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Primeras
reflexiones desde Cancún
Era
tensa la atmósfera de la sala de convenciones, pues reinaba aún
la incertidumbre sobre el grado de consideración que la dirección
de la conferencia brindaría a la propuesta sobre agricultura
formulada por el Brasil y una veintena de los más importantes países
en desarrollo. Quedé impresionado, en la víspera, por el espectáculo
de la conferencia de prensa, luego de la primera reunión de este
grupo a nivel de ministros. En
la mesa principal, nuestro ministro, Celso Amorim, que tuvo la
iniciativa de organizar el encuentro, presidía al lado de los
gigantes de los tres continentes del mundo en desarrollo: China,
India, Africa del Sur, más Argentina, México, Chile, prácticamente
América Latina entera, Tailandia, Filipinas, Paquistán, Egipto. No
recuerdo nada similar en mi carrera.
Varios de los ministros recordaban que estaba allí
representada más de la mitad de la población mundial, 65% de los
agricultores, casi 50% de la producción rural, la mayoría de los
pobres del planeta. Era
en nombre de ellos que exigían respeto a la posición presentada.
En el pasado y en el presente, ha habido pronunciamientos
de grupos incluso mayores como el de los 77 o el Movimiento
No-Alineado. Eran,
sin embargo, documentos de carácter general, denominadores mínimos
diluidos, gestos declaratorios.
Lo que es inédito, en esta oportunidad, es el aspecto
concreto de la unión construida en torno de una propuesta sólida,
profesional, sobre un tema complejo y que acostumbra dividir
inclusive a los países en desarrollo. Es
esta dimensión proactiva, dispuesta a ofrecer una alternativa
viable al unilateralismo de los poderosos, la que justifica la
afirmación de que, aún diciendo no, estos países están
demostrando una actitud eminentemente positiva. Lo que los inspira no es, en efecto, una estrategia meramente
defensiva, típica de los que saben lo que no quieren pero no
saben lo que deberían querer.
Son ellos quienes reclaman ahora la liberalización del
comercio, la apertura de los mercados, la supresión de los
subsidios que premian a los ineficientes y penalizan a los
competitivos. Todos
estos principios fluyen de la más cristalina fuente liberal,
brotes puros de la pluma de Adam Smith y David Ricardo, postulados
que las naciones avanzadas adoran pregonar con una autosuficiencia
farisea en las áreas sofisticadas de industria y servicios en las
que detentan una superioridad indiscutible, pero escamotean o
desconocen en los sectores no competitivos de sus economías. Nosotros,
que habitualmente nos encontramos del lado equivocado del látigo,
en este caso estamos con la mano en el mango.
De acuerdo a lo que dicen los americanos, ocupamos el “moral high grounds”, esto es, tenemos la posición ventajosa
desde el punto de vista moral.
Además, los proponentes de la liberalización agrícola
son los que encarnan la cultura de la OMC, cuya razón de ser es
promover un comercio libre de todas las barreras.
Negativos aquí no son los que dicen no a una propuesta
para negar o postergar indefinidamente la liberalización sino los
que se apresuran a murmurar sí a lo que una película de
Hollywood llamó “propuesta indecente”.
Como aquella dama que, al decir de Dorothy Parker, “sabía
hablar 18 lenguas pero era incapaz de decir no en ninguna de
ellas”... Es
más que tiempo para corregir el desequilibrio fatal introducido
en el sistema comercial cuando el GATT aprobó, a inicios de los
50, un “waiver” o excepción para la agricultura, a pedido de
los EE.UU. La asimetría
se agravó cuando, poco después, un juicio del mismo GATT
estableció un precedente erróneo de que productos elaborados
industrialmente, tales como la harina de trigo, el aceite de oliva
y otros, debían ser considerados como bienes agrícolas, es
decir, fuera de las reglas. La
decisión era absurda, como sería la de catalogar una máquina de
acero o un avión de “mineral” por ser hechos a partir de
mineral de hierro o aluminio!
Es este desequilibrio que lleva a la prohibición de que
Brasil restituya parte de los impuestos al fabricante, a fin de
exonerar la exportación de un torno o un motor eléctrico y
permite, al mismo tiempo, que Francia y los EE.UU. transfieran
sumas fabulosas a su “agribusiness” para producir y exportar,
fuera de las reglas del mercado, azúcar, algodón, carne de
pollo, óleo y harina de soja, etc. etc. El
renovado deslumbramiento con el mar turquesa del Caribe no me hizo
olvidar que estuve aquí en Cancún en 1981, cuando el presidente
Reagan liquidó las esperanzas de buena parte del mundo, en el
sentido de llevar para un foro democrático como la ONU las
negociaciones para vincular el comercio a las finanzas y a la
deuda. México fue el
primer país en pagar, al año siguiente, el precio de este
sistema injusto, con el desencadenamiento de la crisis de la deuda
externa de la cual, hasta hoy, no logró salir América Latina.
Pasamos, desde entonces, 20 años diciendo sí a la
dominación de los poderes e ideas de afuera, con los resultados
que están a la vista. Tenemos ahora que preservar la unidad del mundo en desarrollo
y aprender a decir no a la injusticia y al desequilibrio, no para
oponerse pero sí para propiciar una negociación correctiva de
las asimetrías. Rebelde,
escribía Camus, es aquel que dice no.
Ser rebelde no es necesariamente bueno si la causa no vale
la pena. La nuestra,
sin embargo, es una causa justa.
Si el egoísmo de los ricos no nos deja otra salida,
debemos ser rebeldes por una buena causa. Traducido
para LA ONDA DIGITAL
por Cristina
Iriarte *Rubens
Ricúpero fue
nombrado quinto Secretario General de la UNCTAD en septiembre de
1995 y, por recomendación del Secretario General de las Naciones
Unidas, volvió a ser nombrado para el mismo puesto por la
Asamblea General por otros cuatro años en 1999. Anteriormente,
durante una prolongada carrera en el Gobierno del Brasil, fue
Ministro del Medio Ambiente y Asuntos Amazónicos, antes de pasar
a ser en 1994 Ministro de Finanzas, cargo desde el que supervisó
la puesta en marcha del programa de estabilización económica del
Brasil. Temas
vinculantes : http://www.uruguay.com/laonda/LaOnda/152/A1.htm LA ONDA® DIGITAL |
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