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El arte de decir no
por el embajador Rubens Ricupero*

El embajador Rubens Ricupero analiza para La ONDA digital las vicisitudes diplomáticas previas a ese gran acontecimiento político económico que es la reunión de la OMC reunida a partir del 10 de setiembre en la ciudad mexicana de Cancún.

"Decir sí es fácil. El arte del liderazgo consiste en saber decir no". Si, en relación a Irak, hubiese seguido su propio consejo, Tony Blair no estaría en el lío en que se metió. Saber cuando y como decir no es la esencia del liderazgo. Pero es también la condición de toda táctica negociadora. Si, aún así, la negociación se ubica por debajo de lo aceptable, se impone ir más allá de la táctica y no aceptar el resultado, pues, en ciertas circunstancias, ningún acuerdo es preferible a un mal acuerdo.

Quienes parecen ignorar estas verdades son los sectores que se asustan toda vez que Brasil dice no a los poderosos. En defensa de intereses legítimos y vitales, el gobierno brasileño acaba de rechazar, en Ginebra, el "diktat" americano-europeo en agricultura, en la preparación de la reunión de Cancún de la Organización Mundial de Comercio (OMC). En lugar de sentir orgullo y agrado por una actitud digna e inteligente, hubo quienes se escandalizaron frente a la única posición que permite alguna esperanza de revertir un marco desfavorable.

Como todo el mundo sabe, hace mucho tiempo que las negociaciones comerciales en la OMC y en el ALCA van mal por culpa del proteccionismo agrícola. En Ginebra se esperaba que un entendimiento en esta materia entre los EE.UU. y la Unión Europea (UE) desbloqueara el camino para un acuerdo en agricultura y en todo el resto. Los dos paquidermos del comercio mundial finalmente se pusieron de acuerdo el 13 de agosto (ah! mes fatídico). Lo hicieron, sin embargo, no para corregir el desequilibrio oriundo del tratamiento discriminatorio de la agricultura, que existe hace más de 50 años. El arreglo entre los grandes fue concluido en la base de la comodidad mutua de los respectivos pecados y mezquinos intereses, en detrimento de las justas aspiraciones de los demás. En términos figurados, fue como si una vez más, el vicio se apoyase en el brazo del crimen, para recordar la frase del autor francés. Por el acuerdo, los europeos cierran los ojos a los escandalosos subsidios americanos a la producción doméstica y, en pago, los yanquis dejan de presionarlos para abrir el mercado a las exportaciones agrícolas.

Ambos alegremente se juntan para legalizar los abusos, incluyéndolos en una categoría de subsidios permitidos. El intercambio se extiende a las exportaciones: Washington desvía la vista de las subvenciones gigantescas de Bruselas y ésta finge no ver las distorsiones americanas en el uso de créditos subsidiados a las exportaciones y de la falsa ayuda alimentaria para filtrar excedentes. Echando sal en la herida, los dos cínicamente proponen penalizar a productores agrícolas eficientes como Argentina y Brasil, creando una categoría de "países netamente exportadores de productos agrícolas", consagrados a la execración pública y destinados a sufrir discriminación.

Los mecanismos de poder, que, en la OMC como en el FMI, son controlados por lo que los bolivianos llaman "la superioridad", se apresuraron en endosar lo que la "Onorata Societá" describiría, en Sicilia, como una "oferta que no se puede rechazar". Fueron más allá y agravaron el desequilibrio, exigiendo en tarifas industriales todos los objetivos precisos y difíciles negados por americanos y europeos en agricultura. Se llegó al punto de incluir lo que hasta ahora nunca pasó de reivindicación exclusiva de los EE.UU.: la obligación de que todos participaran de negociaciones para bajar a cero la tarifa de innúmeros sectores de la industria, algunos vitales para nosotros como el químico.

Sólo que no contaron con la capacidad de reacción de Brasil. Celso Amorim, que viene probando en el ALCA , en la ONU, en muchos otros ámbitos, agilidad, firmeza, imaginación e iniciativa, apoyó al embajador en Ginebra, Seixas Corrêa, que, como Celso, constituye uno de los más indiscutibles valores de la diplomacia brasileña. En pocos días, Seixas articuló una de las jugadas más brillantes que pude testimoniar en mi experiencia internacional. Consiguió reunir los veinte países en desarrollo más representativos, 65% de la población mundial, casi 50% de la producción agrícola, en torno a una contrapropuesta que restablece el nivel de ambición en agricultura y desarrollo adoptado en Doha y abandonado por americanos y europeos. No se trata de un arrebato juvenil e irresponsable, sino de un ejemplo de cuando y cómo se debe decir no. El momento fue justo, ni demasiado temprano - se esperó incluso la palabra común y desmarcadora de los dos grandes - ni demasiado tarde, esto es, en Cancún, sin tiempo para un esfuerzo más completo. El "cómo" fue perfecto. No sólo el rechazo de lo inaceptable, sino también la formulación de una alternativa viable, en los mismos parámetros de la propuesta rechazada, es decir, sin números o porcentajes fijos sino en un marco general indicando con claridad los objetivos a ser alcanzados para reducir el proteccionismo.

Ahora se va a Cancún con una nítida polarización de posiciones. Por un lado, los ricos campeones del proteccionismo agrícola, los tradicionales - Europa, Japón - reforzados por los EE.UU., que cambian de bando. Por el otro, Brasil, India, China, Africa del Sur, Tailandia, Filipinas, México, América del Sur entera, excepto el Uruguay. Según expresó el delegado europeo, es nuevamente la división Norte-Sur. No, con todo, en el sentido ideológico, pues figuran en nuestro bando países como Chile y México, de indiscutibles credenciales liberales. La división se da no por ideología sino por posición, por el criterio de ser favorable o no a la liberalización agrícola y a un mejor equilibrio del sistema comercial.

Los que se atemorizan deben acordarse de la historia reciente. En la Ronda Tokio, dijimos sí y, una vez más, se postergó la inclusión de la agricultura en el GATT. En la Ronda Uruguay, habíamos aprendido la lección y dijimos no dos veces, la primera en Montreal (dic 1988), reunión similar a Cancún y la segunda en Bruselas (dic 1990). Hubo escándalo y amenazas, las negociaciones tuvieron que prolongarse, pero hoy en día todos coinciden en que, si no fuese por la actitud de Brasil, de Argentina, de otros tres latinoamericanos, ni siquiera los modestos resultados entonces alcanzados en agricultura habrían sido posibles. El grupo de los 20 no cerró las puertas. Quiere negociar. El panorama es peor que antes, pues esta vez los EE.UU. están en contra. Puede ser que algunos de nuestros aliados nos abandone. Todo es posible, pero si del otro lado se muestra intransigencia en el proteccionismo, lo mejor es decir no y esperar. Para quien piensa que esto es desafuero, recuerdo el aviso que, en las casas de Ginebra, advierte sobre el perro:

"Cet animal est très méchant,
Quand on l'attaque, il se défend ",

Lo que en traducción libre, significa :

"Este animal es malvado
Se defiende cuando lo atacan"

Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte

*Rubens Ricúpero fue nombrado quinto Secretario General de la UNCTAD en septiembre de 1995 y, por recomendación del Secretario General de las Naciones Unidas, volvió a ser nombrado para el mismo puesto por la Asamblea General por otros cuatro años en 1999. Anteriormente, durante una prolongada carrera en el Gobierno del Brasil, fue Ministro del Medio Ambiente y Asuntos Amazónicos, antes de pasar a ser en 1994 Ministro de Finanzas, cargo desde el que supervisó la puesta en marcha del programa de estabilización económica del Brasil.

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