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Voto
consular o voto epistolar
Instrumentos para que los uruguayos que viven en el Exterior puedan ejercer los derechos que la Constitución y la Ley les otorgan.
Pero, ¿quiénes somos uruguayos? ¿Los que nacemos en territorio nacional? ¿Los que nacemos en territorio extranjero, pero somos hijos de ciudadanos naturales? ¿Los que no nacemos ni somos hijos de ciudadanos naturales, pero venimos a radicarnos? ¿O sólo aquellos ciudadanos (de cualquier índole) que viven y permanecen en el país o se trasladan cada vez que tienen la obligación de votar? De ser así, la simplificación que se haría sería muy grosera (y de hecho lo es). Asistimos a menudo, dentro de nuestro territorio, a elecciones de otros países que permiten a sus ciudadanos votar en los Consulados respectivos. Así es que hemos visto últimamente votar a ciudadanos italianos, españoles, brasileños, argentinos, así como también hemos tenido la oportunidad de ver publicidad partidaria de esas latitudes en nuestros televisores y en nuestras calles. No hace mucho existía en la calle Bvar. España (frente al Liceo Zorrilla) un local del Partido Popular español en una suntuosa casa de nuestro Montevideo. Y en estos últimos años, esos mismos Consulados que permiten que sus ciudadanos voten para decidir sus destinos, han debido contratar más personal y prolongar sus horarios para atender las demandas de uruguayos (residentes en territorio nacional) que quieren emigrar a sus países y arman campamentos y colas interminables frente a sus representaciones diplomáticas. Pero en estos países consideran ciudadanos a todos, sin exclusiones, sin preconceptos, sin distinción del lugar en que viven y, sobre todo, sin miedos. Se estima que en los últimos años, 80.000 uruguayos se han ido. Y no nos debe extrañar que esta cifra aumente en forma dramática en los próximos meses. También se estima que en el último año ingresaron al país unos 20.000.000 de dólares provenientes de estos uruguayos en el exterior y que tienen como destino sobrellevar la terrible situación económica que viven sus familiares que están esperando poder emigrar, o que no pueden hacerlo. Como en los 70', cada uruguayo o familia uruguaya tiene un familiar o un amigo en el exterior. Otrora por razones políticas, hoy por razones de supervivencia. Pero tanto antes como ahora, tengo la certeza que ninguno de estos uruguayos se fue con ganas de irse y de dejar sus raíces, sino que las circunstancias lo obligaron a hacerlo. Y es por eso que - a veces en voz baja y muchas otras llorando - nos duele reconocer que el Uruguay se ha convertido en un país de emigrantes y (quienes no nos fuimos) asistimos a la desintegración de nuestras familias, de nuestros afectos, de nuestra identidad y de la sociedad toda. Hace años que escuchamos que somos 3.000.000 de habitantes. Sería bueno hacer un censo y actualizar los datos. Estos nos revelarían que somos mucho menos. Y también nos darían la pauta de lo pequeño que es nuestro mercado interno y de lo difícil que es reconstruir un país productivo pensando sólo en la exportación y desechando el consumo interno por no tener gente. Y esto sucede además, porque los que se van son los más jóvenes. Un país sin gente que produzca gente, acaba por morirse. En la página web del Ministerio de Relaciones Exteriores y de la Universidad de la República, aquellos curiosos podrán encontrar el "Programa de Vinculación" con los uruguayos residentes en el exterior. Este programa funciona desde el año 2001 y está dirigido a uruguayos "calificados" en áreas científicas, técnicas, artísticas, culturales, comerciales, empresariales, deportivas, etc. A estos uruguayos se les ofrece (interesadamente) la posibilidad de aportar ideas y compartir experiencias que puedan ayudar al país "que necesita del concurso de todos sus ciudadanos y nacionales". El Programa cuenta con el apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y con un Comité Asesor creado en el año 2002 e integrado por un miembro del MREE, otro miembro en representación de la Universidad de la República y un representante del Poder Ejecutivo. Entonces me pregunto: si reconocemos que son uruguayos - vivan donde vivan - para que nos aporten sus ideas, experiencias, conocimientos y dinero, ¿porqué no los reconocemos como uruguayos - vivan donde vivan - para ejercer su derecho al voto y decidir en qué país quieren vivir, luego de haberlos expulsado? Todos estos uruguayos, que viven en el Exterior, no han perdido su derecho al voto. De hecho - si tienen las posibilidades económicas para trasladarse - pueden hacerlo. La Constitución y la Ley así lo establecen. Pero en los hechos reales, sólo pueden hacerlo quienes tienen el dinero para viajar y la posibilidad de ausentarse de sus tareas habituales en los países donde residen. No comparto el argumento de que no es conveniente debatir estos temas cuando tenemos un año electoral por delante. Por el contrario, considero que es justamente por ese motivo que debemos resolverlo cuanto antes. ¿O debemos esperar cinco años más? Porque todos los uruguayos tenemos la obligación de votar, pero fundamentalmente, tenemos el derecho a hacerlo. Con la esperanza de propiciar un nuevo reencuentro entre los Orientales, de hacerles sentir que los tenemos en cuenta - estén donde estén - y utilizando las herramientas de comunicación social disponibles que nos permiten mantener un contacto permanente y enriquecedor, es que el Movimiento Claveles Rojos ha promovido el tema del VOTO CONSULAR o VOTO EPISTOLAR dentro de nuestra fuerza política (EP-FA). Y es por ello también que ésta lo ha hecho suyo, por unanimidad y sin ningún tipo de especulación partidaria ni electoral. *C. Iriarte: Integrante del Comité Ejecutivo Nacional y del Secretariado Ejecutivo de Canelones del Movimiento Claveles Rojos - EP-FA LA ONDA® DIGITAL |
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