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Siete tesis sobre democracia
y periodismo en Latinoamérica hoy

por Erick R. Torrico Villanueva

La noción de democracia es polisémica y en la práctica política que se hace de ella también deviene una fórmula acomodable de organización o de administración de la vida colectiva. Lo que es claro y unánime, sin embargo, es que su concepción y su ejercicio originales se fundan en el principio de la ciudadanía, relativo a la vigencia de los derechos y las obligaciones de cada uno de los miembros de la sociedad, hecho que a su vez pone en escena - y por supuesto en discusión permanente - valores como la libertad, la participación, la oportunidad, la autoridad o la igualdad. 

La democracia es entendida entonces, y dependiendo de las circunstancias, como un formalismo, una realidad eufemística, un proceso en construcción o un horizonte deseable; todas estas opciones resultan válidas para dar cuenta de las actuales experiencias democráticas latinoamericanas. 

En lo que respecta a la prensa, pese a que con esta denominación se pretende abarcar a todos los medios institucionalizados de información, opinión o interpretación noticiosas y a sus correspondientes operadores, lo más pertinente parece ser que se reemplace ese término nacido de la base empírica de la noticia impresa por la noción más adecuada (pero no del todo satisfactoria) de periodismo, que remite integralmente a la actividad del periodista y de los medios de que éste se sirve para cumplir su cometido. 

Dicho eso, lo que se busca plantear en esta exposición es un breve conjunto de proposiciones que relacionan a la democracia con el periodismo y que están orientadas a motivar la reflexión y si es posible el debate acerca de este ámbito en la actual situación de América Latina. Para el efecto se ha formulado siete tesis, en el sentido de ideas conclusivas, que son presentadas y sumariamente argumentadas a continuación: 

Primera tesis:
La democracia no puede ser reducida a sólo un conjunto de reglas de juego
La caracterización convencional de democracia la asimila a un conjunto de reglas de juego capaces de garantizar tanto la posibilidad de que todos los ciudadanos mayores de edad, en igualdad de condiciones, ejerzan libremente sus derechos de opinión y de elección de sus representantes en el gobierno como aquella otra de asegurar el principio de mayoría numérica en las decisiones. 

Desde ese punto de vista, lo que prevalece es la llamada "democracia electoral" no sólo sobre la "democracia gobernante" sino, en especial, por encima del derecho de cada persona a una vida con dignidad. 

De ahí que sea lógico demandar una democracia para la gente y para el desarrollo humano, una democracia que está obligada a desbordar las estrecheces y estadísticas de la ritualidad eleccionaria periódica  que, como ha sido probado en poco más de dos décadas por los latinoamericanos, ni siquiera consiguió resolver las insuficiencas de la representación. 

Segunda tesis:
El proceso democrático latinoamericano se encuentra en una fase crucial

A inicios del decenio de 1980 empezó el restablecimiento o la constitución - según de donde se trata- del sistema político democrático en los países latinoamericanos. La fase de transición desde los regímenes autoritarios adquirió diferentes matices pero, en general, no supuso gran violencia ni dificultades insalvables. Más tarde, la fase de afianzamiento, que todavía continúa, puso en evidencia la incompatibilidad de las distintas democracias imaginadas, los nuevos límites de permisividad, las condicionantes externas y, en última instancia, los reales alcances que tiene una democracia para atender problemas y desequilibrios de orden estructural acumulados incluso por siglos. 

 A poco más de veinte años de iniciado este proceso de recomposición democrática en la región el desencanto ciudadano, la inestabilidad política, la debilidad institucional, el deterioro económico y la exclusión social se han convertido en indicadores comunes de la situación de prácticamente todas las naciones latinoamericanas. La inoperancia o la ineficiencia demostradas por los gobiernos democráticos para responder apropiadamente a las urgencias cotidianas de las mayorías poblacionales junto a los crecientes índices de corrupción registrados en la gestión de los poderes públicos son los principales factores que han dado lugar al descrédito de los políticos y la política y, por ende, de la democracia. 

 A lo largo de la última década se han producido al menos diez suspensiones, destituciones, derrocamientos, contragolpes, fugas, procesamientos o renuncias presidenciales en Brasil, Venezuela, Ecuador, Paraguay, Perú, Bolivia y Argentina, así como se han registrado emergencias electorales de sectores sociales tradicionalmente marginados —campesinos, indígenas y obreros— que son percibidos como portadores de una todavía indeterminada alternativa, quizá la última, para la actual crisis de la gobernabilidad democrática. 

 Ya eran alarmantes, a este respecto, los datos proporcionados por Latinobarómetro a fines de 2001 sobre la caída en más de 10 puntos de la adhesión ciudadana a la democracia y la subida hasta casi el 20% de la disposición a preferir, en ciertas circunstancias, un gobierno autoritario, como también la clasificación que hace Transparencia Internacional de casi todos los países de América Latina - con excepción de Chile y Uruguay-  como los de más alta corrupción del mundo. 

 Para 2002 Latinobarómetro, aunque admitía que volvió a subir el apoyo a la democracia, en particular por la instalación de varios nuevos gobiernos, ratificaba los bajos porcentajes de satisfacción con la democracia (27%), aprobación ciudadana de la acción gubernamental (36%) y confianza en los partidos (14%). 

 Es innegable, entonces, que lo que suceda en el futuro inmediato en los planos político, económico y social será definitorio para la subsistencia y consolidación o no del proceso democrático latinoamericano. 

Tercera tesis: 
El futuro de la democracia en América Latina impone la necesidad de una profunda reforma política y moral 

Se infiere de lo antes expuesto que la reforma profunda de la política y la moral son indispensables para pensar y vivir un escenario democrático positivo en Latinoamérica durante el próximo cuarto de siglo. Lo contrario, o sea la perpetuación del estado de cosas vigente, abre márgenes para la reaparición de respuestas autoritarias o populistas en lo político - que reproducirán las prácticas prebendalistas, nepotistas y clientelares- y cierra casi toda probabilidad de avanzar estratégicamente hacia el desarrollo humano sostenible. 

 La reforma de la política implica la modernización de la institucionalidad normativa existente y de las organizaciones estatales que la ejecutan, al igual que procesos y mecanismos transparentes de operativización de políticas públicas de consenso, pero además supone el potenciamiento de liderazgos calificados y honestos y el desarrollo de capacidades y espacios para la deliberación y la participación ciudadanas en materia de decisiones vinculantes. La reforma moral, por su lado, conlleva casi un redescubrimiento de los proyectos históricos aparte de un esfuerzo educacional intensivo para recuperar valores de convivencia y solidaridad. 

Cuarta tesis: 
Los medios periodísticos y los periodistas son actores  protagónicos del proceso democrático 

Las demandas, las luchas y los pactos para restituir y afianzar la democracia han tenido y tienen en los medios periodísticos no sólo a "lugares" de visibilización sino igualmente a aliados de los diferentes sectores que participan en el proceso. Desde los medios se contribuyó bastante para llegar al momento democrático, pero asimismo es posible aportar mucho - como viene sucediendo en varios casos-  para deslegitimar el proceso y estimular su probable mas no deseada interrupción. 

 Lo anterior significa que los medios periodísticos, y obviamente quienes los operan, los periodistas, tienen asignada una posición central en la vida de la democracia, sin que esto quiera decir que se acepta la falacia del "cuarto poder" ni que se considera que medios y periodistas deben sustituir la labor fiscalizadora de los parlamentos o, peor aún, que se apropien de la función política. 

 Es fundamental, entonces, abandonar las creencias acerca de la "mediación neutra" que desempeñarían medios y periodistas entre Estado y sociedad civil, pues un entendimiento de esa naturaleza nubla la percepción de la realidad e impide un compromiso abierto con la construcción democrática. 

Quinta tesis:
 La conflictividad democrática obliga a una redefinición de los tradicionales papeles del periodismo

Hasta antes de la recuperación de la democracia los conflictos se expresaban en las polaridades derecha-izquierda o autoritarismo-democracia y había tres modos típicos de definir los papeles del periodismo: uno, sustentado en un profesionalismo aséptico dedicado a "informar, educar y entretener"; otro enraizado en la lógica de la confrontación clasista y un tercero alentado idealistamente en las propuestas del "bien común" y la "responsabilidad social" institucional, empresarial e incluso individual. 

 No obstante, la democracia trajo consigo la asunción explícita de la conflictividad en sus dimensiones socioeconómica y cultural más que en la  estrictamente política e igualmente indujo a superar la antigua división maniquea entre "buenos" y "malos", con lo que pierden sentido las oposiciones y los parámetros a que se aludió. 

 Hoy hace falta, por eso, que el periodismo latinoamericano redefina sus mapas cognitivos y se reposicione frente a las exigencias que le plantea la compleja cotidianidad de las "democracias realmente existentes" tanto como los cursos ideales para perfeccionarla. 

Sexta tesis:
 
Los medios periodísticos y los periodistas latinoamericanos están desafiados a ser partícipes militantes de la construcción democrática

El mayor desafío presente para América Latina es la construcción de una democracia con desarrollo, es decir, de un régimen de ciudadanía con efectiva igualdad de derechos y deberes para todos los ciudadanos a la par que con fomento de un crecimiento económico con redistribución equitativa. Si medios periodísticos y periodistas no comparten este horizonte humanizador será claro que su función ha dejado de corresponder al ideal de servicio en pro de la verdad, la justicia y la libertad que se suele proclamar en el espacio profesional. 

Además, el periodismo latinoamericano está hoy convocado por las circunstancias que se vive en la región a hacer democracia desde dentro, pluralizando las voces en vez de concentrarlas y haciendo de la democracia el trasfondo de sus contenidos y fines. 

Séptima tesis:
El inicio de la rectificación de ciertos patrones de política económica requiere ser complementado con la desmitificación de la utopía tecnológica

El espacio de la economía global y la acción de organismos financieros multilaterales y agencias internacionales de cooperación están registrando actualmente rectificaciones de distinto nivel y magnitud ante el virtual fracaso de los programas  aplicados en las naciones calificadas como "en desarrollo". Vale recordar, como ejemplo, que el número de pobres se incrementó en poco más de 11 millones de personas a lo largo de la década de 1990, tiempo en que se esperaba que las políticas anticrisis disminuyeran la pobreza, la desocupación y la mortalidad. 

Las preocupaciones exteriorizadas por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo o la Conferencia Mundial sobre Financiación Internacional del Desarrollo - todo durante el año 2002-  así como la incorporación de la lucha contra la pobreza y la corrupción en todas las ofertas electorales y programas de gobierno de la región latinoamericana, confirman que está en curso un cambio de timón en esas materias. 

En el campo de la información y la comunicación, entretanto, ha rebrotado el tecno-optimismo que es la manifestación entusiasta del determinismo tecnológico que no sólo insiste en la autonomía de la técnica - léase de los medios, en este caso- sino confía en que la convergencia tecnológica (electrónica + informática + telecomunicaciones) ha de hacer realidad la "aldea global" macluhaniana y la propia plenitud democrática. 

Es, pues, prioritario que los medios periodísticos y los periodistas examinen con cabeza propia y a la luz de las realidades concretas en que se desempeñan esta nueva mitificación de su área de desempeño y de sus mismas herramientas.

1 Erick R. Torrico Villanueva:  Dirige la maestría en Comunicación y Desarrollo en la Universidad Andina Simón Bolívar, en La Paz; preside la Asociación Boliviana de Investigadores de la Comunicación y es segundo vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación. 

2 Cfr. BOBBIO, Norberto (1978): ¿Qué socialismo? Discusión de una alternativa. Plaza & Janés. Barcelona., especialmente el capítulo "Las reglas de la democracia", pp. 83-89.

3   Esta tipología de la democracia está tratada en SARTORI, Giovanni (1987): Teoría de la democracia. 1. El debate contemporáneo. REI Argentina. Buenos Aires.

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