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Cuando las patentes de los fármacos,
están primero que las enfermedades
por María José Atiénzar

Uruguay asiste por estos días a un intenso debate sobre si el Estado debe intervenir por intermedio del laboratorio nacional Dorrego en la producción y venta de medicamentos. Este es un debate no solo en Uruguay, es también parte de una reflexión mundial que se viene realizando en varios foros internacionales, como queda expresado en esta nota de María José Atiénzar, periodista del El Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), escrito especialmente para La ONDA digital.

El 80 por ciento de la población del mundo vive en los países empobrecidos del Sur, pero sólo representan el 21% de las ventas de las multinacionales de los medicamentos. Ya han pasado casi dos años desde que la Declaración de Doha diera prioridad a la salud pública respecto de las patentes, y en el mundo hay todavía millones de personas que no tienen acceso a los medicamentos básicos. En el informe "Patentes, Píldoras y Salud Pública" , Martin Foreman, del Panos Institute, pide a los gobiernos de los países en desarrollo que presten atención a la hora de aplicar los acuerdos sobre patentes.

Mientras en los países desarrollados se emplea un 7,4% del gasto sanitario en medicamentos, en África subsahariana, el porcentaje asciende al 74%, y no es porque compren más medicamentos, sino por los altos precios que pagan. Por ejemplo, el tratamiento contra la tuberculosis, le cuesta a un tanzano el equivalente a 500 horas de su trabajo, mientras a un suizo le supone algo más de una hora de su salario.

Son diversos los factores que impiden el acceso de una persona a los medicamentos que necesita: la corrupción, la ineficacia y la pobreza son algunos de ellos. Pero la cuestión fundamental, que precisa una respuesta internacional, es la posibilidad de reemplazar los medicamentos patentados por sus equivalentes genéricos. Pues cuando se acaban los monopolios, los precios bajan. Una solución a este problema podría estar en que sean los propios países del Sur quienes produzcan sus medicamentos. Cuando los fabricantes de países en desarrollo comenzaron a producir versiones genéricas de los medicamentos antirretrovirales, el costo anual del tratamiento contra el sida bajó de 10.000 dólares a unos 200 dólares.

Que algunos países produzcan y exporten medicamentos es algo que no parece interesar a las multinacionales del sector. Para que un país pueda exportar ha de ser miembro de la OMC y respetar ciertas normas, como el Acuerdo sobre Propiedad Intelectual y Salud Pública (TRIPS). El acuerdo da a las gigantes del medicamento el monopolio sobre la producción de nuevos medicamentos, entre ellos los tratamientos contra el sida.

Según el informe Foreman, "las licencias obligatorias -tanto para la producción nacional como para la exportación de todos los medicamentos esenciales - son la mejor solución intermedia, ya que garantizan un ingreso a la industria farmacéutica al tiempo que permiten aumentar el número de personas con acceso a los medicamentos esenciales". Pero este tipo de licencias para exportar desde un país con capacidad de producción a otro que no la tiene, sigue sin resolverse. Mientras los países en desarrollo esperan que las licencias obligatorias para exportar se otorguen como las utilizadas en los mercados nacionales, el mundo industrializado quiere restringir las licencias para los medicamentos contra el VIH/sida, la tuberculosis y la malaria (pero no para los medicamentos contra la neumonía, la diarrea, el cáncer o las enfermedades del corazón). Es significativo que los países contrarios a la extensión de licencias obligatorias suelen tener sede de industrias farmacéuticas dueñas de la mayoría de las patentes.

Las ventas del 2002 en Norteamérica, Europa Occidental, Japón y el Asia austral representaron el 79% de los ingresos, mientras América Latina y el Caribe aportaron un 7,5%. En otras palabras, un cambio de los medicamentos patentados a los genéricos en el mundo en desarrollo significaría una pérdida pequeña para la industria farmacéutica.

Por otro lado, la industria sostiene que es esencial proteger el monopolio para financiar la investigación sobre nuevos medicamentos, como los antirretrovirales para el VIH/sida. Es un argumento falso, pues las compañías farmacéuticas obtienen la mayor parte de las ganancias en el mundo industrializado. Además, la investigación farmacéutica con fines de lucro se concentra cada vez más en medicamentos para los efectos de los "modos de vida", y menos en el tratamiento de enfermedades graves. Se investiga sobre el envejecimiento de la piel, la obesidad y el tabaquismo, cuando hay remedios alternativos como la alimentación adecuada y las modificaciones en el comportamiento. Y por otro lado, buena parte de las investigaciones sobre enfermedades como el VIH/sida, se realizan en instituciones públicas y con dinero de los estados.

Un medicamento patentado que se vende a un precio alto porque tiene el monopolio del mercado genera menos ingresos para el dueño de la patente que varias versiones del mismo medicamento producido bajo licencia y vendido a precios competitivos. La industria farmacéutica ha tratado esta cuestión (sin ceder el control absoluto de sus patentes) con "soluciones" como las donaciones o los precios reducidos y las licencias voluntarias, por las que se otorga licencia de fabricación a terceros. Estas soluciones, que dependen de la voluntad de los donantes, hacen parecer generosa a esta industria, cuando en realidad hay millones de enfermos sin acceso a medicamentos antirretrovirales y otras drogas patentadas. La salud no parece una prioridad para las multinacionales farmacéuticas. Más bien han creado y siguen alimentando una cadena de dependencia enfermedad-medicamento que, en general, no conduce a la salud.

Los países en desarrollo tienen hasta el 2006 para poner en práctica la legislación TRIPS sobre productos farmacéuticos. Martin Foreman, en su informe llama la atención a los países del Sur para que se aseguren que el "acceso a medicamentos esenciales siga siendo un derecho para todos los ciudadanos y no para unos pocos".

mjatienzar@tsai.es

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