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¡Ahijuna,
Charoná! |
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URUGUAY
AL MUNDIAL 2006
¿Una cuestión de genero? |
El
equipo de Carrasco fue aplaudido de pie por el
estadio luego de ganar por 5-0 a la selección boliviana
¡Ahijuna, Charoná!
por Joselo González
El
año que murió Patoruzú (que murió su creador, Dante Quinterno;
el personaje vivirá eternamente) la celeste sale a la cancha con
Charoná de mascota.
El mismo martes que
fue presentada la nueva mascota en el Complejo Deportivo de la AUF,
leí en
El Sol de Toluca, un artículo de Gerardo Durán Rosas
sobre el libro “Mi revolución” del profesor De León.
En cincuenta de la mil setecientas palabras de su profundo y
emocionado análisis, Durán Rosas dice: “...(José
Ricardo De León) nos mete en forma intensa en las raíces del
balompié de la garra charrúa (indios indomables, guerreros
ejemplares, cuya última familia vivió en un zoológico en París,
en una ignominia de la humanidad, hasta regresar apenas hace
unos años sus restos a Uruguay, donde se les inmortalizó con
otra obra maestra en bronce de Rodín, hijo adorado en
Montevideo...).”
Anoche en la radio
uruguaya alguien dijo: “si a los indios los matamos y encima
destruimos todo lo que los recordara, qué venimos ahora a
identificarnos con ellos”. Sin embargo, el maestro del
periodismo mexicano, que conoce nuestra historia (y los monumentos
de nuestros parques), nos identifica con los charrúas. ¿Por qué?
Porque está comentando un libro de fútbol uruguayo donde,
naturalmente, se habla de la garra charrúa.
Ha sido la gente de
fútbol la que ha acuñado, atesorado y defendido el término
“garra charrúa” y eso no es casualidad.
Recientemente,
estudios genéticos de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Universidad de la República dan como proyección que
aproximadamente el sesenta por ciento de los habitantes de Uruguay
desciende de indígenas. Esto es más visible en los barrios
marginales de la capital y en las regiones del interior del país.
Pero también es visible en el fútbol, desde el equipo del 24,
con el campeón olímpico Pedro “El Indio” Arispe, hasta Álvaro
“El Chino” Recoba. El técnico de nuestra selección es del
departamento de la ya mítica San Borja del Yí, de la cacica María
Luisa Tiraparé, último bastión de los guerreros artiguitas que
custodiaron la campana de San Francisco de Borja desde las
misiones guaraníticas, fundando en su peregrinar la ciudad de
Bella Unión. Como decía el jefe Sealt, “es la presencia
viva de mi tribu muerta”.
La AUF como
empresa, habrá tenido sus razones para elegir al indiecito del
dibujante Sergio Bóffano. Pero hay también elecciones
colectivas, sectoriales y personales.
Cuando nos pusieron
en la vida nos dieron un juego en el que había que elegir. Así
como a los cuadros de mi barrio y a los intereses de la clase
social de mis padres, yo elegí al jefe Sealt, aunque desciendo de
blancos por tres de mis abuelos. Pero no lo elijo por descendencia
sino como tipo “civilizado” que aprendió seis idiomas
europeos. Lo elijo en francés, cuando el desastre climático,
provocado por la codicia del hombre, como nos advirtiera aquel
indio hace doscientos años, nos mata cinco mil parisinos en un
verano por la canícula; elijo al Jefe Sealt en gallego cuando me
enchastran de galipote la playa de Muxía, lo elijo en euskara
cuando me recontaminan Barakaldo, en castellano cuando me
trasvasan el Ebro, en italiano cuando el Adriático se llena de
portaaviones, en inglés cuando luchamos por bajar del sesenta por
ciento planetario los gases tóxicos que emite Estados Unidos.
Seguro que Patoruzú
en el cielo está contento de ver a Charoná con la celeste.
Seguro que ríe generoso y nos da su palabra que vale toda la
Pampa: “¡Ahijuna, Canejo, con Charoná la garra no
afloja!”.
La reivindicación
de la garra charrúa es una pequeña compensación de justicia que
el fútbol hace en un país desmemoriado e históricamente
perverso, que reconoció a Artigas tardíamente y en una operación
de “lavado” de imagen lo puso sobre un caballo árabe que
nunca montó, en una plaza de la Independencia que jamás quiso de
ese modo y lo rodeó en la nomenclatura ciudadana y nacional de
los nombres de todos sus traidores, desde los que gobernaron la
Cisplatina que lo expulsó hasta los que invadieron al Paraguay
que le dio cobijo. Mientras dejaron un callejón de treinta metros
sin salida para el nombre de Andresito Guacurari, el Jefe de los
Indios de todas las etnias que siguieron a Artigas hasta el final,
el único teniente que no lo traicionó ni aunque lo arrastraron a
galope hasta Río de Janeiro y murió en Das Cobras supliciado con
un poncho mojado que le estrechaba las carnes.
Charoná surge de
la fusión de las palabras charrúa y chaná. Chaná fue la
segunda etnia más numerosa que poblaba la Banda Oriental y esa
raza fue la primera mujer con que Artigas tuvo descendencia, antes
que con la charrúa madre de Caciquillo y la guaraní Melchora
Cuenca. Exclusivamente charrúa era la guardia personal de
Artigas. Los testimonios de todos los cronistas que la vieron
combatir, dieron fama a la garra que da razón a la sentencia del
jefe Sealt: “Los muertos no están faltos de poder”.
LA
GARRA DE METER JUGANDO
Cuando empezó en Rocha tuve la oportunidad de charlar con JR en
un pub a manera de entrevista y me quedó gravada una frase off de
record: “si perdemos, acá no pierde Rocha, acá fracasa
Carrasco”. Me contó que a los jugadores les daba confianza
con el argumento: “yo no soy de los que sacan a un jugador
por errar un gol o por cualquier error. ‘Usted juegue tranquilo
que acá estoy yo que lo voy a apoyar’”. Esa personalidad
incluso “díscola” con que lo han “marcado”, ha hecho
de Carrasco una especie de Passarella, en el rol de cargar la
responsabilidad, con tanta capacidad para captar la culpa, sino más.
Nunca los jugadores habían estado más cubiertos, porque el día
que pierdan nadie va a decir: “son los repatriados” o “son
los que no sudan” o “son los aburguesados” o “son
perros”. Van a decir todos, “es la locura de Carrasco.
¿Cómo le van a dar la selección a alguien que no ganó nada y
es de un lirismo espantoso?”.
Pero
Carrasco no es lírico. Nunca lo fue.
–Tengo lo más difícil que hay en el fútbol, hago hacer
goles –me dijo Juan Ramón y contra Bolivia demostró que es
posible dar un paso más en el cambio de imagen del fútbol
uruguayo, que comenzara hace 14 años el maestro Tabárez.
Una
imagen simpática como la cara de Charoná. Pegando mucho menos
que el rival (Uruguay cometió exactamente la mitad de faltas que
Bolivia), ganó siendo generoso con el espectáculo, en ningún
momento especuló con su ventaja en el tanteador. Mientras el técnico
de Bolivia, nuestro compatriota Nelson Acosta, se desgañitaba o
moría de angustia, Carrasco, impertérrito bajo su paraguas
violeta, se deleitaba con el juego de sus jugadores sin ningún
egoísmo, con muchas jugadas elaboradas, variedad y pretensión
ofensiva permanente, ataque en bloque y un presing contundente,
mediante el cual decenas de veces recuperaron la pelota nuestros
delanteros, marcando tres a uno y encimando. 3-3-1-3 de local como
figura inicial, pero luego todos atacaron y todos defendieron.
Carrasco prefiere hacer marcar a los que saben atacar, antes que
hacer atacar a los que saben marcar. ¿Por lirismo? No, por
practicidad, porque es más fácil y necesario. “No hay que
meter pegando. Hay que meter jugando”. Me dijo en aquella
oportunidad”.
LAS CONSTANTES Y
EL SECRETO
La primera vez que lo entrevisté en su rol de técnico, Juan Ramón
Carrasco estaba sorprendiendo al medio con el Rocha Fútbol Club y
sin embargo lo encontré molesto. No estaba conforme. “Me
marco los objetivos como jugador acostumbrado siempre a equipos
importantes que aspiran a cosas importantes” me dijo. Y ya marcó
constantes: “Voy a aplicar a los jugadores a mi idea, como lo
hacía en el Dream Team (ya veremos luego qué era el Dream
Team)”. Lo demostró en la selección amoldando a Ligüera, Forlán,
Regueiro, Olivera, Guigou y otros a nuevas posiciones de acuerdo a
su “idea”. “No soy de casarme sentimentalmente, en eso
soy muy frío, sólo me caso con el rendimiento, si andás bien
jugás y sino no me interesa historia, trayectoria, lomo duro, si
té enojás o si me enojo”. Con la celeste lo demostró
“domando” jugadores de “lomo duro” como Peralta y en
cierto modo Stoyanoff, logrando aplicaciones inesperadas de Abreu,
Recoba y Bueno, por ejemplo y superando sus posibles enojos, en
actitudes enaltecedoras para con Jone y Bueno.
Aquella noche le
pregunté:
¿No sos demasiado lírico y arriesgado por llegar tanto? ¿O esto
lo haces este año porque no tenés descenso?
Lo voy a hacer
siempre. Pero mirá que lo mío no es ni lírico ni arriesgado.
(...) yo la disciplina táctica la impongo. Conmigo podés
tomarte una cervecita, salir con una minita, todo ese tipo de
cosas del jugador bandido, a mí no me molestan. El tema es en el
entrenamiento y en el partido. Si vos té conocés tu físico yo
no vas a estar de vigilante. Pero tácticamente mando yo, ahí hacés
lo que yo te digo. Porque yo sé que el jugador adentro de la
cancha a muchos técnicos no les hace caso. Los técnicos dan la
charla y después el jugador entra a la cancha y olvídate, porque
está aquello de que el jugador decide. No, no, conmigo el jugador
decide lo que practicó, decide lo que trabajamos. Lo demostró
cuando prescindió de Lembo, pese a su trayectoria, según se
dice, por no quebrar la línea dos veces que Carrasco le dio esa
indicación, en la práctica contra Argentina y de Abreu, por no
bajar a colaborar tanto como el técnico le pedía. “En eso
quédate tranquilo que la tengo muy clara, soy muy disciplinado en
la parte táctica, soy muy exigente”.
¿Esa
característica la tomaste de algún técnico que has tenido?
No, no, lo mío es mío. Pero si tengo que nombrar
a un técnico nombraría a De León, un fenómeno, tácticamente,
como ser humano, un fenómeno como profesional. Tengo cosas de él,
en la recuperación de la pelota, en que no me tienen que llegar.
Yo voy a lograr, cuando tenga el equipo equilibrado, a tener la
valla que uno decida. Es uno de los logros que estoy seguro voy a
alcanzar, porque soy muy aplicado para la recuperación de la
pelota y como hago desarrollar un buen fútbol cuando la
tenemos... porque ése es el secreto. No perderla fácil. Ese es
el secreto. Mi equipo no la pierde fácil. Por eso yo voy a
llegar, si Dios quiere, a tener la valla que yo decida. Pero después,
creando, quiero ser un técnico diferente. No quiero ser un técnico
más.
Lo
demostró, ampliamente. A Uruguay no le llegaron. Munúa no debió
realizar ninguna atajada salvadora. La defensa celeste funcionó a
la perfección.
EL
“CHINO” COMO JUAN
Juan, por momentos, jugaba con una pereza y una lujuria que
solo Faulkner le hubiese podido entender. Pero cuando aplicaba la
potencia, en el dribling, en el pique en quince metros, en el
remate, en fin... el “Chino” tiene cosas de Juan. También Ligüera
en el pase de gol, en la precisión, en la inteligencia. Cuando
todavía era jugador, Carrasco me confesó: “Yo estoy
acostumbrado a ser el mejor. Por eso te digo que en el fútbol,
como técnico también quiero ser el mejor”.
Pero
con el profe De León todos estaban para que vos crearas –le
repliqué.
No es eso. De repente, el profe De León, yo me acuerdo que le decía
al que recuperara la pelota que, así yo estuviera con tres marcándome,
me la diera. "Deséenla,
que él sabe resolver" decía. Eso me
acuerdo y yo también lo aplico. (...) Cada cual cumple una función.
Pero lo que yo aplico no vayás a creer que es tan difícil. El
jugador que juegue como creador en mi sistema futbolístico, tiene
que estar descansado para cansarse bastante con la pelota.
Descansado para moverse si tiene marca, para hacerse espacio, para
recibir, y a su vez tener rapidez mental para dejar a los
delanteros de macho, como se dice; después, si tiene buena pegada
es notable...
Contra
Bolivia Juan cumplió su sueño: “un
Recoba que encare continuamente con tres o cuatro opciones de
pase”,
pero para tratar de explicar esa convicción voy a reproducir de
aquel reportaje un extenso pasaje que indica de qué profundidades
personales le surge esa obsesión.
"Carrasco
es lento, Carrasco es un vago".
Siempre se dijo –lo
azucé. Y "lagunero"
–contestó–. Lo que pasa es que no podés
estar los noventa minutos metiendo pases de gol ni sacándote tres
o cuatro tipos. Vos de repente desaparecés, pero para aparecer en
cualquier momento del partido. ¿Por qué? Porque de repente también
jugás de primera, también hacés cambios de frente, pero no es
que tengas lagunas, ni es que te cansás, ni es que fulano o
mengano te metió en el bolsillo. ¿Vos sabés que uno de los
secretos de que yo fuera desequilibrante es que siempre dijeron
que yo era lento? Sí, siempre dijeron que era lento, y pregúntale
a cualquier jugador de fútbol que haya trabajado conmigo, ¿en
quince metros quién tenía el arranque más potente? No me ganaba
nadie. Pero lo mío no era correr de área a área, ¿me entendés?,
Si no sacarme un tipo en espacio reducido, tirar la pared, eran más
bien quince metros, diez metros, ocho metros, y desequilibraba.
Porque yo de repente no corría por correr, y ahí está el
secreto.
Pero
“jugabas parado”.
Otra de las cosas que decían: "Carrasco
no marca, Carrasco juega parado", desde
los 17 años lo escucho: "Carrasco
juega parado". Y hasta el día de hoy te
hago goles con carreras de cuarenta metros. Meto un pase de
treinta metros y estoy definiendo al ratito. Pero claro, miran el
árbol, no miran el bosque, entonces Carrasco juega parado. Cuando
por ahí me mandaban un tipo, y yo no he escuchado que lo digan.
Al último jugador que yo vi que le mandaron una marca personal
fue a Maradona, con Reina en Perú, ¿está bien?
Camejo
a Bengoechea.
No, eso es referencia. Yo digo marca personal, un jugador que se
desliga totalmente del partido. Referencia es una cosa y marca
personal a muerte es otra. Pero claro, hay jugadores que llenan el
ojo. Hay jugadores que por ahí entran a la cancha y vos los ves
que están moviéndose, corriendo, pero efectividad cero. Por eso
yo tengo una: yo les digo "loco, no quiero que entrenes, ¿qué
estás haciendo? ¿tres cuartos? ¿están haciendo progresivo? Yo
no quiero que me hagas cambio de ritmo, que corras con energía
hasta allá y volves al mismo ritmo. Eso hacémelo el martes, pero
hoy es domingo, acá adentro correme menos y márcame más. Hoy es
el día de jugar. Porque me dicen "mirá
que estoy corriendo Juan, escúchame, qué quéres". "No
quiero que corras -le digo-, quiero que marques, quiero que
juegues. No quiero que entrenes acá adentro". Pero llena el
ojo a todo el mundo eso, porque de vez en cuando quitan la pelota
o están cerca de la jugada, entonces el periodista habla de dinámica
y la gente mira y escucha la radio, y después repite, y se hace
la bola, entonces ya ese jugador tiene la chapa de que es
impresionante lo que marca, pero para mí no. Yo digo: "Sí,
corre un montón, pero contadme las pelotas que recupera". Yo
soy muy puntual en eso. En cambio si vos querés jugar, si intentás
jugar sin pamento, sacarte un tipo, meter un pase de gol, "no,
éste no suda, éste no sufre, éste es un vago". Esa
es la típica. Me pasó con técnicos que sacaban resultados en
función no de una buena propuesta futbolística sino de jugar a
no perder. De repente hacer un golcito y defender. Entonces más
bien, un jugador de las características mías con ese tipo de
sistema o de técnico no funciona. (...)
Porque antes acá
no se jugaba. Acá se interpretaba como jugar eso de que hay que
meter. Por ahí estábamos algunos que intentábamos. También
hubo algún técnico que intentó, pero la mayoría jugaba a
destruir, a complicarte y acá defendían eso. Te volteaban, te
agarraban, te ponían marca, te escalonaban, te fauleaban. Y si
vos te enojabas y les decías a los jueces, tarjeta o te echaban.
No te protegían. ¿Por qué? Porque era el fútbol así. Porque
había que meter, había que ganar, y aparte ¿qué pasaba? Acompañaron
algunos triunfos, lamentablemente. Acá se salía campeón jugando
al pelotazo y a la olla. Pero vamos a ser realistas. Que vos me
digas: "Se
ganó". "Ta’ se ganó". Ahora,
afuera, ¿cuánto hace que no se gana? Nos quedamos con aquello y
aquello ya fue. Ahora tenés que jugar.
Pero
antes también se ganaba jugando.
En el tiempo remoto. Porque agarraban la pelota y tenían quince
minutos para pensar. Entonces agarraban y jugaban, más bien.
Claro, ahora está confirmado que al segundo ya tenés la marca
encima. Pero igual tenés que jugar. No hay otra. Aquello de meter
pegando ya fue. Ahora hay que meter jugando.
¿Te
identificas con Recoba?
Cómo no. Me encanta. El Chino Recoba es un jugador explosivo,
exuberante, enormemente habilidoso.
¿Está
jugando en la posición que le conviene jugar? –le pregunté en
plena anterior eliminatoria, la del mundial de Corea.
Es un fenómeno. Lamentablemente está jugando de espaldas al
arco. Ahí discrepo con Passarella. Yo soy hincha de Recoba porque
es el último gran diez que hay. Como él ya no salen más y no
puede jugar de espaldas al arco. Es lo mismo que vos tengas a
Maradona en plena condición y lo pongas de espaldas al arco. Es
una lástima tener al Chino y ponerlo de espaldas al arco.
El domingo contra
Bolivia, el Chino jugó donde tenía que jugar y fue el enorme
jugador que es.
LA
ONDA®
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