Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

Nuestra república ha tenido menos sucesores
bastardos que cualquier monarquía

Los espejos de Tabaré Vásquez
en la identidad nacional

por Luis González Olascuaga

Ya no se escucha su canto, pero cada vez se mira más su peinado: Tabaré. En un país donde el sesenta por ciento de sus ciudadanos tenemos algún ascendiente indígena (de acuerdo a estudios genéticos de la Universidad de la República, que vinieron a confirmar lo que ya afirmaba Luis Alberto de Herrera en La tierra charrúa) que un candidato a Presidente tenga nombre de indio, sin duda, le favorece. Más aún con el actual boom de la literatura charruísta, indigenista, medioambientalista, naturalista, paz verde y toro sentado. 

Aunque en particular el nombre de Tabaré ha sido defenestrado últimamente por esa misma literatura. Danilo Antón, por ejemplo (el más imponente expositor del actual charruísmo) pone a Juan Zorrilla de San Martín como infame caso de racismo, por aquel pasaje en que para llorar, Tabaré necesita los ojos claros de su madre blanca (de raza y de nombre, con minúscula y con mayúscula, Blanca). 

Pero la inquina de Antón contra Zorrilla es tan injusta como acusar a Chopin de antipolaco porque el piano es de origen italiano. Chopin todo lo que hizo fue usarlo a favor de Polonia, con el mismo fervor que puso Zorrilla para utilizar en provecho de la reivindicación de lo charrúa y lo artiguista, toda su cultura de católico finisecular decimonónico, pagando tributo a algunos prejuicios de su época y de su sociedad, naturalmente ¿Quién no? Algún fenómeno como Onetti,  Guattari y sus pacientes de La Borde, Wilhem Reich. Pero más patéticos (y sin rima ni ritmo) son los prejuicios de Antón, que escribe que los charrúas se hicieron polígamos a causa de la invasión. 

Parece que antes tomaban pastillas para no soñar, eran gente decente que acataba fidelidad conyugal hasta más allá de la muerte y esperaba los acordes de Mendelson para hacer “la mala cosa”. 

¿Por qué? Porque capaz que la mamá de Antón le hacía ver muchos teleteatros o que la señora a la que dedicó el libro, es muy celosa.  

Rigor científico, ninguno. Sin embargo, no por eso voy a catalogar a Antón como anticharrúa y racista. Sí le acuso de haber sido intolerante con las circunstancias de Zorrilla, menos gravosas que las suyas propias y saldadas en definitiva con una conclusión más favorable a los charrúas (después de todo es preferible reír que llorar). Pero más allá de estas disquisiciones, el nombre Tabaré significa para la gente la reivindicación del mestizaje y de lo indio.  

Entreñablemente además, por las hojas que usábamos en la escuela. 

LO VASCO Y LO GALLEGO

El apellido Vázquez significa en castellano hijo de vasco y el nombrado con tan mestizo Tabaré es además descendiente de gallegos. Puede decirse que en los orígenes y connotaciones de su nombre y de su apellido se han conjugado las convivencias históricamente más difíciles e importantes para nosotros conjugar.  

No sólo por aparentemente irreconciliables sino, sobre todo, por ser las que más profundamente atañen a la identidad nacional uruguaya.  

Ya dimos los porcentajes obtenidos por la facultad de Humanidades y Ciencias en sus estudios sobre etnias indígenas en Uruguay.  

Ahora viene al caso recordar que vascos y gallegos conforman, por buen margen, las dos comunidades de inmigrantes más numerosas que acogió nuestro país y Tabaré las refiere con un solo apellido.  

Similar al caso de Herrera, familia de origen andaluz y apellido euskaro y de Lacalle, origen familiar navarro de toponímica connotación castellana. Batlle y Ordóñez, Batlle Berres y Batlle Ibáñez refieren respectivamente catalán y castellano, catalán y vasco, catalán y vasco y castellano, usando dos apellidos, con el agregado de que los Batlle provienen de un balneario, Sitges, y conformaron la más poderosa dinastía en esta patria de balnearios.  

Todos estos nombres y apellidos dan hilo a la historia y “Danilo Astori” también viene a denotarlo. Incluso Mariano Arana es descendiente de gallegos con apellido vasco y de radical nacionalismo sabiniano.  

Sanguinetti es un caso completamente aparte. De él podría decirse como de aquel canciller cubano Isidoro Malmierca, que no llegó por blasones. 

ALCURNIAS Y DINASTÍAS

Cuando procesaron a Flores Silva, el entonces ministro del interior Hierro López comenzó su primera alocución televisiva sobre el caso expresando sus sentimientos por la familia del procesado para recién luego atenerse a sus obligaciones como segundo personero del Estado (el primero es el Presidente de la República), y declararse impedido por su ministerio de ejercer presiones de acuerdo a su sentir filial. Hizo bien. Los problemas entre políticos uruguayos no deben ser problemas de parentelas. Pero si echamos un vistazo a las últimas internas de los partidos (tradicionales y no tradicionales) estaremos de acuerdo con la pertinencia de aquella inflexión preliminar del Ministro. 

¿Cuál de las vicisitudes políticas en la relación entre Hierro (Gambardella) y Flores (Mora)  no se repitió entre sus hijos? Pero el hijo de Maneco –Flores–, tiene ancestros estadistas colorados que se remontan al mismísimo Seu Venancio –Flores–, nombre mayor de nuestro nomenclator nacional. Otro contrincante interno era nada menos que el Secretario General del Partido Colorado, el licenciado Fernández Faingold, hijo de otro insigne batllista, el doctor Fernández Artucio, el “Weisenthal” uruguayo contra los nazis durante la segunda guerra mundial. Pero el candidato presidencial colorado terminó correspondiendo a un apellido que más que hidalgo es, en nuestro país, y con justicia, la institución misma de la hidalguía, Batlle.  

Es que, como le escuché decir a un Jiménez de Aréchaga por televisión en plena recuperación democrática, “son las famillias que hicieron al país” 

LOS HERRERA Y LOS RAMIREZ, LOS BATLLE Y LOS ARISMENDI

No menos hidalguía se reclamaba a los electores en las internas del Partido Nacional.  

Al nieto de Herrera (Lacalle Herrera –Luis Alberto ambos-) se enfrentaba Juan Andrés Ramírez como en otra época lo hiciera su abuelo Ramírez (Andrés también), el blanco independiente. Gonzalo Aguirre Ramírez, ex vice de Lacalle Herrera, acompañaba a su primo Juan Andrés. El tercero en discordia era Volonté, quien contaba con el apoyo del más principal de los principales entre los nacionalistas, Saravia. 

Batlle y Ordónez y Aparicio Saravia fundaron en su disputa, hace cien años, el Uruguay moderno. Don Pepe Batlle y Luis Alberto de Herrera los partidos modernos y sus dinastías democráticas. Pero fue Rodney Arismendi (nombre y apellido de connotaciones semióticas realistas y aristocráticas), hijo de un legislador batllista de Cerro Largo, quien refundó al partido de izquierda que se proclamó “columna vertebral” y “vanguardia” del Frente Amplio (el Pcu), hoy dirigido por la hija de aquel y nieta de éste.  También otros apellidos de linajuda prosapia política firmaron los documentos consolidatorios del Frente Amplio. 

Y TABARÉ ¿DE DÓNDE SALIÓ?

Tabaré Vázquez medró del único partido uruguayo que en casi cien años de continuidad no procreó ninguna dinastía –y sus resultados electorales, generalmente por debajo de lo que razonablemente esperaban,  hablan de la fuerza que tienen los prestigios hereditarios en nuestro márqueting político– (el PS). Se trata del partido más históricamente ateo del país. Sin embargo Vázquez tiene un hijo seminarista. Asimismo su partido tiene los mismos colores que el colorado, pero Vázquez es de origen familiar blanco e incluso se le ofreció la candidatura a la Intendencia de Montevideo por parte del Movimiento de Rocha que por el Frente Amplio. Tabaré es un político generalmente oportuno y muchas veces oportunista, pero cuando le contestó a Never Araujo: “soy ecléctico” no estaban respondiendo con ninguna táctica, sino simplemente con sus señas de identidad. Era casi como decir “tengo la cara que tengo”. 

Vázquez es además el catch all de La Teja, acaso compita esta vez con otro catch all de nuestra política, Sanguinetti, el catch all de La Unión (La Teja y La Unión, igualito que en las murgas), y mucho pase por una preferencia más cultural antropológica que política (¿no decía Batlle que él era inglés y Sanguinetti francés?

En 1968 fue escrito acerca del incesto: “las razas condenadas a cien años de soledad no tienen otra oportunidad sobre la tierra”.  

Pero para desmentir a García Márquez, ya en el antiguo Uruguay censista decimonónico fue ministro otro Herrera (y Obes,  Manuel, ancestro del reciente ministro de Industria) y otro Batlle fue presidente (Lorenzo, El padre de Don José Batlle y Ordóñez),  habían escrito otros Ramírez (Carlos María, reivindicador de la figura de Artigas y José Pedro) y otro Pacheco tomó medidas gubernamentales de emergencia (y Obes, Melchor, ascendiente del Bocha). 

En fin, el Uruguay entre todos, con la gente y por la gente, con dignidad arriba y regocijo abajo, será lo que dirán todos cuando empiece la campaña.  Pero en las próximas internas el rival de Luis Alberto Lacalle Herrera será Jorge Larrañaga (acaso chozno del cura gordito Dámaso Antonio Larrañaga, que fundó la Biblioteca Nacional) y en las siguientes quizá le toque enfrentar a Luis Alberto Lacalle Pou, que ya se destaca en filas del Herrerismo y éste a su vez, en la nacional, al actual vicepresidente de la Nuevo espacio, Rafael Michelini, hijo de Zelmar. Nuestra república ha tenido menos sucesores bastardos que cualquier monarquía.   

NUESTRA HIDALGUÍA COMO NACIÓN

De niños nos enseñaron que los uruguayos como nación descendemos de los barcos. Algunos de los camarotes, otros de las bodegas, pero todos de los barcos. Hasta que se publicaron los implacables estudios del ya mencionado Antón (que no es vástago de Pirulero) y se demostró que en este país sobrevivió algún otro charrúa que Tabaré (esta no me refiero al de La Teja, sino al noble, el tio virtual de China y Guma, hermano virtual de José Luis, hijo virtual, creación, de Juan –Zorrillas de San Martín, todos–).El pueblo jaguar,  de Antón, no comparaba nuestra identidad precisamente con la marca del distinguido automóvil, sino que le daba la razón a aquel porteño que cierta vez exclamó: “¡¿Cómo voy a ser racista si hasta tengo un amigo correntino?!” Incluso acá, en la Suiza de América, tacita de plata, muchos pobres güaraníes que vinieron con Rivera, lograron sobrevivir. 

Así que ya no está tan claro de qué medio de transporte descendemos. Lo indudable es que económicamente descendemos cada vez más y los que ascienden es en aviones que vuelan hacia el norte y no para volver con las alas plegadas. 

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Inicio

Un portal para y por uruguayos
URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital