Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

Adiós a Juceca, al mejor
...yo jugué con el Pepe en el Atlético Bagdad

por Luis González Olascuaga

Esto no es un obituario. Lo publiqué en el número 138 de La Onda, el 3 de junio de este año. “Mire, amigo lector, El Mundo de Madrid, se diferencia básicamente de La República en que Pedro J. Ramírez logró que lo secuestraran para darse diez tapas de libreto y Fasano todavía no. El País de Madrid sólo se diferencia del de Montevideo en que éste no hizo lobby con CNN para apoyar el golpe de Carmona y en general prefiere el ninguneo informativo, mientras aquel propicia con menos complejos y más ríos de tinta, cualquier golpe fascista que amenace impedir a Chávez realizar las elecciones constitucionales de agosto en Venezuela, o editorializa ditirambos a la impunidad franquista, a la guerra sucia en Euskadi, a la ilegalización de todo lo vasco y otras estrategias que aplica o ha aplicado el PSOE para el triste principal objetivo político de sus últimos veintisiete años (desde que Felipillo relegó en la interna a Tierno Galván): evitar la consulta electoral a la voluntad de un pueblo. Y la otra diferencia es que el de Madrid tiene más plata que el de acá (porque es parte del grupo PRISA del magnate Polanco (junto a sus socios Murdoch y Berlusconi, los tres más poderosos de Europa) y tiene derecho a sentarse con Cisneros en Miami antes de que a la redacción del Torta Aguirre llegue la noticia de la guerra contra PDVSA. Si el de acá tiene a César Di Candia, el de allá tiene a Haro Tecglen y algún otro columnista que vale el placer leer, como tiene El Mundo a Javier Ortiz y algún otro. Siendo esa la prensa de España que le cobra extra por conectarse, ahorre cómputos y quédese con La República, que Juceca les gana a todos.” 

Un reconocimiento en vida y para recuerdo esta parodia de la demonización de Irak, que elijo por motivo personal: yo jugué con el Pepe en el Atlético Bagdad.
Los dejo con el inmortal Juceca: 
”Sobrada razón tiene el presidente George Bush cuando se fastidia. Así no 
se   puede hacer una guerra. El hombre se rompe el alma explicando en inglés 
cómo son las cosas, y resulta que no lo comprenden. 
 
Está bien que la mayor parte de los iraquíes son tan ignorantes que no 
entienden el inglés, pero esa no es razón para desconocer que si llegan 
los  norteamericanos hay que abrirles las puertas porque lo hacen para bien. 
Los  norteamericanos no invaden, entran. Incluso, dando muestras de buena 
educación, antes de entrar golpearon. 
 
Y no cayeron de sopetón, sino que avisaron con tiempo: "Vamos para ahí".
Y  les dijeron más: "Vamos a liberarlos en dos patadas", les dijeron. El 
presidente Bush les ha explicado hasta el cansancio, que los mísiles son 
lanzados para mejorarles la vida. Haciendo una distinción que los
iraquíes  no saben valorar, les tira con mísiles inteligentes, por más que en la 
cantidad siempre se cuela algún misil medio burro que va e impacta en 
mercados y casas particulares. 
 
Les ha dicho que los va a convertir en gente civilizada, que no puede
ser  que sigan viviendo en la arena, vestidos con trapos que les cuelgan y
con  pañuelos enroscados en la cabeza. Los va a transformar en gente normal, les  ha dicho. 
 
No les ha prometido hacerlos como los norteamericanos, porque 
norteamericano se nace, es un don divino, un privilegio intransferible 
concedido por nuestro Señor, y cuando dicen "nuestro Señor", no están 
diciendo Alá, ni Mahoma, ni Mohamed Alí, están diciendo nuestro Señor 
occidental con sede en Washington. Sabido es que a esta altura la Casa 
Blanca es la real Santa Sede de los más altos valores. 
 
"Es hora ya --ha dicho el presidente Bush representando precisamente
esos  valores--, que eliminemos y transformemos esos países, fracasados y 
detenidos en el tiempo, y los convirtamos en países serios,
presentables,  que hablen nuestra misma lengua y aprendan a disfrutar de nuestras 
hamburguesas". Es evidente, y Bush lo ha dicho con sus sabias palabras, 
que  no puede manejar el petróleo gente que sigue viajando en camello. 
 
El camello puede ser una novelería en Cabo Polonio, pero no ya en un
país  que tiene en sus manos la segunda llave de la riqueza petrolera. "Vamos a liberarlos", les repite. Pero las otras bestias, como si nada. Peor que 
como si nada. Los ven venir y les tiran de todo menos flores. 
 
Porque son muy bestias los tipos. Cómo serán, los iraquíes, que los 
norteamericanos saben perfectamente que tienen almacenadas y escondidas 
terribles armas de destrucción masiva, y no las usan. ¡Hay que ser
bruto,   mismamente! ¿Si no las usan ahora que los están cagando a bombazos, para cuándo las guardan? ¿O será que las escondieron tanto para que nos las vieran los inspectores, que ahora no las encuentran? Que las tienen, las tienen. Porque si los norteamericanos dicen que las tienen, es porque las  tienen. Las están buscando, que a eso fueron. 
 
A eso y a liberarlos. Pero bicho desagradecido, el iraquí. Los ven venir 
y  les tienden emboscadas. Una maldad terrible, porque llegan al extremo de 
tender emboscadas en un país que no tiene bosques. 
 
Algunos, falsos, fallutos, se hacen como que están contentos de verlos 
llegar, y en cuanto los muchachitos rubios se descuidan, los otros mal 
vestidos sacan un cuchillo de abajo del poncho y atacan. 
 
A cosas así llega la maldad y el fanatismo disfrazado de amor a la
patria. 
Con esa manganeta, propia de fulleros, han hecho prisioneros y tienen el 
tupé de mostrarlos, seguramente con la intención, hoy o mañana, de 
negociarlos. ¡Porque hasta eso son muy capaces de llegar! 
 
Y mientras caen los mísiles, dando muestras de un increíble desprecio
por  los libertadores, se sigue jugando el campeonato de fútbol iraquí. 
 
No al rugby, ni al béisbol, sino al fútbol. ¡Al fútbol! Y aquí hay un
dato  que pocos conocen y que yo expongo por considerarlo algo más que una 
curiosidad. Según mi tío Alberto, el Pepe Sasía jugó una breve temporada 
en  el Club Atlético Bagdad. Sabido es que el gran jugador uruguayo, en los 
borbollones del área chica contraria, solía tararle un puñado de arena
en  los ojos al arquero y el tipo quedaba medio cegatón y ahí el Pepe le 
encajaba el gol. 
 
Esa picardía oriental del Uruguay, parece que prendió en los iraquíes, y 
hoy la practican contra los norteamericanos. 
 
La reciente tormenta de arena, que dificultó el ataque de los invasores, 
parece que fue organizada por futbolistas con ventiladores, ayudados por 
miles de viejas soplando y haciendo abanico con sus negras pañoletas.
Otro  de los trucos infames de los iraquíes es gritarle el soldado yanqui: 
"Tirate que hay arenita". 
 
Y efectivamente, la hay, pero cuando el inocente muchacho rubio se tira, 
se  encuentra conque allí hay un escorpión de los arenales que le clava el 
aguijón en un testículo y le arruina la invasión. 
 
Escorpiones amaestrados para la guerra como lo son los delfines 
norteamericanos. ¿Con qué cara, ese muchacho, a su vuelta al hogar, le 
dice  a su novia que lo dieron de baja porque un bicho le mordió un huevo?
Eso  es lo que se llama herido en batalla? No, eso es poco serio, y si se 
corren  las voces afecta la moral de cualquier ejército bien intencionado. 
 
Así no hay disciplina que aguante. Ni familia norteamericana bien 
dispuesta  a recibir a su héroe del desierto. Jugarretas de esta naturaleza, tienen 
por finalidad minar la credibilidad del imperio norteamericano. Una
guerra  que según prometió una de las partes, iba a ser corta, resulta que puede 
ser larga. Eso pasa, te diré, por no haber consultado a la otra parte. Y 
por no haber tenido en cuenta el pasaje del Pepe Sasía por el Atlético 
Bagdad”.
                      

En el “boliche” todos sin voz
Policarpo

El Tape Olmedo jugaba nerviosamente con su vaso, acodado al mostrador.

La Duvija no sabía si acariciar al barcino o sentarse a largar el llanto
en el rincón del boliche.

Rosadito Verdoso no se sabía por dónde andaba, y los higos iban creciendo
y multiplicándose sin que nadie los tocara.

Es que faltaba quien les diera movimiento y palabras a estos individuos.

Porque ya no habría quien les diera palabras.

Paz en tu tumba, Juceca

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Inicio

Un portal para y por uruguayos
URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital