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Cine latinoamericano en auge
La apetitosa sardina y el bizarro tiburón

por Oribe Irigoyen

Ganan premios y recogen el aplauso de la crítica en múltiples festivales de cine. Son películas de origen uruguayo, 25 Watts; argentino, Pizza, faso y birra, Un oso rojo, El bonaerense, Historias mínimas, Nueve reinas; brasileño, Estación Central, Ciudad de Dios, Detrás del sol; chileno, Taxi para tres; o mexicano, Amores perros, Y tu mamá  también, El crimen del padre Amaro, popularizada por escándalo prejuicioso en su país de origen. Lo más importante es que estos filmes han conquistado, también, un significativo éxito internacional de público. El cine latinoamericano está  de moda. 

Ocurre que, en los últimos años, el cine de América Latina ha logrado un lugar propio en el mercado mundial, con toda la barba de oferta y demanda. Nuevos temas y estilos, ajustadas políticas y legislaciones de fomento y promoción apoyan su éxito. Que ha despertado el interés de las grandes distribuidoras de Hollywood. Estas quieren, y lo hacen, ofrecer producciones de América Latina en sus habituales paquetes de películas. Ese hecho auspicioso que abriría puertas muy aceitadas de distribución mundial a estos productos en un mercado hegemonizado por la industria de Hollywood, podría tener su otra cara peligrosa. Diversos realizadores, productores y especialistas de cine del continente advierten sobre ese peligro, que gira en torno a un par de preguntas: ¨ El cine de América Latina mantendrá  esa singularidad que le ha dado prestigio y público ? ¨ Hollywood respetar  las reglas de juego de producción ajena ? 

UNA HEGEMONIA
Todavía hoy, en ligera retirada en algunos pocos países, el cine estadounidense ocupa el 80 % de lo que se ve en las pantallas del mundo. Con justicia en buenas ocasiones, sin ella la mayoría de las veces, la industria de Hollywood ha obtenido que su producción sea considerada el cine, incluso más que un sinónimo, la quintaesencia de él. De tal modo que todas las cinematografías del mundo han terminado siendo periféricas y esporádicas en las carteleras, aún en su propio país. Existen algunas excepciones, Francia, que enfrentó la hegemonía de Hollywood con legislaciones y políticas estratégicas de defensa del cine nacional, la India y otros países asiáticos donde el entusiasmo o fanatismo popular por las películas propias son bastiones contra tal hegemonía. 

El dilema económico del cine, que con inteligencia y astucia comercial, debe reconocerse, inigualable poderío financiero y avasallante capacidad publicitaria ha desplegado Hollywood con rutilante éxito, es simple. A los efectos de consolidar una industria - del entretenimiento, comunicación, cultura y arte, también - se trata de qué hacer para construir un mercado interno para el cine nacional, y al mismo tiempo cómo expandir ese cine hacia otros mercados y penetrarlos. 

MIRAR HACIA ADENTRO O HACIA AFUERA
Ese dilema de mirar hacia adentro o hacia afuera fue diagnosticado hace años por el crítico brasileño Paulo Emilio Sales Gomes. En su libro "Cinema: trayectoria no subdesenvolvimento"( Cinema: trayectoria en el subdesarrollo ) escribe: una de las consecuencias de esta situación injusta es llevar a los productores y cineastas a que se preocupen demasiado con la exportación de sus respectivos filmes, sobrestimando la importancia de los festivales internacionales... 

Sin duda, en Sales Gomes está  presente la frustrante experiencia del Nuevo Cine de su país en los años 60 y 70, con la obra Glauber Rocha y su Dios y el Diablo en la Tierra del Sol, Antonio das Mortes, etc. Rocha, junto con el chileno Miguel Littin ( El chacal de Naueltoro, Actas de Marusia ), el boliviano Sanjinés ( Yaguar Malkú ), los argentinos Birri ( Los inundados ), Gettino y Solanas ( La hora de los hornos, Los hijos de Fierro ) conquistaron el aplauso crítico y premios en festivales internacionales. Con un cine de temática comprometida, fuerte impronta política y lenguaje experimental, ganaron al público europeo, pero no al espectador de sus propios países. Fue un cine elitista de enorme prestigio, pero desconocido en los ámbitos que importaba, su propio público. Eran imágenes que sólo miraban hacia afuera, hacia los festivales como pasaporte de entrada. 

NUEVA PERSPECTIVA
Cuando a comienzos de los 1900 parecía decretada la desaparición del cine latinoamericano o su retirada a esmirriados cuarteles de invierno, esa misma década comenzó a mostrar sugestivos cambios. Diversos factores incidieron: legislaciones proteccionistas, regímenes de subsidio, centros de producción con aportes estatales - Chile y Uruguay, en éste hoy en grave peligro de cierre de canilla -, aparición de productoras de alianzas transoceánicas - Ibermedia, co-producciones, etc -. Se sumaron a éstos otros ingredientes de importancia: nuevas y muy abaratadoras opciones técnicas - el video digital, en particular -, recambio lógicas renovaciones temáticas y estilísticas. Una mirada hacia adentro que hermana en la diversidad a los cineastas de los distintos países, con estilos de potente acento realista y firme relación con la cotidianidad vital de sus pueblos, en la calle, la urbe o la familia. Se suceden, entonces, en los distintos puntos cardinales y espacios geográficos del continente, los éxitos de público en los mercados nativos. Y como antes, la resonancia en los festivales internacionales sigue siendo una ayuda. El de Rotterdam, premiando un video, fue decisivo para la terminación, estreno y éxito de la uruguaya 25 Watts. 

AHORA, EL DESAFIO
La posibilidad concreta de que las grandes distribuidoras estadounidenses tomen películas de América Latina, o de otras geografías, para presentarlas en las pantallas del mundo, significa, en principio, una ayuda para las finanzas inestables de las productoras de países periféricos - en particular, de aquellos con exiguo mercado interno para un arte caro, como Uruguay -. En segundo lugar, aún cuando esas grandes corporaciones respeten las reglas ajenas, temáticas, estilísticas, de duración de metraje, etc y no impongan las suyas, es decir, constituyan un sano socio comercial, todavía persiste un peligro adicional. Consiste en incluir estas películas de idiosincrasia peculiar en el cronograma ya previsto de estrenos del año, mezclándolas y sumergiéndolas entre efectos digitales, acrobacias marciales, explosiones y carreras de autos. Si los filmes de América Latina van competir como mercancías en forma desigual con otras, sin destacar la especificidad que las distingue, como tema, estilo, relevancia y valor de sus creadores, terminar n navegando en el mar informe del audiovisual global, diluyendo el sabor local que los distingue y valora. Ese peligro real lleva al especialista Néstor García Canclini a una síntesis pesimista y final en su libro "Latinoamericanos buscando lugar en este siglo": estamos entre las promesas del cosmopolitismo global y la pérdida de proyectos nacionales. ¨ La apetitosa sardina navegar  por el océano global sin que se la trague el bizarro tiburón ? ¿O mutar  en bagre para seguir nadando? Vaya a saber...   LA ONDA® DIGITAL


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