Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

Agua en el CALEM
Un tema fundamental se empieza a discutir

por Luis González Olascuaga

He releído atentamente los artículos de Raúl Legnani sobre las posibles estrategias partidarias respecto al próximo plebiscito y encuentro, entre otras interesantes disquisiciones, la paradoja que conforman la conclusión del primero de la serie y la del último. Según la primera conclusión de Legnani, quien mienta en la campaña electoral plebiscitaria, verá hipotecado su chance para las elecciones internas y generales inmediatamente posteriores. Según la última, quien gane el plebiscito tendrá buen camino recorrido para ganar en los siguientes actos electorales. 

GANAR MINTIENDO
Coincido con ambas, pero ¿qué pasa si alguien gana mintiendo? Porque si hay dos términos contradictorios para calificar una victoria son “pírrica” y “sine qua non”. Si para ganar nos quedamos sin ejército (en este caso de argumentos ciertos que deberán integrar los programas de gobierno nacional) estamos sacrificando cualquier futuro triunfo. Pero si ganar resulta imprescindible para seguir adelante, habría apelar a todas y cualesquiera armas y entonces lo del principio. La solución es evidente. Se trata de vencer sí o sí, pero no de cualquier modo. 

A saber:
Nuestra vasta experiencia en plebiscitos sobre temas puntuales nos indica que lo que realmente se vota es la dirección política que de los comicios resultará. Se favorece la de los patrocinantes del referéndum o la de sus opositores, más acá de cuál sea el tema concreto de la consulta. Así en el 80, el pueblo sabía que un SI premiaba al gobierno dictatorial y un NO le castigaba, más acá de que lo que proponía era mejor que lo que había. El factor fundamental fue la credibilidad y la ciudadanía eligió una dirección políticamente radicalmente opuesta a la dictadura. Algo similar ocurrió en 1992, cuando La ley de empresas públicas, en un escenario muy similar al actual por sus contenidos, no fue plebiscitada en sí misma sino en su intencionalidad. Dos años después la ciudadanía castigó a todo el sistema político con un NO a una reforma constitucional que contaba con un amplio consenso parlamentario. 

Por eso en el remate de mi artículo “Los fueros charrúas”, La ONDA digital N° 139, planteaba: “Las aceptables conveniencias de buenas asociaciones de ANCAP, son subsidiarias. Que no nos hagan perder de vista el fundamental caso OSE. Es un tema global. Habrá que escuchar bajo el Ibirapitá de Kuruguaty, con memoria de vasco, qué cosas juran y de cuáles juramentos se han desdicho nuestros políticos. Pero también con oídos de orejas bien abiertas, porque si son categóricos, firmes y pactados, bien pueden valer los compromisos”.  

LAS INTENCIONES DE CÁCERES Y LAS DE ALEM GARCÍA
En el encuentro organizado por la Academia Uruguaya de Geopolítica el pasado martes (
El agua dulce: recurso Estratégico del Uruguay ) en el CALEM (Centro de Altos Estudios Militares), reunió a dos expositores políticos que casualmente coinciden sobre el referéndum por Ancap (uno blanco, el ex parlamentario y candidato presidencial Alem García, otro el Ministro de Transporte Lucio Cáceres, colorado, lista 15), pero se hallan en posiciones antagónicas respecto al tema fundamental, el agua.
 

Tras una esclarecedora y bien graficada  disertación del ingeniero agrimensor José L. Pascual acerca del acuífero Guaraní y su importancia, en tanto Alem García recordaba el papel prioritario del agua en todas sus formas como elemento esencial  para la supervivencia humana y el desarrollo sustentable y su carácter no renovable y escaso, Cáceres restaba entidad, dramatismo y enjundia al planteo de Pascual y relativizaba el conflicto mundial por el agua (riéndose, literalmente de la posibilidad de que adquiera circunstancias bélicas, cuando hace más de treinta años que el agua está en el centro de cruentas disputas bélicas por el manejo del agua), imputando a Alem García el porte del germen del totalitarismo por decir que el interés colectivo debe primar sobre el individual. 

Mientras Alem García alertaba sobre las exigencias del Banco Mundial de que los países deudores pongan como garantía sus recursos hídricos, Cáceres negaba la existencia del problema, evitando referirse al punto en concreto para sustituir el tema con una entusiasta (aunque expresada con la monotonía que acostumbra) apología de las privatizaciones habidas y por haber.  

Casualmente, se presentaron allí, de entre quienes defienden la Ley de Ancap, el referente con mejor perfil para obtener un triunfo en el plebiscito (Alem García) y el perfil más inconveniente para tal fin (el de Cáceres). Pero ¿cuál es la verdad de la dirección política de una victoria de esa Ley? ¿La dirección del Partido Nacional o del Partido Colorado? Por el momento, ambos aparecen en las encuestas con porcentajes similares de intención de voto para formar gobierno (en torno al 15 %). 

Y entre quienes están en contra de la ley ¿los hay capaces de oponérsele consustanciados de un programa de gobierno sustentable para el 2005? Cáceres se las hará tan llevadera como les hizo la campaña municipal montevideana del 89. Pero si el perfil que presentan los defensores de la ley resulta el de Alem García, será otro cantar.

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Inicio

Un portal para y por uruguayos
URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital