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Veinte
años: semana del estudiante
Primero me fueron
llegando fotos. El Felo me mandó la principal, con esta leyenda:
“Mirá qué coquetos estamos”. Yo pensé “cuánto pelo teníamos”.
La foto era del portal de la semana del estudiante, cedida
gentilmente por los servicios de inteligencia, según me había
enterado por la televisión (hasta el momento “la poderosa” ha
presentado el evento como un agradecimiento a Stirling por los
videos). Fila uno de la marcha del estudiante: al lado de Chupete
el Felo, al lado del Felo, el Nelson, al lado del Nelson el
Polilla, al lado del Polilla yo, a mi lado Armando. Después me
llegaron las discusiones y me alegré un poco más. Quizás ayuden
a que esa historia exista (porque ya lo dijo el brasilero, “La
historia es una historia y el hombre es el único animal que ríe”).
El Tato con Samuel, Gilberto con Marcelo, El Gordo con Roberto,
Hoenir con Gustavo... una discusión muy macha... ¡Están
discutiendo lo mismo que hace veinte años! Si la FEUU clandestina
era la FEUU o la UJC con otro nombre, si la ASCEEP era una
respuesta al Partido Comunista o a la dictadura o ambas cosas y
hay quien habla de mezquindades, de vencidos, de errores... Voy a ser tan
franco como que ya no pongo nada personal en juego (al menos ya no
corren riesgo en esto nuestros quinotos) y como que aquella
primavera duró aquel instante. En mi recuerdo éramos divinos,
maravillosos y exuberantes. Una vez le preguntaron a Obdulio
Varela, “¿usted no cree que el fútbol de antes era mejor?”, “sí,
era mejor” contestó, “¿por qué?” le preguntaron, “porque
yo era más joven” contestó. Si están tratando
de averiguar quién tenía razón, traten de olvidarlo, muchachos.
Todos teníamos razón. Porque ninguno cayó en el único error
irrazonable: no luchar, porque discutimos y sobre todo porque
enquilombamos (en el sentido histórico de la palabra quilombo que
quiere decir “refugio de negros evadidos que da albergue a todos
los rebeldes). Teníamos razón y un pegotín por el No. Mariana
me lo mostró. Se lo había dado su amigo Esteban para poner en
los ómnibus. Y yo no le dije que estaba en el Partido y otra que
pegotines, que estaba en una célula de apoyo de la Ujota para
hacer trabajos de carretera, pintadas, distribución de prensa y
hasta le había dado un poema a Nelson para publicar en Liberarse,
ni le dije que en cuanto el Oso y yo tuviéramos alguna otra
inserción, nos iban a pasar a un círculo, ya que en teatro no
había y de momento no interesaba crearlo. La inserción que
me indicaron fue la Facultad de Derecho. Nelson y yo nos anotamos
y completamos un círculo con Macedonia, Oscar y Luiggi. Verano
del 81. Para la semana del estudiante del 83 éramos cincuenta y
siete en el círculo y más de cien en FEUU-ASCEEP, con dos golpes
represivos de por medio. En invierno del 81 cayó Ana. Cayeron
cien, pero Ana era quien atendía a Macedonia y a Nelson,
secretaria y secretario de nuestro círculo. Quemamos todos los
papeles y saltamos. Pero dicho así suena a organización y en
realidad lo que yo hice fue ocupar una casa de un tío del Oso en
Belvedere, medio abandonada, porque el tío hacía diez años que
estaba viviendo en París. En esa casa vivía
un derviche, cuñado del Oso, apodado el Yimmy, que construía
barcos con mondadientes y tenía ideas geniales, como por ejemplo
inundar la azotea para jugar al ajedrez mientras nos dábamos un
baño de inmersión. Cuando Nacho llegaba a traer noticias,
informes, Carta, Liberarse, tenía que saltar el dique de
contención que Yimmy había construido para que el agua no bajara
las escaleras. La primera noticia fue que Ana estaba en General
Flores, en la máquina, en el cuartel de Blandengues. Había que
esperar que la pasaran a Libertad para saber qué le habían
preguntado y qué había dicho. Pero el golpe había sido sobre
todo al sector sindical y ya pronto empezó a traer de nuevo Jornada,
el órgano de la FEUU. Era una especie de Liberarse con
otro título y sin la Patricia, debo reconocerlo, pero se refería
a la FEUU en términos favorables y uno sabía que eso era causal
de que a sus impresores los colgasen de los ovarios. Antes del
informe del Comité Central de noviembre del 80, lo comunista que
yo había leído eran las piezas de Brecht en la biblioteca
Florencio Sánchez y un librito de Wilhem Reich que me prestó el
Bebe Cerminara, pero en la clande lo “comunista” era un molde
cuando venía impreso, un “cassette” cuando venía dicho.
“Unidad y convergencia para derrotar la dictadura”, pará de
contar. Me di cuenta cuando me tocó montear en una casa donde
estaba enterrada la biblioteca de Carlos Real de Azúa y me leí
las Marcha, las Estudio, Ortega y Gasset, Albert Camus... Ahí
comprendí que la persona indicada para suceder a Rodney Arismendi
era yo. Como primera praxis decidimos en el círculo que yo fuera
a una reunión en la casa de Mitchel, una piba de la CBI, donde
terminamos fundando la ASCEEP, el plan ASCEEP. Éramos diez o doce
y yo el único bolche. Recuerdo a Mónica porque estaba muy buena
y al Tato y al Lechuza porque me di cuenta que esos tenían
organización (después supe que lo suyo venía de Héctor Rodríguez).
El de la idea era Hoenir, pero evidentemente era un
“casasolista” (el término es teatrero y mexicano). El Tato me
junó a su vez. Él y yo seríamos los jefes del asunto. Y para
Presidente, el Chileno. Pero en mi organización el capo no estuvo
totalmente de acuerdo conmigo. Había otro pibe que también
aspiraban a gerenciar la secretaría del Comité Central y tenían
pensado otros vínculos para presidentes del gobierno
revolucionario. Así que no tuve más remedio que crear una fracción.
El Quico la llamó “la fracción de derecha”. Entramos de
lleno a Asceep sin descuidar el gremio clandestino, que nunca fue
una réplica del círculo. Al contrario, en la primavera del 83,
después del último golpe represivo, hicimos un plenario en casa
de Eduardo (de la IDI, hoy VA) de toda una noche (que culminó en
un veoveostreap), donde el Ced-Feuu era prácticamente una réplica
del Ced-Asceep. Cuando nos fusionamos la asamblea aplaudió a
Armando en reconocimiento de que habíamos ganado una interna (en
la reunión de dirección Monona, Nelson, Felo y Chupete se
mataban de la risa; la flaca Luisa nos transmitió la reprobación
del secretariado general por semejante demostración de
contubernio y Macedonia y Gabriela controlaban las reacciones del
Patty, que era el menos indisciplinado y más sarcástico –el
Luiggi se había recibido y lo habían pasado al sector sindical
como abogado laboralista, Oscar estaba en el PVP o
independiente–). Pero el factor decisivo para ganar la interna
fueron los círculos de Economía e Ingeniería y que dividimos el
de Medicina. ¡Qué digo ganarla! Nos dimos el gusto, simplemente.
Después, cuando cayeron los compartimentos nos “purgaron” a
todos. Y finalmente, ya en el primer congreso en legalidad, nos
dieron la razón, “y a hacer la cola”. Pepe y Felipe hoy
son diputados, pero en cambio muchos de los otros hemos logrado
dedicarnos profesionalmente a cosas más parecidas a las que hacíamos
entonces. Aunque quizá tampoco con el sabor a aquel pegotín del
No chiquitito para pegar en los ómnibus. Por eso yo prefiero
escribir lo guapos que éramos, el pantalón strech que calzaba la
flaca, las tardes de mimeógrafo a planograf con Daniel y Gabriela
y Alexandra. Los campamentos en Balizas y en Punta Colorada, los
polvos en las dunas y en las carpas, la cabaña que consiguió el
gordo Pablo, los curas que prestaban las parroquias, Nadia
embarazada y p’alante, las llamadas, las sacadas de la cana en
la última etapa, las idas y venidas con los “peladitos
queridos”, aquella reunión en que dije que me encantaba Lenin
porque explicaba las cosas como si uno fuese tarado y Adriana me
preguntó con intención, “¿te encanta ser tarado?”,
la humildad falsa pero convincente de Gilberto, su risa franca, la
parsimonia del Chileno, la bondad del gordo Juan (autor del
himno), el prestigio de Bolani, “un bolche inteligente”,
“los anarcos queridos”, los trotkos queridos y por querer lo
quiero hasta al gordo Jorge. La semana del
estudiante empezó para ASCEEP-FEUU en verano del 82, con las
murgas, las chorizadas y siguió con cientos, miles, decenas de
miles de reuniones. “Mi vida es una reunión” decía el
Termo Daniel. Y estaba bien, había que resolver el mundo y en
teoría lo resolvimos, pero en la práctica funciona el que
resolvieron en Washington. Nos quedamos con las ganas de una
democracia que habíamos imaginado distinta, en la que creímos y
no se nos dio, que no supimos o no pudimos dárnosla (con decir
que cuando vi Fresa y Chocolate sentí nostalgia de aquella
manera de creer ingenua y a pesar del agobio). Distinta de esta
democracia que me dice: “más despacio, imbécil, que mañana es
lunes y anoche llovió”. Claro que sigo
haciendo lo posible. Pero a veces descanso, me da por querer lo
que queríamos, lo otro, y trato de pensar que de quererlo pese a
todo, lo imposible se puede llegar a dar. Una buena manera de
quererlo es salir a reir y a festejar que aquella vez
transformamos en victoria tantas derrotas cotidianas. Nota de redacción:
José se refiere al debate que están teniendo militantes
universitarios de 1982, que recodarán durante este mes de setiembre, los festejos de la
semana del estudiante que se realizó en aquel año y que se
transformó en un verdadero plebiscito juvenil contra la
dictadura. LA ONDA® DIGITAL |
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