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Prácticas,
símbolos y representaciones Esta es la ponencia presentada el jueves 3 de julio en el seminario Nuevas miradas sobre la dictadura uruguaya, que se realizó en el Cabildo de Montevideo, con motivo de los 30 años del golpe de Estado. Lo que sigue es la síntesis de la tesis de Diploma de Posgrado, en Historia Contemporánea del CLAEH, de Marisa Silva.
Se
busca encontrar algunas claves de su identidad a través del análisis
de sus prácticas internas. ¿Por qué centrar un trabajo de carácter
histórico de un partido de izquierda en las prácticas internas y
no en sus enunciados ideológicos? Se parte de la premisa de que
un abordaje más desde lo cotidiano y desde lo privado, más
acotado al territorio de las mentalidades puede dar una visión de
ese partido menos racionalista y estructurada. En el caso del
Partido Comunista esta dimensión parecería especialmente
significativa pues su proyección pública ha sido siempre muy
mediatizada por lo ideológico. Por
otra parte, se considera como hipótesis el hecho de que estas prácticas,
este modo de vincularse entre sí y con los otros, ha sido un
elemento que el Partido Comunista, en el período estudiado,
irradió y proyectó al conjunto de la izquierda. Por influencia,
semejanza u oposición este modo de operar de los comunistas
uruguayos, de algún modo trascendió las fronteras partidarias.
De allí, también, su interés como objeto de estudio.
El
tema de la identidad remite a un conjunto de problemas. ¿Es
posible definir una identidad determinada respecto a un sujeto
colectivo o la heterogeneidad de sus integrantes debe llevar a
pensar en múltiples identidades constitutivas del partido en
cuestión? A su vez: en la medida que la identidad es siempre un
proceso y no un resultado estático que pueda captarse de una vez
y para siempre, surge la interrogante: ¿ es posible identificar
un conjunto de elementos relativamente constantes durante un período
determinado de tiempo? En
este trabajo se describen algunas prácticas, representaciones y símbolos
que constituyen una matriz básica del funcionamiento del Partido
Comunista en su etapa de mayor expansión cuantitativa y
cualitativa. Esto no quiere decir que esta matriz se haya fundado
en el período estudiado.
Tampoco
supone dejar de considerar que, según los niveles y
lugares, esta matriz se expresó de maneras ciertamente distintas.
Del mismo modo, el hecho de caracterizar algunas señales
identitarias, no significa dejar de considerar a los comunistas en
su natural diversidad (clase social, nivel cultural, grado de
inserción en la estructura, antigüedad en la organización,
lugar de militancia). El
análisis de los actos, de los encuentros partidarios, del carné,
del uso de la camisa roja por parte de los jóvenes, de la
percepción que los comunistas tenían de sí mismos permitió arribar a algunas conclusiones: 1)
Hay en el Partido Comunista una visión esencialista de sí
mismo. Esto significa que la idea que los comunistas tienen sobre
su organización no proviene, en primera instancia, de su propia
práctica sino de su misma existencia. Es lo ideológico y no la
resultante de sus acciones lo que les permite considerar que son
la vanguardia del proceso revolucionario uruguayo. Lo son en tanto
se definen como partido de la clase obrera guiados por el marxismo
leninismo. El hecho de que en el primero de sus estatutos se
definan como vanguardia refleja un modo de operar sobre la
realidad: lo establecido ideológicamente es previo a su
comprobación real. Dicho de otro modo: la interpretación de la
realidad es tributaria de una concepción ideológica previa. En
la medida que los hechos son leídos en esta clave interpretativa
el PC como organización y los comunistas en particular sienten de
modo muy pronunciado el orgullo de ser comunista. Así,
pertenecer al Partido como lo llaman sus militantes, no es
integrar una organización más con la que se está
o no de acuerdo dependiendo de sus lineamientos. Supone una
dimensión existencial que trasciende los hechos concretos, supone
una opción de vida que, según el grado de inserción en la
estructura partidaria, impregna- en mayor o menor grado- todos los
ámbitos de la vida privada. 2)
La vida interna del Partido Comunista, interna y pública,
adquiere una dimensión fundamental pues el partido es considerado
un fin en sí mismo. De su existencia depende totalmente el
proyecto de cambio social. De este modo, lo interno, lo que
vincula a los afiliados entre sí , lo que permite materializar y
visualizar la existencia de la organización, se convierte en un
elemento fundamental de la política partidaria. Un
conjunto de encuentros (reunión de organismos, conferencias
seccionales y departamentales, activos de frente, congresos),
de prácticas (entrega
de carné, pasaje de militantes de la juventud comunista a
afiliados al partido) y de actos (especialmente el acto
aniversario en el Palacio Peñarol desde mediados de los 60), son,
pues, instancias que se repiten en las mismas coordenadas de
espacio y tiempo. En
este sentido, es posible considerar que la vida interna pública
del Partido Comunista se organizaba de acuerdo a rituales que
marcaban con un ritmo constante la vida de los comunistas. Este
fuerte sentido de pertenencia revivido en cada ritual le daba al
Partido Comunista una mística particular que caracterizaba su
modo de inserción en la izquierda uruguaya y, en general, en la
vida política del país en el período analizado. 3)
Esta ritualización de su vida interna se relaciona con
otro aspecto clave: los comunistas concebían, en cierto sentido,
a su partido como un país socialista en pequeño. Así como la
URSS y los países alineados con ella regían su economía a través
de planes quinquenales, así los comunistas organizaban su
actividad a través de una rigurosa planificación. Se
planificaba todo: la cantidad de nuevos afiliados, el número de
diarios vendidos, la plata que cada organismo debía recaudar.
Toda la organización se dispone al logro de metas traducibles a números.
Estos planes vertebran el quehacer cotidiano de los comunistas y
estructuran la vida partidaria. El
plan, también, posibilitaba una división de tareas muy definida
en la medida en que cada militante tenía asignadas tareas muy
concretas en plazos muy concretos, de modo tal que cada organismo,
cada frente, e incluso que cada militante tenía
una determinada autonomía en el plano práctico que le
posibilitaba cierto grado de autogestión. Los
planes se evaluaban sistemáticamente y - al igual que en los países
socialistas- se organizaba en torno a ellos una emulación, suerte
de competencia con otro nombre, por la cual se destacaba a
aquellos organismos que hubieran cumplido mejor lo estipulado. El
plan y la emulación son prácticas que devienen de una concepción
extremadamente racional de la militancia atravesadas, a su vez,
por un criterio productivista propio de la época tanto en el
sistema socialista como en el capitalista. Los
dos elementos analizados: la ritualidad y la racionalidad
productivista le dan al militante comunista un fuerte sentido de
pertenencia, una disposición hacia la disciplina y el encuadre,
un sentimiento de entusiasmo al saberse partícipe de un quehacer
colectivo y tangible, una sensación de seguridad por tener un
lugar determinado y claro, un sentido vital en la medida que
participa de un esfuerzo colectivo orientado hacia fines
concretos, un orgullo estimulado en cada ritual, un - en
definitiva- sentido de diferencia con el resto de la sociedad a la
que se integra desde esa diferencia. Lo
que en otros militantes de izquierda representaba la palabra
revolución, en los comunistas
se simbolizaba con la palabra partido. Lo que en otros
militantes representó la aureola de la opción de la lucha armada
como camino de entrega total, en los comunistas fue vivido como la
épica de la entrega diaria y sacrificada de la militancia legal.
Estas
dos místicas distintas de la izquierda conformarán, en el
transcurso del proceso histórico, dos identidades diferenciadas
que se contrapuntean permanentemente y que- probablemente- solo
hayan podido descubrirse entre sí y converger, muchos años después,
en la convivencia bajo circunstancias similares en las cárceles
de la dictadura. 4)
En el período estudiado no se constatan en el Partido
Comunista ni desprendimientos ni divisiones conocidas públicamente.
Por el contrario, el Partido Comunista aparece como fuertemente
cohesionado, con un liderazgo contundente en lo ideológico dado
por la figura de Rodney Arismendi. En
una perspectiva histórica surgen varias interrogantes: ¿ era
esta unidad una imagen pública que "tapaba" divisiones
o discrepancias que se resolvían en la interna? ¿ era esta
unidad el fruto de una estructura sumamente verticalista que no
admitía la divergencia? En
esta investigación se maneja como hipótesis que el partido
comunista tenía una cultura de la unanimidad. Esto significa que
la unidad interna del Partido Comunista podría ser el resultado,
predominantemente, de una cohesión a nivel subjetivo. Esto podría
ser así en la medida que el funcionamiento interno no
estuvo regulado tanto por reglas objetivas de un poder
vertical y autoritario sino más bien por redes subjetivas más o
menos invisibles y sutiles y por un conjunto de creencias y símbolos
que unificaban a los comunistas en torno a una línea, en torno a
sus dirigentes y en torno a un líder indiscutido como creador de
teoría. En
este sentido, es preciso advertir que el papel de Arismendi es
fundamental en cuanto a la conformación de esta cultura de la
unanimidad. Su imagen como cuadro del movimiento comunista
internacional, su elaboración ideológica con dimensión
continental plasmada en numerosos libros y artículos, su
prestigio como diputado conjugado con la tradición nacional e
internacional que jerarquiza especialmente el cargo de Secretario
General, fueron todos elementos que convergieron en una dinámica
interna caracterizada por la
resignación del análisis propio y un mecanismo de
pensamiento que- al decir de Esteban Valenti - privilegió
la confianza en la dirección. Es
posible afirmar que la dirección era colectiva en tanto elaboraba
prácticas que buscaban reflejar con coherencia los lineamientos
elaborados por Arismendi. Pero la dirección no fue colectiva en
lo que tiene que ver con la producción de una teoría de la
revolución uruguaya, teoría que fue la piedra angular de la línea
política aplicada por el Partido Comunista entre 1955 y 1973. 5)
Las cuatro conclusiones anteriores hacen referencia a las
prácticas internas del partido comunista uruguayo. Su descripción
e interpretación llevaron, en
esta investigación, a formularse un conjunto de preguntas claves.
¿Son estos elementos identitarios solo propios de los comunistas
uruguayos? ¿Qué elementos son comunes a los partidos comunistas
del mundo - especialmente a aquellos que reconocían a la URSS
como vanguardia de la revolución mundial? ¿ Qué características
de nuestro país y de nuestro proceso histórico atravesaron la
cultura comunista uruguaya? Una
ideología, una estrategia mundial, un conjunto de rituales y
ceremonias, un vocabulario, un modo de hacer y decir, una
comunidad de símbolos, caracterizan, en la década del 60 y del
70, a todos los que forman parte del movimiento comunista liderado
por la URSS. El
Partido Comunista integra de forma sostenida e ininterrumpida
desde su fundación el movimiento comunista internacional. Entre
1917 y 1973 los
comunistas uruguayos nunca - por lo menos de forma pública-
mostraron ninguna discrepancia ni matiz ni alejamiento respecto a
la Unión Soviética. Este
dato de la realidad es preciso " cruzarlo" con otro dato
igualmente objetivo: el Partido Comunista fue en la coyuntura
1968-1973 la fuerza numéricamente mayor de la izquierda legal
siendo claramente predominante en el movimiento sindical y
apareciendo con una importante influencia ( aunque por supuesto
disputada) en el movimiento estudiantil y en el Frente Amplio. Parecería
, por lo tanto, pertinente considerar que el Partido Comunista
uruguayo buscó articular la matriz comunista universal (
impregnada especialmente por lo soviético) con su versión propia
de lo nacional, conformándose
así una suerte de
combinación entre ambos elementos que
constituyeron la materia fundacional y fundamental de su
original proceso de construcción de la identidad partidaria. En
relación a la inserción en el movimiento comunista internacional
se puede mencionar a modo de ejemplo: la presencia sin excepciones
en todos los encuentros mundiales de los partidos comunistas pro
soviéticos, la difusión de material soviético ( revistas,
libros, películas), la interpretación de los fenómenos
mundiales mediatizada por la interpretación soviética (
tal vez la revolución cubana constituya una excepción a esta
afirmación en la medida que es el propio Arismendi el que le
aporta al movimiento comunista internacional una explicación de
la revolución en América Latina), la difusión de los textos de
Marx, Engels y Lenin en su versión soviética, las continuas
visitas de comunistas uruguayos a la URSS, la cantidad de cuadros
tanto del partido como de la juventud que participaron en cursos
de formación del PCUS y del
Konsomol, el uso de los mismos símbolos y del mismo lenguaje, la práctica de rituales similares al de otros
partidos comunistas ( especialmente hay una identificación en
este aspecto con los partidos de masas legales europeos: italiano
y francés). En
relación a la inserción nacional, también a modo de ejemplo, se
puede mencionar: la presencia en todo el país, la presencia en
todos los sectores del movimiento popular, la inserción de la
Juventud Comunista en sectores no solo estudiantiles de la
juventud uruguaya, el numeroso conjunto de intelectuales y
artistas que estaban afiliados al Partido Comunista, la existencia
sin interrupciones de un diario, de una revista teórica y de
una audición radial, la existencia de una editorial
propia, la conformación de un grupo de historiadores
comunistas, la búsqueda de un papel destacado en lo
cuantitativo y en lo cualitativo en el Parlamento así como de
relaciones con los partidos tradicionales y con el resto de la
izquierda. Parecería
clara la orientación del Partido Comunista de lograr una inserción
bien definida en la realidad nacional tanto en lo que tiene que
ver con la enunciación sobre la necesidad de
elaborar una
teoría específica de la revolución uruguaya así como la
dedicación puesta en el análisis de algunos aspectos de la
realidad del país ( Universidad, secundaria, frigoríficos,
banca, etc). En este marco se inscriben también los trabajos
historiográficos sobre nuestro pasado, así como la importancia
dada por los artistas
comunistas uruguayos
a la creación con raíces nacionales ( Zitarrosa, Camerata, El
Galpón, etc). También en la elección de los símbolos se nota
este esfuerzo marcado por la inserción , por ejemplo en el uso de
la figura de Artigas en los actos desde mediados de los 60. Se
constata, por lo tanto, una muy singular articulación entre los
elementos universales- soviéticos -europeos, por un lado, y los
elementos nacionales cada vez más presentes a medida que avanza
la década del 60 y se agravan los conflictos sociales. Esta
original articulación se convierte, pues, en una marca clave de
la identidad comunista uruguaya dándole al Partido Comunista un
perfil un tanto diferente a los otros partidos comunistas
latinoamericanos. Tanto
para analizar este último aspecto como en relación a los
anteriores es imprescindible considerar que el Partido Comunista
uruguayo operó siempre en la legalidad y en un marco democrático
hasta el año 1973. Así como también es preciso tener en cuenta
que la cultura comunista uruguaya no podría concebirse sin
algunas condicionantes nacionales tales como la relativa
homogeneidad racial, el nivel de alfabetismo, el grado de
desarrollo urbano, la importancia de las capas medias, la tradición
cultural no oficialista, la ausencia de un período populista, la
tradición de independencia de los sindicatos y su relación histórica
con el movimiento estudiantil, entre otros factores. 6)
Por último, esta investigación
sobre las prácticas y los símbolos de los comunistas uruguayos
se centró en lo que fue - y esta es la hipótesis central del
trabajo -el elemento constitutivo de la matriz identitaria
estudiada. Esto es la representación que los comunistas tenían
de la URSS. Al plantearse la categoría representación no se
busca analizar los lineamientos ideológicos que unieron desde su
fundación al Partido Comunista con la URSS, ni las consecuencias
políticas que esta persistente adhesión
tuvo en la
acción del partido. El
punto de partida es concebir que la identidad comunista se
constituye a partir de convertir lo ideológico en simbólico. En
esta construcción la URSS no fue solo un país en el que se
construía el socialismo sino un símbolo, un país que
representaba otra cosa. La URSS era el futuro al que llegarían
alguna vez todos los países guiados por un partido comunista al
estilo del partido soviético. ( " glorioso partido de Lenin") Esta
concepción evolucionista de los procesos históricos implicó
concebir a la URSS como una " utopía territorializada".
El socialismo soviético no era así una realidad compleja y
contradictoria posible de ser analizada desde un punto de vista
marxista, sino un sistema estático y fijo que se convertía, por
eso mismo, en un ideal a alcanzar. En palabras de Arismendi:
" el futuro socialista del mundo encarnado en la URSS"
(Justicia, 1945). Para
los comunistas uruguayos la URSS no era solo el país vanguardia
en el que se construía por primera vez el socialismo. En su
imaginario, este país era
el territorio
en el que se plasmaba el socialismo como utopía realizable; era
el espacio del futuro, la geografía de la realización de lo
posible. La
Unión Soviética no era, pues, un hecho político. Por eso se
negaban los conflictos, las tensiones, los intereses opuestos.
Solo en algunos casos y referido nunca a situaciones del
presente se usaba la palabra errores o atrasos y de forma muy
general o difusa. Ningún
documento público del Partido Comunista menciona ni problemas de
nacionalidades, ni dificultades económicas, ni existencia de
diversas religiones, ni carencias tecnológicas, así como tampoco
nunca se hace referencia a la burocracia ni a luchas internas en
el ámbito del PCUS. Al
identificar el futuro con el presente, el socialismo con un país,
el marxismo leninismo con la línea del PCUS, los comunistas
uruguayos se plantean la relación con éste en términos de
lealtad. En
esta cadena de identificaciones y en el contexto de la guerra fría
la posición crítica se asemeja a ataque, crítica pública a
adhesión al capitalismo, cuestionamiento a traición. Toda posición
diferente es sumada como anticomunismo y como incomprensión del
verdadero marxismo leninismo. Esta
visión de la URSS, esta concepción ideológica que funcionaba
como mito de futuro se expresó en un conjunto de fenómenos que
conformaron el perfil del Partido Comunista e impregnaron la vida
cotidiana de los comunistas uruguayos. Algunos
de estos fenómenos son: -
Un sentido de pertenencia a una corriente universal
que trascendía al propio partido en el que se militaba -
Un estímulo a la militancia cotidiana en la medida que su
horizonte utópico se materializaba en un determinado presente
dando así una seguridad trascendente en las posibilidades del
socialismo -
Un conjunto de símbolos identificatorios ( colores,
banderas, canciones) -
Un lugar especialmente destacado para la delegación del
PCUS en los actos -
Una determinada organización espacial de los actos a través
de la cual se priorizaban esos símbolos -
La difusión de revistas propagandísticas soviéticas -
La difusión de novelas soviéticas -
La relación del Partido Comunista con el Instituto
Cultural Uruguayo Soviético -
Los viajes que hacían los cuadros del partido y de la
juventud comunista, considerados como un honor o una promoción y
que reafirmaban los lazos de compromiso En
suma, la representación que los comunistas uruguayos tuvieron de
la URSS como utopía territorializada y su pertinaz inserción en
el movimiento comunista internacional liderado por el PCUS,
impregnó a esta organización política nacional de elementos
comunes con una corriente universal que marcó el siglo XX. Estos
elementos comunes son, en buena medida, precisamente los
analizados al investigar las prácticas y los símbolos del
Partido Comunista uruguayo. En este sentido y abriendo un puente
con futuras investigaciones, es posible definir que cualquier
historia política de esta organización se hace incomprensible si
no se la inscribe en relación con la historia de la URSS y del
PCUS en el siglo XX. Esto ya fue planteado por los historiadores Caetano y Rilla en 1990: " ... el Partido Comunista uruguayo se vuelve definitivamente comprensible si es puesto en relación con la peripecia de la URSS y sus constelaciones, la que cumple un rol configurador, informa su visión del mundo y muestra en su esplendor una concepción prioritariamente ideológica de la política." ( La izquierda uruguaya y el socialismo real. Visión histórica de algunas trayectorias. Montevideo. Hugo Achugar/ Editor, Fesur, 1990) LA ONDA® DIGITAL |
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