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Eduardo
Larbanois: "Por suerte
todos somos iguales y distintos"
por Walter Cruz
En
su casa –ubicada en la zona del Parque Batlle en Montevideo-
Eduardo Larbanois despide a una de sus alumnas, al tiempo que
espera la llegada de sus pequeños hijos de la escuela.
En
el entretiempo va desgranando recuerdo y anécdotas de su vida
como cantor popular. El tacuaremboense denota poseer una gran
cultura, al tiempo que por su forma de expresarse, por sus dichos,
conserva las costumbres de hombre del Interior. Tiene en su haber
una carrera artística de más de 30 años, alternada como solista
eventual y como integrante del dúo Los Eduardos –antes- y ahora
de uno de los binomios más populares y emblemáticos del Uruguay
junto al duraznense Mario Carrero. Recuerda con gran cariño a sus
maestros de ayer y de hoy. Y enfatiza que ningún partido tiene
una política para la cultura.
Eduardo
se siente feliz: su trabajo le ha permitido sentir a flor de piel
el afecto del público uruguayo y del de otros países. En estos
momentos se encuentra preparando un disco instrumental y una gira
con Mario Carrero, que los llevará a varios países europeos.
ENTRE
LA MÚSICA ACADÉMICA DE SU BISABUELO BELGA
Y EL CANTO MURGUERO DE SU PADRE
-
¿Dónde nació, como fue su infancia?
- Nací en la ciudad de Tacuarembó, en la casa de mis abuelos, el
1º de agosto de 1953. Viví allí muy poquito tiempo, después
nos mudarnos a un barrio en el que también estuvimos poco tiempo.
Cuando tenia dos y medio o tres años nos establecimos
cerca del estadio Goyenola. Hasta los 20 viví en esa zona.
En
unos departamentos que había construido INVE –o sea el
Instituto Nacional de Viviendas Económicas-
que era un muy buen proyecto.
-
Sus padres ¿qué hacían?
- Mi padre, “El Yeye”, pintor de letras y funcionario de la
empresa de transporte ONDA, cantor de murgas, hombre que hace
cometas. Mi mamá Aracelia Santa Marina, ama de casa. Los dos
fueron fundamentales en el desarrollo de mi carrera.
Mi
padre desde su trabajo como pintor siempre me dio
mucho estimulo para ser dibujante. Yo dibujaba ya antes de
hacer música y me destacaba en la escuela. Me gusta, es una cosa
que quedo ahí, lo sigo haciendo aunque nunca me
formé. Creo que en definitiva el arte te sensibiliza para
todas las disciplinas.
-
Como murguista ¿su padre que influencia tuvo en su formación
musical?
- Sí, tuvo influencia,
mi padre fue fundador de murgas con sus
hermanos, pero esta tradición
la traemos de mi bisabuelo que fue fundador de la Banda
Municipal de Tacuarembó. El viejo vino de Bélgica, murió muy
joven...
-
¿Un bisabuelo belga y músico?
- Exacto. Y mi abuelo
siguió la tradición. Era instrumentista de vientos; tocaba el
saxo, el clarinete y también integro la Banda Municipal de
Tacuarembó.
La
Marcha de Tacuarembó que abre y cierra la emisión de una radio
de allá, la compuso él. Es una marcha muy linda, tipo militar y
forma parte de la identidad de mi pueblo. O sea que por el lado de
mis abuelos vino la música más académica y por el de mis padres
la música popular.
Mi
madre sigue cantando mientras cocina, cuando anda haciendo cosas,
siempre anda cantando. Recuerdo que a ella le gustaba mucho la música
de Javier Solís, Miguel Aceves Mejía, o sea el melódico de
aquella época, el bolero, ¿no?
Y
un hermano de mi mamá –viniendo de una familia muy arraigada en
la vida campesina- sin embargo agarró para la parte
universitaria. Fue contador, es mi padrino, un tipo muy querido y
es el que me acercó por primera vez a los discos. El primer
tocadiscos que vi en mi vida me lo hizo escuchar él, me enseñó,
me enseñó a manejarlo y me permitía escuchar cosas que a él le
gustaba mucho como la ópera. Y por supuesto Gardel y los primeros
discos del folklore argentino, Los Fronterizos, Los Chalchaleros,
Horacio Guarany.
Hace
poco me encontré con Horacio y le decía que el primer cantor
popular que había visto era a él. “Estarías en pedo, porque
hay que escucharme a mí”(risas)
-
O sea que la música siempre estuvo presente, incluso desde niño.-
Claro y cuando terminé la escuela y empecé el liceo empecé
realmente a hacer música. Me conocí con Eduardo Lagos.
UN
TRIO QUE ERA UN DUO
-
Con el que formó el dúo Los Eduardos
- Que en realidad era un trío.
-
¿Un dúo que era un trío?
- Con otro compañero de clase que se llamaba Carlos Eduardo
Alvarez, que se arrugaba y nunca iba a las actuaciones (risas).
Entonces ahí quedó el dúo Los Eduardos, con el que trabajamos
unos diez años, recorrimos bastante el país, alguna provincia
argentina y el sur de Brasil. Grabamos tres discos: dos en Ayuí
–hoy Tacuabé- y otro en Sondor. Hasta que pasamos a formar el dúo
Larbanois-Carrero, cuando nos conocimos con Mario. Lo conocí en
Paysandú, yo iba con el dúo Los Eduardos y él como solista. Nos
reencontramos en Montevideo allá
por el ’76,
donde yo estaba cumpliendo una breve etapa como solista. Participé
en más de cien discos de música uruguaya. Con casi todos los
cantautores nuestros tuve el privilegio de grabar, de hacer
arreglos, participar como guitarrista en sus discos. Lo sigo
haciendo porque siempre me gustó la música instrumental.
-
¿Con quién estudió música?
- Con muy
buenos maestros y una de las cosas que le debo a mi madre es la
exigencia. Cuando terminé primer año de la escuela me regaló
una guitarra y me dijo “vas a estudiar en serio o no vas a
estudiar nada” (risas). Me mandó a la Escuela Municipal y allí
conocí al maestro Domingo Albarenga en Tacuarembó, que fue la
base fundamental, porque si tenés un buen maestro de entrada
después el camino se hace muy llano. Allí estudié las bases teóricas
y las primeras cosas en la parte técnica. Albarenga venía de una
buena formación con Carlevaro, con Antonio Pereira Arias y nos
trasmitió todo eso. Era un maestro muy joven, pero muy metódico
lo cual para mí fue muy importante.
¿Sigue
estudiando?
- A partir de allí no
paré hasta hoy. Pero tuve la desgracia de perder uno de mis más
grandes maestros que fue don Abel Carlevaro, con quien nos habíamos
reencontrado en los últimos años con una relación muy linda, más
allá del maestro-alumno.
Me
vine a Montevideo y seguí estudiando en el NEMUS con Magdalena
Gimeno, Miguel Marosi, que fueron maestros invalorables.
Después
estudié con Lola Gonella de Ayestarán, esposa de don Ramón
Ayestarán, un concertista.
-
Pasemos de lo instrumental al canto.
- Paralelo a eso estudié canto con maestras como Marta Sánchez,
Estela Ibarbouru -la mamá de Estela Magnone y de toda esa barra
de Magnone que son excelentes músicos-, armonía la hice con
Marino Rivero, con Clisich y también canto con Nelly Pacheco. Y
en los últimos tiempos con Sara Dufau. Soy imparable en la cosa,
me gustaría seguir estudiando pero no me da ni el tiempo ni las
posibilidades económicas. Porque yo aspiro a estudiar con
maestros que son muy costosos. Mi formación siempre fue
particular.
EN
LA PRIMERA ACTUACIÓN LE DIJERON
QUE
HABIAN CANTADO MUY MAL
-
¿Recuerda su primera actuación pública?
- Fue en Canal 7
deTacuarembó. Ah, no, pará. La primera, la primera es medio
graciosa. Hay un señor, pariente lejano, que regenteaba una
cantina en el Parque Rodó de Tacuarembó. Nos contrata para ir a
cantar. Fue una de las pocas veces que actuamos los tres Eduardos.
Esas relaciones lejanas, pero más o menos familiares, le dan
cierta confianza al comprador. Lo cual cuando terminamos nos dijo
que no nos iba a pagar, porque habíamos cantado muy mal (risas).
Fue mi primer choque con los empresarios. Nos había dado un
pedazo de asado y consideró que con ello ya estábamos pagos.
-
¿A partir de allí?
Fueron muchísimas actuaciones, recorrimos bastante el país con
Los Eduardos. Y por cierto posteriormente con Mario Carrero no hay
rincón en el Uruguay donde hayamos cantado hoy día. Y en muchos
países del exterior.
Quisiéramos
mucho más, pero vos sabés que es más difícil para los
latinoamericanos viajar en América que a Europa o los Estados
Unidos. Es más fácil ir a Australia, Canadá que a Bolivia o una
provincia argentina como Neuquen.
-
¿Ustedes sólo hacen música uruguaya?
- No, el “Zumba que zumba” – la nuestra canción emblemática-
es de origen venezolano. Es una forma de payada que tienen en
Venezuela. La versión que nosotros tomamos fue recopilada por
Soledad Bravo y mirá vos lo que es el gesto noble que nos ha dado
herramientas para este oficio. El “Bocha” Benavides –que es
un autor de canciones- nos acercó esta que no es de él. Muy
generosamente siempre ha buscado aportar lo menor para cada uno y
en un momento nos llamó y nos dice, “hay una canción que les
vendría muy bien, pruébenla” y nos pasó el “Zumba que
zumba”. Así como muchas, porque cuando uno es compositor
generalmente quiere que canten sus canciones. Y el “Bocha” en
eso ha sido muy generoso, muy abierto y nos ha enseñado
justamente a ser muy críticos de nuestros trabajos. En lo que a mí
concierne, Benavides ha sido mi padre intelectual, un referente
permanente desde Tacuarembó. En todas las áreas: en la música,
en la literatura, en la pintura...
-
Y además de los pagos de Gardel...
- De los pagos de Gardel. Los uruguayos tenemos una deuda muy
grande con el “Bocha”, como así también con Ruben Lena y
todos los cantores populares de la década del 60. Yo que sé, te
ponés a hablar de Don Osiris Castillo, Aníbal Sampayo, Alfredo
Zitarrosa, Daniel Viglietti, Los Olimareños, José Carvajal. Es
innumerable la gente con la cual nosotros hemos alimentado nuestra
obra.
-
¿Cómo se inspira para componer un tema?
- Por cierto como país -donde
las comunicaciones son hoy tan inmediatas- y también como país
que fue formado por culturas diferentes, tenemos una forma de
recepcionar las influencias de todas las músicas del mundo.
Cuando me pongo a hacer una música o componer una canción no me
preocupa si el ritmo es autóctono o no. No me interesa.
-
“Canciones de Santa Marta”, ¿puede ser un ejemplo de esto?
Sí, es una ranchera. La ranchera viene de la mazurca, la mazurca
viene de Polonia. Por lo tanto cuando se habla de folklore acá
hay mucha gente que lo hace muy rápidamente sin saber. Nosotros
en todo caso lo que tenemos es una cultura aluvional, donde
vinieron diferentes culturas que formaron un crisol que termina
siendo lo que hoy día es la identidad de Uruguay. Una mezcla de
cosas, una especie de salsa que sale una cosa uruguaya. Ese es el
resultado de nuestra obra: somos una mezcla y no desautorizamos
eso. Al contrario, la disfrutamos. Nosotros crecimos escuchando
todo lo que te nombraba antes uruguayo, pero también a los
Beatles, los Rolling Stone, Simón y Garfunkel, Bob Dylan y todos
los brasileños que vinieron de Bahía. Caetano, Gilberto Gil,
Rita Lee. Eso nos ha atravesado y no nos preocupa lo que sale. No
solamente al dúo, a mí tampoco. Porque yo también me dedico a
componer música instrumental. Ahora estoy preparando un trabajo
para un disco solamente de guitarra. Igual voy a invitar a algún
músico de saxo, contrabajo, violín y algún percusionista.
“LO
NUESTRO FUE COMO UNA CARRERA DE POSTAS”
-
¿Ustedes son
fundadores del movimiento del Canto Popular Uruguayo?
- Esto es como una
carrera de postas. Recogimos la posta de aquellos que fueron
prohibidos.
¿Y
a ustedes por qué los permitieron?
- Porque no nos conocía nadie todavía (risas). Claro después en
alguna medida nos habíamos hecho parte muy activa en todo lo que
tenía que ver con única expresión popular. Allí en los espectáculos
la gente se nucleaba, más que para escuchar música, para
juntarse, para darse un poco de ánimo y ¡vamos arriba!. Fuimos
privilegiados, fuimos portavoces de nuestro pueblo.
-
Cuando la vuelta de la democracia, ¿los que volvieron los taparon
a ustedes?
- No, creo que no. Zitarrosa –por ejemplo- dijo que quería
saber si su canción seguí vigente para poder seguir cantando.
Porque sabía que la canción popular uruguaya en ese momento era
otra. Creo que fue el único que comprendió realmente que
regresaba a otro país.- Hubo gente que no entendió eso. Que creía
que venía a recoger los fueros.
Acá
era otro país y Alfredo lo tuvo claro. Nos escribíamos
permanentemente en el exilio. Nos mandábamos casetes, hablábamos
mucho con Alfredo y él entendía eso. Que la canción que estábamos
haciendo en Uruguay era muy distinta a la que ellos habían hecho,
porque era otra realidad. Inclusive creo que no debe haber castigo
más grande que el exilio.
-
Para los griegos el exilio era peor que la pena de muerte.
- Pero y claro. Por eso
los griegos te aplicaban el exilio, porque vos quedás aislado.
Concretamente cuando vos te vas dos meses y cuando volvés te
encontrás con otro país. Por más que sea el tuyo, que tengas
todas las raíces. En esos dos meses no viviste un montón de
cosas que pasaron. Llegás y te encontrás con un dicho nuevo
generado por alguna situación particular. Y te pasa en un pueblo
chico. Hoy día voy a Tacuarembó y hay mil cosas que son extrañas.
Por tanto me encuentro con gente conocida de hace muchos años y
son otras personas. Físicamente la ciudad está distinta y hay
cosas que han sucedido allá que yo no me he enterado. Entonces
soy como un exiliado dentro de mi pueblo. Pero obviamente quedan
aquellos recuerdos que lo nutrieron a uno, que le dieron las
herramientas para desarrollar un oficio, están allí prendidos.
-
¿Cómo era aquello de que en los pueblos todos son iguales y
todos son distintos?
- Por cierto y eso es lo que enriquece. Cuando voy a otro país
quiero ver como es ese país. Qué cosas puedo aprender del mismo,
porque sería muy aburrido que viajara y fuera igual que el mío.
Es absurdo, pero nosotros somos tan poco creativos en esa área.
Digo nosotros pero no asumo culpas que no tengo. Vienen los
argentinos a nuestro principal centro turístico, que es Punta del
Este, y les llevamos artistas argentinos. Es la oportunidad de
mostrarle lo que hacemos los uruguayos, pero no. Los traemos para
que se sientan en su casa. Y los nuestros no son locatarios ni acá.
A mí me parece que a los argentinos les gustaría ver qué hacen,
qué saben los uruguayos. Pero a Uruguay viene un artista
extranjero y ni se entera que acá tenemos músicos. Además los
empresarios se encargan
de tenerlos encerrados. Yo si voy a otro país me gustaría
conocer sus artistas, porque indudablemente voy a establecer lazos
que no se dan a través de otros elementos oficiales.
El
periodismo mismo cuando viene un artista extranjero, vos está al
lado, te dan un codazo y lo atienden al extranjero. Es una gran
costumbre que pase eso en las grandes áreas de los medios de
comunicación y de los sectores políticos que deberían generar
una cultura un poco más camisetera. No chovinismo.
Acá
viene un artista de otro país, a vos te ponen y te dicen
telonero. Y me niego, no soy telonero de nadie, en todo caso soy
un anfitrión. Como uruguayo voy a recibir con mis canciones a
fulano de tal que viene del exterior.
Pero
el telonero es el que corre el telón. Que es tan necesario como
el cantor, pero es otra tarea. Yo no voy a correr el telón a
nadie porque mi tarea es cantar.
“NINGUN
PARTIDO TIENE UNA POLÍTICA CULTURAL”
-
¿Ustedes sienten que cuentan con el apoyo e la Intendencia de
Montevideo, del Ministerio de Educación y Cultura?
- Las cosas han mejorado en los últimos tiempos a raíz de
golpear tanto y por necesidades propias. Creo que ningún partido
tiene una política cultural. Si todos consideran que la cultura
es un adorno, están despreciando –y lo digo con absoluta
certeza- uno de los rubros de exportación de primera línea.
Porque
los uruguayos tenemos premios internacionales en todas las áreas:
en la música, la pintura, la literatura. Y los medios no le dan
el espacio que les corresponde. Yo recuerdo que cuando el Premio
Cervantes lo obtuvo García Márquez, al llegar a Colombia fue
recibido por una multitud como si fuera un campeón mundial de
boxeo.
-
¿Y acá?
- Mario Delgado Aparaín ganó el Premio Cervantes hace unos años.
Y bueno, se le hizo una reunión en la Junta Departamental porque
allí hubo gente que se interesó por el tema. Nosotros fuimos a
cantar para recibirlo a Marito porque era un orgullo para nuestro
país. Ahora sacó el Premio Rulfo y también. Pero debería ser
recibido con banderas en el aeropuerto.
Y
tenés un ejemplo muy claro: Inglaterra el primer rubro de
ingresos que tiene es la música popular. Y por eso ahora son tan
celosos del derecho de autor.
-
¿Y nuestras embajadas qué hacen?
- Acá los artistas son usados nada más. Pero eventualmente vos
tenés la posibilidad de colocar un producto uruguayo en el
extranjero y hacer un encuentro en la embajada y de fondo te ponen
a los Beatles. O peor, porque por lo menos los Beatles es música.
El servicio diplomático tiene un gran salario, personal y la
tarea que debería realizar es difundir la nuestra cultura en el
país conde estén. Es absurdo que venga Billy King y yo vaya a
recibirlo tocando blues o que Billy King venga a tocar candombe. O
que yo vaya a Alabama a interpretar blues. Me parece absurdo. Lo
que tenemos nosotros es lo que ellos no tienen y que sí les
gustaría conocer. Porque son esas diferencias que unen.
-
¿Cómo ve la música en estos momentos?
Veo una gran polarización. Por un lado una mediocridad tremenda,
poco compromiso profesional en los textos. Usar textos
funcionales, no preocuparse por la calidad de una canción, ir a
lo que se vende rápido y muere enseguida. Y por otro lado gente
muy laburadora, muy buenos músicos que no encuentran donde
mostrar lo que hacen. Entre medio no hay mucho. Y mucha gente
haciendo basura y los medioS apoyándolos.
“SI
CON CARRERO NOS PUSIÉRAMOS SIEMPRE
DE ACUERDO SERIAMOS FLOR DE ABURRIDOS”
-
¿Al dúo Larbanois-Carrero como le va, cómo es la relación
entre ustedes?
- No es vanidad, pero creo que nos va bien en todos lados.
Nosotros nos sentimos
muy bien tanto en Montevideo, como en el Interior.
Procuramos
hacer un espectáculo bien hecho. No ir a los pueblos, a los
barrios con una actitud paternalista. Vamos así nomás que
total... No. Al contrario en el lugar más lejano vos tenés que
ser mucho más profesional que en un ámbito teatral. En el teatro
tenés todo para ser profesional, en los demás lugares tenés que
crearlo. Tener buen sonido, buenas luces y que la gente vea un
espectáculo digno. La calidez de la gente es tan estimulante que
te hace sentir cobijado en este país. Y con Carrero nos peleamos
pero nos abrazamos (risas). Tenemos una relación muy buena con
Mario, sobre todo de mucho respeto en el trabajo. Siempre tuvimos
muy claro que con objetivos comunes vamos a ir para adelante. Y no
vamos a subir a un escenario a mentir por razones económicas. Y
no te digo que siempre nos pongamos de acuerdo con Mario. Por
suerte porque si no seríamos flor de aburridos, ni nos hablaríamos,
haríamos tal cosa y ya está (risas).
-
Carrero arriba del escenario y Larbanois abajo ¿Cómo los trató
la dictadura?
- Ah, había que tener cuidado de no equivocarse. Había gente que
creía que era muy fácil agarrar la guitarra y decir libertad y
chau, ya estaba. El tema es que una expresión popular artística
tiene que ser eso. Si no hay un fundamento cultural, profesional
detrás, la cosa muere. Con Mario comento que me siento muy
honrado, que podemos cantar canciones compuestas hace 25 años.
Quiere decir que no fueron circunstanciales. Eran canciones que
valían por sí mismas. La idea era darle a la obra lo que es: una
obra con todo el compromiso que implica.
-
¿Qué problemas tuvieron?
- Aparte de las prohibiciones sistemáticas, nunca sabías cuando
ibas a cantar, si te dejarían. Terminabas casi siempre yendo a
declarar a los servicios de inteligencia para qué era el espectáculo,
cuánto cobrabas y si no cobrabas porqué era. Era una molestia
permanente.
-
¿Les ocurrió que dejaran cantar a uno sí y al otro no?
- Una de las primeras prohibiciones era que yo no podía subir al
escenario. Yo le dije al policía encargado que me leyera la nota,
que era mi trabajo y que no podía dejar de cantar.
-
¿Entonces?
- Leí la nota y le dije que íbamos a cumplir con lo que decía.
-
¿Y cómo cumplió?
- Hice lo que decía la
nota: no subí al escenario, canté abajo (risas) y Mario arriba.
Eran cosas bastante ridículas. Después fueron afinando la puntería.
Si vos estabas ahí entre la gente y no podías cantar arriba del
escenario, algo había pasado. La gente se daba cuenta y era peor.
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