños acurrucados de vísceras gastadas
El
espejo sin reflejos es apenas sombra
De un gato que esquiva estatuillas
Allí donde están los viejos
Está el gemido de una porcelana
Que no sabe esperar la muerte
El parquet tiene manchas de café con leche
Hay un jarrón de cobre con flores artificiales
Ya no inventan palabras
Sólo definen nada y nadie, aguardan
El débil pulso del próximo flujo iónico.
En
la quieta perspectiva del salón
Unas señoras lanudas plumerean
Infinitas arrugas y temblores
Las hijas llegan con algo de sol
Y en primavera nietas que dicen
Historias incompletas con sobrinas
Entre
tanto lienzo, muebles y cereales
Comprimidos y entretiempos ranurados
Ellos
sólo ven las espaldas de cada amanecer
LA
ONDA®
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