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"La
ciencia no pide permiso" Carlos Popik presidente de Monsanto Argentina, y vicepresidente de Asuntos Corporativos para Latinoamérica, afirma en esta entrevista que "La ciencia no pide permiso" y que a pesar de que el cultivo no está aprobado, se estima que en Brasil existen entre tres y seis millones de hectáreas sembradas con soja transgénica, fruto de semillas introducidas ilegalmente desde Argentina
En
1996 la soja Roundup Ready desembarcó en Argentina, registrándose
una siembra del 1.5% de la superficie total de ese cultivo, dos años
después alcanzaba 25%, para llegar al 75% el 2000, y en la campaña
pasada las hectáreas sembradas con ella totalizaban un 95%. Y es
que su resistencia al glifosato (que se utiliza desde hace 25 años
en más 125 países y que permite controlar todas las malezas) le
permitió a los productores ahorrar más de 200 millones de dólares
en productos químicos. El
presidente de Monsanto Argentina y vicepresidente de Asuntos
Corporativos para Latinoamérica, Carlos Popik, señala que este
avance arrollador fue más rápido que lo esperado por la compañía,
“la tecnología fue avasalladora y todos quisieron aprovechar
sus ventajas”. Popik
llegó a trabajar a Monsanto Brasil hace veinte años, como
gerente de productos acetanilidas, y ha vivido desde dentro el
proceso de introducción de los OGMs, debiendo enfrentar las críticas
de grupos ambientalistas y la demanda de los agricultores. -
¿Cómo ha visto el crecimiento de Monsanto en estos veinte años? He
visto dos cosas, un crecimiento y una transformación. Cuando yo
llegué a Monsanto, en la década de los ‘80, todavía era una
compañía química donde agricultura era una de las cinco
unidades de negocios, pero sin una participación en el mercado de
semillas. Tan sólo un poco de tiempo después de mi llegada al
grupo, es cuando se empieza a trabajar en el tema, gracias a la
visión de Richard Mahoney, que por ese entonces era el chairman
de la compañía. -
¿Hacia adónde apuntaba esa visión? Hacia
el desarrollo de investigaciones en biotecnología, y él se jugó
mucho en ese sentido, porque en ese momento Monsanto Agriculture
Product Company (que aunque recibía el nombre de Company era más
bien una división de la empresa) estaba jugada esencialmente a
los químicos, principalmente a herbicidas y reguladores de
crecimiento. Mahoney vislumbró que la transformación genética
iba a redundar en la obtención de plantas que se iban a proteger
a sí mismas, ya sea de insectos o de enfermedades, y que eso iba
a reemplazar a los químicos. El cambio era entonces de químicos
selectivos a las plantas, a plantas que podían hacerse selectivas
a los químicos, es así como nace el Roundup Ready. -¿Y cómo se enfrentó esa visión dentro de la empresa?, ¿fue aceptada rápidamente? -Yo
diría que sí, aunque la gente que era la esencia de la compañía
química lo vio con escepticismo e indiferencia, porque en su
mundo químico la biología no entraba. En ese tiempo se sentaron
las bases y se comenzó a trabajar en investigación, este énfasis
fue continuado por la persona que sucedió a Mahoney en el cargo,
Bob Shapiro, quien tuvo una visión ampliada y más modernizada,
porque él fue el primero en hablar sobre compañías de ciencia
de la vida. - Pero esa transformación, ¿fue fácil para los agrónomos que estaban en la empresa en ese momento? Personalmente,
cuando a principios de los años ‘80 me hablaban de soja
resistente a glifosato, me preguntaba si funcionaría. Uno
escuchaba cosas que hace 20 años sonaban tremendamente ambiciosas
y hoy las vemos materializadas, sabemos del dominio que ha
alcanzado el hombre en cuanto a transformación de las cadenas de
DNA, lo que se sabe de genoma permite pensar en una tremenda
ampliación del conocimiento, y no sólo desde el punto de vista
agronómico, también desde el punto de vista medicinal. -¿Cómo se las arregla una empresa como Monsanto para hacer convivir dos mundos tan diferentes, como son una parte de gestión comercial con una dedicada a la investigación?. -
He visto una transformación de parte de los científicos a lo
largo del tiempo, esto es una cuestión cultural que no sucede
solamente en Monsanto, sino más bien en muchas compañías donde
existe una visión de las necesidades de un mercado bastante
compartidas, tanto en lo científico como en lo comercial. El
científico puede crear cualquier cosa, si domina una determinada
técnica, pero lo importante es enfocar esa ciencia hacia aquello
que agrega valor para mejorar la vida humana. Entonces yo creo que
hay una convivencia muy armoniosa, donde se debate cuáles son las
necesidades, qué es lo que el mercado necesita, y me parece que
tenemos un trabajo bastante bien coordinado. De hecho hoy la
generación de conocimientos y la posibilidad de generar nuevas
tecnologías supera la capacidad de inversión de la mayoría de
las empresas. Si hoy Monsanto siguiera trabajando en el desarrollo
de todos los conceptos que fueron apareciendo en los últimos 10
ó 15 años, y voy a aventurar un número, tendría que tener un
presupuesto de research del orden de los mil millones de dólares
anuales. El tamaño de la compañía y la realidad de mercado nos
limita a un presupuesto que está en torno a los 450 ó 500
millones de dólares, pero si no hubiésemos puesto freno al
desarrollo de las cosas que van apareciendo nosotros estaríamos
gastando, como mínimo, el doble. - Imagino que después de veinte años trabajando en semillas, el campo de investigación es tremendamente amplio. ¿Cómo se seleccionan las líneas a profundizar?. -La
respuesta es fácil, es una cuestión –como dicen los
americanos- de “dollars and sense”. Si fuera gratis,
investigaríamos todo aquello que nos parezca interesante, pero
hacerlo requiere tremendos esfuerzos económicos, entonces lo que
hizo Monsanto fue definir cuáles son sus vision crops o cultivos
visión. Aquellos en los que sabemos que tenemos masa crítica,
tanto por el conocimiento para desarrollar buenas tecnologías,
como desde el punto de vista comercial para después ponerlas en
el mercado. Hoy nos focalizamos en cuatro cultivos principales:
soja, maíz, algodón y trigo. Es en ellos que invertimos gran
parte de nuestros recursos. Pero en los casos en que la empresa
puede hacer aportes comunitarios, se hacen por sobre el interés
comercial. -¿Como en el caso de la secuenciación del arroz? -
El trabajo de secuenciamiento del arroz ha sido una donación a la
humanidad, para quien quiera aprovechar los datos científicos que
se han obtenido, ya que sabemos que es el alimento más importante
en el mundo. -
Y en ese contexto ¿ cómo se diferencia Monsanto de las otras
empresas que están haciendo investigación y a su vez en el
desarrollo? ¿Qué la distingue…? -
Yo no podría definir cómo están trabajando las demás empresas,
pero creo que prácticamente todas las compañías están mirando
más o menos las mismas áreas. La diferencia de Monsanto,
simplemente es que fue la primera en trabajar en este tema, que
inyectó los recursos y un dinamismo que los demás empiezan a
poner sólo años después. De hecho, cuando uno ve el número de
aprobaciones de transgénicos en el mundo, Monsanto tienen el 80%
de ellos, simplemente porque se enfocó en producir. El
uso de transgénicos se ha convertido en uno de los temas más
resistidos por organizaciones ambientales y de consumidores, pero
los agricultores han acogido rápidamente sus ventajas. Popik
defiende su aplicación, haciendo notar que cada día aparecen
nuevos estudios que desmienten los mitos que se han tejido en
torno a los OGMs, sin embargo está consciente de que se han
cometido errores al introducirlos, al no ser los consumidores los
receptores directos de estas ventajas. - A pesar de la oposición de los grupos verdes el mercado de las semillas transgénicas se ha ido imponiendo en todo el mundo. En 1995 se vendieron 75 millones de dólares, en 1999 pasaron al orden de 2300 millones de dólares y se vaticinaba que para el 2010 iba a ser de 25 mil millones de dólares. ¿Se han ido cumpliendo esas expectativas?. -
Definitivamente
no, y ese es uno de los motivos por los cuales también se frenan
las inversiones en biotecnología. Los hitos se van dando, pero
los timings son diferentes y eso lo hemos visto hasta ahora y lo
vamos a seguir viendo mientras nos encontremos con restricciones y
rechazos desde el punto de vista político, regulatorio, legal, y
del consumidor. - Independiente del crecimiento en ventas, ¿la biotecnología está pagando para los accionistas Monsanto? -
Monsanto fue una compañía que en el año 2002 desilusionó al
mercado, porque se dieron varios factores que frenaron su
crecimiento, lo que se refleja en el valor de sus acciones, que ha
caído. Fue una combinación de tres factores, en donde la
biotecnología no es la causal de la desilusión del mercado. Estos
fueron y no en orden de importancia: La tremenda sequía del Medio
Oeste, que redujo las ventas de semillas Roundup; la devaluación
argentina, que ocasionó que Monsanto cobrara menos dólares de
los que tenía en la calle; y un ajuste de inventario en el
negocio de semillas en Brasil. Por estos motivos cayó el precio
de las acciones, pero hay que hacer notar que los motivos por los
cuales Monsanto desilusionó no están en menores ventas de
biotecnología, porque todo lo que se estimaba que se iba a vender
y ganar en biotecnología se está alcanzando. - Representantes de empresas semilleras han señalado que fue un error de parte de las compañías empezar a producir productos que favorecían más bien directamente a los productores que a los consumidores. Que tal vez si se hubiera comenzado haciendo productos como arroz dorado o cosas esencialmente para el consumidor, la imagen de los transgénicos hubiera sido mejor -
Es
probable, pero se trata de un hecho irreversible. - ¿No es el momento de empezar entonces a introducir este tipo de productos? -
Sí, definitivamente, y yo creo que si hoy existiera la
posibilidad de lanzarlos, se estaría haciendo masivamente. El día
que comencemos a ver masivamente productos con diferencias
cualitativas nutricionales, definitivamente se va a dar vuelta la
opinión pública, especialmente aquella de mayor poder
adquisitivo que es la que hoy dice “yo tengo plata para comprar
lo que quiero”. - ¿Qué expectativas hay para la segunda y tercera generación de transgénicos?. -
Se sigue adelante, ya que los conceptos definidos en este sentido
siguen conceptualmente en el orden de trabajo. En lo referido a la
segunda generación, que incluye, por ejemplo, soja de alto
rendimiento, tenemos proyectada su comercialización para dentro
de tres o cuatro años. También se sigue trabajando con plantas
resistentes a salinidad, o sea que ampliaría mucho las fronteras
agrícolas permitiendo sembrar en suelos que hoy o requieren
modificaciones muy caras o donde simplemente no se puede hacer
agricultura. En lo referido a la tercera generación, de transgénicos,
que se espera sean utilizados como biofábricas, ya hay avances en
maíces de alta lisina y además estamos trabajando con soja. -
Ahora que el debate acerca de los OGMs se ha instalado en todas
partes, ¿sienten
que la opinión pública está más permeable a aceptar argumentos
científicos o subsiste el problema de mala imagen global?. - Sabe, la ciencia no pide permiso, avasalla. Cuando hay un descubrimiento de alguna manera se instala en la sociedad y siempre hubo reacciones contrarias a todo aquello que significara algo nuevo que generara temores. Esos temores podían ser fundados o simplemente fabricados. Hace unos años un amigo me mostró una fotocopia de un artículo de un diario, en que se hablaba de cómo una nueva tecnología iba a destruir los anticuerpos, que los niños serán susceptibles a contraer todas las enfermedades, una serie de acusaciones publicadas hace 75 años, motivadas por el anuncio de una legislación que obligaba a la pasteurización de la leche. Cosas muy parecidas a esa ocurrieron con el anuncio del uso de las vacunas, y son herramientas legitimadas con el paso del tiempo. En todos los años que se llevan cultivando OGMs no hay ninguna evidencia de que hagan daño. El tiempo sigue mostrando que se está creando un monstruo y yo pienso que en algún momento alguien va a decir ¿había necesidad de tanta exageración?. Yo no quiero insinuar intereses económicos, pero los debe haber a favor de atrasar el proceso de aceptación pública. A
pesar de que el cultivo no está aprobado, se estima que en Brasil
existen entre tres y seis millones de hectáreas sembradas con
soja transgénica, fruto de semillas introducidas ilegalmente
desde Argentina. En estos días el Ministro de Agricultura brasileño
viendo la realidad de la expansión de estos cultivos, expresó
que debería eliminarse la prohibición de siembra de Soja transgénica
en Brasil, dado que mantenerla se ha tornado extremadamente
problemático, pero grupos ecologistas y ambientalistas como el
Instituto de Defensa del Consumidor y Greenpeace mantienen una
cerrada oposición a los OGMs, bloqueando sucesivos intentos a
través de los tribunales. Añade
más confusión a este panorama, el que el gobierno brasileño
haya dictado una legislación específica que permite una
comercialización acotada de la soja cosechada este año,
vendiendo la transgénica por separado. Esto contra la promesa de
que no se vuelvan a sembrar las variedades prohibidas el próximo
año, bajo severas penas para quienes no cumplan. - ¿Cuánto vendió Monsanto en Brasil el año pasado?. -
Aproximadamente 350 millones de dólares. En biotecnología, cero. -
Sin embargo, se afirma que hay cultivos transgénicos en el sur de
Brasil. ¿Esas semillas entraron de contrabando?. -
Sí, el contrabando sucedió durante uno o dos años, la soja
Maradona (como le llaman los brasileños) entra de contrabando
desde Argentina por Paraguay, que tampoco ha aprobado la
introducción de transgénicos. Aquí hay un problema, porque los
paraguayos exportan tres o cuatro millones de toneladas de soja y
para su embarque usan principalmente el puerto de Paranaguá, en
el estado de Paraná, entonces si aprueban los transgénicos
corren el riesgo de que Brasil no deje pasar la soja transgénica
por sus puertos, así que pienso que el día que Brasil apruebe
estos productos, Paraguay le seguirá los pasos. - Ese es un problema objetivo, pero hay alguien que esté dispuesto a tomar el toro por las astas desde el punto de vista político. ¿El Presidente Lula ha dado alguna señal o está muy lejano al problema?. -
Los brasileños tienen un dicho, “empujar con la barriga”, que
es llevar el problema para adelante, sin solucionarlo. Decir que
este año se declara legal la comercialización de transgénicos,
pero a partir del año que viene va a estar prohibido, es empujar
con la barriga, porque el próximo año te vas a enfrentar al
mismo tema. Se debe revisar bien, porque hasta los europeos que
tienen restricciones en importación, no le dan mucha importancia
a la soja Roundup, que llega legalmente desde Argentina, porque es
un evento que está probado en Europa. Otro ejemplo, una legislación
China que entró en vigor en septiembre del año pasado, señala
que sólo se pueden importar eventos biotecnológicos que sean
aprobados en China y en el país de producción, y China es uno de
los destinos más importantes de la soja brasileña. Así que para
continuar con las relaciones comerciales, Brasil emitió un
certificado que decía que la soja transgénica era segura, el que
fue aceptado por los chinos. Entonces políticamente los países
se acomodan a lo que más les conviene. -
En una de las presentaciones realizadas en el marco del encuentro
de Biotecnología vegetal realizado en Goiania el 2001,
productores brasileños señalaban las diferencias de producción
entre sus sembrados y los de argentinos, que llegaban a obtener
rindes hasta un 30% mayores. Ante eso afirmaban que su única
alternativa para ser competitivos era contrabandear semillas. ¿Quisiera
comentar esa realidad?. -
Yo no puedo justificar al brasileño que dice no le queda otra
alternativa. En realidad si yo fuera productor brasileño estaría
seriamente preocupado en ver cómo ser más competitivo, porque si
no puedo comprar semillas transgénicas compito en clara
desventaja contra un granjero norteamericano subsidiado y con un
argentino que no está subsidiado pero que es más productivo que
yo. Es un tema para analizar. Publicado inicialmente por Bioplanet LA ONDA® DIGITAL |
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