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Del
milagro al ostracismo
Japón, en un
tiempo atrás, representó el
protagonista de mayor envergadura
dentro del Grupo de los 7, no solo por la magnitud de su
economía, sino por haber sido considerado en las últimas décadas,
tanto para Asia como para los países en vías de desarrollo en
general, incluidos los de Iberoamérica, como referente de alto y
pujante desarrollo económico.
El modelo japonés
se constituyó durante muchos años en un paradigma digno
de imitar. Un país insular, muy poblado, sin recursos naturales,
con una estructura productiva virtualmente destruida en la Segunda
Guerra Mundial, llegó a convertirse en sólo décadas y con
enormes sacrificios, en la segunda potencia mundial industrial del
mundo. El modelo
japonés, fue hasta hace muy poco tiempo, motor de
estudios, seminarios y, seguramente, de buenas fuentes de ingresos
para sus autores y disertantes. El Licenciado Jorge
R. Machini (economista
de JETRO y profesor en la Universidad de Buenos Aires) ,
recuerda que “Japan Inc.” se solía denominar
con admiración, pero también con cierto temor a un país con
grandes empresas dinámicas, un fuerte entrelazamiento entre
corporaciones y el Estado (el sistema de información y de
decisiones informal denominado keiretsu), una disciplina social
influida por valores de disciplina y subordinación laboral
confucianos”. Todo ello plasmaba una combinación imbatible
que le había hecho ganar el mundo con sus productos, tecnología
y eficiencia social. El
Japón de hoy y sus dificultades Opiniones
librecambistas propulsan que se profundice sin más, la apertura y
liberalización, sosteniendo que ha sido justamente la ausencia de
competencia abierta la que ha impedido el
imprescindible saneamiento económico a través de los
propios mecanismo automáticos de ajuste de los mercados. Los socios de Japón,
integrantes del selecto club de países más industrializados
-Grupo G7 + Rusia- requieren que el gobierno nipón tome medidas de reactivación
económica mediante una serie de medidas que
sirvan como señalas de confianza para el aumento del
consumo y la inversión: reestructuración de bancos en problemas,
reducción de impuestos, etc. a favor de impedir una déficit
fiscal considerado acompañado de un creciente endeudamiento público.
El citado Lic.
Machini presenta importantes interrogantes que van más allá de
lo circunstancial: “¿Qué
le pasa a Japón? ¿Son sus problemas, consecuencias de su modelo
de desarrollo? ¿Por qué ya no tienen efectividad los sucesivos
paquetes de estímulo estatal que han venido intentándose? ¿Dejará
de ser Japón un mercado de magnitud y potencial comercial y económico
de interés? Una
historia de desafíos En su
ensayo “El imperio japonés” (1973), John
Whitney Hall recuerda el error de los analistas económicos y políticos
europeos del siglo XIX, cuando consideraban la imposibilidad que
la modernización del periodo Meiji (1868) pudiera
consolidar la industrialización y la apertura comercial de Japón.
Pocos años después -1877-
ante el levantamiento restauracionista samurai encabezado
por Satsuma , los mismos analistas seguían negando que ese país
pudiera convertirse en una nación unificada y pujante. Sin
embargo, superada la rebelión política, aquellos pronósticos
fueron equivocados. El
Estado nipón, comenzó y mantuvo un firme proceso de modernización. El
siglo XX le deparó a la sociedad japonesa duros momentos: gran caída
de la actividad económica; grave descenso del nivel de consumo
por habitante; alta
cifra de desempleo; infraestructura básica de servicios casi
inexistente; inflación descontrolada. Finalizada
la Segunda Guerra Mundial, luego de la introducción de reformas y
bajo la administración de las fuerzas de ocupación de los
Estados Unidos, Japón a partir de 1951, con su gobierno propio,
alcanzó en pocos años nuevamente, respetables niveles de
crecimiento económico. La década de 1980 la estructura
industrial japonesa se distinguió por su gran eficiencia y alta
competitividad (JETRO,1984). Actualmente
los pronósticos negativos de los gurúes académicos occidentales
(Milton Friedman, Paul Krugman, Paul Samuelson, Lester Thurow)
coinciden en señalar que la debilidad demostrada por los últimos
gobiernos de Japón, preocupados en superar los daños de la
denominada “explosión de la burbuja financiera”,
desde las dos últimas décadas del siglo pasado, ha demostrado el
agotamiento del “modelo
japonés”. Los
nuevos desafíos El
proceso de globalización ha avanzado en los últimos años.
Vivimos una época de gran dinamismo e interdependencia, lo que
obliga a conocer a fondo el marco internacional para poder
entender los problemas de un país. Como
reconoce el diario Tsutsumi Tomio Journal: “Japón es un país
altamente dependiente del exterior, sabe muy bien los daños que
podría provocarle no pensar qué requiere el mundo de él y que
el mundo no entendiera la situación de Japón”. En consecuencia, el
sistema político japonés, actualmente se encuentra cuestionado;
urgido por su sociedad ansiosa por recibir respuestas y establecer
medidas y estrategias conforme a la realidad mundial. Fijar nuevos
objetivos, prioridades y medios para afrontar los problemas del país.
Siguiendo de cerca la evolución que en Asia se asiste, con la crisis de los hasta ayer “tigres o dragones asiáticos” por un lado; el crecimiento del protagonismo político y cultural de China; la presencia de una Corea con un respetable nivel económico; tiene que llevar a Japón a considerar nuevas alternativas y oportunidades en paralelo a los grandes desafíos de los nuevos tiempos. LA ONDA® DIGITAL |
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