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Prácticas, símbolos y representaciones
de los comunistas uruguayos
(década del 60 y comienzos del 70)
por Historiadora Marisa Silva

Esta es la ponencia presentada el jueves 3 de julio en el seminario Nuevas miradas sobre la dictadura uruguaya, que se realizó en el Cabildo de Montevideo, con motivo de los 30 años del golpe de Estado. Lo que sigue es la síntesis de la tesis de Diploma de Posgrado, en Historia Contemporánea del CLAEH, de Marisa Silva.

Este trabajo se propone investigar algunos aspectos del Partido Comunista en tanto esta organización fue una de los protagonistas de las décadas del 60 y comienzos del 70 en nuestro país.  

Se busca encontrar algunas claves de su identidad a través del análisis de sus prácticas internas. ¿Por qué centrar un trabajo de carácter histórico de un partido de izquierda en las prácticas internas y no en sus enunciados ideológicos? Se parte de la premisa de que un abordaje más desde lo cotidiano y desde lo privado, más acotado al territorio de las mentalidades puede dar una visión de ese partido menos racionalista y estructurada. En el caso del Partido Comunista esta dimensión parecería especialmente significativa pues su proyección pública ha sido siempre muy mediatizada por lo ideológico. 

Por otra parte, se considera como hipótesis el hecho de que estas prácticas, este modo de vincularse entre sí y con los otros, ha sido un elemento que el Partido Comunista, en el período estudiado, irradió y proyectó al conjunto de la izquierda. Por influencia, semejanza u oposición este modo de operar de los comunistas uruguayos, de algún modo trascendió las fronteras partidarias. De allí, también, su interés como objeto de estudio.  

El tema de la identidad remite a un conjunto de problemas. ¿Es posible definir una identidad determinada respecto a un sujeto colectivo o la heterogeneidad de sus integrantes debe llevar a pensar en múltiples identidades constitutivas del partido en cuestión? A su vez: en la medida que la identidad es siempre un proceso y no un resultado estático que pueda captarse de una vez y para siempre, surge la interrogante: ¿ es posible identificar un conjunto de elementos relativamente constantes durante un período determinado de tiempo? 

En este trabajo se describen algunas prácticas, representaciones y símbolos que constituyen una matriz básica del funcionamiento del Partido Comunista en su etapa de mayor expansión cuantitativa y cualitativa. Esto no quiere decir que esta matriz se haya fundado en el período estudiado.  

Tampoco   supone dejar de considerar que, según los niveles y lugares, esta matriz se expresó de maneras ciertamente distintas. Del mismo modo, el hecho de caracterizar algunas señales identitarias, no significa dejar de considerar a los comunistas en su natural diversidad (clase social, nivel cultural, grado de inserción en la estructura, antigüedad en la organización, lugar de militancia). 

El análisis de los actos, de los encuentros partidarios, del carné, del uso de la camisa roja por parte de los jóvenes, de la percepción que los comunistas tenían de sí mismos  permitió arribar a algunas conclusiones:

1)     Hay en el Partido Comunista una visión esencialista de sí mismo. Esto significa que la idea que los comunistas tienen sobre su organización no proviene, en primera instancia, de su propia práctica sino de su misma existencia. Es lo ideológico y no la resultante de sus acciones lo que les permite considerar que son la vanguardia del proceso revolucionario uruguayo. Lo son en tanto se definen como partido de la clase obrera guiados por el marxismo leninismo. El hecho de que en el primero de sus estatutos se definan como vanguardia refleja un modo de operar sobre la realidad: lo establecido ideológicamente es previo a su comprobación real. Dicho de otro modo: la interpretación de la realidad es tributaria de una concepción ideológica previa. 

En la medida que los hechos son leídos en esta clave interpretativa el PC como organización y los comunistas en particular sienten de modo muy pronunciado el orgullo de ser comunista.  

Así, pertenecer al Partido como lo llaman sus militantes, no es integrar una organización más con la que se está  o no de acuerdo dependiendo de sus lineamientos. Supone una dimensión existencial que trasciende los hechos concretos, supone una opción de vida que, según el grado de inserción en la estructura partidaria, impregna- en mayor o menor grado- todos los ámbitos de la vida privada.

2)     La vida interna del Partido Comunista, interna y pública, adquiere una dimensión fundamental pues el partido es considerado un fin en sí mismo. De su existencia depende totalmente el proyecto de cambio social. De este modo, lo interno, lo que vincula a los afiliados entre sí , lo que permite materializar y visualizar la existencia de la organización, se convierte en un elemento fundamental de la política partidaria.  

Un conjunto de encuentros (reunión de organismos, conferencias seccionales y departamentales, activos de frente, congresos),  de prácticas

(entrega de carné, pasaje de militantes de la juventud comunista a afiliados al partido) y de actos (especialmente el acto aniversario en el Palacio Peñarol desde mediados de los 60), son, pues, instancias que se repiten en las mismas coordenadas de espacio y tiempo. 

En este sentido, es posible considerar que la vida interna pública del Partido Comunista se organizaba de acuerdo a rituales que marcaban con un ritmo constante la vida de los comunistas. Este fuerte sentido de pertenencia revivido en cada ritual le daba al Partido Comunista una mística particular que caracterizaba su modo de inserción en la izquierda uruguaya y, en general, en la vida política del país en el período analizado. 

3)     Esta ritualización de su vida interna se relaciona con otro aspecto clave: los comunistas concebían, en cierto sentido, a su partido como un país socialista en pequeño. Así como la URSS y los países alineados con ella regían su economía a través de planes quinquenales, así los comunistas organizaban su actividad a través de una rigurosa planificación. 

Se planificaba todo: la cantidad de nuevos afiliados, el número de diarios vendidos, la plata que cada organismo debía recaudar. Toda la organización se dispone al logro de metas traducibles a números. Estos planes vertebran el quehacer cotidiano de los comunistas y estructuran la vida partidaria. 

El plan, también, posibilitaba una división de tareas muy definida en la medida en que cada militante tenía asignadas tareas muy concretas en plazos muy concretos, de modo tal que cada organismo, cada frente, e incluso que cada militante tenía  una determinada autonomía en el plano práctico que le posibilitaba cierto grado de autogestión. 

Los planes se evaluaban sistemáticamente y - al igual que en los países socialistas- se organizaba en torno a ellos una emulación, suerte de competencia con otro nombre, por la cual se destacaba a aquellos organismos que hubieran cumplido mejor lo estipulado.

El plan y la emulación son prácticas que devienen de una concepción extremadamente racional de la militancia atravesadas, a su vez, por un criterio productivista propio de la época tanto en el sistema socialista como en el capitalista. 

Los dos elementos analizados: la ritualidad y la racionalidad productivista le dan al militante comunista un fuerte sentido de pertenencia, una disposición hacia la disciplina y el encuadre, un sentimiento de entusiasmo al saberse partícipe de un quehacer colectivo y tangible, una sensación de seguridad por tener un lugar determinado y claro, un sentido vital en la medida que participa de un esfuerzo colectivo orientado hacia fines concretos, un orgullo estimulado en cada ritual, un - en definitiva- sentido de diferencia con el resto de la sociedad a la que se integra desde esa diferencia. 

Lo que en otros militantes de izquierda representaba la palabra revolución, en los comunistas  se simbolizaba con la palabra partido. Lo que en otros militantes representó la aureola de la opción de la lucha armada como camino de entrega total, en los comunistas fue vivido como la épica de la entrega diaria y sacrificada de la militancia legal.  

Estas dos místicas distintas de la izquierda conformarán, en el transcurso del proceso histórico, dos identidades diferenciadas que se contrapuntean permanentemente y que- probablemente- solo hayan podido descubrirse entre sí y converger, muchos años después, en la convivencia bajo circunstancias similares en las cárceles de la dictadura. 

4)     En el período estudiado no se constatan en el Partido Comunista ni desprendimientos ni divisiones conocidas públicamente. Por el contrario, el Partido Comunista aparece como fuertemente cohesionado, con un liderazgo contundente en lo ideológico dado por la figura de Rodney Arismendi.  

En una perspectiva histórica surgen varias interrogantes: ¿ era esta unidad una imagen pública que "tapaba" divisiones o discrepancias que se resolvían en la interna? ¿ era esta unidad el fruto de una estructura sumamente verticalista que no admitía la divergencia?  

En esta investigación se maneja como hipótesis que el partido comunista tenía una cultura de la unanimidad. Esto significa que la unidad interna del Partido Comunista podría ser el resultado, predominantemente, de una cohesión a nivel subjetivo. Esto podría ser así en la medida que el funcionamiento interno no  estuvo regulado tanto por reglas objetivas de un poder vertical y autoritario sino más bien por redes subjetivas más o menos invisibles y sutiles y por un conjunto de creencias y símbolos que unificaban a los comunistas en torno a una línea, en torno a sus dirigentes y en torno a un líder indiscutido como creador de teoría. 

En este sentido, es preciso advertir que el papel de Arismendi es fundamental en cuanto a la conformación de esta cultura de la unanimidad. Su imagen como cuadro del movimiento comunista internacional, su elaboración ideológica con dimensión continental plasmada en numerosos libros y artículos, su prestigio como diputado conjugado con la tradición nacional e internacional que jerarquiza especialmente el cargo de Secretario General, fueron todos elementos que convergieron en una dinámica interna caracterizada por la  resignación del análisis propio y un mecanismo de pensamiento que- al decir de Esteban Valenti - privilegió  la confianza en la dirección. 

Es posible afirmar que la dirección era colectiva en tanto elaboraba prácticas que buscaban reflejar con coherencia los lineamientos elaborados por Arismendi. Pero la dirección no fue colectiva en lo que tiene que ver con la producción de una teoría de la revolución uruguaya, teoría que fue la piedra angular de la línea política aplicada por el Partido Comunista entre 1955 y 1973. 

5)     Las cuatro conclusiones anteriores hacen referencia a las prácticas internas del partido comunista uruguayo. Su descripción e interpretación llevaron,  en esta investigación, a formularse un conjunto de preguntas claves. ¿Son estos elementos identitarios solo propios de los comunistas uruguayos? ¿Qué elementos son comunes a los partidos comunistas del mundo - especialmente a aquellos que reconocían a la URSS como vanguardia de la revolución mundial? ¿ Qué características de nuestro país y de nuestro proceso histórico atravesaron la cultura comunista uruguaya?

Una ideología, una estrategia mundial, un conjunto de rituales y ceremonias, un vocabulario, un modo de hacer y decir, una comunidad de símbolos, caracterizan, en la década del 60 y del 70, a todos los que forman parte del movimiento comunista liderado por la URSS. 

El Partido Comunista integra de forma sostenida e ininterrumpida desde su fundación el movimiento comunista internacional. Entre 1917 y 1973  los comunistas uruguayos nunca - por lo menos de forma pública- mostraron ninguna discrepancia ni matiz ni alejamiento respecto a la Unión Soviética. 

Este dato de la realidad es preciso " cruzarlo" con otro dato igualmente objetivo: el Partido Comunista fue en la coyuntura 1968-1973 la fuerza numéricamente mayor de la izquierda legal siendo claramente predominante en el movimiento sindical y apareciendo con una importante influencia ( aunque por supuesto disputada) en el movimiento estudiantil y en el Frente Amplio. 

Parecería , por lo tanto, pertinente considerar que el Partido Comunista uruguayo buscó articular la matriz comunista universal ( impregnada especialmente por lo soviético) con su versión propia de lo nacional,  conformándose así  una suerte de combinación entre ambos elementos que  constituyeron la materia fundacional y fundamental de su original proceso de construcción de la identidad partidaria. 

En relación a la inserción en el movimiento comunista internacional se puede mencionar a modo de ejemplo: la presencia sin excepciones en todos los encuentros mundiales de los partidos comunistas pro soviéticos, la difusión de material soviético ( revistas, libros, películas), la interpretación de los fenómenos mundiales mediatizada por la interpretación soviética

( tal vez la revolución cubana constituya una excepción a esta afirmación en la medida que es el propio Arismendi el que le aporta al movimiento comunista internacional una explicación de la revolución en América Latina), la difusión de los textos de Marx, Engels y Lenin en su versión soviética, las continuas visitas de comunistas uruguayos a la URSS, la cantidad de cuadros tanto del partido como de la juventud que participaron en cursos de formación del PCUS y  del Konsomol, el uso de los mismos símbolos y del mismo  lenguaje, la práctica de rituales similares al de otros partidos comunistas ( especialmente hay una identificación en este aspecto con los partidos de masas legales europeos: italiano y francés). 

En relación a la inserción nacional, también a modo de ejemplo, se puede mencionar: la presencia en todo el país, la presencia en todos los sectores del movimiento popular, la inserción de la Juventud Comunista en sectores no solo estudiantiles de la juventud uruguaya, el numeroso conjunto de intelectuales y artistas que estaban afiliados al Partido Comunista, la existencia sin interrupciones de un diario, de una revista teórica y de  una audición radial, la existencia de una editorial propia, la conformación de un grupo de historiadores  comunistas, la búsqueda de un papel destacado en lo cuantitativo y en lo cualitativo en el Parlamento así como de relaciones con los partidos tradicionales y con el resto de la izquierda. 

Parecería clara la orientación del Partido Comunista de lograr una inserción bien definida en la realidad nacional tanto en lo que tiene que ver con la enunciación sobre la necesidad de  elaborar  una teoría específica de la revolución uruguaya así como la dedicación puesta en el análisis de algunos aspectos de la realidad del país ( Universidad, secundaria, frigoríficos, banca, etc). En este marco se inscriben también los trabajos historiográficos sobre nuestro pasado, así como la importancia dada por  los artistas comunistas  uruguayos a la creación con raíces nacionales ( Zitarrosa, Camerata, El Galpón, etc). También en la elección de los símbolos se nota este esfuerzo marcado por la inserción , por ejemplo en el uso de la figura de Artigas en los actos desde mediados de los 60. 

Se constata, por lo tanto, una muy singular articulación entre los elementos universales- soviéticos -europeos, por un lado, y los elementos nacionales cada vez más presentes a medida que avanza la década del 60 y se agravan los conflictos sociales. Esta original articulación se convierte, pues, en una marca clave de la identidad comunista uruguaya dándole al Partido Comunista un perfil un tanto diferente a los otros partidos comunistas latinoamericanos. 

Tanto para analizar este último aspecto como en relación a los anteriores es imprescindible considerar que el Partido Comunista uruguayo operó siempre en la legalidad y en un marco democrático hasta el año 1973. Así como también es preciso tener en cuenta que la cultura comunista uruguaya no podría concebirse sin algunas condicionantes nacionales tales como la relativa homogeneidad racial, el nivel de alfabetismo, el grado de desarrollo urbano, la importancia de las capas medias, la tradición cultural no oficialista, la ausencia de un período populista, la tradición de independencia de los sindicatos y su relación histórica  con el movimiento estudiantil, entre otros factores. 

6)     Por último, esta  investigación sobre las prácticas y los símbolos de los comunistas uruguayos se centró en lo que fue - y esta es la hipótesis central del trabajo -el elemento constitutivo de la matriz identitaria estudiada. Esto es la representación que los comunistas tenían de la URSS. Al plantearse la categoría representación no se busca analizar los lineamientos ideológicos que unieron desde su fundación al Partido Comunista con la URSS, ni las consecuencias políticas que esta persistente adhesión  tuvo  en la acción del partido. 

El punto de partida es concebir que la identidad comunista se constituye a partir de convertir lo ideológico en simbólico. En esta construcción la URSS no fue solo un país en el que se construía el socialismo sino un símbolo, un país que representaba otra cosa. La URSS era el futuro al que llegarían alguna vez todos los países guiados por un partido comunista al estilo del partido soviético. ( " glorioso partido de Lenin") 

Esta concepción evolucionista de los procesos históricos implicó concebir a la URSS como una " utopía territorializada". El socialismo soviético no era así una realidad compleja y contradictoria posible de ser analizada desde un punto de vista marxista, sino un sistema estático y fijo que se convertía, por eso mismo, en un ideal a alcanzar. En palabras de Arismendi: " el futuro socialista del mundo encarnado en la URSS" (Justicia, 1945). 

Para los comunistas uruguayos la URSS no era solo el país vanguardia en el que se construía por primera vez el socialismo. En su imaginario, este país  era  el  territorio en el que se plasmaba el socialismo como utopía realizable; era el espacio del futuro, la geografía de la realización de lo posible. 

La Unión Soviética no era, pues, un hecho político. Por eso se negaban los conflictos, las tensiones, los intereses opuestos.  Solo en algunos casos y referido nunca a situaciones del presente se usaba la palabra errores o atrasos y de forma muy general o difusa. 

Ningún documento público del Partido Comunista menciona ni problemas de nacionalidades, ni dificultades económicas, ni existencia de diversas religiones, ni carencias tecnológicas, así como tampoco nunca se hace referencia a la burocracia ni a luchas internas en el ámbito del PCUS. 

Al identificar el futuro con el presente, el socialismo con un país, el marxismo leninismo con la línea del PCUS, los comunistas uruguayos se plantean la relación con éste en términos de lealtad. 

En esta cadena de identificaciones y en el contexto de la guerra fría la posición crítica se asemeja a ataque, crítica pública a adhesión al capitalismo, cuestionamiento a traición. Toda posición diferente es sumada como anticomunismo y como incomprensión del verdadero marxismo leninismo. 

Esta visión de la URSS, esta concepción ideológica que funcionaba como mito de futuro se expresó en un conjunto de fenómenos que conformaron el perfil del Partido Comunista e impregnaron la vida cotidiana de los comunistas uruguayos. 

Algunos de estos fenómenos son:

-          Un sentido de pertenencia a una corriente universal  que trascendía al propio partido en el que se militaba

-          Un estímulo a la militancia cotidiana en la medida que su horizonte utópico se materializaba en un determinado presente dando así una seguridad trascendente en las posibilidades del socialismo

-          Un conjunto de símbolos identificatorios ( colores, banderas, canciones)

-          Un lugar especialmente destacado para la delegación del PCUS en los actos

-          Una determinada organización espacial de los actos a través de la cual se priorizaban esos símbolos

-          La difusión de revistas propagandísticas soviéticas

-          La difusión de novelas soviéticas

-          La relación del Partido Comunista con el Instituto Cultural Uruguayo Soviético

-          Los viajes que hacían los cuadros del partido y de la juventud comunista, considerados como un honor o una promoción y que reafirmaban los lazos de compromiso 

En suma, la representación que los comunistas uruguayos tuvieron de la URSS como utopía territorializada y su pertinaz inserción en el movimiento comunista internacional liderado por el PCUS, impregnó a esta organización política nacional de elementos comunes con una corriente universal que marcó el siglo XX.  

Estos elementos comunes son, en buena medida, precisamente los analizados al investigar las prácticas y los símbolos del Partido Comunista uruguayo. En este sentido y abriendo un puente con futuras investigaciones, es posible definir que cualquier historia política de esta organización se hace incomprensible si no se la inscribe en relación con la historia de la URSS y del PCUS en el siglo XX. 

Esto ya  fue planteado por los historiadores Caetano y Rilla en 1990: " ...  el  Partido Comunista uruguayo se vuelve definitivamente comprensible si es puesto en relación con la peripecia de la URSS y sus constelaciones, la que cumple un rol configurador, informa su visión del mundo y muestra en su esplendor una concepción prioritariamente ideológica de la política." ( La izquierda uruguaya y el socialismo real. Visión histórica de algunas trayectorias. Montevideo. Hugo Achugar/ Editor, Fesur, 1990)

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