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Parte
II Exhaustivo análisis de uno de los temas candentes de las relaciones internacionales por el cientista brasileño Dr. Moniz Bandeira, calificado analista que invitado por el Centro de Estudios Brasileños de la Universidad de Oxford desarrolló una conferencia sobre las relaciones Brasil- Estados Unidos, que dan origen a este articulo que La ONDA digital publica. A continuación su según da parte.
La oposición brasileña a la política de aplastamiento del régimen de Fidel Castro y las medidas nacionalistas promulgadas por el gobierno de Goulart, alarmaron a los Estados Unidos. Las relaciones entre Brasil, donde la comunidad de negocios norteamericana participaba en las luchas sociales internas, y los Estados Unidos, podrían sólo deteriorarse. Además las relaciones entre ambos países se tornaron crecientemente tensas y la CIA, mediante el emprendimiento de varias formas de operaciones encubiertas (covert actions) de desgaste, agravó artificialmente la crisis interna y de este modo contribuyó para el coup d'Etat de 1964. La caída de Goulart y la asunción a la presidencia del General Humberto Castelo Branco significaron así una gran victoria para los Estados Unidos y no una gran derrota para los comunistas que, como bien sabía el Departamento de Estado, nunca tuvieron los medios para tomar el poder. Esto significó, sin embargo, uns gran derrota para las tendencias nacionalistas que habían sido estimuladas por el proceso de industrialización tan necesario para Brasil y por las luchas sociales planteadas en un momento crítico, cuando la nación estaba sufriendo una disminución de recursos y estaba marcada por el impacto de la revolución cubana. Dominada por la mentalidad de la Guerra Fría y temiendo por la diseminación de las tendencias revolucionarias en Sud América, los Estados Unidos, cuyos formuladotes de políticas normalmente confundían comunismo con nacionalismo, se esforzaron cada vez más para transformar a Brasil en un baluarte contra la influencia cubana más que en una democracia en funcionamiento. Los programas militares estadounidenses tenían el objetivo fundamental de alentar a las fuerzas latinoamericanas a que se dedicaran a la tarea de mantener la seguridad contra los comunistas, la subversión inspirada por Castro, contribuyendo a la defensa colectiva y promoviendo el desarrollo social y económico. Así la tecnología norteamericana, entrenamiento y apoyo alentaron a los militares brasileños para tomar el poder e asumir el control sobre los asuntos internos. Después, el Presidente Gral. Humberto Castelo Branco (1964-1967), líder del Gobierno Militar, develó su propia política exterior, la tan llamada diplomacia de inspiración geopolítica, basada en la teoría de las fronteras ideológicas y la eliminación de áreas de conflicto con los Estados Unidos. Esto fue justificado por la doctrina de que, "en el contexto actual de una confrontación bipolarizada, con una brecha radical político-ideológica entre las posiciones respectivas, la preservación de la independencia requiere aceptar un cierto grado de interdependencia, en los campos: militar, económico y político"8. Castelo Branco creyó que los malentendidos con Estados Unidos habían sido causados por la tendencia de Goulart el estatismo y nacionalismo, razones ambas que desestimularon la inversión extranjera. Lo que se necesitaba, según él, "era una rápida y a veces difícil transformación en nuestra política exteriore"9 Además de liberalizar la economía brasileña, Castelo Branco endureció las relaciones con Cuba, envió tropas para apoyar la intervención norteamericana en Santo Domingo y proclamó la creación de una "fuerza de paz" interamericana. El principio "lo que es bueno para los Estados Unidos es bueno para Brasil" fue enunciado por el Juez Magalhães, Embajador de Brasil en Washington y luego Ministro de Relaciones Exteriores10. Esta visión, de hecho, dio lugar al abovedado principio de la diplomacia brasileña durante el período que siguió al golpe militar que los EE.UU. fomentaron abiertamente en 1964 contra el gobierno de Goulart. Castelo Branco trató de restaurar la vieja política de marchar de acuerdo a la música de Washington, la cual fue proclamada en 1914-1915 como un reflejo de la situación de complementación económica: Brasil entonces enviaba entre el 60 y 70% de sus exportaciones de café a los Estados Unidos y a cambio dependía en similar proporción del mercado americano. No obstante, luego del boom de la industrialización de la década del 50', alimentado principalmente por el sector del acero, la vieja política exterior se había vuelto obsoleta para el progreso del país. La menguada complementariedad económica y la alineación automática con los Estados Unidos no pudieron mantenerse debido a que no se correspondieron en el tiempo con los intereses y objetivos nacionales de un país en desarrollo como Brasil, que acariciaba aspiraciones propias de convertirse en un poder mundial, siguiendo una tradición ideológica heredada del Imperio Portugués y perpetuada por la elite brasileña, aunque el Gobierno de Castelo Branco sólo logró ser un "breve y aberrante interludio", tal como el Embajador de Estados Unidos, John Crimmins, reconoció una vez11, y el cambio de marcha de la política de estrecha identificación con los Estados Unidos, se tornó inevitable. En 1967, cuando el General Artur da Costa Silva sucedió a Castelo Branco en el poder, el nacionalismo retornó manifestándose a través de una facción militar de derecha radical, y Brasil asumió nuevamente algunos juegos de competencia hacia los poderes industrializados, mediante la expresión de solidaridad con las aspiraciones del tercer mundo y la concepción contra el poder extranjero global como la mejor forma de asegurar un rápido crecimiento económico. En contraste, Argentina, donde los militares controlaban el poder desde la caída de Frondizi en 1962, se mantuvo económicamente estancada y profundamente dividida políticamente. De hecho, la inauguración del gobierno de Costa y Silva (1967-1969) representó una victoria para la "línea dura" militar, quienes desde un principio, de una u otra forma, determinaron las tendencias del régimen autoritario. Las pautas de la política exterior de Castelo Branco fueron echadas por tierra, y reemplazadas por conceptos bastante similares a los del período de Quadros y Goulart, y los cuales, de alguna manera, restauraron los principios que habían orientado las relaciones entre Brasil y EE.UU. en las eras de Getúlio Vargas y Juscelino Kubitschek. Costa y Silva subrayó que "desarrollo y seguridad son conceptos fuertemente unidos, el segundo dependiendo del primero"22. La política exterior brasileña, bajo mínimos apremios políticos e ideológicos forjó los lazos económicos con Africa y el Oriente Medio, y trató de ampliar los mercados exportadores como un instrumento para el crecimiento económico. En lugar de confinarse a sí mismo al escenario internacional de la guerra fría, como lo había hecho el gobierno de Castelo Branco, Costa y Silva basó su política exterior en los intereses nacionales tal como fue percibido por la facción nacionalista de derecha en la Armada. Los conflictos con los Estados Unidos sobrevinieron ampliando lo que la Administración Washington, bajo presiones de los lobbies, pretendía limitando las importaciones de café instantáneo brasileño. Pero el conflicto se expandió más allá del área comercial. En la Conferencia de Génova, Brasil se unió con países neutrales tales como la India y la República Arabe Unida, contra proyectos conjuntos de los Estados Unidos y de la Unión Soviética para limitar las pruebas nucleares. Más tarde Brasil se rehusó a apoyar el Tratado de No Proliferación Nuclear, a pesar de las fuertes presiones del Departamento de Estado. El Presidente Costa y Silva declaró que la energía atómica era "el recurso más poderoso a ser instaurado por los países ricos y desarrollados, por el cual deberían reducir la distancia entre ellos mismos y los países industrializados"13. El crecimiento de la economía brasileña y su determinación para alcanzar el status de poder mundial lo llevaron a rechazar la política de no proliferación de la tecnología nuclear propuesta por los Estados Unidos y la Unión Soviética, porque cualquier compromiso en esa dirección implicaría una nueva forma de dependencia. Estas políticas brasileñas no variaron sustancialmente durante el gobierno del General Emilio Garrastazu Medici (1969-1973). A pesar de las reforzadas ataduras económicas con los países industriales de occidente y con el capital financiero internacional, Brasil mantuvo su actitud contraria a la cristalización de las posiciones de poder en el sistema internacional, considerando que la paz verdadera no podía definirse como un mero mantenimiento del status quo, en el cual Estados Unidos y la Unión Soviética podrían predominar mediante su monopolio nuclear14. Las aspiraciones brasileñas no requerían la destrucción del orden internacional, sino simplemente un impulso e incremento de su propia posición en la jerarquía del poder. Las tasas de crecimiento económico aumentaron del 9 o 10 al 11% anuales entre 1968-1973, reforzando las aspiraciones brasileñas de convertirse en un poder mundial, ahondando las tensiones con los Estados Unidos y, las alternativas para el desarrollo económico y los mercados alternativos para exportaciones de productos manufacturados deberían encontrarse principalmente en Africa y América Latina. Además de la exportación de commodities tales como café, soja, citrus, aves de corral e, incluso, armas de alta tecnología, Brasil también comenzó a competir fuertemente en el mercado mundial para vender manufacturas como calzado, textiles y acero. Por lo tanto Brasil debió confrontar el proteccionismo en los Estados Unidos y en la Comunidad Económica Europea. Se vio obligado así a definir su propia diplomacia pragmática y ecuménica, "de la cual estaba excluido el fatalismo de las posiciones, a priori, automáticas", como el Presidente Ernesto Geisel (1973-1979) subrayó en 197515. Durante su administración, las relaciones entre Brasil y los Estados Unidos encararon crecientes dificultades. Brasil, sin ningún intento de apaciguar a Washington, reconoció los gobiernos revolucionarios de Angola, Mozambique y Guinea-Bissau, firmó un Acuerdo Nuclear con la República Federal de Alemania, y revocó el Acuerdo Militar con los Estados Unidos en medio de controversias acerca de los derechos humanos y los asuntos nucleares. Dichos asuntos, junto con el desarrollo de material bélico, la reserva del mercado de procesamiento de datos, y otras disputas comerciales, continuaron creando y ahondando las divergencias entre los dos países. Varios factores acrecentaron la autonomía brasileña. La absorción de las exportaciones brasileñas por parte del mercado americano se redujeron, debido en parte a la caída en las importaciones de café. La proporción de las exportaciones brasileñas destinadas a los Estados Unidos, las cuales habían alcanzado el tope del 53% en 1944, habían bajado al 23% en 1972 y a menos del 20% en los años siguientes16. Europa Oriental y Occidental alcanzaron más del doble de las exportaciones al mercado americano en el mismo período. El suministro de importaciones brasileñas en los Estados Unidos también se mantuvo entre un 15 y un 21%17. Brasil, desde la década del 70', se tornó un global trader y los productos industrializados constituyeron más de la mitad de sus exportaciones, aparte de ser uno de los mayores exportadores agrícolas en el mundo. El interés de las empresas estatales, particularmente aquellas productoras de material bélico, floreció bajo el régimen militar y, al ser responsables de los suministros de petróleo y de las crecientes exportaciones de productos manufacturados, estas empresas perfilaron la política exterior brasileña hacia Africa, el Medio Oriente y América Latina. Las fricciones con los Estados Unidos continuaron durante el período del General João Batista Figueiredo (1979-1985). Brasil, a pesar de estar bajo un gobierno militar de derecha, se opuso a la política de Estados Unidos vis-à-vis Nicaragua y El Salvador, continuó apoyando los regímenes izquierdistas en Angola y Mozambique, y asumió posiciones con respecto al Medio Oriente que divergían de las posiciones norteamericanas. En ese momento, Brasil también tomó la iniciativa de sobreponerse y sepultar definitivamente las tensiones sobre la represa hidroeléctrica de Itaipú, por medio de la celebración del Tratado Tripartita con Argentina y Paraguay. La visita oficial dell Presidente Figueredo a Buenos Aires , en 1979, zanjó el camino para un estrecho acuerdo entre Brasil y Argentina. Durante la guerra del Atlántico Sur, en las Islas Falklands/Malvinas, Brasil fue nominalmente neutral, pero tan claramente inclinado hacia Argentina que, aunque en forma secreta, le brindó apoyo, incluyendo ayuda militar. Por otra parte, los Estados Unidos, que se habían abstenido de tomar posición en materia de soberanía, Brasil reconoció la soberanía argentina sobre las disputadas islas, a pesar de que el gobierno brasileño no apoyó el uso de la fuerza para validar esta soberanía. (continuará) La primera parte puede leerla en La ONDA 146 http://www.uruguay.com/laonda/LaOnda/146/B2.htm Traducido del inglés para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte * Luiz Alberto Moniz Bandeira Es cientista político, profesor titular (jubilado) de la Universidad de Brasília, es autor de várias obras, entre ellas A Reunificação da Alemanha: do ideal socialista ao socialismo global, De Marti a Fidel y del reciente libro titulado Conflicto e integración en América del Sur – Brasil, Argentina y EE.UU. (De la Triple Alianza al Mercosur 1870-2003) publicado por la Editora Revan (Río de Janeiro, 2003, 676 p.) 8)
Speech by Gen. Castelo Branco, 31 July 1964, in Textos e Declarações sobre Política Externa, Rio de Janeiro,
Ministério das Relações Exteriores, 1965, p. 9. 9)
Id.,
ibid., p. 11. 10)
Magalhães, Juracy - Minha
Experiência Diplomática, Livraria José Olympio Editora,
1971, p. 275 11)
House
of Representatives - Hearing before the Subcommittee on Inter-American Affairs on the
Committe on Foreign Affairs, Ninety-Seventh Congress,
Second Session, July 14,1982, U.S. Government Printing Office,
Washington, 1982, p. 50. 12Costa
e Silva, Artur da - Mensagem
ao Congresso Nacional, Brasília, 1968, pp. 131 e 132. See
also the speech of Costa e Silva of 5 April in Ministério das
Relações Exteriores -
Documentos de Política Externa, Rio de Janeiro, 1967, pp.
131-132. 13)
Speech by Costa e Silva, 5 April 1967, in Documentos de Política
Externa, pp. 11-12. 14)
See Araujo
Castro, João Augusto – “O Problema da Proliferação
Nuclear”, speech before the Comission for Disarmament, February
8, 1968, in Araujo
Castro, Editora da Universidade de Brasília, 1982, pp.
53-60 15)
Geisel,
Ernesto - Mensagem ao Congresso Nacional, Brasília, 1975, p. 145._ 16)
See Moniz
Bandeira – “Continuidade e Mudança na Política Externa
Brasileira”, in Revista
Brasileira de Política Internacional n° 115-116, Rio de
Janeiro, 1986/2, pp.91-98. 17)
Id., ibid., p. 95. LA ONDA® DIGITAL |
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