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Los
desafíos del"Nuevo Siglo Americano"
Examinar,
como lo plantea la convocatoria de este encuentro, los “Nuevos
desafíos para la sociedad internacional como resultado de la
guerra”, supone referirse a una realidad muy diferente a la de
la era bipolar, que se cerró hace poco más de una década. Los
atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001 desataron una
dinámica cuyos actos más relevantes fueron el ataque a Afganistán
y la reciente guerra de Irak llevada adelante por Estados Unidos e
Inglaterra sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas y con la oposición de muchos países, entre otros
Alemania, Francia, Rusia y China. La
nueva doctrina Bush de la guerra preventiva adquiere notoriedad y,
sobretodo, trágica vigencia a partir del ataque a Irak. El
“Nuevo Siglo Americano” Se
trata de un conjunto de intelectuales, magnates y políticos
inspiradores de la actual política del presidente George Bush que
en junio de 1997 redactaron la “Declaración de Principios”
titulada “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano” ¿Cuál
era el objetivo? El documento lo dice: “Concentrar los esfuerzos
para el liderazgo global estadounidense”. O, para expresarlo con
otras palabras de la citada declaración, “delinear
un nuevo siglo favorable a los principios e intereses
americanos” (o sea, de EEUU). A
partir de una crítica fuerte a la administración Clinton, los
neoconservadores reclaman “un ejército fuerte y preparado para
enfrentar los retos actuales y del futuro; una política exterior
que promueva sólida y decididamente los principios Americanos y,
un liderazgo nacional que acepte las responsabilidades globales de
los Estados Unidos”. Volvemos
a citar textualmente el “Proyecto para el Nuevo Siglo
Americano”: “es importante delinear las circunstancias antes
de que las crisis emerjan y enfrentar las amenazas antes de que se
vuelvan serias”. Para ello, agrega el documento, “necesitamos
incrementar significativamente el gasto en defensa”; “fortalecer nuestros lazos con los aliados democráticos y
desafiar a los regímenes que son hostiles hacia nuestros
intereses y valores”; “promover en el exterior la causa de la
libertad económica y política”; “aceptar la responsabilidad
del papel único de América (de EEUU) en la preservación y la
expansión de un orden internacional amigable con nuestra
seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios”. Hablando
“en criollo”, a los demás que los parta un rayo. Como se verá,
las palabras justicia, desarrollo, equidad, democracia, paz,
seguridad jurídica internacional, acatamiento al derecho
internacional y a las resoluciones de la ONU u otros organismos
internacionales no figuran en el léxico de este breve pero
sustancioso documento. Entre
los firmantes del “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”,
redactado mucho antes del ataque del 11 de setiembre, se
encuentran: Elliott Abrams, director general del Consejo Nacional
de Seguridad para asuntos del Medio Oeste y Norte de África del
gobierno de Bush; Jeb Bush, Gobernador de Florida y hermano de
George W. Bush; Dick Cheney, actual Vicepresidente de los Estados
Unidos; Paula Dobriansky, sub secretaria de Asuntos Globales del
Departamento de Estado; Francis Fukuyama, profesor de políticas públicas
y exteriores, Universidad John Hopkins, autor de la teoría del
“fin de la historia”; Peter W. Rodman, secretario asistente de
Defensa para Asuntos de Seguridad Internacional; Donald Rumsfeld,
secretario de la Defensa; Paul Wolfowitz, sub secretario de la
Defensa. Una
sola potencia y un orden internacional a su servicio Un
documento clave posterior al “Proyecto para el Nuevo Siglo
Americano” es el que se conoce con la sigla RAD:
"Reconstruyendo las Defensas de EEUU: estrategia, fuerzas y
recursos para un nuevo siglo", editado en setiembre de 2000.
Toma un borrador de Wolfowitz como punto de partida aclamándolo,
como "un anteproyecto para mantener la preeminencia de EEUU,
excluir la emergencia de una gran potencia rival y redibujar el
orden de seguridad internacional de acuerdo con los principios e
intereses estadounidenses". RAD
rechaza los cortes del presupuesto de defensa, insiste en que
"preservar la situación estratégica deseable en la que EEUU
se encuentra en este momento requiere (mantener) una capacidad
militar preeminente de manera global, tanto en el presente como en
el futuro". La misión militar central de EEUU, prosigue el
documento, incluye la habilidad de "luchar y ganar
decisivamente ante grandes amenazas de guerras múltiples y simultáneas"
y resituar fuerzas permanentes en el sureste europeo y en el
sureste asiático. También
son elocuentes estas otras dos citas: "EEUU
ha buscado durante décadas jugar un papel más permanente en la
seguridad regional del Golfo. Mientras que el irresuelto conflicto
con Irak proporciona la justificación inmediata, la necesidad de
una presencia importante de fuerzas estadounidenses en el Golfo
trasciende la cuestión del régimen de Sadam Husein." (sic).
O sea, el objetivo no era hacer caer a Sadam e instaurar la
democracia en ese castigado país, sino asegurar “una presencia
importante de fuerzas estadounidenses en el Golfo”. Y
esta otra cita, que revela que para los actuales gobernantes de
EEUU trabajar por la paz, o por el diálogo internacional, o por
la solución diplomática de las controversias, no figuran entre
los objetivos del “Nuevo Siglo Americano”: "En
la actualidad EEUU no tiene rival a escala global. La gran
estrategia de EEUU debe perseguir la preservación y la extensión
de esta ventajosa posición durante tanto tiempo como sea posible
(...). Nuevos métodos de ataque -electrónicos, 'no letales',
biológicos- serán más extensamente posibles; los combates igualmente tendrán lugar en nuevas dimensiones: por el
espacio, por el 'ciber-espacio' y quizás a través del mundo de
los microbios; formas avanzadas de guerra biológica que puedan
atacar a genotipos concretos pueden hacer del terror de la guerra
biológica una herramienta políticamente útil". “Un
poder militar sin paralelos” Ambos
documentos plantean que la estrategia de contención y de disuasión
llevada a cabo durante el período de la Guerra Fría ya no sería
suficiente ni adecuada para el nuevo escenario de la posguerra fría,
especialmente a partir del 11 de setiembre de 2001. Hay
que asegurar "un poder militar sin paralelos y de una gran
influencia económica y política". Y para que no queden
dudas, señala Rumsfeld que muchas veces "la mejor -y en
algunos casos la única- defensa es una buena ofensiva". Esta
es la estrategia que plantea la potencia más poderosa en la
historia de la humanidad, con una presencia militar en 175 países
y un presupuesto de “defensa” mayor que el presupuesto militar
de la Unión Europea, China y Rusia sumados. El
imperio del siglo XXI “Imperio
significa que tú tienes la capacidad y el poder de hacer que
otros hagan lo que tú quieres fuera de tus fronteras. ¿Por qué
medios? Puede ser por colonización, como hicieron el Imperio Español
y el Imperio Otomano; puede ser por el control del comercio, como
hizo el Imperio Británico, (...); o puede ser un imperio como el
de Estados Unidos, que vemos hoy, que es un imperio no solamente
de control de comercio sino de control de la banca internacional,
de control de la emisión de (...) la cultura de consumo
internacional, y ahora, por supuesto, la columna vertebral de todo
ese control tiene que ser un control militar. Porque si las
guerras en Irak y Afganistán sirvieron para algo -continúa López
Alves-, fue para decir: ‘Nosotros cuando amenazamos, cumplimos
la amenaza’; ‘Cuando decimos que vamos a intervenir Irak si
usted no hace tal y tal cosa, vamos a intervenir; y aunque usted
haga tal y tal cosa, si sospechamos que no está haciendo lo que
tiene que hacer -que fue lo que pasó con Saddam Hussein; porque
no es que hizo tal y tal cosa, es que sospechamos que la hizo-,
eso simplemente es razón para intervenir’. Incluso en el
lenguaje del presidente Bush últimamente está el asunto de que
cuando habla con cualquier país dice: ‘Nuestra voluntad es
tal…’ o ‘Nuestro deseo es cual…’. Es un lenguaje
imperial”, concluye López Alves. Por
otro mundo posible El
terrorismo de Estado o el terrorismo que hemos visto caer desde el
cielo sobre ciudadanos indefensos en Irak es tan repudiable como
el que practican los fundamentalistas. Combatir al terrorismo con
misiles e invasiones es reproducirlo y ampliarlo. Esta
realidad internacional es un inmenso dato a tener en cuenta.
Porque, justamente, uno de nuestros interlocutores son los Estados
Unidos. Una potencia a la que reconocemos grandes valores, con la
que tendremos que dialogar -como lo deben hacer y lo hacen los
nuevos gobiernos del MERCOSUR, con Lula y con Kirchner-, con la
que procuraremos abrir mercados y establecer reciprocidades que
hoy están ausentes en el intercambio comercial, y ante la que
también tendremos que sumar nuestra voz al rechazo que desde todo
el mundo -y, ojalá, también, cada vez más, desde dentro de los
propios EEUU- se alza contra esta concepción imperial del
“Nuevo Siglo Americano”. Naturalmente
que esto de “poner orden” en el mundo por parte de Estados
Unidos no tiene que ver únicamente con el oriente cercano, medio
o extremo. López Alves, a quien citamos, tras recordar lo que
significa el Plan Colombia como ejemplo de una clara participación
de la potencia del norte en la vida interna de un país de nuestro
continente, finaliza diciendo, en el referido reportaje en “El
Espectador”: “hay un cambio; en América Latina antes lo
problemático eran América Central y el Caribe, pero ahora lo
problemático resulta estar aquí, en el Sur”. Añade
que “ahora hay una suerte de preocupación” por lo que llama
“los posibles neopopulismos del Cono Sur”, expresión que no
compartimos pero que en este caso alude a los gobiernos que
plantean alternativas al neoliberalismo y a esta nueva realidad
que se va perfilando con los nuevos gobiernos de nuestra región
e, incluso, con la perspectiva de lo que pueda ocurrir en nuestro
país. Hasta
ahora Bush ha proclamado una intención de diálogo con los
gobiernos de Lula y Kirchner, e incluso con un eventual gobierno
del EP-FA. Esto sería lo sensato. Pero también sabemos que la
relación con los norteamericanos no será fácil. Nunca lo ha
sido. Ojalá que las alas del águila no planeen por estas
latitudes como lo han hecho en otras regiones. No queremos ese
“Nuevo Siglo Americano” amenazando nuestro sagrado derecho a
una sociedad más justa. En
resumen: el desequilibrio que plantea el poder de los Estados
Unidos en el plano militar, económico y político no ofrece la
menor duda. Por
otra parte, las opciones estratégicas que hemos citado, por la
influencia de quienes las sustentan y la claridad con que son
formuladas, nos muestran cuál es la situación prevaleciente en
el gobierno de los EEUU. Ante
esta situación, ¿qué hacer? La experiencia histórica muestra
que el poder militar que no se sustenta en sólidas banderas
humanistas de libertad, justicia y ética, a pesar de su aparente
fortaleza, es débil y vulnerable. La
reciente experiencia de promoción, instalación y vigencia de la
Corte Penal Internacional -que tiene la oposición de los Estados
Unidos- muestra que la justicia basada en el derecho puede avanzar
y ganar espacios aun ante los poderosos. El
derecho como sustento de la justicia, junto a la sociedad civil
movilizando a la opinión pública alternativa, como lo ha hecho
el Foro Social Mundial, tiene un amplio espacio para avanzar y nos
señala un camino a seguir. * Diputado
del Encuentro Progresista-Frente Amplio; pro secretario de
Asamblea Uruguay. Pagina Vinculante: “Proyecto
para el Nuevo Siglo Americano” LA ONDA® DIGITAL |
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