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Nuestra
república ha tenido menos sucesores
Aunque
en particular el nombre de Tabaré ha sido defenestrado últimamente
por esa misma literatura. Danilo Antón, por ejemplo (el más
imponente expositor del actual charruísmo) pone a Juan Zorrilla
de San Martín como infame caso de racismo, por aquel pasaje en
que para llorar, Tabaré necesita los ojos claros de su madre
blanca (de raza y de nombre, con minúscula y con mayúscula,
Blanca). Pero
la inquina de Antón contra Zorrilla es tan injusta como acusar a
Chopin de antipolaco porque el piano es de origen italiano. Chopin
todo lo que hizo fue usarlo a favor de Polonia, con el mismo
fervor que puso Zorrilla para utilizar en provecho de la
reivindicación de lo charrúa y lo artiguista, toda su cultura de
católico finisecular decimonónico, pagando tributo a algunos
prejuicios de su época y de su sociedad, naturalmente ¿Quién
no? Algún fenómeno como Onetti,
Guattari y sus pacientes de La Borde, Wilhem Reich. Pero más
patéticos (y sin rima ni ritmo) son los prejuicios de Antón, que
escribe que los charrúas se hicieron polígamos a causa de la
invasión. Parece
que antes tomaban pastillas para no soñar, eran gente decente que
acataba fidelidad conyugal hasta más allá de la muerte y
esperaba los acordes de Mendelson para hacer “la mala cosa”. ¿Por
qué? Porque capaz que la mamá de Antón le hacía ver muchos
teleteatros o que la señora a la que dedicó el libro, es muy
celosa. Rigor
científico, ninguno. Sin embargo, no por eso voy a catalogar a
Antón como anticharrúa y racista. Sí le acuso de haber sido
intolerante con las circunstancias de Zorrilla, menos gravosas que
las suyas propias y saldadas en definitiva con una conclusión más
favorable a los charrúas (después de todo es preferible reír
que llorar). Pero más allá de estas disquisiciones, el nombre Tabaré
significa para la gente la reivindicación del mestizaje y de lo
indio. Entreñablemente
además, por las hojas que usábamos en la escuela. LO
VASCO Y LO GALLEGO El
apellido Vázquez significa en castellano hijo de vasco y el
nombrado con tan mestizo Tabaré es además descendiente de
gallegos. Puede decirse que en los orígenes y connotaciones de su
nombre y de su apellido se han conjugado las convivencias históricamente
más difíciles e importantes para nosotros conjugar. No
sólo por aparentemente irreconciliables sino, sobre todo, por ser
las que más profundamente atañen a la identidad nacional
uruguaya. Ya
dimos los porcentajes obtenidos por la facultad de Humanidades y
Ciencias en sus estudios sobre etnias indígenas en Uruguay.
Ahora
viene al caso recordar que vascos y gallegos conforman, por buen
margen, las dos comunidades de inmigrantes más numerosas que
acogió nuestro país y Tabaré las refiere con un solo apellido.
Similar
al caso de Herrera, familia de origen andaluz y apellido euskaro y
de Lacalle, origen familiar navarro de toponímica connotación
castellana. Batlle y Ordóñez, Batlle Berres y Batlle Ibáñez
refieren respectivamente catalán y castellano, catalán y vasco,
catalán y vasco y castellano, usando dos apellidos, con el
agregado de que los Batlle provienen de un balneario, Sitges, y
conformaron la más poderosa dinastía en esta patria de
balnearios. Todos
estos nombres y apellidos dan hilo a la historia y “Danilo
Astori” también viene a denotarlo. Incluso Mariano Arana es
descendiente de gallegos con apellido vasco y de radical
nacionalismo sabiniano. Sanguinetti
es un caso completamente aparte. De él podría decirse como de
aquel canciller cubano Isidoro Malmierca, que no llegó por
blasones. ALCURNIAS Y DINASTÍAS Cuando
procesaron a Flores Silva, el entonces ministro del interior
Hierro López comenzó su primera alocución televisiva sobre el
caso expresando sus sentimientos por la familia del procesado para
recién luego atenerse a sus obligaciones como segundo personero
del Estado (el primero es el Presidente de la República), y
declararse impedido por su ministerio de ejercer presiones de
acuerdo a su sentir filial. Hizo bien. Los problemas entre políticos
uruguayos no deben ser problemas de parentelas. Pero si echamos un
vistazo a las últimas internas de los partidos (tradicionales y
no tradicionales) estaremos de acuerdo con la pertinencia de
aquella inflexión preliminar del Ministro. ¿Cuál
de las vicisitudes políticas en la relación entre Hierro (Gambardella)
y Flores (Mora) no se
repitió entre sus hijos? Pero el hijo de Maneco –Flores–,
tiene ancestros estadistas colorados que se remontan al mismísimo
Seu Venancio –Flores–, nombre mayor de nuestro nomenclator
nacional. Otro contrincante interno era nada menos que el
Secretario General del Partido Colorado, el licenciado Fernández
Faingold, hijo de otro insigne batllista, el doctor Fernández
Artucio, el “Weisenthal” uruguayo contra los nazis durante la
segunda guerra mundial. Pero el candidato presidencial colorado
terminó correspondiendo a un apellido que más que hidalgo es, en
nuestro país, y con justicia, la institución misma de la hidalguía,
Batlle. Es
que, como le escuché decir a un Jiménez de Aréchaga por
televisión en plena recuperación democrática, “son las
famillias que hicieron al país” LOS HERRERA Y LOS RAMIREZ, LOS BATLLE Y LOS ARISMENDI No
menos hidalguía se reclamaba a los electores en las internas del
Partido Nacional. Al
nieto de Herrera (Lacalle Herrera –Luis Alberto ambos-) se
enfrentaba Juan Andrés Ramírez como en otra época lo hiciera su
abuelo Ramírez (Andrés también), el blanco independiente.
Gonzalo Aguirre Ramírez, ex vice de Lacalle Herrera, acompañaba
a su primo Juan Andrés. El tercero en discordia era Volonté,
quien contaba con el apoyo del más principal de los principales
entre los nacionalistas, Saravia. Batlle
y Ordónez y Aparicio Saravia fundaron en su disputa, hace cien años,
el Uruguay moderno. Don Pepe Batlle y Luis Alberto de Herrera los
partidos modernos y sus dinastías democráticas. Pero fue Rodney
Arismendi (nombre y apellido de connotaciones semióticas
realistas y aristocráticas), hijo de un legislador batllista de
Cerro Largo, quien refundó al partido de izquierda que se proclamó
“columna vertebral” y “vanguardia” del Frente Amplio (el
Pcu), hoy dirigido por la hija de aquel y nieta de éste.
También otros apellidos de linajuda prosapia política
firmaron los documentos consolidatorios del Frente Amplio. Y
TABARÉ ¿DE DÓNDE SALIÓ? Tabaré
Vázquez medró del único partido uruguayo que en casi cien años
de continuidad no procreó ninguna dinastía –y sus resultados
electorales, generalmente por debajo de lo que razonablemente
esperaban, hablan de
la fuerza que tienen los prestigios hereditarios en nuestro márqueting político– (el PS). Se trata del partido más históricamente
ateo del país. Sin embargo Vázquez tiene un hijo seminarista.
Asimismo su partido tiene los mismos colores que el colorado, pero
Vázquez es de origen familiar blanco e incluso se le ofreció la
candidatura a la Intendencia de Montevideo por parte del
Movimiento de Rocha que por el Frente Amplio. Tabaré es un político
generalmente oportuno y muchas veces oportunista, pero cuando le
contestó a Never Araujo: “soy ecléctico” no estaban
respondiendo con ninguna táctica, sino simplemente con sus señas
de identidad. Era casi como decir “tengo la cara que tengo”. Vázquez
es además el catch all
de La Teja, acaso compita esta vez con otro catch
all de nuestra política, Sanguinetti, el catch
all de La Unión (La Teja y La Unión, igualito que en las
murgas), y mucho pase por una preferencia más cultural antropológica
que política (¿no decía Batlle que él era inglés y
Sanguinetti francés? En
1968 fue escrito acerca del incesto: “las razas condenadas a
cien años de soledad no tienen otra oportunidad sobre la
tierra”. Pero
para desmentir a García Márquez, ya en el antiguo Uruguay
censista decimonónico fue ministro otro Herrera (y Obes,
Manuel, ancestro del reciente ministro de Industria) y otro
Batlle fue presidente (Lorenzo, El padre de Don José Batlle y Ordóñez),
habían escrito otros Ramírez (Carlos María,
reivindicador de la figura de Artigas y José Pedro) y otro
Pacheco tomó medidas gubernamentales de emergencia (y Obes,
Melchor, ascendiente del Bocha). En
fin, el Uruguay entre todos, con la gente y por la gente, con
dignidad arriba y regocijo abajo, será lo que dirán todos cuando
empiece la campaña. Pero
en las próximas internas el rival de Luis Alberto Lacalle Herrera
será Jorge Larrañaga (acaso chozno del cura gordito Dámaso
Antonio Larrañaga, que fundó la Biblioteca Nacional) y en las
siguientes quizá le toque enfrentar a Luis Alberto Lacalle Pou,
que ya se destaca en filas del Herrerismo y éste a su vez, en la
nacional, al actual vicepresidente de la Nuevo espacio, Rafael
Michelini, hijo de Zelmar. Nuestra república ha tenido menos
sucesores bastardos que cualquier
monarquía.
NUESTRA HIDALGUÍA COMO NACIÓN De
niños nos enseñaron que los uruguayos como nación descendemos
de los barcos. Algunos de los camarotes, otros de las bodegas,
pero todos de los barcos. Hasta que se publicaron los implacables
estudios del ya mencionado Antón (que no es vástago de Pirulero)
y se demostró que en este país sobrevivió algún otro charrúa
que Tabaré (esta no me refiero al de La Teja, sino al noble, el
tio virtual de China y Guma, hermano virtual de José Luis, hijo
virtual, creación, de Juan –Zorrillas de San Martín,
todos–).El pueblo jaguar,
de Antón, no comparaba nuestra identidad precisamente con
la marca del distinguido automóvil, sino que le daba la razón a
aquel porteño que cierta vez exclamó: “¡¿Cómo voy a ser
racista si hasta tengo un amigo correntino?!” Incluso acá, en
la Suiza de América, tacita de plata, muchos pobres güaraníes
que vinieron con Rivera, lograron sobrevivir. Así
que ya no está tan claro de qué medio de transporte descendemos.
Lo indudable es que económicamente descendemos cada vez más y
los que ascienden es en aviones que vuelan hacia el norte y no
para volver con las alas plegadas.
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