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Reflexiones
de un protagonista
Con motivo de los 30 años del Golpe de Estado La Junta Departamental de Montevideo realizo una reunión extraordinaria invitando a varias personalidades académicas a referirse sobre el significado histórico de aquellos acontecimientos. La ONDA digital publica la intervención completa del profesor Jorge Landinelli, ex Secretario General de la FEUU y ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República que en esa oportunidad expuso sus reflexiones sobre las elecciones universitarias del 12 de setiembre de 1973. que la comunidad progresista, democrática, de la Universidad de la República convirtió en plebiscito contra la dictadura - De acuerdo con la intención de los organizadores de la reunión, lo que me correspondería sería incorporar uno de los componentes significativos de este proceso que hoy estamos recordando, que desembocó en el golpe de Estado y en ese largo decenio dictatorial que sufrió nuestro país, y hacer una mención -obviamente, muy rápida- al aporte que realizaron los estudiantes universitarios. De todos modos, antes de señalar dos o tres cuestiones me gustaría hacer dos advertencias, un poco sugeridas por diferentes conversaciones que hemos tenido en el transcurso de los últimos días sobre este mismo tema. La primera es que hay que tener en cuenta que esta idea de dar testimonio, que es enormemente importante y rico, nos introduce en un terreno sumamente selectivo. El recuerdo está mediado por el tiempo, por décadas ya, y de algún modo nosotros hacemos lo que un famoso historiador inglés decía, que es parecernos a los pescadores cuando rastreamos en el tiempo y miramos hacia atrás. Edward Carr señalaba en uno de sus trabajos que quien indaga en el pasado se parece a un pescador más que cualquier otro, porque no hay ninguno que no tenga claro qué es lo que va a buscar; ningún pescador que se precie -acá debe haber unos cuantos- toma cualquier anzuelo para ir a pescar cualquier cosa; sabe qué es lo que va a ir a buscar. Y quienes rastreamos en el pasado, de algún modo tenemos una actitud selectiva análoga. Ante acontecimientos de la magnitud de los que hoy nos convocan, con toda seguridad muchos de sus protagonistas pueden dar opiniones diferentes, pueden tener percepciones disímiles sobre muchas cuestiones sustantivas, pero seguramente el tiempo ayudará a dilucidar, a que se pueda estudiar con más rigor ese momento histórico, y también a conocernos mucho mejor. La segunda advertencia que me parece importante refiere a cierta incomodidad que he encontrado en estos debates. Se sienta a un viejo Secretario General de la FEUU, y lo que de alguna manera se espera de ese individuo son consejos sobre el presente; más allá de que para cualquiera es incómodo sentirse como una reliquia, lo que se pretende es algo así como dialogar con un portador de una especie de épica heroica propia de otro tiempo que constituye un modelo infalible para los que actuamos en el presente. Esto es un verdadero absurdo: no fue épica ni heroica; fue, simplemente, lo que caracterizó a ese segmento de la juventud -también a otros sectores de la sociedad uruguaya-, es decir, su responsabilidad histórica, a costa de muchos sufrimientos, de mucho miedo, de vencer muchas vacilaciones. Los personajes del '68 -y acá hay muchos-, los personajes de la época del golpe de Estado -y seguramente acá hay más-, o los que vivieron la época de la dictadura, si enfrentaron, si asumieron esos acontecimientos y fijaron un jalón importante en la historia social del país a través de las luchas y la movilización popular, fue por un sentido de responsabilidad histórica, y no por estar imbuidos de una especie de heroísmo extraordinario, que no existió, que es una imputación que se hace hoy al pasado. Los que vivimos aquella época -y todos debemos reconocerlo- sabemos que lo hicimos a costa de mucho sufrimiento -y lo repito porque a nadie debe perturbarle- y a costa de mucho miedo. ¿Cuáles son los acontecimientos? Se ha dicho -y yo lo comparto totalmente- que el golpe de Estado del 27 de junio fue el momento de condensación -seguramente el más complejo-, el momento de inflexión histórica de un proceso que venía de larga data, que por lo menos venía madurando desde el momento en que en junio de 1968 se implantaron en el país las Medidas Prontas de Seguridad. Y Uruguay vivió desde entonces un régimen de excepción casi permanente, con sofocamiento de las libertades públicas, con persecuciones, con destituidos, con militarizados, con diarios clausurados, con las libertades de asociación y de reunión -elementos básicos de los derechos constitucionales en este país- suspendidas. Para los universitarios, la huelga general, además, se encadena con otro acontecimiento importante, que fueron las elecciones universitarias del 12 de setiembre de 1973. A nosotros, hablar del golpe de Estado nos remite inmediatamente a la huelga general, y nos proyecta inmediatamente hacia lo que fue una gran batalla democrática que el movimiento estudiantil universitario dio, que fueron esas elecciones universitarias que la comunidad progresista, democrática, de la Universidad de la República convirtió en un verdadero plebiscito contra la dictadura pocos meses después. La Federación de Estudiantes era en ese momento una institución con una trayectoria importante. Se había creado en 1929, y a lo largo de los años había tenido una muy sorprendente continuidad en el contexto de lo que son las organizaciones de ese tipo, las organizaciones similares, no solamente en América Latina sino en el mundo entero, y se había instalado en la realidad nacional con una personalidad propia muy marcada. Era una organización diversa, una organización plural, en la cual circulaban y actuaban corrientes de pensamiento muy diversas pero que tenían un conjunto de principios básicos de articulación que le daban coherencia, y que le permitían ubicarse con cierta prestancia, digamos, en el escenario nacional. En primer lugar, un muy fuerte compromiso universitario. Lo primero que definía a la FEUU desde sus orígenes era el compromiso con la Universidad de la República, con esa institución, con ese componente del Estado uruguayo que es la Universidad de la República, a la cual se le asignaron funciones clave en la proyección de una realidad nacional diferente a través del desenvolvimiento de sus actividades típicas, a través del cultivo del conocimiento. En 1958 se había obtenido la Ley Orgánica, y el movimiento estudiantil universitario, la Federación de Estudiantes Universitarios, participaba en el gobierno de esa institución. En 1973, cuando el golpe de Estado, un elemento clave del comportamiento masivo de los estudiantes fue la defensa de esa institución, tremendamente agredida en los años previos. Un segundo componente de esa identidad del movimiento estudiantil universitario era su compromiso social, su sentido de la solidaridad social y, en particular, su relación, su vínculo de unidad, su nexo de unidad con el movimiento sindical, con el movimiento obrero organizado en el Uruguay, que tiene también una larguísima historia -y no quiero ser más que indicativo- pero que, como todos sabemos, se había potenciado desde 1958, porque la Ley Orgánica de la Universidad de la República fue posible, en buena medida, porque a la movilización universitaria se sumó la movilización obrera, para convertir el tema universitario en un tema de una proyección muchísimo más amplia que garantizó que la Ley Orgánica fuera aprobada. Yo, que he tenido oportunidad de conocer bastante el movimiento estudiantil latinoamericano, y algo más que el latinoamericano, sé que hay ciertas peculiaridades que no se pueden dejar de lado: la Federación de Estudiantes participó en el Congreso del Pueblo en 1965; participó en el Congreso de Unificación Sindical, que dio lugar a la creación de la Convención Nacional de Trabajadores, en octubre de 1966; y una cosa que es muy llamativa: eso que era una organización estudiantil de jóvenes de clase media, de clase media alta, que pertenecían a una institución elitista como la Universidad de la República, esa organización fue parte de la Mesa representativa de la Convención Nacional de Trabajadores hasta el momento del golpe de Estado y, en lo que se pudo, en los momentos posteriores a la ilegalización de la CNT y de la Federación de Estudiantes. Muchos de los jóvenes que participan en la huelga general son los que habían vivido la solidaridad obrero estudiantil en el '68, otros que habían vivido la solidaridad con el movimiento obrero cuando la huelga bancaria en el año '69, otros que habían vivido el inmenso movimiento solidario de la Universidad hacia la huelga frigorífica en el año '70, otros que habían vivido la solidaridad con el Sindicato cuando la huelga de la enseñanza de fines del '72 y muchos otros conflictos que habían contado con el apoyo y el encuentro de los obreros y de los estudiantes. Ese era otro elemento importante. También lo era un tercer elemento, que era el compromiso político de la Federación Estudiantil, también de larga data. La FEUU nació inmersa en conflictos políticos: nació enfrentando al golpe de Estado de Terra; prosiguió en los años '40, integrándose a los movimientos antifascistas en el Uruguay con una enorme fuerza; participó en el proceso de reforma constitucional del '51 con una inmensa movilización que tuvo efectos importantes en lo que tiene que ver con la autonomía de los entes de enseñanza en el Uruguay; en ese momento, los jóvenes universitarios que participan en la huelga general, que ocupan los locales universitarios y que, posteriormente, dan la batalla por el plebiscito contra la dictadura -que fueron las elecciones-, son los jóvenes que enfrentaron las medidas de seguridad durante años. Es decir, no es un hecho súbito la huelga general: es un momento de condensación de una experiencia ya muy fuertemente acumulada y legitimada en la colectividad universitaria, en lo que era efectivamente una organización de masas, mediada por las masas, mediada por la participación, por la Asamblea, mediada por la controversia, por el diálogo y por actitudes esencialmente constructivas. Un cuarto elemento que caracterizaba a la Federación de Estudiantes tiene que ver con el sentido antiimperialista; no puedo dejar de mencionarlo. Entre otras cosas, porque el acto de festejo que hizo la FEUU por el triunfo electoral del 12 de setiembre de 1973, por el importante logro de convertir un instrumento legal -establecido por la Ley de Educación del '72 para cambiar las correlación de fuerzas al interior de la Universidad- en una herramienta poderosísima de lucha contra la dictadura, se convirtió en un acto de solidaridad con Chile. El día antes, el 11 de setiembre, había sido el golpe de Pinochet. Y los miles de estudiantes que convirtieron su festejo de triunfo electoral en un acto de solidaridad con Chile fueron los mismos de la solidaridad con Cuba a lo largo de todos los años '60, fueron los mismos de la solidaridad con Vietnam, fueron los que repudiaron la intervención en República Dominicana en el '65 o el anterior golpe de Estado en Brasil, o el golpe de Estado de Onganía en la República Argentina; fueron los mismos que acompañaron con entusiasmo, con cariño -que es la palabra que me surge- la gesta del Che Guevara, y los que vivieron como propia la experiencia de la Unidad Popular en Chile. Ese elemento antiimperialista, que aparece también en la huelga general, y que tuvo capacidad de convocatoria cuando lo que estábamos enfrentando era una Doctrina de Seguridad Nacional que recorría prácticamente todo el continente y que se afincaba con una enorme fuerza y poder destructivo en el cono Sur, también se había madurado durante mucho tiempo. Era una juventud con elementos de rebeldía; era una juventud que tenía una ideología un poco basada en la conciencia de que se vivía una fase de transición; una juventud anhelante por reemplazar lo viejo por lo nuevo, anhelante por construir una nueva realidad social en el país; una juventud que tenía un modelo de conducta sobre todo signado por compromisos críticos, por espíritu de solidaridad, etcétera; todo eso es lo que habría que analizar para caracterizar lo que fue en aquel momento el movimiento estudiantil universitario. Que no eran todos los estudiantes universitarios, no lo eran; pero el movimiento tenía una enorme capacidad de representación, como lo demostraron aquellas elecciones y la capacidad de movilización de la FEUU, la capacidad de convocatoria sobre miles y miles de jóvenes. No se trata de poner a la FEUU en el bronce; se trata de rescatar algo que es importante, que hay que tener en cuenta: me refiero al enorme valor de la continuidad histórica, al reconocimiento -en la densidad histórica- de la importancia que un organismo tuvo en los movimientos populares, en los movimientos sociales; es decir, la importancia de construir su propia identidad y el presente sobre la identidad heredada, corrigiéndola, mejorándola, pero sin renunciar a ella. Esto es importante. Que no era perfecta, no lo era. Hablando con los que vivieron la transición de la dictadura a la reconstrucción democrática emerge un elemento que es muy importante y que yo señalo brevemente para terminar: no éramos perfectos. No es igual la visión que hoy tenemos en perspectiva histórica que la que teníamos cuando estábamos involucrados en acontecimientos que eran aluvionales, que muchas veces nos sobrepasaban, y viviendo una época que era diferente, en la que nuestras actitudes, nuestras conductas estaban muy fuertemente matrizadas por esa especie de convicción de que estábamos viviendo una etapa de transición hacia algo nuevo. Por ejemplo, es evidente que la Federación de Estudiantes de aquellos años tenía una visión totalmente instrumentalista de la democracia, tenía un desencanto con respecto a la democracia. Era capaz de defenderla porque ello permitía identificar a los enemigos de la democracia, pero tenía una visión instrumentalista, una visión mucho menos densa que la que se expresa, por ejemplo, en el documento de la ASCEEP, o en el del Plenario Intersindical de Trabajadores, a la salida de la dictadura; en ellos hay un esfuerzo inteligente, importante y vigente por recuperar los valores democráticos. Fue un momento en el cual hubo una reapropiación del movimiento obrero, en primer lugar, y también del movimiento estudiantil, por parte del movimiento popular, de la democracia como un valor esencial para el logro de una sociedad mejor. Esa lúcida conciencia planteó objetivos -si se quiere, aún postergados, pero objetivos al fin- significativos, relevantes para el movimiento popular uruguayo, y dio lugar a esa conciencia del valor de la democracia. Esa desconfianza hacia una democracia formal que no era capaz de alcanzar la justicia social no existió en las generaciones posteriores, no existió en los que vivieron la negación de la democracia de un modo muchísimo más duro, es decir, en aquellos que sufrieron durante más tiempo el peso de la dictadura. Son cambios, son cuestiones que inevitablemente hay que observar. Nosotros en el '68, en el '73 y en los años posteriores defendíamos, sin duda, la democracia; fuimos un factor importante en la defensa de la democracia. Pero también -y los acontecimientos podían amparar perfectamente esta visión- teníamos desconfianza hacia ella. El proceso de deslegitimación de la democracia que vivió Uruguay en esos años fue muy grande: la clase política, las Medidas Prontas de Seguridad, el desconocimiento del Parlamento, los conflictos con el Poder Judicial, la intervención de los Entes Autónomos, los sucesos golpistas del 9 de febrero del '73 y otros tantos acontecimientos se sumaron para que existiera tal deslegitimación. Recuperar ese estilo sustantivo de la democracia y tratar de proyectarlo hacia el futuro en lo que hoy es un valor indeclinable de los movimientos sociales en Uruguay fue, sin duda, un mérito de los que hicieron el gran esfuerzo por salir de la dictadura. Estas son simplemente algunas reflexiones. Agradezco enormemente la oportunidad de dirigirme a este Cuerpo, a los vecinos de Montevideo. Comparto totalmente lo que aquí se ha señalado en cuanto a que debemos volver sobre estos acontecimientos, pensar sobre los mismos y, por sobre todas las cosas, aprender con humildad de cada uno de ellos. Muchas gracias. LA ONDA® DIGITAL |
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