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"La ciencia no pide permiso"
Los transgénicos son imparables,
ya hay avances en la tercera generación
de maíces y soja

Entrevista a Carlos Popik, presidente de la semillera Monsanto

Carlos Popik presidente de Monsanto Argentina, y vicepresidente de Asuntos Corporativos para Latinoamérica, afirma en esta entrevista que "La ciencia no pide permiso" y que a pesar de que el cultivo no está aprobado, se estima que en Brasil existen entre tres y seis millones de hectáreas sembradas con soja transgénica, fruto de semillas introducidas ilegalmente desde Argentina

En 1994 una nueva revolución verde se empezaba a gestar, cuando los departamentos de Agricultura, y de Alimentación y Medicamentos de Estados Unidos aprobaron la siembra de soja transgénica. Esta decisión dividió las opiniones de los partidarios del uso de organismos genéticamente modificados (OGMs), sin embargo los agricultores rápidamente aprovecharon las tremendas ventajas comparativas que les ofrecían estas semillas. 

En 1996 la soja Roundup Ready desembarcó en Argentina, registrándose una siembra del 1.5% de la superficie total de ese cultivo, dos años después alcanzaba 25%, para llegar al 75% el 2000, y en la campaña pasada las hectáreas sembradas con ella totalizaban un 95%. Y es que su resistencia al glifosato (que se utiliza desde hace 25 años en más 125 países y que permite controlar todas las malezas) le permitió a los productores ahorrar más de 200 millones de dólares en productos químicos. 

El presidente de Monsanto Argentina y vicepresidente de Asuntos Corporativos para Latinoamérica, Carlos Popik, señala que este avance arrollador fue más rápido que lo esperado por la compañía, “la tecnología fue avasalladora y todos quisieron aprovechar sus ventajas”. 

Popik llegó a trabajar a Monsanto Brasil hace veinte años, como gerente de productos acetanilidas, y ha vivido desde dentro el proceso de introducción de los OGMs, debiendo enfrentar las críticas de grupos ambientalistas y la demanda de los agricultores. 

- ¿Cómo ha visto el crecimiento de Monsanto en estos veinte años?

He visto dos cosas, un crecimiento y una transformación. Cuando yo llegué a Monsanto, en la década de los ‘80, todavía era una compañía química donde agricultura era una de las cinco unidades de negocios, pero sin una participación en el mercado de semillas. Tan sólo un poco de tiempo después de mi llegada al grupo, es cuando se empieza a trabajar en el tema, gracias a la visión de Richard Mahoney, que por ese entonces era el chairman de la compañía. 

- ¿Hacia adónde apuntaba esa visión?

Hacia el desarrollo de investigaciones en biotecnología, y él se jugó mucho en ese sentido, porque en ese momento Monsanto Agriculture Product Company (que aunque recibía el nombre de Company era más bien una división de la empresa) estaba jugada esencialmente a los químicos, principalmente a herbicidas y reguladores de crecimiento. Mahoney vislumbró que la transformación genética iba a redundar en la obtención de plantas que se iban a proteger a sí mismas, ya sea de insectos o de enfermedades, y que eso iba a reemplazar a los químicos. El cambio era entonces de químicos selectivos a las plantas, a plantas que podían hacerse selectivas a los químicos, es así como nace el Roundup Ready. 

-¿Y cómo se enfrentó esa visión dentro de la empresa?, ¿fue aceptada rápidamente?

-Yo diría que sí, aunque la gente que era la esencia de la compañía química lo vio con escepticismo e indiferencia, porque en su mundo químico la biología no entraba. En ese tiempo se sentaron las bases y se comenzó a trabajar en investigación, este énfasis fue continuado por la persona que sucedió a Mahoney en el cargo, Bob Shapiro, quien tuvo una visión ampliada y más modernizada, porque él fue el primero en hablar sobre compañías de ciencia de la vida. 

- Pero esa transformación, ¿fue fácil para los agrónomos que estaban en la empresa en ese momento?

Personalmente, cuando a principios de los años ‘80 me hablaban de soja resistente a glifosato, me preguntaba si funcionaría. Uno escuchaba cosas que hace 20 años sonaban tremendamente ambiciosas y hoy las vemos materializadas, sabemos del dominio que ha alcanzado el hombre en cuanto a transformación de las cadenas de DNA, lo que se sabe de genoma permite pensar en una tremenda ampliación del conocimiento, y no sólo desde el punto de vista agronómico, también desde el punto de vista medicinal. 

-¿Cómo se las arregla una empresa como Monsanto para hacer convivir dos mundos tan diferentes, como son una parte de gestión comercial con una dedicada a la investigación?.

- He visto una transformación de parte de los científicos a lo largo del tiempo, esto es una cuestión cultural que no sucede solamente en Monsanto, sino más bien en muchas compañías donde existe una visión de las necesidades de un mercado bastante compartidas, tanto en lo científico como en lo comercial. El científico puede crear cualquier cosa, si domina una determinada técnica, pero lo importante es enfocar esa ciencia hacia aquello que agrega valor para mejorar la vida humana. Entonces yo creo que hay una convivencia muy armoniosa, donde se debate cuáles son las necesidades, qué es lo que el mercado necesita, y me parece que tenemos un trabajo bastante bien coordinado. De hecho hoy la generación de conocimientos y la posibilidad de generar nuevas tecnologías supera la capacidad de inversión de la mayoría de las empresas. Si hoy Monsanto siguiera trabajando en el desarrollo de todos los conceptos que fueron apareciendo en los últimos 10 ó 15 años, y voy a aventurar un número, tendría que tener un presupuesto de research del orden de los mil millones de dólares anuales. El tamaño de la compañía y la realidad de mercado nos limita a un presupuesto que está en torno a los 450 ó 500 millones de dólares, pero si no hubiésemos puesto freno al desarrollo de las cosas que van apareciendo nosotros estaríamos gastando, como mínimo, el doble. 

- Imagino que después de veinte años trabajando en semillas, el campo de investigación es tremendamente amplio. ¿Cómo se seleccionan las líneas a profundizar?.

-La respuesta es fácil, es una cuestión –como dicen los americanos- de “dollars and sense”. Si fuera gratis, investigaríamos todo aquello que nos parezca interesante, pero hacerlo requiere tremendos esfuerzos económicos, entonces lo que hizo Monsanto fue definir cuáles son sus vision crops o cultivos visión. Aquellos en los que sabemos que tenemos masa crítica, tanto por el conocimiento para desarrollar buenas tecnologías, como desde el punto de vista comercial para después ponerlas en el mercado. Hoy nos focalizamos en cuatro cultivos principales: soja, maíz, algodón y trigo. Es en ellos que invertimos gran parte de nuestros recursos. Pero en los casos en que la empresa puede hacer aportes comunitarios, se hacen por sobre el interés comercial. 

-¿Como en el caso de la secuenciación del arroz?

- El trabajo de secuenciamiento del arroz ha sido una donación a la humanidad, para quien quiera aprovechar los datos científicos que se han obtenido, ya que sabemos que es el alimento más importante en el mundo. 

- Y en ese contexto ¿ cómo se diferencia Monsanto de las otras empresas que están haciendo investigación y a su vez en el desarrollo? ¿Qué la distingue…?

- Yo no podría definir cómo están trabajando las demás empresas, pero creo que prácticamente todas las compañías están mirando más o menos las mismas áreas. La diferencia de Monsanto, simplemente es que fue la primera en trabajar en este tema, que inyectó los recursos y un dinamismo que los demás empiezan a poner sólo años después. De hecho, cuando uno ve el número de aprobaciones de transgénicos en el mundo, Monsanto tienen el 80% de ellos, simplemente porque se enfocó en producir.

 El uso de transgénicos se ha convertido en uno de los temas más resistidos por organizaciones ambientales y de consumidores, pero los agricultores han acogido rápidamente sus ventajas. Popik defiende su aplicación, haciendo notar que cada día aparecen nuevos estudios que desmienten los mitos que se han tejido en torno a los OGMs, sin embargo está consciente de que se han cometido errores al introducirlos, al no ser los consumidores los receptores directos de estas ventajas. 

- A pesar de la oposición de los grupos verdes el mercado de las semillas transgénicas se ha ido imponiendo en todo el mundo. En 1995 se vendieron 75 millones de dólares, en 1999 pasaron al orden de 2300 millones de dólares y se vaticinaba que para el 2010 iba a ser de 25 mil millones de dólares. ¿Se han ido cumpliendo esas expectativas?.

- Definitivamente no, y ese es uno de los motivos por los cuales también se frenan las inversiones en biotecnología. Los hitos se van dando, pero los timings son diferentes y eso lo hemos visto hasta ahora y lo vamos a seguir viendo mientras nos encontremos con restricciones y rechazos desde el punto de vista político, regulatorio, legal, y del consumidor. 

- Independiente del crecimiento en ventas, ¿la biotecnología está pagando para los accionistas Monsanto?

- Monsanto fue una compañía que en el año 2002 desilusionó al mercado, porque se dieron varios factores que frenaron su crecimiento, lo que se refleja en el valor de sus acciones, que ha caído. Fue una combinación de tres factores, en donde la biotecnología no es la causal de la desilusión del mercado. 

Estos fueron y no en orden de importancia: La tremenda sequía del Medio Oeste, que redujo las ventas de semillas Roundup; la devaluación argentina, que ocasionó que Monsanto cobrara menos dólares de los que tenía en la calle; y un ajuste de inventario en el negocio de semillas en Brasil. Por estos motivos cayó el precio de las acciones, pero hay que hacer notar que los motivos por los cuales Monsanto desilusionó no están en menores ventas de biotecnología, porque todo lo que se estimaba que se iba a vender y ganar en biotecnología se está alcanzando. 

- Representantes de empresas semilleras han señalado que fue un error de parte de las compañías empezar a producir productos que favorecían más bien directamente a los productores que a los consumidores. Que tal vez si se hubiera comenzado haciendo productos como arroz dorado o cosas esencialmente para el consumidor, la imagen de los transgénicos hubiera sido mejor

- Es probable, pero se trata de un hecho irreversible. 

- ¿No es el momento de empezar entonces a introducir este tipo de productos?

- Sí, definitivamente, y yo creo que si hoy existiera la posibilidad de lanzarlos, se estaría haciendo masivamente. El día que comencemos a ver masivamente productos con diferencias cualitativas nutricionales, definitivamente se va a dar vuelta la opinión pública, especialmente aquella de mayor poder adquisitivo que es la que hoy dice “yo tengo plata para comprar lo que quiero”. 

- ¿Qué expectativas hay para la segunda y tercera generación de transgénicos?.

- Se sigue adelante, ya que los conceptos definidos en este sentido siguen conceptualmente en el orden de trabajo. En lo referido a la segunda generación, que incluye, por ejemplo, soja de alto rendimiento, tenemos proyectada su comercialización para dentro de tres o cuatro años. También se sigue trabajando con plantas resistentes a salinidad, o sea que ampliaría mucho las fronteras agrícolas permitiendo sembrar en suelos que hoy o requieren modificaciones muy caras o donde simplemente no se puede hacer agricultura. En lo referido a la tercera generación, de transgénicos, que se espera sean utilizados como biofábricas, ya hay avances en maíces de alta lisina y además estamos trabajando con soja. 

- Ahora que el debate acerca de los OGMs se ha instalado en todas partes, ¿sienten que la opinión pública está más permeable a aceptar argumentos científicos o subsiste el problema de mala imagen global?.

- Sabe, la ciencia no pide permiso, avasalla. Cuando hay un descubrimiento de alguna manera se instala en la sociedad y siempre hubo reacciones contrarias a todo aquello que significara algo nuevo que generara temores. Esos temores podían ser fundados o simplemente fabricados. Hace unos años un amigo me mostró una fotocopia de un artículo de un diario, en que se hablaba de cómo una nueva tecnología iba a destruir los anticuerpos, que los niños serán susceptibles a contraer todas las enfermedades, una serie de acusaciones publicadas hace 75 años, motivadas por el anuncio de una legislación que obligaba a la pasteurización de la leche. Cosas muy parecidas a esa ocurrieron con el anuncio del uso de las vacunas, y son herramientas legitimadas con el paso del tiempo. En todos los años que se llevan cultivando OGMs no hay ninguna evidencia de que hagan daño. El tiempo sigue mostrando que se está creando un monstruo y yo pienso que en algún momento alguien va a decir ¿había necesidad de tanta exageración?. Yo no quiero insinuar intereses económicos, pero los debe haber a favor de atrasar el proceso de aceptación pública. 

A pesar de que el cultivo no está aprobado, se estima que en Brasil existen entre tres y seis millones de hectáreas sembradas con soja transgénica, fruto de semillas introducidas ilegalmente desde Argentina. En estos días el Ministro de Agricultura brasileño viendo la realidad de la expansión de estos cultivos, expresó que debería eliminarse la prohibición de siembra de Soja transgénica en Brasil, dado que mantenerla se ha tornado extremadamente problemático, pero grupos ecologistas y ambientalistas como el Instituto de Defensa del Consumidor y Greenpeace mantienen una cerrada oposición a los OGMs, bloqueando sucesivos intentos a través de los tribunales. 

Añade más confusión a este panorama, el que el gobierno brasileño haya dictado una legislación específica que permite una comercialización acotada de la soja cosechada este año, vendiendo la transgénica por separado. Esto contra la promesa de que no se vuelvan a sembrar las variedades prohibidas el próximo año, bajo severas penas para quienes no cumplan. 

- ¿Cuánto vendió Monsanto en Brasil el año pasado?.

- Aproximadamente 350 millones de dólares. En biotecnología, cero. 

- Sin embargo, se afirma que hay cultivos transgénicos en el sur de Brasil. ¿Esas semillas entraron de contrabando?.

- Sí, el contrabando sucedió durante uno o dos años, la soja Maradona (como le llaman los brasileños) entra de contrabando desde Argentina por Paraguay, que tampoco ha aprobado la introducción de transgénicos. Aquí hay un problema, porque los paraguayos exportan tres o cuatro millones de toneladas de soja y para su embarque usan principalmente el puerto de Paranaguá, en el estado de Paraná, entonces si aprueban los transgénicos corren el riesgo de que Brasil no deje pasar la soja transgénica por sus puertos, así que pienso que el día que Brasil apruebe estos productos, Paraguay le seguirá los pasos. 

- Ese es un problema objetivo, pero hay alguien que esté dispuesto a tomar el toro por las astas desde el punto de vista político. ¿El Presidente Lula ha dado alguna señal o está muy lejano al problema?.

- Los brasileños tienen un dicho, “empujar con la barriga”, que es llevar el problema para adelante, sin solucionarlo. Decir que este año se declara legal la comercialización de transgénicos, pero a partir del año que viene va a estar prohibido, es empujar con la barriga, porque el próximo año te vas a enfrentar al mismo tema. Se debe revisar bien, porque hasta los europeos que tienen restricciones en importación, no le dan mucha importancia a la soja Roundup, que llega legalmente desde Argentina, porque es un evento que está probado en Europa. Otro ejemplo, una legislación China que entró en vigor en septiembre del año pasado, señala que sólo se pueden importar eventos biotecnológicos que sean aprobados en China y en el país de producción, y China es uno de los destinos más importantes de la soja brasileña. Así que para continuar con las relaciones comerciales, Brasil emitió un certificado que decía que la soja transgénica era segura, el que fue aceptado por los chinos. Entonces políticamente los países se acomodan a lo que más les conviene. 

- En una de las presentaciones realizadas en el marco del encuentro de Biotecnología vegetal realizado en Goiania el 2001, productores brasileños señalaban las diferencias de producción entre sus sembrados y los de argentinos, que llegaban a obtener rindes hasta un 30% mayores. Ante eso afirmaban que su única alternativa para ser competitivos era contrabandear semillas. ¿Quisiera comentar esa realidad?.

- Yo no puedo justificar al brasileño que dice no le queda otra alternativa. En realidad si yo fuera productor brasileño estaría seriamente preocupado en ver cómo ser más competitivo, porque si no puedo comprar semillas transgénicas compito en clara desventaja contra un granjero norteamericano subsidiado y con un argentino que no está subsidiado pero que es más productivo que yo. Es un tema para analizar.

Publicado inicialmente por Bioplanet 

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