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Los desafíos del"Nuevo Siglo Americano"
Ojalá que las alas del águila no planeen por estas latitudes, como lo han hecho en otras regiones

por Carlos Baráibar (*)

Los días 23 y 24 de julio se realizó el seminario “Nuevos desafíos para la sociedad internacional como resultado de la guerra”, organizado por el Centro de Estudios de Asamblea Uruguay, en el que participaron como panelistas los profesores Dr. Heber Arbuet Vignali, Prof. Luis Barrios, Lic. Wilson Fernández, Dra. Mariana Blengio, Ec. Gustavo Arce, Cnel.® Carlos Rodríguez Lagreca, Dr. Oscar Sarlo y el vicepresidente del Frente Amplio, Ing.Quim. Jorge Brovetto. La apertura estuvo a cargo del diputado Carlos Baráibar, cuya alocución se transcribe seguidamente. 

Examinar, como lo plantea la convocatoria de este encuentro, los “Nuevos desafíos para la sociedad internacional como resultado de la guerra”, supone referirse a una realidad muy diferente a la de la era bipolar, que se cerró hace poco más de una década.

Los atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001 desataron una dinámica cuyos actos más relevantes fueron el ataque a Afganistán y la reciente guerra de Irak llevada adelante por Estados Unidos e Inglaterra sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y con la oposición de muchos países, entre otros Alemania, Francia, Rusia y China.

La nueva doctrina Bush de la guerra preventiva adquiere notoriedad y, sobretodo, trágica vigencia a partir del ataque a Irak. 

El “Nuevo Siglo Americano”
Pero la guerra forma parte de un proceso que se inició hace años y que resulta funcional a un plan estratégico de los llamados neoconservadores estadounidenses.

Se trata de un conjunto de intelectuales, magnates y políticos inspiradores de la actual política del presidente George Bush que en junio de 1997 redactaron la “Declaración de Principios” titulada “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”  

¿Cuál era el objetivo? El documento lo dice: “Concentrar los esfuerzos para el liderazgo global estadounidense”. O, para expresarlo con otras palabras de la citada declaración, “delinear un nuevo siglo favorable a los principios e intereses americanos” (o sea, de EEUU).

A partir de una crítica fuerte a la administración Clinton, los neoconservadores reclaman “un ejército fuerte y preparado para enfrentar los retos actuales y del futuro; una política exterior que promueva sólida y decididamente los principios Americanos y, un liderazgo nacional que acepte las responsabilidades globales de los Estados Unidos”.

Volvemos a citar textualmente el “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”: “es importante delinear las circunstancias antes de que las crisis emerjan y enfrentar las amenazas antes de que se vuelvan serias”. Para ello, agrega el documento, “necesitamos incrementar significativamente el gasto en defensa”;  “fortalecer nuestros lazos con los aliados democráticos y desafiar a los regímenes que son hostiles hacia nuestros intereses y valores”; “promover en el exterior la causa de la libertad económica y política”; “aceptar la responsabilidad del papel único de América (de EEUU) en la preservación y la expansión de un orden internacional amigable con nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios”.

Hablando “en criollo”, a los demás que los parta un rayo. Como se verá, las palabras justicia, desarrollo, equidad, democracia, paz, seguridad jurídica internacional, acatamiento al derecho internacional y a las resoluciones de la ONU u otros organismos internacionales no figuran en el léxico de este breve pero sustancioso documento.

Entre los firmantes del “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”, redactado mucho antes del ataque del 11 de setiembre, se encuentran: Elliott Abrams, director general del Consejo Nacional de Seguridad para asuntos del Medio Oeste y Norte de África del gobierno de Bush; Jeb Bush, Gobernador de Florida y hermano de George W. Bush; Dick Cheney, actual Vicepresidente de los Estados Unidos; Paula Dobriansky, sub secretaria de Asuntos Globales del Departamento de Estado; Francis Fukuyama, profesor de políticas públicas y exteriores, Universidad John Hopkins, autor de la teoría del “fin de la historia”; Peter W. Rodman, secretario asistente de Defensa para Asuntos de Seguridad Internacional; Donald Rumsfeld, secretario de la Defensa; Paul Wolfowitz, sub secretario de la Defensa. 

Una sola potencia y un orden internacional a su servicio
Pero las bases teóricas de la guerra y de la política imperial de EEUU en esta etapa histórica no tienen al “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano” como el único documento revelador.

Un documento clave posterior al “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano” es el que se conoce con la sigla RAD: "Reconstruyendo las Defensas de EEUU: estrategia, fuerzas y recursos para un nuevo siglo", editado en setiembre de 2000. Toma un borrador de Wolfowitz como punto de partida aclamándolo, como "un anteproyecto para mantener la preeminencia de EEUU, excluir la emergencia de una gran potencia rival y redibujar el orden de seguridad internacional de acuerdo con los principios e intereses estadounidenses".

RAD rechaza los cortes del presupuesto de defensa, insiste en que "preservar la situación estratégica deseable en la que EEUU se encuentra en este momento requiere (mantener) una capacidad militar preeminente de manera global, tanto en el presente como en el futuro". La misión militar central de EEUU, prosigue el documento, incluye la habilidad de "luchar y ganar decisivamente ante grandes amenazas de guerras múltiples y simultáneas" y resituar fuerzas permanentes en el sureste europeo y en el sureste asiático.

También son elocuentes estas otras dos citas:

"EEUU ha buscado durante décadas jugar un papel más permanente en la seguridad regional del Golfo. Mientras que el irresuelto conflicto con Irak proporciona la justificación inmediata, la necesidad de una presencia importante de fuerzas estadounidenses en el Golfo trasciende la cuestión del régimen de Sadam Husein." (sic). O sea, el objetivo no era hacer caer a Sadam e instaurar la democracia en ese castigado país, sino asegurar “una presencia importante de fuerzas estadounidenses en el Golfo”.

Y esta otra cita, que revela que para los actuales gobernantes de EEUU trabajar por la paz, o por el diálogo internacional, o por la solución diplomática de las controversias, no figuran entre los objetivos del “Nuevo Siglo Americano”:

"En la actualidad EEUU no tiene rival a escala global. La gran estrategia de EEUU debe perseguir la preservación y la extensión de esta ventajosa posición durante tanto tiempo como sea posible (...). Nuevos métodos de ataque -electrónicos, 'no letales', biológicos- serán más extensamente posibles; los combates igualmente tendrán lugar en nuevas dimensiones: por el espacio, por el 'ciber-espacio' y quizás a través del mundo de los microbios; formas avanzadas de guerra biológica que puedan atacar a genotipos concretos pueden hacer del terror de la guerra biológica una herramienta políticamente útil". 

“Un poder militar sin paralelos”
Pero hay otros dos documentos del “Nuevo Siglo Americano”: "La Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América", del propio presidente George W. Bush, dado a conocer el 17 de septiembre de 2001, y "Transformando las Fuerzas Armadas", del secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld, publicado en Foreign Affairs (mayo-junio de 2002).

Ambos documentos plantean que la estrategia de contención y de disuasión llevada a cabo durante el período de la Guerra Fría ya no sería suficiente ni adecuada para el nuevo escenario de la posguerra fría, especialmente a partir del 11 de setiembre de 2001.

Hay que asegurar "un poder militar sin paralelos y de una gran influencia económica y política". Y para que no queden dudas, señala Rumsfeld que muchas veces "la mejor -y en algunos casos la única- defensa es una buena ofensiva".

Esta es la estrategia que plantea la potencia más poderosa en la historia de la humanidad, con una presencia militar en 175 países y un presupuesto de “defensa” mayor que el presupuesto militar de la Unión Europea, China y Rusia sumados.

 

El imperio del siglo XXI
El politólogo uruguayo Fernando López Alves, que es asesor del Partido Demócrata de EEUU, donde vive, dice lo siguiente, al referirse a ese país como imperio en un reportaje que le efectuara Emiliano Cotelo en “El Espectador”, el pasado 11 de julio:

“Imperio significa que tú tienes la capacidad y el poder de hacer que otros hagan lo que tú quieres fuera de tus fronteras. ¿Por qué medios? Puede ser por colonización, como hicieron el Imperio Español y el Imperio Otomano; puede ser por el control del comercio, como hizo el Imperio Británico, (...); o puede ser un imperio como el de Estados Unidos, que vemos hoy, que es un imperio no solamente de control de comercio sino de control de la banca internacional, de control de la emisión de (...) la cultura de consumo internacional, y ahora, por supuesto, la columna vertebral de todo ese control tiene que ser un control militar. Porque si las guerras en Irak y Afganistán sirvieron para algo -continúa López Alves-, fue para decir: ‘Nosotros cuando amenazamos, cumplimos la amenaza’; ‘Cuando decimos que vamos a intervenir Irak si usted no hace tal y tal cosa, vamos a intervenir; y aunque usted haga tal y tal cosa, si sospechamos que no está haciendo lo que tiene que hacer -que fue lo que pasó con Saddam Hussein; porque no es que hizo tal y tal cosa, es que sospechamos que la hizo-, eso simplemente es razón para intervenir’. Incluso en el lenguaje del presidente Bush últimamente está el asunto de que cuando habla con cualquier país dice: ‘Nuestra voluntad es tal…’ o ‘Nuestro deseo es cual…’. Es un lenguaje imperial”, concluye López Alves. 

Por otro mundo posible
Ojalá que las fuerzas de la paz, de la cordura, del humanismo, del respeto a la diversidad en el planeta puedan sobreponerse al belicismo y la prepotencia imperiales. Ojalá que entre todos los pueblos, incluyendo a los norteamericanos sensatos que desean convivir en un mundo sin amenazas ni violencia, podamos abrir paso a un nuevo orden internacional basado en otros valores y principios, y en el respeto al orden jurídico internacional. No hay otra manera de derrotar al terrorismo, que es una radical manifestación de la agresividad, la intolerancia y el desprecio por lo más preciado: la vida humana. 

El terrorismo de Estado o el terrorismo que hemos visto caer desde el cielo sobre ciudadanos indefensos en Irak es tan repudiable como el que practican los fundamentalistas. Combatir al terrorismo con misiles e invasiones es reproducirlo y ampliarlo.

Esta realidad internacional es un inmenso dato a tener en cuenta. Porque, justamente, uno de nuestros interlocutores son los Estados Unidos. Una potencia a la que reconocemos grandes valores, con la que tendremos que dialogar -como lo deben hacer y lo hacen los nuevos gobiernos del MERCOSUR, con Lula y con Kirchner-, con la que procuraremos abrir mercados y establecer reciprocidades que hoy están ausentes en el intercambio comercial, y ante la que también tendremos que sumar nuestra voz al rechazo que desde todo el mundo -y, ojalá, también, cada vez más, desde dentro de los propios EEUU- se alza contra esta concepción imperial del “Nuevo Siglo Americano”.

Naturalmente que esto de “poner orden” en el mundo por parte de Estados Unidos no tiene que ver únicamente con el oriente cercano, medio o extremo. López Alves, a quien citamos, tras recordar lo que significa el Plan Colombia como ejemplo de una clara participación de la potencia del norte en la vida interna de un país de nuestro continente, finaliza diciendo, en el referido reportaje en “El Espectador”: “hay un cambio; en América Latina antes lo problemático eran América Central y el Caribe, pero ahora lo problemático resulta estar aquí, en el Sur”.

Añade que “ahora hay una suerte de preocupación” por lo que llama “los posibles neopopulismos del Cono Sur”, expresión que no compartimos pero que en este caso alude a los gobiernos que plantean alternativas al neoliberalismo y a esta nueva realidad que se va perfilando con los nuevos gobiernos de nuestra región e, incluso, con la perspectiva de lo que pueda ocurrir en nuestro país.

Hasta ahora Bush ha proclamado una intención de diálogo con los gobiernos de Lula y Kirchner, e incluso con un eventual gobierno del EP-FA. Esto sería lo sensato. Pero también sabemos que la relación con los norteamericanos no será fácil. Nunca lo ha sido. Ojalá que las alas del águila no planeen por estas latitudes como lo han hecho en otras regiones. No queremos ese “Nuevo Siglo Americano” amenazando nuestro sagrado derecho a una sociedad más justa.

En resumen: el desequilibrio que plantea el poder de los Estados Unidos en el plano militar, económico y político no ofrece la menor duda.

Por otra parte, las opciones estratégicas que hemos citado, por la influencia de quienes las sustentan y la claridad con que son formuladas, nos muestran cuál es la situación prevaleciente en el gobierno de los EEUU.

Ante esta situación, ¿qué hacer? La experiencia histórica muestra que el poder militar que no se sustenta en sólidas banderas humanistas de libertad, justicia y ética, a pesar de su aparente fortaleza, es débil y vulnerable.

La reciente experiencia de promoción, instalación y vigencia de la Corte Penal Internacional -que tiene la oposición de los Estados Unidos- muestra que la justicia basada en el derecho puede avanzar y ganar espacios aun ante los poderosos.

El derecho como sustento de la justicia, junto a la sociedad civil movilizando a la opinión pública alternativa, como lo ha hecho el Foro Social Mundial, tiene un amplio espacio para avanzar y nos señala un camino a seguir.

* Diputado del Encuentro Progresista-Frente Amplio; pro secretario de Asamblea Uruguay.

Pagina Vinculante: “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”  
http://www.suracapulco.com.mx/anterior/2003/marzo/31/pag2.htm

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