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El algodón, los miserables:
un caso de conciencia

por Rubens Ricupero*

El embajador Rubens Ricúpero Secretario General de la UNCTAD, analiza especialmente para los lectores de La ONDA digital la incidencia del proteccionismo en los productores y "barones del algodón" .

"El comercio de negros y sus consecuencias naturales pueden, con razón, ser estimados como inagotable fuente de riqueza y poder naval para esta nación (...) el primer principio y fundamento de todo el resto, el resorte principal de la máquina que pone en marcha todos los engranajes". Quien escribía esta monstruosidad era el respetado comerciante de la plaza de Londres, Malachy Postlethwayt, miembro de la Royal African Company. Corría el año de 1745, en los inicios de la Revolución Industrial y lo peor es que, desde un punto de vista estrictamente económico, no dejaba de tener razón. En efecto, mucha gente ganó dinero con lo que un historiador americano llamó "economía de la mortalidad" y esos recursos ayudaron a financiar el inicio del capitalismo moderno.

Una de las manchas más tenebrosas de la historia del cristianismo es que, durante cerca de cuatro siglos, naciones católicas o protestantes consideraban con una total e igual naturalidad, que hoy no logramos concebir, debería alertarnos frente a la aberración de tratar la economía o el comercio como actividades neutras en materia de valores morales, obedeciendo apenas a criterios de lucro. Para el que piensa que eso es cosa del pasado, tenemos frente a nuestras narices otro ejemplo de comercio inicuo del que nuevamente son víctimas los pueblos africanos, a lo que llamé en un artículo el año pasado de "el escándalo mundial del algodón".

Para cerca de 11 millones de personas en varios países de Africa occidental, el algodón es una condición de supervivencia. Producido sin riego, con pocos fertilizantes y otros insumos y utilizando mano de obra barata, la producción es de bajo costo y el 90% es exportada. Es de los raros productos en que los africanos son competitivos y consiguen enfrentar la competencia. O mejor, conseguían, porque están siendo liquidados por la más injusta de las competencias, la de los subsidios. Los países que más subvencionan el algodón son los EE.UU., la Unión Europea (Grecia, España) y China, en un grado bien menor. Por lejos, los más culpados de la crisis que asola esa cultura son los americanos. No solo por el volumen espantoso de las subvenciones, que oscilan entre U$S 3 y 4 billones por año, sino también porque más del 40% de la cosecha es exportada.

Los Estados Unidos son los primeros exportadores de algodón del mundo (el mayor productor es China). Gracias al dinero derramado a roletes en el bolsillo de los hacendados por el Tesoro de Washington, los americanos vienen avanzando vorazmente en las porciones de mercado antes dominadas por productores como los africanos. Incluso en la etapa en que el producto entró en colapso, tocando fondo en mayo de 2002 y llegando a las más bajas cotizaciones históricas - 38 centavos de dólar por libra - los EE.UU. lograron hacer crecer sus exportaciones de modo dramático. Ya en aquella época, los productores yanquis recibían por concepto de subsidios más de 60 centavos la libra, lo que puede llegar a 69 como resultado de la nueva ley agrícola votada en 2002.

La consecuencia es que, Africa en su totalidad, sufrió pérdidas de U$S 300 millones, correspondiendo U$S 191 millones a Africa occidental. Para Burkina Faso, eso equivale al 1% del PBI y 12% de las exportaciones. Este país perdió más con el colapso del precio de lo que recibió del FMI y del Banco Mundial en la iniciativa del alivio de la deuda para los países más pobres. Los perjuicios para Mali y Benin fueron superiores al que esas naciones "recibieron" en ayuda de los EE.UU. En Benin, país ligado al Brasil por fortísimos lazos históricos, las bajas cotizaciones del algodón fueron responsables de un aumento del 4% en la incidencia de la pobreza, esto es, 250 mil personas más fueron sumidas en la miseria.

El algodón no sólo responde por un tercio de las exportaciones de muchas naciones africanas, sino que es la única cultura que permite la industrialización de esas economías, para la producción de aceite, jabón, tejidos, vestimenta. Millones de individuos dependientes de la cadena productiva, además de los agricultores, miran así, indefensos, la destrucción de sus empleos y salarios a través de los subsidios. Todos estos países - Burkina Faso, Mali, Benin, Tchad, Senegal - pertenecen a la categoría que la ONU llama "LDC" o "Least Developed Countries" ("Países Menos Desarrollados"), los pobres entre los pobres, los que viven con menos de un dólar por día. Es preciso ser tan miserable para ingresar al grupo que, de las tres Américas, sólo Haití integra esa categoría. Son 49 naciones, de las cuales 33 están en Africa y es la UNCTAD, la organización donde trabajo, que se ocupa de ellas. Para tener una idea de lo pobre que son esos países, basta decir que las subvenciones americanas al algodón son mayores que la renta nacional de Mali o de Burkina.

Contra esos millones de seres humanos condenados a la trampa de la pobreza, tenemos 25 mil hacendados protegidos por el National Cotton Council, el más eficiente de los lobbies agrícolas. Los barones del algodón, sobretodo de Texas, reciben más per cápita y por acre que cualquier otro grupo de productores (U$S 230, comparados con U$S 40-50 para los cereales). El 10% más rico aglutina los tres cuartos de las subvenciones.

Por estos motivos, los países africanos perjudicados, solicitaron al presidente de Burkina Faso que viniese a la Organización Mundial de Comercio a exigir que, en la próxima reunión ministerial de la Organización en Cancún, en el próximo mes de setiembre, se tome una decisión para acelerar la eliminación de los subsidios y conceder a los africanos una compensación financiera inmediata, costeada por los subsidiadores. Los africanos tienen razón de sobra. El que sean atendidos, es otra historia.

Historia, además, que recuerda a la de la Biblia, Samuel 2, cap. 12, 1 a 15. Ella debe ser muy conocida por los hacendados del sur de los EE.UU., de la región del "Bible Belt", llamada así porque en ella todos son grandes lectores de la Biblia. En dicho capítulo se narra que, después de haber cedido a la pasión de Betsabé y hecho perecer por una espada a Uriás, su marido, David, recibió al profeta Natan. Este le contó que había en una ciudad dos hombres, uno rico en rebaños de ovejas y bueyes, otro, pobre, que sólo tenía una ovejita a la cual amaba como a una hija, pues comía de sus manos y dormía en su regazo. Habiendo llegado un huésped, el rico y poderoso mató a la ovejita del pobre con el fin de servirla en un banquete al visitante. Indignado, David exclamó que el villano merecía la muerte y debería pagar el cuádruple por lo que hizo. Al darse cuenta de que el villano era él, David hizo penitencia y el Señor, lento en la cólera y rico en misericordia, lo perdonó, pero el niño nacido del adulterio no sobrevivió. El que quiera que extraiga de esta historia la moraleja que se aplica al caso.
Traducido para La ONDA digital por Cristina Iriarte

* Rubens Ricúpero fue nombrado quinto Secretario General de la UNCTAD en septiembre de 1995 y, por recomendación del Secretario General de las Naciones Unidas, volvió a ser nombrado para el mismo puesto por la Asamblea General por otros cuatro años en 1999. Anteriormente, durante una prolongada carrera en el Gobierno del Brasil, fue Ministro del Medio Ambiente y Asuntos Amazónicos, antes de pasar a ser en 1994 Ministro de Finanzas, cargo desde el que supervisó la puesta en marcha del programa de estabilización económica del Brasil.

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