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Brasil
La reforma agraria no es cuestión de policía

por el embajador Rubens Ricupero*

Ni problema económico, ni cuestión de policía: la reforma agraria en el Brasil es un problema eminentemente social, fruto de la pobreza y del desempleo. Una economía que se torna incapaz de generar los empleos necesarios en la industria y en los servicios acaba retrocediendo a un nivel primario, donde las personas buscan en la agricultura de subsistencia los empleos que no consiguen encontrar en los sectores más avanzados.

Esta es la explicación del éxodo rural en sentido opuesto de que Brasil es, por lo que me consta, el único ejemplo contemporáneo. Los que desean volver al campo son, en primer lugar, los viandas frías de las favelas del interior, agricultores recién expulsados de las estancias. Hay, con todo, entre ellos, aunque en proporción menor, habitantes de grandes ciudades desarraigados hace mucho tiempo, sin experiencia directa en el trabajo agrícola o sus descendientes próximos o remotos.

Una de las originalidades y de las virtudes del MST (Movimiento Sin Tierra) es que se ocupa no sólo de los agricultores, su base principal, sino de los pobres en general, de los marginados y excluidos, de los que perdieron toda la esperanza y por quienes nadie más se interesa. Lejos del país, no tengo contacto personal con ese Movimiento, pero se, por intermedio de personas que están próximas a mí, de la importancia que le atribuye a la organización de los abandonados, de su formación sistemática, por medio de iniciativas de instrucción y educación. Por lo que leo en los periódicos, el MST alberga en los campamentos, incluso hasta habitantes de las ciudades, siempre que tengan baja renta y este aspecto, insisto, es uno de sus méritos.

Antes de censurarlo por esto, tenemos que preguntarnos qué hacen los gobiernos u otras instituciones por la masa de excluidos, a los que algunos llaman "inempleables", sin medir lo que hay de derrotismo inaceptable en esta expresión? Los raros programas disponibles, incluso los anunciados y en preparación, no pasan en general de paliativos, ya que merece este nombre todo aquello que no se propone crear trabajo productivo y remunerado. El paliativo puede ser necesario en una emergencia. No resuelve, aún así, el problema generado por políticas macroeconómicas que, hace más de 20 años, condena a la sociedad a un estancamiento mediocre, interrumpido por episodios fugaces de crecimiento blando, lento, incapaz de absorber la desocupación pre-existente, o por recaídas frecuentes en crisis financieras acompañadas por recesiones, que colocan al desempleo en un peldaño siempre más elevado. La mejor política social se confunde con una macroeconomía saludable, generadora de empleos productivos y de mejora del bienestar general.

Mientras aguardamos por ella, continuaremos asistiendo a espectáculos shoqueantes como el de multitudes que se empujan y pisotean por la ilusión de un puesto de basurero o de sirviente en una escuela, de las aglomeraciones de bagayeros, de changadores, de choferes de medios de transporte ilegales, que invaden las calles, intentando sobrevivir en la selva de la informalidad. Contra ellos, nada puede la represión policial, impotente también para evitar que los niños intrépidos de 14 años sean liquidados en la despiadada guerra de las bandas de drogas, el equivalente brasileño de la guerrilla de niños en Liberia o en el Congo.

Cada una de ellas es una manifestación diferente del mismo fenómeno: el desarrollo truncado, el desempleo masivo, la desintegración de la solidaridad grupal en una sociedad en descomposición. De todas estas expresiones, la única que no es mórbida es el sueño de un lote de tierra, de "tres alqueires (antigua medida de tierra en Portugal y Brasil) y una vaca", el mito de sobrevivir con dignidad en la agricultura. Si eso ocurre en el Brasil y no en otras partes es porque aquí existe el MST, que intenta canalizar ese torrente, o una vertiente de él, en una dirección saludable, aunque pueda revelarse como ilusoria si el resto de la economía no vuelve a crecer, desembocando así en un callejón sin salida. No se olvide, por lo tanto, que la búsqueda de la tierra implica procurar una oportunidad de trabajo, de acceso a un medio de producción.

En ese apego a un mínimo de independencia, hay algo de defensa de la dignidad y de la autonomía individuales que Antonio Cándido encontró en los "Parceiros do Rio Bonito". De acuerdo a lo que él describe, el aparcero se considera diferente del camarada y del colono, teniendo "cierto margen de autodeterminación que le permite mantener el respeto de sí mismo". El símbolo de las amenazas es el signo del colonato, "cuyo repique determina el ritmo de la vida, penetrando en la de cada uno como un verdadero doble de la autonomía perdida", De ahí la expresión "campana es para italiano".

En este sentido, lejos de ser colectivista en la tradición marxista-leninista, el MST obedece a la más pura inspiración de los pioneros yanquis ansiosos de convertirse en pequeños propietarios mediante las facilidades del "Homestead Act". Como nunca tuvimos una ley similar en el Brasil, buscan hacer eso movilizando la energía desperdiciada de los marginados por medio de una acción política para promover el cambio social.

Nada de lo que escribo debe servir para justificar las declaraciones incendiarias o la violencia sin provocación e irresponsable. Aún, los que piensan resolver el problema por la mera aplicación, sin conciencia social, de una ley que es muchas veces la expresión del "desorden establecido", ganarían leyendo la pequeña obra-prima de E.H.Carr, "Veinte Años de Crisis" (ed. UnB), el subcapítulo: "De la no aplicación del procedimiento judicial a los litigios políticos". La razón de esta no aplicación es que, en este caso, se trata de "demandas de modificación de los derechos existentes", que sólo pueden ser resueltas por el proceso político. Este último siempre bloqueó en el Brasil el cambio ordenado, según se vio en la Constituyente, más retrógrado en la cuestión agraria que el Estatuto de la Tierra de Castello Branco. Es por eso que llegamos a esta situación explosiva. Salir de ella exigirá cabeza fría, equilibrio y voluntad de cambio por parte de todos los involucrados. No precisamos de nuevos mártires. Además, dos de los mayores mártires del siglo 20, Gandhi y Martin Luther King, murieron porque predicaron a través del ejemplo la desobediencia civil, no violenta, contra leyes injustas y situaciones sociales intolerables.
Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte

* Rubens Ricúpero fue nombrado quinto Secretario General de la UNCTAD en septiembre de 1995 y, por recomendación del Secretario General de las Naciones Unidas, volvió a ser nombrado para el mismo puesto por la Asamblea General por otros cuatro años en 1999. Anteriormente, durante una prolongada carrera en el Gobierno del Brasil, fue Ministro del Medio Ambiente y Asuntos Amazónicos, antes de pasar a ser en 1994 Ministro de Finanzas, cargo desde el que supervisó la puesta en marcha del programa de estabilización económica del Brasil

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