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Brasil
y los golpes en Bolivia, Uruguay y Chile El profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira cientista político de la Universidade de Brasília y autor de várias obras, entre ellos Brasil, Argentina e Estados Unidos (Da Tríplice Aliança ao Mercosul). de reciente edicion en portugues y de eminente salida en español por la Editorial Norma de Argentina. La ONDA digital,publica en exclusividad el capitulo dedicado al papel de Brasil en la dictadura uruguaya en los paises del cono sur. En el proceso de implantación de la dictadura uruguaya, Brasil, que influyera directa o indirectamente en este desenlace, envió al Ejército de Uruguay centenas de vehículos, tales como camiones y autos Volkswagen, en una operación del orden de U$S 815.000.
Y
el golpe de estado, deflagrado, finalmente, por el general Hugo
Banzer, contó con un abierto apoyo logístico de Brasil, cuyos
aviones militares, sin ocultar las insignias nacionales,
descargaron fusiles, ametralladoras y municiones en Santa Cruz de
la Sierra, mientras tropas del II Ejército, comandado por el
general Humberto Melo, se estacionaban en Mato Grosso, prontas
para intervenir en Bolivia (donde algunos destacamentos penetrarían),
si fuese necesario2.
Pocos
meses después, diciembre de 1971, el Uruguay estuvo otra vez
igualmente en la inminencia de sufrir la intervención militar de
Brasil. Las tropas
del III Ejército, con sede en Río Grande del Sur, se prepararon
para invadirlo, ejecutando la Operación Treinta Horas (tiempo
necesario para la ocupación de todo el Uruguay), lo que sólo no
se concretó porque el general Liber Seregni, candidato del Frente
Amplio (partido de izquierda y centro-izquierda), perdió las
elecciones frente a los conservadores3. Pero
los servicios de inteligencia de Brasil continuaron allí,
colaborando activamente en el combate a las organizaciones de
izquierda. El delegado Sergio Fleury, de la División de Orden Política
y Social de la Policía de San Pablo, ayudó a organizar el
escuadrón de la muerte para liquidar a los tupamaros (militantes
del Movimiento de Liberación Nacional Tupac Amaru), que
realizaban espectaculares operaciones de guerrilla urbana4.
Y cuando los militares finalmente dieron, en 1973, el golpe
de estado, ultimando el proceso de implantación de la dictadura,
Brasil, que influyera directa o indirectamente en este desenlace,
envió al Ejército de Uruguay centenas de vehículos, tales como
camiones y autos Volkswagen, en una operación del orden de U$S
815.000,
mientras que Argentina suministraba automóviles para la Policía,
así como gasolina y querosene de los Yacimientos Petrolíferos
Fiscales5. En la misma época, Brasil también colaboró con los EE.UU. en la preparación del golpe de estado contra el gobierno de Chile, cuyo presidente, Salvador Allende, intentaba la implantación del socialismo por la vía democrática y constitucional. Hubo evidencias de que oficiales brasileños de los servicios secretos, en conexión, posiblemente, con la CIA, participaron de la conspiración, tanto que el general Orlando Geisel, ministro de Guerra en el gobierno de Garratazú Médici, había avisado al embajador de Paraguay que tarde o temprano Chile caería “en manos de los militares”6. El propio embajador de los EE.UU. en Santiago, Edward Korry, afirmó que el “real apoyo técnico y psicológico” al coup d’Etat “vino del gobierno militar de Brasil”7. Y su sucesor, el embajador Nathaniel Davies, reveló que el embajador brasileño, Cândido de Câmara Canto, lo convidó para que conjuntamente planearan y coordinaran los esfuerzos tendientes a derribar el gobierno de Allende8. Sin
duda alguna, la complicidad de Brasil fue, en verdad, mucho mayor
de lo que se transparentó. Además
de recursos financieros, suministrados por empresarios de San
Pablo, varios cargamentos de armas y municiones, entre 1972 y
1973, salieron del puerto de Santos, con destino a Valparaíso, en
cajas de maquinaria agrícola y de otros productos, importados por
la firma del Senador Pedro Ibáñez Ojeda, a fin de abastecer la
organización derechista Patria y Libertad9.
Y, con la caída del gobierno de Allende, el 11 de
setiembre de 1973, Brasil reconoció inmediatamente la Junta
Militar, dirigida por el general Augusto Pinochet.
Varios aviones de la Fuerza Aérea Brasileña volaron a
Santiago, transportando no sólo víveres y remedios, sino también
asesores de la Policía Federal y oficiales de las Fuerzas
Armadas, que participaron de interrogatorios y entrenaron a sus
colegas chilenos en el arte de la tortura, mientras el embajador Câmara
Canto coordinaba las medidas de apoyo a las nuevas autoridades del
país10. Enseguida
del golpe de estado en Chile, con el conocimiento de la CIA, los
servicios de inteligencia de Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y
Uruguay pasaron a cooperar y, en 1975, instituyeron la Operación
Cóndor, nombre en código dado al acuerdo para el emprendimiento
de acciones conjuntas, tendiendo a coordinar la represión y
eliminar los adversarios de los regímenes dictatoriales
existentes en los países del Cono Sur.
Pero el radio de acción de la operación Cóndor no se
restringiría a América Latina.
La tercera fase y la más secreta de la Operación Cóndor,
según el documento desclasificado por el Defense Intelligence
Agency (DIA), del Ejército norteamericano, consistió en formar
equipos especiales de los países miembros a fin de que viajasen
por todo el mundo y ejecutasen sanciones, que incluían hasta
asesinatos, contra supuestos terroristas o que apoyasen sus
organizaciones, o sea, contra adversarios políticos de los regímenes
militares instalados en el Cono Sur.
Si un adversario político o uno que apoyase la organización
política adversa estuviese en Europa, un equipo especial de la
Operación Cóndor sería enviado para localizarlo y vigilarlo.
Cuando culminase la localización y la vigilancia, un
segundo equipo de la Operación Cóndor sería enviado para
aplicar una sanción efectiva contra aquel adversario.
En teoría, un país proveería de documentación falsa al
equipo de asesinos, formado por agentes de otro país. En
Buenos Aires – donde había exiliados chilenos, uruguayos,
bolivianos, brasileños y paraguayos – varios crímenes
ocurrieron en el marco de la Operación Cóndor, aún antes de que
ésta fuera formalmente concertada y oficializada.
El general Carlos Prats, que sirviera al gobierno de
Salvador Allende, fue asesinado en setiembre de 1974, en Buenos
Aires. De acuerdo a
las declaraciones realizadas en los EE.UU., la bomba fue colocada
por el norteamericano Michael Townley, ex agente tanto de la DINA
como de la CIA. Y,
además de otros numerosos disidentes de los regímenes militares,
también fueron asesinados en Buenos Aires, en mayo de 1976, dos
parlamentarios uruguayos, el senador Zelmar Michelini y el
diputado Héctor Gutiérrez Ruiz; y el general Juan José Torres,
ex presidente de Bolivia, en junio.
Y el 21 de setiembre del mismo año, Orlando Letelier, ex
embajador de Chile, y su secretaria, Ronni Moffit, fueron
asesinados en plena capital de los EE.UU., en la tercera fase de
la Operación Cóndor, en el ámbito en el que los EE.UU.
facilitaron comunicaciones entre los jefes de los servicios de
inteligencia de los países del Cono Sur, de acuerdo a lo revelado
por el embajador de los EE.UU. en Paraguay, Robert E. White.
El hecho de que el Pentágono estaba interesado en la
Operación Cóndor, en 1976, era relevante para la red de
comunicaciones que fue
establecida y facilitada por los EE.UU.
El general Alejandro Fretes Davalos, jefe del Estado Mayor
de las Fuerzas Armadas de Paraguay, informó al embajador
norteamericano Robert White, que todos los jefes de los servicios
de inteligencia de los países de América del Sur en la Operación
Cóndor, se mantenían en contacto uno con el otro a través de
las instalaciones de comunicación de los EE.UU. en la Zona del
Canal de Panama Zone que cubrían toda América Latina.
Estas instalaciones eran empleadas para coordinar las
informaciones de inteligencia en los países del Cono Sur11. Traducido
para LA ONDA DIGITAL
por Cristina
Iriarte * Luiz Alberto Moniz Bandeira Es cientista político, profesor titular (jubilado) de la Universidad de Brasília, es autor de várias obras, entre ellas A Reunificação da Alemanha: do ideal socialista ao socialismo global, De Marti a Fidel y del reciente libro titulado Conflicto e integración en América del Sur – Brasil, Argentina y EE.UU. (De la Triple Alianza al Mercosur 1870-2003) publicado por la Editora Revan (Río de Janeiro, 2003, 676 p.) Otras
notas del autor
se pueden leer en: http://www.uruguay.com/laonda/LaOnda/146/B2.htm http://www.uruguay.com/laonda/LaOnda/147/B3.htm
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